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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 7 – LA IMPORTANCIA DE LA VIDA PRESENTE

Enseñanzas y conferencias

LA IMPORTANCIA DE LA VIDA PRESENTE

A lo largo de este 10.º Coloquio Internacional del Aumismo hemos podido ver juntos cómo el Aumismo propone abordar la continuidad entre la vida en la Tierra y la vida en el más allá. Hemos visto que la vida en el más allá prepara la vida en la Tierra, y que la vida en la Tierra prepara la vida en el más allá. El objetivo es siempre perfeccionarse, realizar la Unidad con Dios presente en cada uno como en todo lo que vive. Es, pues, necesario conceder a la existencia presente toda su importancia, es decir, contribuir al cambio de mentalidad y poner en práctica los valores de la Era nueva, que conceden a la Vida toda su importancia.

A grandes rasgos, como vamos a ver, se trata de avanzar hacia la paz de la Edad de Oro:

– a través de una nueva relación con uno mismo

– a través de una nueva relación con los demás y con la naturaleza

– y a través de la educación de los niños.

I – UNA NUEVA RELACIÓN CON UNO MISMO

En la Edad de Oro, el fundamento del respeto de uno mismo es la toma de conciencia de que lo Divino está en cada uno de nosotros. La vida es preciosa y el cuerpo, en el Aumismo, se considera el Templo del alma. No se trata de idolatrar el aspecto exterior, sino de mantener el equilibrio físico y mental.

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH enseña que: «El cuerpo es un instrumento de trabajo necesario cuyo potencial de vida hay que preservar a toda costa y el mayor tiempo posible.»[1]

Adoptar hábitos de vida sanos

– Practicar ejercicio físico con regularidad, pero sin excesos, es importante. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos enseña, por ejemplo, las virtudes del hatha yoga, del pranayama y de las artes marciales practicadas con un espíritu desprovisto de agresividad.

– Alimentarse de forma sana: «Hay que elegir alimentos útiles, sanos y, en la medida de lo posible, agradables al gusto.»[2] Se aconseja orientarse progresivamente hacia una alimentación vegetariana, que favorece el mantenimiento y el refuerzo de la propia salud, la salvaguarda del planeta y la protección de los animales.

– Cuidarse eficazmente: cada ser humano debe a la vez esforzarse por preservar su salud mediante hábitos de vida sanos y tratarse de forma adecuada en caso de enfermedad, «sin desdeñar, nos dice el Señor, la valiosa aportación de la medicina en todas sus formas».

Rechazar la autodestrucción

– La adicción a la droga o, más en general, a toda sustancia tóxica de la que el cuerpo acaba por no poder prescindir constituye una lenta autodestrucción. El Señor nos plantea la siguiente pregunta: «¿Quién puede encontrar una felicidad duradera si, teniendo un cuerpo de carne para llevar una vida feliz, lo mata a fuego lento con sustancias químicas?»[3]

– El suicidio es un acto especialmente grave contra uno mismo. No atentar contra la propia vida es un deber tan importante como no atentar contra la vida ajena. Mediante la oración, es importante acudir en ayuda del alma de alguien que se ha suicidado.

Orientar bien los pensamientos

El equilibrio, la salud y la longevidad dependen de nuestros pensamientos. «Los venenos del alma son también venenos del cuerpo.»[4] «Las emociones de la vida, las pasiones, las traiciones, los juicios de nuestros semejantes, las críticas malintencionadas y los celos de unos y otros no pueden sino perjudicar nuestra salud. Por eso se recomienda a quienes quieren preservar su capital de vida que controlen imperativamente sus sentidos, sus emociones y su imaginación.»[5] Es, pues, necesario aprender a conocerse para no alimentar emociones y sentimientos negativos, sino, al contrario, desarrollar la calma, la benevolencia, el altruismo y la tolerancia.

– Otro aspecto: el pensamiento es creador. «Lo que piensas, en ello te convertirás en tu porvenir.»[6] A diferencia de los pensamientos pesimistas y derrotistas, los pensamientos positivos orientados hacia el progreso y el éxito pueden, pues, mejorar nuestras condiciones de vida. En definitiva, el hombre encontrará un equilibrio duradero identificándose con la Conciencia divina que está en él y no ya con las limitaciones de su personalidad. Esta nueva relación con uno mismo, fundada en el respeto de lo Divino en uno, va de la mano del respeto del otro y de la naturaleza.

II – UNA NUEVA RELACIÓN CON LOS DEMÁS Y CON LA NATURALEZA

En la relación con el mundo, se trata de asociar oración y acción. «Mis posiciones son claras, dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH; incitan a todos a trascender el egoísmo y a ayudar a su prójimo mediante la oración, pero también de forma concreta.»[7] Para quienes no son creyentes, la acción puede ir acompañada de pensamientos de benevolencia y de compasión.

La solidaridad con los humanos

En el Aumismo, en el fundamento del respeto al otro está el respeto de lo Divino presente en cada uno como en uno mismo. Hay que plantearse imperativamente la pregunta «¿Cómo actuar?». Ello implica no atentar contra la integridad física o moral del otro; eliminar de nuestro comportamiento la división, la violencia y el odio; contribuir a diario a la felicidad de nuestro entorno; y desarrollar el sentido del interés general para tener en cuenta la felicidad del mayor número.

Ello implica poner en práctica las cualidades necesarias para mantener la paz:

– la tolerancia y la aceptación de las diferencias, lo que no significa estar siempre de acuerdo con las ideas de los demás, sino reconocerles el derecho a pensar de forma distinta a nosotros.

– La solidaridad: debe expresarse concretamente en los gestos cotidianos hacia los más desfavorecidos, como en la acción humanitaria y social, porque la Edad de Oro es ante todo «el gesto de la mano tendida hacia quien sufre».[8]

Hay que tener también presente que la Edad de Oro pasa por una mayor justicia económica y un reparto equilibrado de las riquezas mundiales. La acción individual y colectiva en el sentido del interés general va más allá del simple beneficio personal. Se la puede acompañar de este pensamiento: «Que se restablezca la justicia económica y social, y que cada pueblo pueda autoabastecerse. Que la Ley del compartir y de la solidaridad se vuelva planetaria para que llegue la Edad de Oro.»[9] Obrar así para ayudar al otro pone en el camino de una felicidad duradera.

El Señor HAMSAH MANARAH nos dice: «Querer que coexistan en una misma Tierra fraterna diferencias que sepan unirse, en el interés colectivo, para el mantenimiento de la vida: eso es la verdadera unidad.»[10] En particular, no dudemos en orar por nuestros dirigentes y responsables políticos, en Francia pero también en el mundo entero: «Habría que invitar a todos los humanos, creyentes y no creyentes, a orientar pensamientos de benevolencia hacia los jefes de Estado, los pueblos y las naciones, a fin de preparar un porvenir de armonía social y de paz.»[11]

La solidaridad con la Naturaleza

Lo Divino está presente en la naturaleza, que está viva. En el Aumismo, el respeto se extiende a la naturaleza porque lo Divino está presente en todo lo que vive. Se explica y se justifica también por el camino de la conciencia en la Pirámide Evolutiva de los Reinos de la Naturaleza, a través de los reinos mineral, vegetal, animal y humano, hasta lo Divino. La interdependencia entre los reinos es hoy cada vez más evidente. «Una solidaridad une todo lo que existe en la naturaleza; el hombre se lo debe todo a la naturaleza y no puede sobrevivir sin ella.»[12]

Afortunadamente, en el mundo de hoy existen «buenas voluntades» y actores positivos, miles de hombres y mujeres de todas las sociedades del globo cuya acción diaria tiende a reequilibrar el mundo. En efecto, pueden citarse las numerosas organizaciones no gubernamentales, las diversas asociaciones y otras estructuras locales o internacionales que obran por un mundo mejor promoviendo el desarrollo sostenible del que se habló con ocasión de la COP21: un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Pretende favorecer un estado de armonía entre los seres humanos y entre el hombre y la naturaleza.

Pero es urgente seguir en este sentido a gran escala. Concretamente, es imperativo para la humanidad:

  • no hipotecar el futuro (en el caso de los OGM, esto se llama «principio de precaución»);
  • tener en cuenta el medio ambiente en sus decisiones (protección de la fauna y de la flora, emisiones de CO2, consumos energéticos, etc.).

En el plano individual y colectivo, se trata de evitar los actos de violencia hacia los reinos que sirven de soporte a la evolución de la conciencia hasta el reino humano, y de respetarlos y protegerlos de forma concreta, como se evocó en el coloquio anterior.

En el libro L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or encontraréis el «Código de Honor del Hombre ante los reinos de la naturaleza», que enumera los deberes del ser humano, quien debe «comprender que todos los reinos forman parte de un todo» y debe actuar para preservar la naturaleza y orar por la evolución de cada reino: «Los hombres, más allá de sus diferencias, deben saber unirse a la cabecera de su marco de vida, enfermo de estar sobreexplotado y contaminado.»[13] Recordemos aquí que el Sonido OM acelera la evolución de todos los seres vivos. Representa «el arca de la alianza entre el hombre y la naturaleza».

Para terminar, abordaremos la educación de los niños (y de los padres), porque este aspecto constituye sin duda una de las claves principales de los grandes logros de nuestras sociedades del mañana.

III – LA EDUCACIÓN DE LAS GENERACIONES FUTURAS

«Los niños son el destino de una nación y el del mundo futuro.»[14] Es, pues, necesario conceder a su educación toda su importancia. El objetivo de la educación en el Aumismo es contribuir a la felicidad del niño favoreciendo su desarrollo completo, de modo que más tarde entre en la vida adulta con cualidades que favorezcan su éxito material, social, moral y espiritual. Por supuesto, el desarrollo completo del niño reviste tantos aspectos distintos que sería ilusorio querer abarcarlo de forma exhaustiva en el tiempo de este intercambio.

El papel de los padres

Educar a los niños es, para los adultos, una manera de poner en práctica el compartir: compartir los saberes prácticos y los saberes de vida, mediante los múltiples aprendizajes y sobre todo mediante el ejemplo cotidiano de la benevolencia y del discernimiento, tan necesarios en el mundo actual. Los padres deben a la vez dar mucho amor y recordar que solo son «los depositarios temporales de estos brotes jóvenes que hay que formar en la escuela de la vida».[15] Es, pues, importante que favorezcan la autonomía de sus hijos. Tener la responsabilidad de un niño no siempre es fácil, y puede ayudar a los padres ofrecer a lo Divino los esfuerzos que exige la educación.

Enseñar al niño el sentido y el valor de su vida

En el Aumismo corresponde a la familia transmitir la Enseñanza de forma adaptada a cada niño y dar ejemplo de la oración en medio de las actividades corrientes.

– El niño aprenderá muy pronto que lo Divino está en él, lo que es fundamental para alimentar su autoestima y dar valor a su existencia.

– Comprenderá el sentido de su vida, que es desarrollar plenamente sus aptitudes y sus cualidades a fin de expresar lo Divino presente en sí mismo, lo que le incitará a hacerse cargo de su destino.

– Y sabiendo que la vida continúa en el más allá y con la reencarnación, podrá liberarse de un miedo excesivo a la muerte e implicarse plenamente en la vida presente, aportando su contribución a la toma a cargo del destino colectivo.

Tomará, pues, conciencia de la necesidad de respetarse a sí mismo y de tener en cuenta sus hábitos de vida. El Señor recuerda, por ejemplo: «Adquirid desde la infancia buenos hábitos, entre ellos el de tonificar cuerpo y espíritu mediante la práctica de un deporte, de un arte marcial y del yoga.»[16] Experimentará el interés de cultivar pensamientos beneficiosos para él y para los demás.

Enseñar al niño los valores de la paz

Es indispensable que los niños de la Era nueva, para convertirse en actores de la paz, desarrollen una mentalidad de «caballeros de la paz» y de «ciudadanos del mundo». Vivir en paz requiere desde la infancia el aprendizaje del respeto de la naturaleza y de los gestos ecológicos cotidianos para preservarla y ahorrar energía. Vivir en paz requiere el aprendizaje del respeto al otro. Saber que lo Divino está en cada ser implica la ausencia de racismo y de sexismo, y la tolerancia religiosa. El joven está entonces en condiciones de salir de la división. Desarrolla «el sentido de la Universalidad. Su familia es la humanidad entera. Se detiene en lo que acerca a los hombres en lugar de en lo que los divide. Ama fielmente a su país, pero no olvida que es ciudadano del mundo…»[17]

Así, insiste el Señor, «educar a los niños en el sentido de la tolerancia, del respeto de cada uno, del amor verdadero y de la ayuda mutua es darles el carácter que hará mejor a la sociedad».[18]

CONCLUSIÓN

Vivir plenamente la existencia presente es transformarse aceptando los propios errores sin culpabilizarse, siendo lo esencial levantarse tras los tropiezos. Es elegir la vida, el amor por todos los seres y el servicio desinteresado en todos los niveles de la escala social, mediante la oración y la acción. Porque la humanidad ha llegado a la hora de la elección, que es lo único que podrá salvar el planeta. Cada uno, en conciencia, debe responder a la pregunta:

¿A favor o en contra de la Unidad, del respeto de las diferencias, de la solidaridad?

¿A favor o en contra de la Vida?

Esta necesidad de avanzar hacia una mentalidad nueva concierne a todos los humanos, creyentes o no creyentes. Evidentemente, el tiempo apremia, y la Tierra llama a todos los hombres y a todas las mujeres de buena voluntad.

*******

[1] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 410.

[2] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 214.

[3] Périple d’un Yogi et Initié d’Occident, p. 78.

[4] Le Yoga de la vie pratique, p. 230.

[5] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 336.

[6] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 330.

[7] Une Loi pour détruire le mal, p. 85.

[8] Ibid., p. 89.

[9] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 44.

[10] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 85.

[11] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 302.

[12] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 199.

[13] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 443.

[14] Le Yoga de la Vie Pratique, p. 264.

[15] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 131.

[16] Une Loi pour détruire le mal, p. 333.

[17] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 249.

[18] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 143.

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