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La ley de los ciclos
28 de November de 2017

Extracto n.º 1 de: L’UNITE DES VISAGES DE DIEU de S. HAMSAH MANARAH
Capítulo 8, “LA LEY DE LOS CICLOS”, páginas 117 a 127
La Ley de los Ciclos rige la Creación entera.
Es una Ley de cuatro tiempos principales que se suceden sin interrupción, según el grado de evolución o de involución de las humanidades.
La Ley de los Ciclos es una ley de Justicia, que sanciona la caída progresiva e ineludible de las humanidades que se separan de DIOS por sus malas inclinaciones.
Esta Ley no soporta el desequilibrio, ya sea por exceso de Luz o por exceso de tinieblas (el mal es necesario, pues los dolores de la Edad de Hierro permiten a menudo el alumbramiento de un mundo nuevo que nunca habría visto la luz sin ese período tenebroso y abominable).
Las Edades son estados mentales, estados de evolución.
Una humanidad que eleva su tasa vibratoria creará las condiciones para acceder al estadio superior de la evolución cíclica, es decir, la Edad de Oro.
En todos los ciclos, DIOS se encarna. Incluso en la Edad de Hierro, Él sufre con los hombres, los ayuda, a menudo es incomprendido por todos, pero está en el tiempo y fuera del tiempo.
La Ley de los Ciclos es una Ley de equilibrio y de justicia.
La Ley de los Ciclos es inalterable en sus fundamentos; restablece en el Cosmos un equilibrio necesario entre los cuatro tiempos.
Es, como el sol para la tierra, una necesidad absoluta para que vivan y sobrevivan los miles de millones de Purushas u Hombres Cósmicos.
La palabra clave de la Ley de los Ciclos es evolución: evolución de los reinos, evolución de los minerales, evolución de los vegetales, evolución de los animales, evolución de los humanos, evolución de las entidades del astral (demonios, ángeles u otros), evolución de las entidades de los planos celestes (dioses, diosas, sannyasins), evolución de las almas en general, cualquiera que sea su nivel de conciencia, hacia un mayor bienestar, hacia una Unidad cada vez más absoluta con lo Divino.
Esta noción de evolución constituye el corazón de la Ley de los Ciclos, y por ello la Ley es una Ley de alternancia llena de justicia cósmica.
Los cuatro tiempos están simbolizados por cuatro ruedas, y cada una de estas ruedas se encarga de gestionar y dominar los engranajes de cada Edad y de consagrar sus fundamentos.
Estas cuatro Ruedas están en manos del Maestro de los Ciclos.
I. LAS CUATRO EDADES
La Creación es una inmensa escuela espiritual. Los malos alumnos están en la Edad de Hierro del dolor (nuestra humanidad terrestre está saliendo de la Edad de Hierro).
Las personas dotadas para la ciencia sin conciencia y para las técnicas están en la Edad de Cobre.
Las almas prendadas del hidromiel y del paraíso del no esfuerzo se encuentran roncando en la misma cama de Plata.
Mientras que los héroes de la Edad de Oro combaten sin detenerse y sin interés personal.
La Creación es una escuela. La Ley de los Ciclos rige la evolución de las almas.
1. La Edad de Oro
Las humanidades en la Edad de Oro experimentan la Edad de la Verdad, la edad del regreso a DIOS, la edad de la Unidad de los Rostros de DIOS.
La Edad de Oro es la edad del esfuerzo y del combate, la edad del regreso de DIOS y de la Unidad de los Rostros de DIOS.
La Edad de Oro es el tiempo:
- Del regreso a DIOS por las Columnas de Luz creadas en todos los mundos que salen de la Edad de Hierro.
- Del esfuerzo y del combate para abrasar los abismos de los Antimundos e impedir todo nuevo crecimiento del Mal Cósmico.
- De la Unidad de los Rostros de DIOS, que desvela su verdadera Realidad a los miles de millones de humanidades que imploraron Su venida durante toda la Edad de Hierro.
- De la elección definitiva de las almas por la Luz y de la renuncia igualmente definitiva a todo lo que causó la caída del hombre en los abismos del karma.
- De la transmutación de las tinieblas en Luz.
- De la programación de los reinos de la naturaleza para la Luz, a fin de que las futuras generaciones de almas puedan obrar libremente en el marco de las nuevas leyes.
- Del fin de todas las programaciones demoníacas y de todos los pactos con las fuerzas del Mal Cósmico.
- Del encadenamiento definitivo de las fuerzas del Mal Cósmico.
- De la cristalización de los miles de millones de miles de millones de Memorias aumistas, Diamantes ordenadores de la Edad de Oro, que deben sustituir a los miles de millones de cristales negros de los mundos que salen de la Edad de Hierro.
- Del Gran Perdón concedido a uno mismo y a los demás por las faltas cometidas.
- Del fin del karma y de todos los sufrimientos, y de la puesta en marcha de la Ley de Selección de las almas.
Las humanidades que no se mantienen en la Edad de Oro caen en la Edad de Plata.
2. La Edad de Plata
Las humanidades de la Edad de Plata experimentan la edad del sueño y de los primeros paraísos ilusorios.
La Edad de Plata es la edad de la inercia colectiva y del sueño interior, del egoísmo y del rechazo del esfuerzo y del combate.
La Edad de Plata es el tiempo:
- Del rechazo del esfuerzo.
- De la creación de los primeros paraísos artificiales, que atrapan a los Budas y a los servidores de DIOS.
- De la huida de los sabios y de los iniciados a los paraísos artificiales.
- Del letargo y del sueño que poco a poco hacen roncar a toda la Creación.
- De la pereza de las almas, rebeldes al esfuerzo, y del egoísmo de los iniciados que ya solo piensan en conquistar un lugar en el paraíso, lejos de las dificultades de la materia.
- De la gran Maldición Cósmica contra los sabios egoístas que huyeron a los paraísos y contra las almas perezosas que sufren un despertar fulminante; para ellos, las puertas del Reino de DIOS se cierran.
- De los comienzos de la caída en los abismos.
- Del germen raíz del Mal Cósmico, que empieza a crecer y a multiplicarse programando los minerales, los vegetales, los animales y los humanos.
Al final de la Edad de Plata, el SEÑOR DIOS TODOPODEROSO da poder a las fuerzas del Mal para gestionar y organizar estas humanidades que, durante la Edad de Cobre, caerán en los abismos.
La Edad de Plata es la edad de la quietud, de la calma, del reposo. Nada desagradable viene a perturbar estos mundos, que apenas conocen el dolor y el sufrimiento.
Las guerras crueles aún no existen.
Los pueblos están unidos en una misma nación y todos hablan la misma lengua.
Los Budas son tan numerosos como los granos de arena del Ganges. Su presencia armonizadora en los cuerpos de materia aporta una felicidad espiritual duradera a los miles de millones de almas que acceden al estadio humano.
Todo va de maravilla en el mejor de los mundos. Los animales viven en perfecta armonía con los hombres. La telepatía sustituye muy a menudo a las telarañas telefónicas actuales.
¿Por qué es posible la caída de la Edad de Oro en la Edad de Plata?
Sencillamente a causa de esa Ley del hombre que se adormece cuando las dificultades están ausentes de su camino.
En la Edad de Plata, los demonios no existen o existen muy pocos, y los que podrían calificarse de demonios rezan tanto o más que los Budas. La mayor de las trampas tendidas a las almas de Luz será el atractivo de un mundo nuevo donde todo está vacío, informal, donde ya no tienen que sentir las limitaciones de la carne, donde ya no tienen que enseñar las verdades primeras a las nuevas almas que reclaman la leche del conocimiento.
Por eso puedo decir que el equilibrio se rompió, no por culpa de las almas nuevas, sino por culpa de los Budas y Perfectos egoístas, que prefirieron ocultarse para alcanzar ese vacío perverso antes que cumplir su deber de enseñanza.
Así es la Edad de Plata en su ocaso, una edad que pierde cada vez más su dinamismo, una edad en la que la voluntad se marchita a causa de ese atractivo del vacío de lo informal. Es la inercia la que desequilibró la Edad de Plata. Es la meditación egoísta la que desvió del camino a los miles de millones de Budas hacia el vacío ilusorio de los demonios.
Inercia y egoísmo: tales son los dos primeros defectos de las humanidades que terminan la Edad de Plata.
3. La Edad de Cobre
Las humanidades que se han hundido en la Edad de Cobre experimentan los abusos de la ciencia demoníaca.
La Edad de Cobre es el comienzo del declive moral y físico. Es la edad del abuso de la ciencia, la ilusión basada en la conquista de la materia y de la felicidad sin DIOS.
La Edad de Cobre es el tiempo:
- Del declive moral y espiritual.
- Del abuso de los frutos de la ciencia.
- De la rebelión cada vez más abierta contra DIOS.
- De la divinización de la ciencia y de la robotización de las almas.
- De las primicias del karma de la Edad de Hierro.
- De las primeras guerras cíclicas y kármicas.
- Del olvido de las Leyes de DIOS.
- De la creación de los primeros abismos.
- De los experimentos científicos demoníacos sobre el hombre y sobre la naturaleza.
- Del desequilibrio de los reinos de la naturaleza y de violentos cambios climáticos causados por las consecuencias del progreso científico descontrolado.
- De las numerosas persecuciones contra los servidores de DIOS.
- De la selección científica de las almas, con todos los inevitables abusos que de ella se derivan (aniquilación de ciertos pueblos llamados primitivos, considerados rivales; utilización del rayo de la mutación, que hace mutar el clima y luego los reinos de la naturaleza, que se desajustan y hacen nacer monstruos, gigantes, seres mitad hombres, mitad animales).
- De la muerte científica por medio de un ordenador de desintegración.
- De la sangre caliente, simbolizada por los cristales púrpura, memorias de la Edad de Cobre.
- De la ilusión basada en la conquista de la materia y del espacio-tiempo intermedio, en detrimento de la evolución espiritual.
- De la voluntad de los hombres, que DIOS deja cumplir hasta la terrible caída en la Edad de Hierro, en la que los pueblos se verán privados de las luces de la ciencia y del conocimiento de las que habían abusado.
- De la retirada de DIOS de la materia planetaria, que deja así cumplirse la voluntad de los hombres.
- De los comienzos de la dualidad que crean los dobles kármicos de las almas y de los primeros abismos cósmicos y planetarios del karma.
La Edad de Cobre y sus consecuencias.
Los sabios egoístas se ven privados de toda posibilidad de tomar cuerpo de carne.
Los cielos de budeidad ilusorios quedan sometidos a la Rueda que gira y son arrastrados hacia los abismos.
Las energías del sufrimiento redentor se ponen en movimiento, obligando a las almas a no dormir más de lo necesario.
El Mal va creciendo cada vez más durante toda la Edad de Cobre y servirá de aguijón estimulante a las almas perezosas que se niegan a avanzar.
El dragón del Mal será sujetado con correa por DIOS, pero por las almas que cedan a la tentación por deseo de poder, el SEÑOR ya no podrá hacer nada…
4. La Edad de Hierro
Las humanidades caídas en la Edad de Hierro experimentan la noche sin DIOS.
La Edad de Hierro es el encadenamiento de las almas al karma; es la edad del sacrificio de DIOS y de las religiones pervertidas; es la noche sin conocimiento ni ciencia; es la edad de la crueldad, del odio y de las guerras.
La Edad de Hierro es el tiempo:
- Del encadenamiento de las almas a los frutos del buen y del mal karma.
- Del olvido de las verdades cósmicas superiores.
- De la noche sin DIOS.
- De la noche sin conocimiento y sin ciencia.
- De las guerras que suceden a las guerras.
- De la autopunición regulada por los mecanismos implacables del karma gestionado por los demonios y por los dioses demonios.
- De la robotización de las almas, que se encadenan a la dualidad de los infiernos y de los paraísos artificiales.
- Del oscurecimiento del astral, a causa de los egrégores de odio, de crueldad y de maldad que vampirizan el mundo.
- Del sacrificio de DIOS que, aunque renegado y olvidado, no deja de reencarnarse para dar a los pueblos un nuevo aliento de vida espiritual.
- De las religiones pervertidas, que instituyen como divinidades a demonios y encadenan las almas a egrégores de oración caídos.
- De la persecución de los servidores de DIOS, obligados a esconderse en el desierto o en austeras grutas.
- De las guerras de religión, nacidas del fanatismo y de la intolerancia.
Cada ciclo tiene su aurora y su crepúsculo.
La aurora de un ciclo es un período de transición entre el ciclo anterior, que termina, y el ciclo siguiente, que apenas comienza.
El crepúsculo de un ciclo es un período en el que todas las desviaciones del ciclo transcurrido se aceleran.
Es un período de juicio de las civilizaciones responsables de las desviaciones.
El riesgo de destrucción de los mundos conlleva generalmente una intervención de la Potencia Divina, que mantiene a toda costa el equilibrio cuando es posible.
…/…
Fin del extracto de: L’UNITE DES VISAGES DE DIEU por el SEÑOR HAMSAH MANARAH