COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 4 – CÓMO PONER FIN A LA VIOLENCIA CONTRA LA NATURALEZA
CÓMO PONER FIN A LA VIOLENCIA CONTRA LA NATURALEZA
RESUMEN
«¿Cómo poner fin a la violencia ejercida contra la naturaleza?». Esta es la pregunta crucial que se plantea hoy. Porque la explotamos y la destruimos, la naturaleza, que está viva, se venga. Entonces sobrevienen las catástrofes que, por desgracia, conocemos. Sin embargo, todos los reinos forman parte del ser humano, cuya conciencia ha evolucionado a través de la Pirámide evolutiva: tienen derecho a pedir nuestra protección. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos muestra el camino de la reconciliación urgente y vital del hombre con la naturaleza.
PONENCIA
INTRODUCCIÓN
Desde el origen de los tiempos, la fuerza y el poder de los fenómenos naturales han impresionado a los hombres. Pero hay que constatar que actualmente los cataclismos se multiplican de forma inquietante. Como dice el historiador Jean Delumeau: «Pese a todas las proezas científicas, la humanidad sigue a menudo desarmada ante la omnipotencia salvaje de la naturaleza…». Y, por retomar el título de un artículo de la revista Le Point, nadie está a salvo de las «cóleras de la naturaleza» (6 de enero de 2005). Esto invita a la reflexión: el hombre comete el error de considerar la Naturaleza como un simple depósito de recursos inagotables y explotables a voluntad, y de violentarla sin preocuparse por las consecuencias sobre el presente y el futuro del planeta.
En esta ponencia abordaremos, pues, los puntos siguientes:
I – Las consecuencias de la violencia ejercida contra la naturaleza
II – La tierra es un ser vivo
III – Cómo salir del engranaje de la violencia
I – LAS CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA EJERCIDA CONTRA LA NATURALEZA
La constatación de las Naciones Unidas
Cuando la Organización de las Naciones Unidas se preocupa por el estado del planeta y publica un programa para el medio ambiente, coincide con las preocupaciones expresadas por la religión aumista. La ONU deplora las degradaciones que la humanidad inflige a la Naturaleza y sus consecuencias.
«Tenemos la obligación apremiante», se lee en su informe, «de garantizar a las generaciones futuras que puedan seguir viviendo en este planeta». Esta declaración se basa en las constataciones siguientes:
«En los últimos 100 años nuestro medio natural ha tenido que soportar las presiones derivadas del crecimiento de la población humana, que se ha cuadruplicado, y de la producción económica mundial, que se ha multiplicado por 18. Actualmente somos 6.000 millones de seres humanos y llegaremos a 9.000 millones de aquí a 2050. El riesgo de causar estragos irreparables en el medio ambiente es una realidad, y mantener la vida en nuestro planeta constituye un desafío para cada uno de nosotros. En los países ricos, los subproductos de las actividades industriales y agroindustriales envenenan los suelos y los cursos de agua, mientras que en los países en desarrollo la deforestación masiva, las prácticas agrícolas nocivas y la urbanización incontrolada constituyen importantes causas de degradación del medio ambiente. Sabemos que las emisiones de dióxido de carbono son una de las principales causas de los cambios climáticos que constatamos actualmente, y que la utilización de combustibles fósiles es su fuente principal. La quinta parte de la población mundial que vive en los países industrializados consume cerca del 60% de la energía mundial. Es imperativo responder a las necesidades económicas actuales sin comprometer la posibilidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras.»
Situación actual
Las actividades humanas sin salvaguardias, al servicio exclusivo de un beneficio a corto plazo, causan peligrosos desequilibrios.
* No nos extenderemos sobre el uso de productos tóxicos en la agricultura y la ganadería que, al dañar los reinos animal y vegetal, generan envenenamientos y epidemias entre los hombres…
* Las catástrofes de origen climático debidas a múltiples contaminaciones y agresiones se multiplican:
– entre 1994 y 2003 la tierra sufrió cerca de 3.600 catástrofes naturales que afectaron a 2.800 millones de personas,
– de 1998 a 2002, 196 millones de personas al año fueron víctimas de inundaciones,
– según un estudio alemán, el número de tormentas mensuales en las costas europeas ha pasado de 7 a 14 en los últimos 50 años,
– Le Point señala: «Cada año, 50 ciclones tropicales atormentan a 120 millones de personas en 84 países». Especialistas como Mark Saunders temen un aumento del 50% de los ciclones en los próximos 50 años.
Según las observaciones científicas, las temperaturas medias deberían aumentar entre 1,2 y 3,5 °C, lo que provoca el deshielo de los glaciares y la subida del nivel del mar. Por efecto del calentamiento climático, las nieves del Kilimanjaro habrán desaparecido en 2020, y el rápido deshielo de los glaciares del Himalaya podría provocar graves escaseces de agua.
* El programa de las Naciones Unidas menciona otras situaciones alarmantes, por ejemplo la crisis del agua: el consumo mundial se ha multiplicado por 6 en 100 años y nos encaminamos hacia la escasez. El agua se derrocha en los países industrializados, mientras que la insalubridad del agua es el origen del 80% de las enfermedades en los países en desarrollo.
* Otra preocupación: la degradación de los ecosistemas. Le Monde del 1 de abril de 2005 precisa: «Se llama ecosistema a un conjunto de organismos (plantas, animales, microorganismos); los humanos forman parte integrante de los ecosistemas. La selva tropical, los océanos y la sabana son ejemplos de ello, y el conjunto de estos ecosistemas compone la biosfera, parte viva del Planeta».
En junio de 2001, la ONU precisó y advirtió: «La actividad humana ejerce tal presión sobre las funciones naturales del Planeta que la capacidad de los ecosistemas para responder a las demandas de las generaciones futuras ya no puede darse por sentada. Nos alarmamos por el agotamiento de los recursos, pero descuidamos la destrucción de los ecosistemas; la lucha contra la pobreza y el hambre, y nuestra salud, dependen de lo que aportan los ecosistemas».
El informe de la ONU concluye: «Conviene elaborar el mapa de salud de nuestro planeta y realizar un estudio serio, completo y mundial sobre el estado de los 5 principales ecosistemas: los bosques, el agua dulce, los pastos, las zonas costeras y los agroecosistemas, mediante una cooperación científica y política internacional».
Los aumistas no tienen la menor intención de sustituir a los organismos encargados de estos graves problemas. No obstante, como vamos a ver, la Enseñanza impartida por Su Santidad el Señor Hamsah Manarah aporta una contribución indispensable a la reconciliación entre el hombre y la naturaleza.
«La ecología y la protección del medio ambiente», dice Él, «forman parte integrante de la mística aumista, pues el hombre ya no puede exprimir la naturaleza ni abusar de sus riquezas». (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 198)
II – LA TIERRA ES UN SER VIVO
Para la Religión Aumista, «la Tierra es un ser vivo y dispone, por tanto, de una conciencia colectiva que ocupa su lugar en la Pirámide evolutiva del mineral, el vegetal, el animal y el humano» (La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 174). Las almas humanas son el resultado de una lenta evolución en el seno de esta Pirámide evolutiva. Las almas individualizadas del reino humano se esforzarán por alcanzar lo divino.
Rumi, poeta sufí, escribía: «Morí como mineral para convertirme en planta. Morí como planta para alzarme animal. Morí como animal para convertirme en hombre. Moriré a la condición humana para nacer a la condición divina».
Por eso el hombre y la naturaleza viven en simbiosis:
– Los minerales, las rocas y las piedras desempeñan, en diversos grados, un papel importante en nuestra vida. Pueden ayudarnos con sus propiedades curativas y protectoras. Tienen una forma de sensibilidad.
– Los vegetales aseguran nuestro alimento y nuestro oxígeno y protegen la tierra contra la degradación; sin ellos la vida no sería posible. Algunos experimentos científicos muestran que las plantas tienen un lenguaje, una memoria y una afectividad.
– Los animales pueden ser los mejores amigos del hombre. Pero si son maltratados, su resentimiento deja huellas en la evolución de la conciencia.
La manera en que se trata a los animales tiene, pues, una influencia directa en el comportamiento de los hombres. El hombre que golpea a la naturaleza se golpea a sí mismo. Como ser vivo, la tierra reacciona a las violencias que el hombre depredador le inflige. La venganza de la naturaleza contra este verdugo cruel, egoísta y codicioso se manifiesta, entre otras cosas, en cataclismos. El Señor Hamsah Manarah recuerda entonces a cada uno sus deberes: «Hombre, eres la síntesis de los elementos que constituyen la escala de la evolución». Como eslabón de síntesis, llegado a la cumbre de la Pirámide, el hombre es la conciencia faro de la naturaleza: debe dar ejemplo. Si se esfuerza por mejorar y evolucionar él mismo hacia lo Divino, arrastra a todos los reinos a progresar tras su estela.
III – CÓMO SALIR DEL ENGRANAJE DE LA VIOLENCIA
Cambio de mentalidad
Comprendemos aquí la importancia de una evolución de las mentalidades hacia una mejor comprensión de las leyes de la vida, hacia un profundo respeto del medio ambiente y hacia la elección de la salud planetaria en lugar de una carrera por el beneficio que sobreexplota los recursos y a los hombres. Sin duda es indispensable que la humanidad tome lo necesario de los recursos naturales, pero el Aumismo enseña que, en contrapartida, debe contribuir a la protección y a la evolución de los diferentes reinos. Está en juego la supervivencia del planeta. Si el hombre se niega a cambiar, la naturaleza enfurecida se encargará de recordarle sus errores.
La oración
En el libro La Loi d’Évolution des Âmes (pp. 258 a 264), el Señor Hamsah Manarah nos recomienda acordarnos de bendecir los alimentos y bendecir la Naturaleza entera, «para que los espíritus de la Naturaleza sientan de nuevo ese calor de la oración que, hace tanto tiempo, había creado una cálida armonía entre el hombre y el animal, los vegetales y los minerales». Este trabajo de bendición ayuda a contener progresivamente las reacciones violentas de la naturaleza provocadas por la violencia de los hombres.
«Cuanto más apacibles estén los espíritus de la naturaleza», dice el Señor, «más en paz estará la Tierra».
Con la repetición del sonido OM, «la naturaleza se calmará y seguirá los pasos del hombre, lo tomará como guía, como faro de su evolución. Es necesario que cada ser humano tome conciencia de sus responsabilidades morales y espirituales para con la naturaleza, de la que se beneficia sin ningún sentimiento de gratitud y sin orar nunca por su evolución». Cada uno está invitado a descubrir y practicar las meditaciones propuestas por Su Santidad el Señor Hamsah Manarah, en particular la «Meditación sobre la Unidad de los Reinos de la Naturaleza» en La Loi d’Évolution des Âmes (p. 474).
He aquí un extracto de la «Oración por la evolución de los reinos»:
«Oremos juntos por la evolución de las piedras del camino, de las rocas, de las montañas y de las entidades de las cavernas. Que accedan al estadio de evolución del vegetal. OM
Oremos juntos para que los vegetales de la tierra entera accedan al plano superior del animal. OM
Oremos juntos para que los animales de esta tierra accedan al plano superior del ser humano. OM
Oremos juntos para que los humanos abran los ojos, acepten la edad de oro y accedan a su divinidad por fin realizada. OM
(…) Proyectemos mentalmente sobre la tierra entera un diluvio de semillas de Luz y pidamos que germinen en cada mineral, en cada vegetal, en cada animal y en cada humano… OM» (La Loi d’Évolution des Âmes, pp. 261 a 264)
La acción
La oración es verdaderamente sincera, y por tanto eficaz, si nos esforzamos por poner en conformidad nuestros actos y nuestros pensamientos. Aparte de los grandes actores económicos, cada ciudadano está concernido y debe participar en este esfuerzo en su vida cotidiana: por su número, el impacto de los consumidores es considerable. Si los seis mil millones de seres humanos consumieran tanta energía como las sociedades occidentales, haría falta el equivalente de seis planetas como la tierra para cubrir las necesidades de la humanidad. En su sitio web «Un geste pour la planète», por ejemplo, Nicolas Hulot recoge un número impresionante de ejemplos que permiten a cada uno participar activamente en esta gran empresa de salvaguarda de la naturaleza. El cambio de mentalidad debe traducirse en un cambio de comportamiento.
Su Santidad el Señor Hamsah Manarah escribe: «El científico de Edad de Oro seguirá siendo en su corazón un ecologista, defensor de la naturaleza (…) protegerá la tierra contra los experimentos considerados peligrosos…» (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 177)
Y propone un «código de honor del hombre frente a los reinos de la naturaleza» en 15 puntos, por ejemplo:
– Aprender a alimentarse para dar ejemplo de respeto a la Naturaleza y a la vida. (Señalemos que los aumistas no consumen carne.)
– Cesar toda violencia y agresión que pueda crear un desequilibrio en los reinos de la naturaleza, poniendo tarde o temprano en peligro la creación.
– Abstenerse de aumentar el sufrimiento de los mundos mineral, vegetal y animal haciendo de ellos cobayas para experimentos malsanos y a menudo inútiles. (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 206)
Insistamos en que el subdesarrollo económico no proporciona los medios para garantizar la higiene y la salubridad, respetar las normas de seguridad o limitar los efectos de una industrialización mal regulada. Impone el uso de las instalaciones y los productos menos costosos, y por tanto a menudo peligrosos para el hombre y su entorno. La lucha contra la miseria planetaria, el reparto equitativo de las riquezas naturales y el intercambio de los conocimientos científicos están ligados al combate de la ecología para salvar el planeta. La necesidad de proteger la naturaleza se inscribe, pues, en las «Leyes evolutivas y morales de la Edad de Oro» relativas a la evolución, la unidad, el amor, el conocimiento verdadero, el compartir, el perdón de las ofensas, la autotransformación, las etapas de la vida, la vida después de la muerte, la alimentación sana, el contrato natural y la selección natural. Estas leyes conciernen también a todos los seres humanos de buena voluntad que deseen participar en la revolución de las mentalidades para recuperar la paz en la Tierra.
En 1993, en el Libro Une Loi pour Détruire le Mal (p. 283), Su Santidad el Señor Hamsah Manarah nos advertía de las consecuencias de la mala elección que podían hacer los hombres, en particular con el exterminio de especies animales, vegetales y también minerales en el altar del progreso:
– La Naturaleza, herida en su equilibrio, reaccionaría vigorosamente contra el humano depredador y destructor.
– El clima cambiaría hasta poner patas arriba todos los modos de vida de nuestra humanidad.
– Los mares y los océanos subirían poco a poco mientras empezaran a fundirse los casquetes polares de los dos polos.
– Aparecerían nuevas enfermedades que ninguna ciencia podría contener, golpeando en primer lugar a una humanidad degenerada.
– La autodestrucción ecológica pondría probablemente fin a toda vida en la tierra, por el solo hecho de que un bípedo humano lo había basado todo en el único disfrute de una felicidad material.
Las crisis sociales y ecológicas actuales son consecuencia de esta mala elección, a la que remitimos a cada uno.
El Señor Hamsah Manarah ofrece a la humanidad una última oportunidad de elegir la vida para su planeta:
«Todo depende de ti, oh hombre, de tu toma de conciencia de los peligros que corre la Tierra».
«La Tierra necesita un Templo para reequilibrarse recuperando su vocación primera, que es evolucionar hacia la Unidad. Este Templo está coronado por una Pirámide de cristal; es la esperanza de todos y cada uno; en él se depositarán todos los secretos que rigen la creación. Los científicos no verán su utilidad, pero se verán obligados a constatar sus efectos milagrosos».
Su Santidad revela los efectos y el papel espiritual de este templo, garante de una Edad de Oro duradera: «El Templo Pirámide es una oportunidad para todos los que participan en él, lo hacen posible y luchan por verlo culminado; es una oportunidad para la humanidad si sabe aceptarlo sin reaccionar con demasiado odio».
Es garante de un porvenir mejor y la ocasión para cada ser humano de hacer balance de su evolución… Nunca hay que desesperar: es en las peores dificultades donde se forjan las voluntades de acero.
«Trabaja, ora, medita y sálvate por tu poderoso deseo de evolucionar y de vencer la autodestrucción que amenaza».
CONCLUSIÓN
En Su Misión de Mesías Cosmoplanetario y con Su gran compasión, Su Santidad el Señor Hamsah Manarah nos aporta una ayuda para que cesen las violencias destructivas contra la naturaleza. Todo ello con el fin de legar a las generaciones futuras un mundo mejor en el que los valores morales, sociales y espirituales hayan restablecido la armonía entre el hombre y su entorno, indispensable para la verdadera felicidad.
Bibliografía (obras en francés):
– Obras de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH
– L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or (pp. 177, 198, 206)
– La Révolution du monde des vivants et des morts (p. 174)
– La Loi d’Évolution des Âmes (pp. 258 a 264, 330, 474)
– Une Loi pour Détruire le Mal (p. 283)
– Eva de Vitray-Meyerovitch: Rumi et le soufisme (Le Seuil)
– Naciones Unidas: Programa para el Medio Ambiente

