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El Karma

28 de November de 2017

Extracto n.º 2 de: L’UNITE DES VISAGES DE DIEU de S. HAMSAH MANARAH

Capítulo 12, “Nuevas perspectivas”, páginas 180 a 189

1. GÉNESIS DEL KARMA DE LA EDAD DE PLATA A LA EDAD DE HIERRO

1. Las lecciones kármicas de las cuatro Edades

La ley de los ciclos rige la escala de los reinos en cuatro lecciones cósmicas:

1. La lección de la Edad de Oro

en la que las grandes verdades del Cosmos se revelan a las almas merecedoras y seleccionadas.
El primer deber de los iniciados es mantener la hoguera de los antimundos y de los infiernos, para impedir que el mal vuelva a crecer.
El segundo deber de los iniciados es guiar a las almas nuevas, en el respeto de las leyes de DIOS.
Es el cansancio lo que arrastra a las almas en la caída hacia los abismos.

2. La lección de la Edad de Plata

que sanciona el cansancio y la tendencia al sueño de los iniciados.
Los frutos del cansancio provocan la extinción de la hoguera de los antimundos, el crecimiento del germen del mal cósmico y la creación de los primeros paraísos de ilusión, en los que se encierran durante milenios las almas de los sabios que huyeron de las dificultades de la materia.

3. La lección de la Edad de Cobre

que toca a muerto por el sueño y despierta a la creación dormida, dándole el deseo de conquistar la materia mediante un desarrollo desenfrenado de la ciencia.
La tentación de pactar con el mal a cambio del poder sobre la materia hace caer a muchos miles de millones de almas en los infiernos, que empiezan a poblarse de los primeros ejércitos de demonios.
Las almas que habían huido del esfuerzo se encuentran en lo más profundo de los infiernos, sometidas a la terrible disciplina de los demonios. El hombre abusa cada vez más de la ciencia por deseo de dominar la materia. Estos numerosos abusos lo llevan directamente a la catástrofe y a la destrucción de su civilización, lo que desencadena el proceso de la caída en la Edad de Hierro sin DIOS.

4. La lección de la Edad de Hierro

que toca a muerto por la ciencia demoníaca y arrastra al mundo a un ciclo kármico de guerras que se suceden unas a otras y cuyos hilos mueven los demonios sanguinarios.
Apenas creadas, las religiones se pervierten y desvían a las almas hacia los paraísos artificiales o hacia los infiernos eternos.
Es el reinado de la dualidad, que conduce, al final de la noche, al riesgo de una posible destrucción de los mundos saturados de Karmas autodestructores. Cada una de estas lecciones cósmicas sanciona el estado mental de las humanidades así como su grado de evolución.

2. La ley del Karma, querida y proclamada por los demonios

1. La caída en los abismos del Karma

Pienso a menudo en los tiempos de la Atlántida, cuando, como Maestro de la Tierra, afirmaba en el corazón de una Pirámide de espejos: “Hermanos iniciados, hijos de la Luz del Sol, del mismo modo que DIOS os trae el ardor de Sus rayos para calentar vuestros corazones entumecidos, así debéis proyectar el ardor de vuestras oraciones en el crisol de las profundidades donde se acumulan almas destruidas por no haber sabido hacer la buena elección.”
En aquella época remota que se pierde en la noche de los tiempos, Yo intentaba, vida tras vida, animar a una élite de iniciados a tomar la antorcha para mantener esa hoguera de los antimundos, a fin de que la Edad de Hierro retrocediera todavía un poco. Pero los iniciados del Templo, trabajados por Lucifer, respondieron: “Maestro de todos los Cielos, Vuestra Vida es un ejemplo para todos los seres, pero ¿qué es ese fuego que hay que mantener del que nos habláis?” Tomé entonces conciencia de que incluso los Hijos de Mi Luz habían olvidado la naturaleza de ese crisol alquímico que había que mantener.
“Maestro de todos los Cielos, DIOS sin duda nos concede mucha Luz, pero ¿por qué preocuparse de las profundidades de un infinito desconocido para nuestros ojos físicos? ¿Por qué querer a toda costa destruir a las almas que caen? SEÑOR, ¿por qué no suavizar Vuestra Ley, para que se dé valor y fuerza para redimirse a las almas que retroceden por miedo a la Luz?”

2. Nacimiento de la Ley del Karma al comienzo de la Edad de Cobre

Y ante este lenguaje infame de los iniciados, en quienes había fundado todas Mis esperanzas, Me retiré, con lágrimas en los ojos, de la Pirámide de cristal y pronuncié esta terrible frase, corta en su naturaleza pero violenta en sus repercusiones futuras:
“Hágase según vuestra voluntad, hijos de Mi corazón. Construid la Ley que os parezca justa y proclamadla por toda la Tierra.”
Los iniciados se pusieron manos a la obra, y fue uno de los cuerpos del Anti-Dios el que construyó a su medida los principios de la Ley del Karma. Dijo a sus hermanos del Templo: “Hermanos míos, la Ley de la Selección es nefasta, pues no deja elegir entre el Bien y el Mal.”
Y los demás asintieron con una amplia sonrisa de niño mimado en el rostro.
“Hermanos míos”, continuó, “la Ley de Selección es nefasta, pues obliga a destruir a otras almas con el simple pretexto de que han caído una vez de más en la vía que lleva a DIOS.”
Y los demás gritaron su alegría de poner fin a esta Ley de Selección.
Y el Anti-Dios dijo:
“Propongo al sufragio de esta asamblea planetaria la Ley de Causa y efecto, que decidirá según la elección de las almas consideradas: para las almas fieles a DIOS, será el paraíso, donde ya no hará falta esforzarse. Será el reposo después de la batalla.
A las almas que caigan en los abismos les daremos el derecho a la redención por el sufrimiento. Si vuelven a subir, sus malas acciones les serán perdonadas. Si no, proclamaremos su encadenamiento a los abismos por la eternidad, para que no ensucien más la tierra con su fétida presencia.”
Y así nació la Ley del Karma de la rebelión de la asamblea de los sabios, contra el parecer de DIOS, que esperaba esta señal de los tiempos para hacer girar la Rueda de Cobre de las ciencias decadentes.

3. La Ley del Karma no es de DIOS

Y así se hizo: ya nada podía retrasar la caída de la Tierra a lo más profundo de los Infiernos.
La ley del Karma, en sus orígenes, no fue querida por DIOS, que conocía sus consecuencias nefastas, sino que fue querida y ardientemente deseada por los iniciados del Templo, que, bajo el torrente de palabras del Anti-Dios, prefirieron obtener un paraíso a buscar frenéticamente la verdadera Luz.
Hablando claro, la Ley del Karma solo se convirtió en una Ley de DIOS porque Yo había dado Mi palabra de consagrarla.
En su origen, DIOS nunca quiso esta Ley, justa en sus principios pero construida sobre la rebelión de los iniciados y de los sabios de la Tierra contra Su Voluntad, que era hacer retroceder una y otra vez la noche de los demonios que empezaba a ennegrecer el horizonte.

4. Origen de la Ley del Karma

Esta Ley de las obras quiso que cada alma fuera responsable ante DIOS de sus actos, palabras y pensamientos, y que la virtud de los castigos fuera la respuesta para las que se hubieran extraviado del recto camino.
Esta Ley dejaba a cada uno la libre elección del Bien como del Mal.
DIOS entonces, en Su compasión, intentaba en un último esfuerzo estimular al rebaño de corderos de las almas nuevas, rebeldes al esfuerzo.
Pues todo entonces, en aquellos tiempos remotos del final de la Edad de Plata, estaba bañado de Luz; el sufrimiento y el dolor no daban miedo, puesto que eran desconocidos para el género humano.

5. El papel del Anti-Dios en la caída

Lo que los hombres no habían podido aceptar de DIOS, lo aceptaron del Anti-Dios, que se lo impuso por la fuerza y una disciplina de hierro; y cuando sus tropas estuvieron listas, las lanzó al asalto de las superficies de la Tierra. Poco a poco se apoderó de las Ciudades, sin atreverse sin embargo, por miedo a incurrir en la maldición de DIOS, a cometer el sacrilegio de atacar los Templos y Monasterios de la Religión de la Unidad.
Perverso como de costumbre, el Anti-Dios se propuso hacer caer a los religiosos por el atractivo de las pasiones, y tras haber cosechado almas pecadoras, se alegró de la aplicación de la nueva Ley del destino, que obligaba a cada conciencia a sufrir los frutos buenos y malos de sus obras.
Y así, contingentes de almas piadosas, por haber traicionado la Ley, fueron precipitadas en los abismos y se convirtieron en los primeros regimientos de demonios religiosos de élite que el Anti-Dios formó a paso de carga para enviarlos a la superficie a pervertir los santuarios con su presencia, aparentemente Luz pero intrínsecamente tinieblas.
De caída en caída, las religiones, una tras otra, se separaron de DIOS, que aplicó la Ley y las precipitó en los abismos.

6. La Ley del Karma, raíz de la Edad de Hierro

En los albores de la Edad de Hierro, el Anti-Dios tenía fácil reclamar la aplicación de la Ley, pues cuanto más caía la cuchilla sobre los pecadores, más crecían en número sus fuerzas armadas y más ponían en peligro la economía del universo.
Buena en su espíritu de justicia, esta Ley que juzgaba según la elección arrastró a los infiernos a miles de millones de almas que hicieron la mala elección y se hundieron en ellos cada vez más, sin que el aguijón del sufrimiento, que se hizo ardiente, las estimulara por ello al arrepentimiento.
La Tierra, antes nimbada por la Luz del Sol espiritual, se convirtió poco a poco en un eterno cielo de tormenta, y los pecados de los hombres se acumularon hasta tal punto que hubo que dispersar de vez en cuando esas nubes, haciéndoles vomitar todas las consecuencias ligadas a los destinos colectivos de los que eran la cristalización nefasta.

7. Puesta en marcha de la Ley del Karma

Las almas nuevas, surgidas de una naturaleza programada por los primeros demonios y puestas ante la elección de trabajar para DIOS o retroceder durmiendo aún más profundamente, eligieron en su mayoría el camino fácil del sueño interior profundo, donde los ronquidos del cuerpo eran la única actividad que se les permitía.
Ante esta decadencia, la Ley se puso en marcha y provocó la caída en los abismos de las que habían persistido en el no esfuerzo perverso. El Anti-Dios se alegró de esta aportación de almas fácilmente manipulables e hizo de ellas sus primeros soldados. Y el destino quiso que esas almas que habían huido del trabajo y del esfuerzo se vieran obligadas a trabajar y a sufrir en el aprendizaje militar que él les impuso por la fuerza.
Ese ruido de botas y ese entrechocar de armas diversas en el fondo de los abismos se hizo cada vez mayor, y las profundidades de la Tierra se convirtieron entonces en el reino infernal de los demonios: almas caídas por no haberse preocupado de hacer nada para volver a subir a DIOS.
Esta Ley alimentó la ilusión que engendró todas las ilusiones, hasta la de estar perdido en un mundo restringido, separado de las demás dimensiones del Cuerpo Cósmico de DIOS. La ilusión nació del Karma y Mayakali germinó gracias al Karma.
En los primeros tiempos de la Edad de Cobre, Mayakali no era más que un germen negruzco erizado de púas. Este germen estaba entonces en pleno crecimiento por culpa de los iniciados, que ya no querían mantener la hoguera de la Justicia Divina.
Este germen se convirtió en raíz y engendró dos Estrellas maléficas: Lucifer y Satanás. Ambas eran la cristalización de las desviaciones registradas durante la Edad de Plata y el comienzo de la Edad de Cobre.
La Ley del Karma se hizo indispensable cuando los errores acumulados de las humanidades formaron un Anti-Dios de humo negro y opaco.
Por eso se dice que las humanidades planetarias son responsables de este Anti-Purusha colectivo.

8. El libre albedrío

Hacía falta una Ley que permitiera a las humanidades comprender dolorosamente las consecuencias de no respetar las Leyes eternas de DIOS.
Y el libre albedrío fue dado a las almas que accedían a la individualidad: la elección del Bien, la elección del Mal y la recompensa en ambos casos, en Bien o en Mal, según la naturaleza de los actos registrados.
El libre albedrío es el primer acto que lleva al nacimiento de la Ley del Karma retributivo.
Sin el libre albedrío, la Ley del Karma no habría podido existir. Pero una vez instituida, se probaron los frutos del Bien y del Mal. La amargura del Mal hizo extrañamente muchos adeptos, que se embriagaron con la voluptuosidad nociva de actuar contra la Voluntad de DIOS. Esta voluptuosidad nociva cristalizó el Mal Cósmico nacido de la rebelión de las humanidades contra las órdenes de DIOS.
Los hombres perdieron poco a poco el deseo de pensar en DIOS y en ese sentido se acercaron a los animales.
Se instituyó la Ley de la retribución de las buenas y de las malas semillas plantadas en el jardín del SEÑOR.
A cada acción responderá el fruto de esa acción.
A cada palabra responderá el fruto de esa palabra.
A cada pensamiento responderá el fruto de ese pensamiento.
“Almas del Cosmos, por vuestras acciones, vuestras palabras y vuestros pensamientos, podéis hacer vuestra felicidad como vuestra desgracia.
Y por esta Ley del Karma que retribuye a cada uno según sus actos, el libre albedrío fue instaurado para que las almas hicieran la experiencia del Mal en todas sus facetas, puesto que tal era su deseo.”
Del libre albedrío nacieron los otros cuatro principios del Karma que vamos a estudiar ahora…

…/…
Fin del extracto de: L’UNITE DES VISAGES DE DIEU por el SEÑOR HAMSAH MANARAH