COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 1 – EN LA TIERRA Y EN EL MÁS ALLÁ, LA CONTINUIDAD DE LA VIDA SEGÚN EL AUMISMO
N.º 1 – EN LA TIERRA Y EN EL MÁS ALLÁ, LA CONTINUIDAD DE LA VIDA SEGÚN EL AUMISMO
Gracias por estar presentes en este 10.º Coloquio Internacional del Aumismo, para intercambiar sobre un tema que nos concierne a todos, ya que se trata ni más ni menos que de la condición humana. En el mundo actual no es fácil hablar de la muerte, porque es causa de grandes sufrimientos. Pero es una cuestión ineludible, y las religiones y las filosofías, nieguen o afirmen la existencia de lo invisible, le han dado a lo largo de los siglos múltiples respuestas. Por otra parte, se impone un hecho nuevo: incluso algunos científicos, al margen de toda búsqueda espiritual, se ven llevados a examinar el más allá a partir de las experiencias cercanas a la muerte.
En cuanto a los ponentes aumistas, os propondrán compartir una Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Fundador del Aumismo, acerca de la vida en la Tierra y en el más allá.
A lo largo de esta ponencia evocaremos:
1 – La necesidad de devolver su valor a la vida en el mundo de hoy
2 – La ayuda que aporta la Enseñanza aumista sobre la vida, la muerte y el más allá
3 – Las repercusiones prácticas de este Conocimiento en la vida presente
I – ¿POR QUÉ ES NECESARIO DEVOLVER SU VALOR A LA VIDA EN EL MUNDO DE HOY?
Cuando la vida cede el paso a la muerte: una breve constatación
– En un universo centrado en los bienes materiales, la muerte aparece como un depredador. Las Sabidurías y las religiones preconizan el desapego. Pero una sociedad de consumo alimenta el deseo de poseer cada vez más, lo que engendra unas veces frustraciones y otras el miedo a perder lo que se tiene, durante la vida y en el momento de la muerte. Además, esta relación con el tener puede teñir las relaciones afectivas, reforzar la posesividad hacia los allegados, a quienes a veces se considera baluartes contra la finitud, y hacer más difíciles todas las formas de separación, en particular en caso de fallecimiento.
– Paradójicamente, la muerte ejerce una especie de fascinación. Un ejemplo corriente: para tener éxito, muchas películas y videojuegos sitúan la muerte violenta en el centro de su guión. Pero no se trata solo de ficción. Algunos jóvenes que no tienen ninguna meta en la vida buscan una identidad, un reconocimiento. Buscan juegos peligrosos, desafíos extremos, consumen sustancias nocivas y a veces están dispuestos a seguir incitaciones a la violencia, incluso al asesinato. Afirman así el desprecio por su propia vida y por la de los demás.
– Este desprecio por la vida se expresa también a escala colectiva. Arraiga en las divisiones:
– La falta de justicia en el reparto de los recursos del planeta diezma a los más desfavorecidos.
– Las guerras tienen con demasiada frecuencia un componente de oposición religiosa, y la peor de las aberraciones es ver a seres humanos matar en nombre de Dios, que es la Energía de Vida y de Amor.
– Las agresiones contra la naturaleza se vuelven contra la salud de todos. Provocan cambios climáticos que amenazan los recursos alimentarios y la existencia de ciertas regiones del planeta, con sus consecuencias en todos los continentes. Ya no podemos ignorar la interdependencia que une a todos los pueblos. Todo ello pone en peligro a nuestra humanidad. Y, como todos sabemos, este breve recordatorio dista mucho de ser exhaustivo. Muchas cosas no son nuevas en las pruebas que atravesamos. Pero estamos ante una acumulación, una convergencia de dificultades que ponen de manifiesto las consecuencias de unas elecciones humanas destructivas. Salir de este desequilibrio y de todos estos sufrimientos es una prioridad vital para nuestra humanidad.
«El hombre cree vencer a la muerte desviando la vida hacia la muerte», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH.[1]
Esto atestigua el olvido de Dios como Principio de Vida y de Unidad, sea cual sea el Nombre que se le dé. Es una característica de la Edad de las divisiones (llamada Edad de Hierro), de la que la humanidad debe salir so pena de autodestruirse. Debe cambiar su manera de pensar y de actuar, individual y colectivamente, para cambiar de Ciclo, para acceder a la Nueva Era (llamada Edad de Oro), Edad del retorno a la Unidad, en la que la vida recupera sus derechos.
La humanidad debe devolver su valor a la vida
Afortunadamente, hay que decir que frente a las amenazas que pesan sobre el planeta se constatan avances.
– Las tomas de conciencia y las acciones en favor de la paz, de la solidaridad y de la protección del medio ambiente son cada vez más numerosas.
– Religiosos de distintas Tradiciones se encuentran y oran juntos. La aspiración a la fraternidad se expresa y se pone en práctica:
– Se ven actos de ayuda mutua admirables, por ejemplo durante las catástrofes.
– Se ve a padres de países enemigos llorar juntos a sus hijos muertos en la guerra.
– Se ve la valiente reafirmación de los valores humanistas frente a actos de barbarie insoportables.
A pesar de quienes todavía se empeñan en perpetuar el odio, hay una parte de la humanidad que está en marcha y toma conciencia de que el amor es una fuerza. Una fuerza de Vida. Y esto alimenta la fe en el Ser Humano.
Pero el paso del planeta a la Era de la paz requiere un cambio colectivo y duradero, que depende del cambio de todos. Es una etapa excepcional en la historia de nuestro planeta. La humanidad todavía está atrapada en los funcionamientos del pasado, pero pide una liberación porque ya no puede más. Necesita una ayuda sobrehumana. Esta ayuda no puede ser un golpe de varita mágica que detuviera las guerras sin que los seres humanos hubieran cambiado. Porque, si no cambian de mentalidad, reproducirán sus funcionamientos destructivos y seguirán encadenados a las causas del sufrimiento.
En este sentido, los Enviados fundadores de religiones, a costa de una inmensa abnegación, aportaron su ayuda a la humanidad, adaptando de Edad en Edad la Enseñanza espiritual, en distintos lugares del planeta y en distintas épocas, aunque con el paso del tiempo demasiados seres humanos los hayan olvidado, desvirtuado o escarnecido. Y en este momento clave de nuestra historia, en armonía con las Enseñanzas que favorecen la elevación espiritual de los seres, el Señor HAMSAH MANARAH responde a la necesidad de unidad de nuestro planeta. Viene a ayudar a la humanidad a cambiar de Ciclo, para entrar en la Nueva Era de la fraternidad. Sus discípulos son testigos de ello: semejante Misión exige una abnegación sin límites.
El Señor HAMSAH MANARAH se dirige a todos. Nos incita a transformarnos, a hacernos cargo de nuestra vida y de la de nuestro planeta. A menudo decía: «¡Os muestro el Camino, pero no puedo caminar en vuestro lugar!». Porque es en el esfuerzo personal donde se expresan nuestra elección y nuestra libertad, sin las cuales no hay transformación duradera. Para ello, Él nos aporta en todos los planos el apoyo necesario.
Sus 22 Libros, en particular, responden a las distintas expectativas del ser humano, desde el deseo de equilibrio personal hasta el deseo de realizar lo Divino en uno mismo. Su Enseñanza sobre la continuidad de la vida y de la Evolución más allá de la muerte es particularmente importante.
II – LA AYUDA QUE APORTA UN NUEVO CONOCIMIENTO DE LA VIDA, DE LA MUERTE Y DEL MÁS ALLÁ
Ante todo, el Señor HAMSAH MANARAH nos ayuda a recuperar el sentido de la vida
– Nos recuerda nuestra verdadera identidad diciendo: «Dios está en cada uno».[2] Es una noción que se encuentra en otras religiones. Por ejemplo, en el hinduismo se dice: «Tat tvam asi», «Tú eres Eso». El Buda Shakyamuni afirma: «Mira en tu interior, tú eres el Buda». Jesús dice: «Vosotros dioses sois»…
El Fundador del Aumismo siempre acogió a Sus nuevos discípulos rindiendo homenaje a lo Divino presente en ellos, expresando que no hay diferencia de esencia entre el Maestro y el discípulo, entre Dios y el hombre. Y este homenaje lo rinde a lo Divino presente en cada ser humano. A partir de ahí, nos recuerda la meta de la vida: «Conviértete en el Dios que eres». Lo Divino está en nosotros, pero tenemos que desarrollarlo para avanzar hacia la divinización. Para quienes no creen en Dios, querer crecer en humanidad incita a desarrollar lo mejor de uno mismo.
– El Señor sitúa a cada uno ante la obligación de respetar su propia vida, puesto que Dios está presente en uno mismo, y la vida de los demás, puesto que Dios está presente también en ellos. Y en las dificultades y las pruebas, nos incita a abrir nuestro corazón a la Energía de Amor y de Unidad: «Cuando la duda, el miedo, la angustia amenacen con haceros zozobrar, invocad al Señor de la Unidad y Él descenderá en vosotros como un cometa, para sostener vuestra marcha victoriosa hacia la verdadera y total libertad.»[3]
El Señor HAMSAH MANARAH enseña también el sentido de la muerte y de la vida en el más allá
– La muerte, llamada aquí «Transición», es un «cambio de estado». Es el hecho de que el alma deje su cuerpo físico como un vestido. Esta noción se encuentra en otras Tradiciones reencarnacionistas. Pero, como veremos, se trata de adaptarla a las necesidades de la Nueva Era.
Según el Aumismo, la vida continúa para el alma, que sigue evolucionando. Pensar en términos de Evolución es considerar la vida en la Tierra como una escuela en la que se aprende a perfeccionarse. Y es comprender que el alma no tenga que detenerse en seco en mitad de su aprendizaje a causa de la muerte, sino que pueda proseguirlo en el más allá y de vida en vida.
– El más allá, llamado aquí «Columna de Luz», es una universidad espiritual donde todas las almas deben aprender los valores de la Edad de Oro: solo merecen reencarnarse si se han vuelto capaces de ayudar a los seres humanos a instaurar y mantener la paz. Así recuperan el sentido de la verdadera felicidad.
«La vida post mortem es un tiempo para evolucionar, para formarse en la Edad de Oro.»[4]
Esto se desarrollará en la ponencia sobre el más allá y la reencarnación según el Aumismo.
III – LAS CONSECUENCIAS PRÁCTICAS DE ESTE CONOCIMIENTO EN LA VIDA PRESENTE
Pensar en la continuidad de la vida ayuda a abordar de otro modo la finitud humana
– Ayuda a sobrellevar mejor el duelo. El fallecimiento de un ser querido es siempre una prueba, y hace falta tiempo para que cicatrice el dolor de la separación en el plano humano. No se trata de reprimir las emociones, sino de aceptarlas en el momento, para retomar mejor después el timón de la propia vida. El Conocimiento no suprime el sufrimiento de la noche a la mañana. Pero lo alivia dándole un sentido. Y es una verdadera ayuda pensar que podemos acompañar a quien, tras haber dejado su cuerpo físico, debe seguir evolucionando más allá del mundo visible, y que todavía podemos serle útiles con nuestras oraciones y nuestros pensamientos de amor.
– Permite asumir mejor la idea de la propia muerte. También aquí hay que saber aceptar el comprensible pesar de tener que morir. Pero no estamos en la perspectiva de una ruptura que haría perder su sentido a la vida, y podemos preguntarnos cómo emplearla lo mejor posible.
– Este Conocimiento permite acompañar, incluso a distancia, a quienes están a punto de morir. Es un acto de pura compasión, un servicio humano que cualquiera puede verse llamado a prestar a sus semejantes, y el Señor HAMSAH MANARAH nos enseña cómo ayudar a un moribundo respetando su Tradición. Nos enseña el poder de la oración del OM, el primer Nombre de Dios, que se encuentra en distintas Tradiciones, beneficioso en el momento de la muerte pero también en la vida cotidiana, se sea creyente o no. Estas valiosas Enseñanzas se desarrollarán a lo largo del coloquio.
La continuidad de la vida post mortem da toda su importancia a la vida presente.
La vida en la Tierra y la vida en el más allá son vasos comunicantes. Si ponemos en práctica desde ahora las cualidades en armonía con la Edad de Oro, nuestra estancia en la Columna de Luz se aligerará. Si no las ponemos en práctica, tendremos que aprenderlas en esa escuela del más allá… permaneciendo en ella el tiempo que haga falta.
«Es bueno saber que, después de la muerte del cuerpo de carne, cada alma recoge los frutos de lo que ha sembrado en la Tierra.»[5]
¡Esta relación de causa y efecto hace comprender la importancia de la existencia presente! Por eso, a lo largo de este coloquio, evocaremos dos prioridades.
– Una de estas prioridades es la necesidad de ir siempre en el sentido de la reconciliación.
El Señor HAMSAH MANARAH siempre dio ejemplo de perdón y nos incita a seguirlo. Nadie está excluido del Perdón de Dios. Y nadie debe desesperar en el umbral de la muerte: «Si al final de tu vida, dice Él, te dieras cuenta del fardo de tus errores, has de saber que nunca es demasiado tarde para pedir perdón a Dios…»[6] Por otra parte, trabajando por la reconciliación de los pueblos y de las religiones, fundó el Aumismo, religión de la Unidad de los Rostros de Dios, y el monasterio del Mandarom, único en el mundo, que une Oriente y Occidente. Un símbolo de paz particularmente necesario en el mundo de hoy.
– La prioridad que se evocará al final del coloquio es, por supuesto, la necesidad de contribuir en la vida cotidiana a la supervivencia de la Tierra, con una nueva relación con uno mismo, con los demás y con el medio ambiente, que orienta la manera de educar a las generaciones futuras.
EN CONCLUSIÓN
El Señor HAMSAH MANARAH enseña la continuidad de la vida en lo visible y lo invisible, donde
«El alma hará el aprendizaje de la fraternidad, de la tolerancia, del amor y de la sabiduría.»[7]
Estos valores constituyen el puente entre los creyentes de todas las Tradiciones, y entre creyentes y ateos, porque están en el fundamento a la vez de la realización humana y de la divinización del hombre, que es su prolongación. Este camino común, más allá de las diferencias de punto de vista sobre la muerte y el más allá, permite, pues, unirse aquí y ahora para tomar juntos en nuestras manos el futuro del planeta mediante la oración, el pensamiento y la acción. Lo sabemos: es urgente. Y Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH resume así el sentido de la existencia, el del esfuerzo que se pide a cada uno para que nuestra humanidad sobreviva y acceda a la felicidad de la Edad de Oro:
«Hemos nacido en esta Tierra para aprender a amar.»[8]
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[1] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 100.
[2] Le Flambeau d’Unité, p. 27.
[3] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 449.
[4] L’Unité des Visages de Dieu, p. 249.
[5] Les Combats du Messie, p. 221.
[6] La Révolution du Monde des Vivants et des Morts, p. 499.
[7] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 326.
[8] La Voix de Lumière, p. 447.

