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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 1 – ¿POR QUÉ UN COLOQUIO SOBRE EL RESPETO?

Enseñanzas y conferencias

¿POR QUÉ UN COLOQUIO SOBRE EL RESPETO?

Ninguno de nosotros puede negar hoy la evidencia: la falta de respeto está en el centro de muchos de los problemas que afrontan nuestras sociedades contemporáneas. En el torrente de información que se difunde a diario por el planeta, no pasa un solo día sin que nos veamos interpelados, personal y colectivamente, por la falta de respeto hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el medio ambiente.

Es urgente encontrar respuestas concretas, aplicables rápidamente y adaptables sin distinción de cultura ni de clase. Por eso hemos elegido como tema de este 7.º Coloquio Internacional de la religión aumista «El respeto, una prioridad para el mundo actual».

Como solo presento este coloquio, evocaré en esta presentación los distintos aspectos del respeto que se retomarán y desarrollarán en las conferencias siguientes: el respeto de uno mismo, el respeto de los demás y el respeto del medio ambiente.

Después os hablaré del Aumismo, religión universal en cuyo centro se sitúa el respeto.

El respeto de uno mismo

Hay leyes que rigen la vida y el Universo: las causas siempre producen efectos. Nuestro equilibrio físico y mental está regido por principios que hay que respetar. Sin embargo, esos principios a menudo se desprecian, e incluso se abandonan, y sucumbimos a las presiones y a las exigencias de una sociedad de consumo y de la facilidad.

Así se instalan desequilibrios y carencias, que a menudo llevan al consumo de drogas, de alcohol o de tranquilizantes. Otras tantas evasivas que nos conducen al desprecio del cuerpo y a la enfermedad.

Nos faltamos al respeto a nosotros mismos:

  • cuando no respetamos nuestro tiempo de sueño, valioso y necesario para el descanso y para la reparación física y psíquica del organismo;
  • cuando consumimos habitualmente alimentos adulterados o sin interés para el mantenimiento de nuestra salud. Resulta que consumimos cada vez más platos preparados cuyos ingredientes no responden necesariamente a nuestras verdaderas necesidades. Pero su envase y una publicidad concebida para seducirnos se imponen a nuestro discernimiento.

Nos faltamos al respeto a nosotros mismos cuando olvidamos cultivar pensamientos hermosos. El pensamiento está en el origen de todo lo creado. El pensamiento debe cultivarse de forma positiva para mantener nuestro rumbo hacia la Luz y conservar nuestra serenidad, nuestro entusiasmo y nuestra alegría de vivir.

Sin embargo, lo que con mucha frecuencia satura hoy nuestro pensamiento son las preocupaciones cotidianas, profesionales y familiares, la búsqueda de lo material y las catástrofes. Todo ello genera miedo, agresividad, violencia y a veces odio. A menudo también, el exceso de trabajo ya no nos deja tiempo para dedicar lo necesario a nuestra cita diaria con nuestro Dios Interior, que es nuestra razón de vivir.

Nos faltamos al respeto a nosotros mismos cuando dejamos que se desarrollen nuestras malas inclinaciones. Procuramos que el interior de nuestras casas sea lo más agradable posible para vivir en él. Todos sabemos que hay que limpiar regularmente nuestra vivienda para que el polvo y la suciedad no hagan desaparecer los muebles y objetos que a menudo hemos adquirido con mucho trabajo y ahorro. Sabemos que debemos arrancar regularmente las malas hierbas de nuestro jardín; de lo contrario, invadirán nuestras plantas y las ahogarán.

Pero olvidamos que tenemos un jardín interior que cuidar. Y a menudo dejamos ese jardín interior abandonado porque la sociedad actual no nos ofrece ningún producto para cuidarlo.

Las malas inclinaciones forman parte de la naturaleza humana: el egoísmo, la pereza, el orgullo, los celos, etc. Cuando no se combaten, cuando las dejamos desarrollarse libremente, envenenan nuestro mundo interior. Como la sociedad en la que vivimos fomenta y estimula el culto de las emociones, de las sensaciones, de la violencia y del sexo, todo ello constituye otras tantas ocasiones que nos hacen perder el sentido del respeto de nosotros mismos. Para restablecer el respeto de nosotros mismos, debemos vigilar nuestros pensamientos.

El respeto de los demás

El adulto que pierde la noción del respeto de sí mismo pierde también la noción del respeto del otro. No solo observamos esta pérdida del respeto del otro, sino que todos la vivimos y la padecemos. Los hijos ya no respetan a sus padres y los padres ya no respetan a sus hijos. Los adultos ya no se respetan, las incivilidades se multiplican y la agresividad se vive a diario. La violencia se ha vuelto habitual, con actos extremos incluso dentro de las escuelas. El niño al que no se enseña a respetarse a sí mismo no puede respetar a los demás, y se pone en marcha el engranaje. Por eso la educación es fundamental para adquirir el respeto. Algunos padres, a menudo ausentes, han olvidado que tienen un papel esencial que desempeñar en el aprendizaje del respeto a los demás. El papel de los padres, quizá porque no tiene rentabilidad a corto plazo, ha sido despreciado por nuestra sociedad materialista.

  • En el mundo laboral, el respeto de los demás se reduce a menudo a su mínima expresión. Los métodos de gestión centrados en la rentabilidad se basan en la competencia y a menudo conducen a la división, los celos, el odio y la discriminación.
  • A pesar de que las personas están reunidas, la falta de comunicación es frecuente. Esta falta de comunicación aísla e impide toda comprensión del otro, todo espíritu de equipo, todo espíritu de solidaridad y de fraternidad. Este aislamiento no permite que el respeto se exprese.

Nuestra sociedad se basa en el beneficio y en privilegios que provocan la injusticia social y económica, la explotación excesiva de unos para la satisfacción de una minoría. Al olvidar situar en su centro el respeto de los demás, nuestra sociedad ha firmado la degradación de la relación social.

La falta de respeto mutuo repercute en todo el funcionamiento de nuestras sociedades y de los Estados.

El respeto del medio ambiente

Faltamos al respeto a la tierra cuando agotamos los suelos con una agricultura intensiva. Faltamos al respeto a la tierra cuando la saturamos de productos químicos que la envenenan, productos que se filtran en los acuíferos y desembocan en los ríos, los lagos y los océanos.

Faltamos al respeto al agua de los océanos cuando la contaminamos con las desgasificaciones ilegales de los buques y arrojando en ella nuestros residuos.

Faltamos al respeto al aire, víctima de los humos contaminantes de nuestras industrias, cuando vertemos en él los gases de escape de nuestros medios de transporte.

Observamos, desde luego, iniciativas que contribuyen a restaurar el respeto, como el desarrollo sostenible o las numerosas actividades de las ONG. Pero las consecuencias de la falta de respeto no dejan de ser preocupantes.

El Aumismo sitúa el respeto en el centro de la religión

Respondiendo a las preocupaciones de nuestra época, el Fundador de la religión aumista, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, da ejemplo de respeto. Escribió 22 libros que nos enseñan, en particular, por qué y cómo desarrollar más respeto hacia nuestro entorno y nuestros semejantes.

El Aumismo pone a nuestra disposición los medios para transformarnos y trabajar por la paz haciéndonos tomar conciencia de que lo Divino está presente en todo lo que vive: lo Divino está presente en cada mineral, cada vegetal, cada animal y cada ser humano, y por ello debemos respeto a todos los reinos de la naturaleza en su diversidad.

«La verdadera Unidad», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «es ante todo la unión en el respeto de las diferencias». Este respeto de las diferencias, entre individuos, comunidades, pueblos, religiones e ideas filosóficas y políticas, es indispensable para la paz, la unidad, la reconciliación, la fraternidad y la solidaridad.

Su Santidad dice en Yoga et Sagesse, p. 257: «Los hombres no conocerán la paz y la armonía mientras no hayan desarrollado más respeto por el valor humano de su prójimo. Este respeto deberá traducirse en tolerancia».

Las distintas conferencias presentadas por los ponentes aumistas retomarán y desarrollarán temas del respeto y aportarán respuestas concretas, aplicables al mundo moderno y adaptables a cada tipo de sociedad. Ponentes externos abordarán el respeto en el marco del Derecho, de las convicciones religiosas, de la filosofía y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Cedo ahora la palabra a los conferenciantes y deseo vivamente que estas dos jornadas enriquezcan vuestra reflexión, consoliden vuestra esperanza en una sociedad mejor y respondan a las preguntas que podáis plantearos.

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