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AUMISMO

Hacia un mundo mejor

Reflexiones para iluminar las cuestiones de nuestro tiempo.

REFLEXIONES

APOYO ESPIRITUAL #7

Jueves 16 de abril

Nueva publicación cada jueves y domingo

CENTRARSE EN UNO MISMO

A pesar de las herramientas de comunicación que permiten mantener el vínculo con la familia, los allegados o los amigos, el confinamiento impone a muchas personas una soledad inédita. Encontrarse solo frente a uno mismo, con sus reacciones contrastadas ante el aislamiento, puede ser a veces difícil de vivir, pero la situación también puede ofrecer la ocasión de volver a centrarse en uno mismo, en lo esencial.
En este proceso de introspección positiva, el Aumismo, como otras tradiciones, invita a cada una y cada uno a (re)tomar conciencia de su naturaleza divina, considerando que Dios está presente en nosotros:
“Conviértete en el Dios que eres“: tal es la palabra dirigida a cada ser humano de la Tierra por Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, fundador de la religión aumista.
Tomar conciencia de nuestra naturaleza divina y caminar por la vía espiritual de la “divinización” no consiste en “hacer descender” o introducir en el hombre “algo” que no existía. Se trata de rasgar el velo de la ignorancia que nos impide contemplar lo Divino que ya está en nosotros.” (Le Yoga de la Divinisation, p. 18)
Se trata, pues, de identificarse no ya con la personalidad, sino con la Conciencia divina, sin temor a afirmar: “Soy el Yo Supremo“.
Hacer propia esta afirmación es también tomar la resolución profunda de mejorar cada día un poco más, sin culpabilidad pero con determinación, para reducir nuestros vicios y defectos, para que crezcan cada día más en nosotros la benevolencia, la tolerancia, el amor, la fraternidad y la solidaridad.
Este esfuerzo por desarrollar las cualidades humanas concierne, por supuesto, también a los ateos de buena voluntad, aunque no acepten la idea de una dimensión divina:

“Tenéis derecho a negar la existencia de Dios,

pero tenéis el deber de transformaros,

de mejoraros por la felicidad del mundo.“

(Yoga et Sagesse, p. 283)

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