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La imaginación

29 de January de 2018

La Loi d’Evolution des Âmes

Capítulo 24, página 405

La imaginación: las claves para domar un caballo desbocado

La imaginación, caja de resonancia

El hombre mismo, en su mente de todos los días, es una pantalla de televisión permanente de la que es el único espectador, puesto que la escena transcurre en su fértil imaginación.

Después de haber lamido la superficie del fruto, vamos a penetrar profundamente en el corazón del imaginario de cada cual, ese jardín secreto que no conviene descubrir sin la autorización expresa del alma que es su propietaria.

Cada uno de nosotros posee ese jardín secreto, misterioso, que sirve de vertedero para todo lo que no nos atrevemos a mostrar en el escaparate.

En él encontramos tres niveles de represión:

1) la represión de los acontecimientos recientes.

2) la represión de los acontecimientos de la adolescencia y de la infancia.

3) la represión de los acontecimientos vividos en las encarnaciones anteriores.

En lo que se refiere al primer nivel, es decir, la represión de los acontecimientos recientes, analicémoslo lo más a fondo posible.

Los acontecimientos recientes son como las cicatrices que deja el látigo de la vida en la piel de un alma torturada por su imaginación.

Estas cicatrices a menudo se han cerrado mal y a veces derraman, en el campo de la conciencia de vigilia, el pus infeccioso de acontecimientos mal aceptados, por así decir reprimidos en la trastienda del inconsciente, sin haber sido comprendidos.

En uno de los capítulos anteriores analizamos detenidamente el espejo del pasado reciente y las claves para dominarlo y controlarlo.

En este capítulo estudiaremos sobre todo el papel de la imaginación como caja de resonancia y de amplificación de acontecimientos felices o desgraciados.

Nuestro objetivo es llevar al ser humano a conquistar su serenidad mediante un dominio de sí mismo a toda prueba.

La verdadera felicidad solo puede alcanzarse si el ser humano domina su imaginación, causa de muchas caídas y de muchos sueños inacabados, vividos como otras tantas injusticias por parte de un dios injusto que planea en el cielo.

Peregrino del jardín secreto de las almas, penetra sigilosamente en el imaginario de tu vecino.

Fue alcanzado por la enfermedad hace uno o dos años por no haber sabido gestionar su cuerpo humano ni haber tomado todas las precauciones para mantenerlo en buena salud.

Esta enfermedad, vivida como un infierno, fue relegada al inconsciente, a ese jardín secreto donde florece el imaginario.

Al comienzo de su fulminante enfermedad, se creyó perdido, golpeado por el destino.

En su jardín secreto creció el miedo a la muerte, el temor a un futuro incierto, la angustia de no haber resuelto todas sus preocupaciones terrenales.

Familia, recuerdos de infancia y de adolescencia, recuerdos de los estudios realizados, de un lugar al sol ganado solo a fuerza de voluntad se entremezclan entonces, porque cuando el futuro se oscurece, el pasado se adorna con el velo de una felicidad imaginaria o bien con el velo del resentimiento por haber sido siempre tratado injustamente por el destino.

Superados con éxito los primeros días, el alma vuelve a contemplar el futuro con optimismo y trata entonces de borrar de su memoria todos los recuerdos muy recientes de la angustia de una enfermedad imprevista.

Y así, a través de este ejemplo anodino, cada ser humano afectado por la enfermedad que llega sin avisar planta en su jardín secreto las semillas del miedo a la muerte, del temor a un futuro incierto, de la angustia de no haberse puesto en regla con su conciencia.

La imaginación amplifica entonces el acontecimiento que, por dramático que fuera, no dejaba de ser más que una sacudida impuesta a un harapo de carne llamado cuerpo humano.

La imaginación, que arranca a la primera, acusa sin distinción al mundo entero de ser responsable de este siniestro golpe del destino, y cuando la imaginación descarrila, el cuerpo que le está sometido descarrila también y cae al abismo, tan seguro como el caballo enloquecido por el dolor se arroja al barranco sin darse cuenta.

Sigamos con este ejemplo de la enfermedad imprevista y observemos a los espectadores, la familia del allegado, que sufren. No controlan su imaginación y lo ven todo negro, como si la enfermedad de su pariente les hubiera golpeado más duramente que a él.

La imaginación, fértil en giros, se convierte en montaña delirante y ya no contempla más que lo peor.

Miedo, angustia y duda chocan en la mente desestabilizada de los parientes a la cabecera del enfermo. Siguen discusiones acaloradas y todos se unen para clamar contra la injusticia de semejante situación, poniéndolo todo en tela de juicio.

Afortunadamente, a veces los enfermos se benefician del apoyo del imaginario positivo de sus parientes y se curan así más rápido.

He tomado el ejemplo de la enfermedad como podría haber tomado el de la muerte prematura de un niño pequeño o el del crimen de un sádico violador de una niña. En todos los casos la imaginación desempeña un papel fundamental, amplificando el acontecimiento reciente a la vez que ensombrece el futuro.

A este nivel el hombre es muy impulsivo, muy emotivo; presa del delirio de su imaginación, siente el menor gesto torcido como una ofensa, y lo que antes habría soportado sin desfallecer lo sume en una cólera negra, casi asesina.

Un hombre cuya carne queda en carne viva por un acontecimiento cruel que le toca profundamente vuelve a ser como el niño abandonado por papá y mamá que grita de miedo en la habitación de su destino.

¿Quién no ha vivido esta situación humanamente comprensible?

¿Quién no ha sufrido el martirio de ver a su compañero, a su mejor amigo, a su pariente más querido, golpeados por la enfermedad?

A menos de tener un corazón de piedra… Pero nadie puede tirar la piedra a quienes no soportaron la prueba psicológica impuesta por el destino.

Para acceder a la orden del Diamante de la Unidad, el control de la imaginación es primordial. Por eso se imponían severas pruebas psicológicas a los aspirantes. Muchos caían en el escollo de la imaginación descontrolada.

Unos pocos supervivientes, tras la alerta, lograban dominar sus emociones y proseguir su ascensión hacia un futuro libre de las nubes del miedo, de la duda y de la angustia.

Volvamos a nuestro ejemplo de la enfermedad, el más fácil de desmenuzar, puesto que todo el mundo ha sido, es o será un día golpeado por ella.

En este caso la imaginación se apoya en dos componentes:

1) el enfermo, cuyos recuerdos reprimidos suben a la superficie de la conciencia, mezclados.

2) los parientes y amigos que, creyendo obrar bien, rodean a veces de un exceso de precauciones al allegado golpeado por el destino.

La caja de resonancia está lista para que cada situación se agrande desmesuradamente y, al final, el miedo de unos y otros puede convertirse en una prisión de acero para el enfermo, que lucha con todas sus fuerzas por salir adelante.

No estamos haciendo vivir a nadie una pesadilla ni removiendo malos recuerdos.

Solo estamos delimitando una situación, un escenario de teatro dramático en el que se representan muchos guiones crueles.

Ahora que el decorado está puesto, que el drama se ha representado y que el tiempo ha pasado, sucede que el recuerdo de aquel período difícil viene a rondar la conciencia del antiguo enfermo y de los antiguos espectadores del drama.

…/…
Fin del extracto de: LA LOI D’EVOLUTION DES AMES por el SEÑOR HAMSAH MANARAH

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