COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 2 – EL MONASTERIO DE MANDAROM SHAMBHASALEM
EL MONASTERIO DE MANDAROM SHAMBHASALEM
I. EL FUNDADOR DEL MONASTERIO Y DE LA RELIGIÓN AUMISTA: SU SANTIDAD EL SEÑOR HAMSAH MANARAH
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH es el Director y Fundador del Monasterio del Mandarom y de la Orden de los Caballeros del Vajra Triunfante, y el Patriarca del Aumismo, Religión universal. Nació en una familia francesa que practicaba un catolicismo tradicional. Mientras cursaba una formación universitaria avanzada en derecho, filosofía, economía y medicina, Su Santidad consagraba sus noches a «investigaciones esotéricas».
Iniciado en los misterios de la Cábala y de la Alquimia, conoció también desde dentro numerosos ambientes «filosóficos» de Occidente (Francmasonería, Rosacruces, Logias Martinistas, Santo Grial), en cuyo seno asumió en ocasiones importantes responsabilidades.
Tras viajar a Tierra Santa y a Oriente Próximo, Su Santidad fue a la India para responder a una llamada interior. Residió junto al sabio Swami Sivananda, que lo aceptó como discípulo y le transmitió la iniciación del «sannyasa», la del renunciante consagrado a Dios, el 13 de febrero de 1961 en Rishikesh, en el Himalaya, y Le confirió el nombre de Swami Hamsananda Sarasvati. Hamsananda, en sánscrito, lengua sagrada de la India, significa «la Felicidad en el Absoluto», y esta iniciación lo vinculaba al linaje espiritual de los Sarasvati, orden de ascetas fundada en el siglo VII por Shankara.
El Señor HAMSAH MANARAH fue iniciado también en las vías del sufismo y del jainismo, en distintas ramas del budismo y del hinduismo, en el Shingon japonés y en algunas religiones africanas.
De regreso a Francia, Su Santidad se instaló en una gruta aislada de Vaucluse, donde practicó ascesis rigurosas, orando, meditando, experimentando y poniendo a punto técnicas que permitieran a quienes quieren realizar los esfuerzos necesarios «acceder a la unión con lo Divino». Retomaba así la tradición de los Padres del desierto cristianos o de los grandes yoguis tibetanos. En aquel lugar gélido, abierto al viento y a la lluvia, el Señor vivió el duro invierno de 1962-1963, obligado a derretir la nieve para beber y lavarse.
Su voto secreto era llevar permanentemente una vida así de soledad y oración. Empujado a dejar su austero retiro por la afluencia de peregrinos que acudían a su encuentro en su estrecha gruta, renunció a Su vida de ermitaño para ponerse a disposición de todos, para responder a la demanda de almas sedientas de Luz y también por compasión ante el sufrimiento del mundo.
En Su libro Mémoires d’un Yogi, publicado en 1972, Él mismo escribe: «Las circunstancias se arreglaron para que, a pesar mío, tuviera que instruir a buscadores en el sendero». Una pequeña granja situada cerca de Su gruta fue así su primer ashram (monasterio). En aquella época instruyó a Sus primeros discípulos, empezó a redactar lo que se convertiría en la Enseñanza Aumista y comenzó escribiendo obras sobre el Yoga que se reeditarían muchas veces. Creó la orden de los Caballeros del Loto de Oro, centrada en la búsqueda de la liberación espiritual.
El Señor HAMSAH MANARAH experimentó en varias ocasiones la Fusión mística en DIOS, los estados superiores de Conciencia llamados en la India «Nirvikalpa Samadhi», a los que también renunció para permanecer disponible y ser en todo momento el Servidor de todos, señal suprema del Ser Realizado. Llegó hasta el final de la ofrenda mística propia de las almas excepcionales.
En 1969, rodeado de un puñado de discípulos, Su Santidad se instaló en los Alpes de Alta Provenza y, con una tienda de campaña como único alojamiento, fundó el monasterio del Mandarom.
El Señor recibió numerosos títulos iniciáticos. Maestros hindúes y jainas le otorgaron los títulos de Acharya y Mahacharya, «gran Instructor que enseña lo que Él mismo ha realizado». Uno de ellos Le confirió el título de Adinath, que significa Primer Maestro, reservado a algunos raros seres realizados considerados encarnaciones divinas. En 1971, el gran yogui Shri Yogeshwarananda Le confirió el título de Shri 108 Maharaja Yoga Acharya y, en 1977, durante una estancia en la Ciudad Santa, Su Santidad el XVI Karmapa lo nombró Karma Tensing Dorje. Varios Lamas reconocieron en Él a un Mahasiddha o «Ser perfectamente realizado».
Heredero de los principales Linajes de Oriente y Occidente, el Señor HAMSAH MANARAH es, pues, un Purna Yogi, lo que significa «Maestro completo», apto para iniciar en varias vías y para guiar a cada uno a partir de su religión de origen, según sus tendencias y aspiraciones.
Su resplandor excepcional y la dimensión ecuménica de Su Enseñanza atrajeron hacia Él a numerosos discípulos, pero también a Maestros de todos los horizontes.
Lamas y líderes religiosos tibetanos, yoguis, directores de monasterios hindúes, jainas y japoneses, sacerdotes y Obispos cristianos acudieron a verlo a la Ciudad Santa.
Debido a su intenso trabajo de oración, Su Nombre Hamsananda Sarasvati se convirtió en HAMSAH MANARAH. HAMSAH designa el Absoluto, el Soplo Divino; MANARAH es su manifestación, la Columna de Luz que une a DIOS con los hombres.
En 1990, el Señor se reveló al mundo entero como MESÍAS COSMOPLANETARIO DE SÍNTESIS, pues ha vuelto para todas las Tradiciones a la vez, como anunciaban los textos sagrados. Encarna la Meta que cada uno puede alcanzar mediante el trabajo sobre sí mismo y el despertar de lo Divino presente en todo ser humano.
El Mesías ha vuelto para salvar la tierra y restablecer la Edad de Oro dando a los seres humanos los medios para hacerse cargo de su futuro.
En la religión aumista, el Mesías HAMSAH MANARAH fundó la religión universal, pero también el Linaje de los HIEROKARANTINE, linaje de los Cuerpos divinos para el Aumismo, como lo es, por ejemplo, el de los KARMAPA para el budismo Vajrayana. Este Linaje garantiza la permanencia del dogma de la Unidad de los Rostros de Dios. El Señor HAMSAH MANARAH, primer HIEROKARANTINE, inició la reconstrucción del Templo Pirámide de la Unidad de los Rostros de Dios.
Para ayudar a cada uno, Su Santidad escribió 22 libros que ponen la Enseñanza de la religión aumista al alcance de todos.
El Señor dejó Su cuerpo de carne en marzo de 1998 pero, preparando Su regreso, continúa Su Obra. La religión que fundó está al servicio del plan divino para la mejor evolución espiritual de todos los seres, para la unidad entre los pueblos y las religiones y para el crecimiento de las fuerzas del Amor, restaurando así la Edad de Oro de Unidad.
En 2005, las Éditions du Mandarom publicaron el libro Sur les pas du Messie. Durante las pausas, podéis consultar este libro en el puesto de la Fundación y ver fotos del Señor en distintas etapas de Su vida: esas fotos os hablarán directamente, de corazón a corazón, de alma a alma…
Pero ahora mismo vais a ver las del monasterio a través de una visita guiada.
II. VISITA DEL MONASTERIO
Tras este recordatorio del periplo iniciático de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, he aquí otro aspecto de Su Misión: la edificación de la Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem, que os propongo visitar en imágenes. Señoras y señores, bienvenidos al Mandarom, que es a la vez:
- un monasterio;
- y el centro mundial de la religión aumista.
EL MONASTERIO
Desde el punto de vista de la vida monástica, el Mandarom está organizado y funciona como la mayoría de los monasterios que existen en el mundo. Su objeto es, en primer lugar, ofrecer a todos los que están «deseosos de expresar la perfección de lo divino» un marco de silencio y meditación propicio para su vocación. El Mandarom tiene la particularidad de ser mixto, es decir, acoge a la vez a monjes y monjas, alojados en edificios distintos. Las monjas tienen exactamente el mismo estatus que sus hermanos varones. Pueden acceder a todas las funciones de la religión aumista. Como en todos los monasterios, los monjes y las monjas son célibes (monje viene del término latino «monos», que significa solo). El monasterio cubre todas las necesidades de los monjes y las monjas, como la alimentación, el vestido, el alojamiento y la atención sanitaria. A cambio, los monjes y las monjas aseguran la vida del monasterio: la regularidad de los oficios religiosos, el acompañamiento y la formación de los novicios, la gestión, la administración y el mantenimiento de los lugares, la elaboración y la venta de artesanía religiosa. Acogen a los fieles que vienen a asistir a los oficios o a realizar estancias o retiros en el monasterio. Reciben en varios idiomas a los numerosos visitantes, etc.
EL CENTRO MUNDIAL DE LA RELIGIÓN AUMISTA
Durante esta visita insistiremos más en el aspecto de Centro mundial del Aumismo, para dar una idea de esta religión universal del tercer milenio. La Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem constituye «el polo espiritual y místico… la dirección cardinal Sagrada»[1] de la religión aumista, «el punto de anclaje de Dios en la materia»[2].
La arquitectura del monasterio de Mandarom Shambhasalem es típica e inusual para Occidente. Sin embargo, los templos y las estatuas no son un regreso al culto superado de los ídolos. El Mandarom es un libro abierto a todos, un «mandala» o figura simbólica cuya función es expresar en tres dimensiones, realzadas por el color, la doctrina de la religión aumista. Enseña el sentido de la existencia, la condición del ser humano, el papel y el lugar que este ocupa en la ciudad, en la sociedad, en el Planeta, en el universo y en el cosmos. Todo ello para favorecer, sin ningún tipo de discriminación, la educación, el desarrollo y el bienestar de todos los seres. Al situar al ser humano en el centro de estas representaciones, el Mandarom facilita la comprensión y el acceso a las grandes verdades y a la sabiduría eterna. El método no es excepcional. A lo largo de los siglos lo han adoptado numerosas religiones, como atestiguan los pórticos esculpidos de nuestras catedrales y los numerosos templos del mundo. De hecho, la arquitectura del monasterio respeta una tradición multimilenaria que consiste en expresar simbólicamente las leyes y los principios universales que, desde el origen de la creación, presiden la feliz manifestación de la vida, la evolución y la espiritualización de los seres humanos y, con ellos, de todos los reinos de la naturaleza.
Como veremos en esta ponencia, cuando las leyes esenciales de la vida dejan de respetarse, es el futuro de la humanidad el que queda comprometido y en peligro.
LA ESTATUA DE MARIA COSMICA
A la entrada del monasterio, la estatua de Maria Cosmica y de los cuatro arcángeles recibe al visitante.[3] Maria Cosmica es la madre divina y cósmica, el aspecto maternal y femenino de Dios, una noción que, según las religiones, se expresa en distintas formas de divinidades femeninas, de diosas, de Nuestra Señora. Como todas las madres, la madre cósmica asegura la gestación y la procreación. Maria Cosmica es la matriz universal que engendra los diversos elementos constitutivos del mundo visible e invisible. Su escudo indica que, además de dispensadora de vida y de amor, es protectora. La antorcha que sostiene en la mano derecha indica que es dispensadora de Luz y de Conocimiento. La función de Maria Cosmica en el seno de la Creación es «proteger la Misión del Mesías… preconizar el ideal de unidad… purificar las energías pervertidas». Para ejercer su ministerio, Maria Cosmica va acompañada de los cuatro Arcángeles del Trono de Dios. Cada uno de ellos ejerce sus atribuciones sobre uno de los cuatro puntos cardinales del universo: el norte, el este, el sur y el oeste. Con su arma, los arcángeles eliminan el mal que perturba la vida; con su escudo, protegen el bien que favorece la vida.
En el plano humano, la función principal de la madre cósmica es ayudar a los buscadores y peregrinos del Absoluto a engendrar al hombre nuevo de la Edad de Oro, aquel que, según el Evangelio de Juan (Jn 1,13), no ha nacido «de sangre… ni de voluntad de carne… sino de Dios».
Así, desde la entrada del monasterio queda planteado el objetivo que propone la religión aumista: ayudar a los seres humanos a convertirse en ese hombre nuevo «deseoso de expresar la Perfección de lo Divino» en sí mismo. El nacimiento de ese «hombre nuevo» pasa inevitablemente por una revolución de la conciencia que debe desterrar todo fanatismo religioso y desarrollar el sentido del universalismo y el respeto de todos los elementos de la creación.
LA ALIANZA DE ORIENTE Y OCCIDENTE
Después de la estatua de Maria Cosmica, lo que más llama la atención del visitante son las grandes estatuas. El Mandarom es el único lugar del mundo donde pueden verse, una junto a otra, una gran estatua de Cristo de 17 metros de altura y una estatua de Buda de 21 metros.
Precisamente para desterrar toda forma de sectarismo y promover el espíritu de unidad se erigieron en un mismo lugar, en el Mandarom, las estatuas de Cristo y de Buda. Estas dos estatuas concretan el espíritu de tolerancia y de unidad de la religión aumista. Dan testimonio, para los milenios venideros, «de la Fusión y de la Alianza»[4] que el Señor HAMSAH MANARAH realizó entre las dos grandes tradiciones religiosas de Oriente y Occidente. Esta fusión «de las fiestas de Pascua y del Vesak (fiesta de Buda)» tuvo lugar durante un gran «ritual realizado en la Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem el 11 de junio de 1987». Esta «nueva Alianza» es el «símbolo del acercamiento de los pueblos» y de las iglesias, que el aumismo tiene la misión y la vocación de promover ante la humanidad.
EL AUMISMO: RELIGIÓN UNIVERSAL
También para ayudar a la humanidad a adquirir a la vez esta tolerancia religiosa y este sentido de lo universal, el Mandarom reúne en un solo y mismo lugar, y sin ninguna discriminación, templos dedicados a las religiones más importantes del planeta.
Además de las dos grandes estatuas de Cristo y de Buda, el visitante puede ver en el Mandarom:
- un tótem que representa las religiones naturales y animistas más antiguas del planeta;
- templos dedicados:
- al hinduismo,
- al judaísmo,
- al islam,
- y a ciertos aspectos y rostros de Dios que actúan como energías creadoras específicas.
La proximidad de estos diversos templos favorece la comprensión y el respeto de las distintas religiones y aspectos de Dios, según esta cita de la Bhagavad Gita: «Sea cual sea el nombre con que se designe a Dios, Él sigue siendo siempre el mismo».
LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS
La religión aumista traduce esta cita de la Bhagavad Gita en el dogma de «la Unidad de los Rostros de Dios», el único dogma de la religión aumista. Una de las misiones del aumismo es hacer que el mayor número posible de seres humanos tome conciencia de esta gran verdad.
Se trata de comprender que, más allá de los distintos nombres con los que los hombres, los pueblos y las civilizaciones han designado a Dios a lo largo de las edades y los milenios, Él sigue siendo «siempre el mismo». Admitir esta verdad fundamental es poner fin a toda forma de rivalidad, de sectarismo, de fanatismo, de enfrentamientos y de escandalosos conflictos interreligiosos que todavía hoy ensangrientan el planeta. Admitir esta verdad es acceder a un comportamiento humano responsable para fundar una sociedad basada en la comprensión y en el respeto mutuo de las concepciones y creencias de cada uno. Es urgente que los seres humanos dejen de hacerse la guerra, de derramar sangre y de matarse entre sí en nombre de Dios.
Con el concepto de la Unidad de los Rostros de Dios, la religión aumista «trabaja por el acercamiento de los pueblos y de las Iglesias con vistas a una unidad que favorezca la Paz, la armonía y el regreso de la Edad de Oro a la Tierra».
Es importante señalar que los templos del Mandarom están dinamizados y se vuelven activos y vivos gracias a las oraciones diarias y a los oficios religiosos que celebran regularmente los monjes y las monjas, los caballeros y los fieles. Desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche, en este monasterio se celebran a diario seis sesiones de oración colectiva.
Para explicar la doctrina del aumismo y alimentar la meditación de los monjes, las monjas y los visitantes, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH concibió un gran número de símbolos sumamente elaborados y ricos en enseñanzas.
EL HEXAMIDE
Entre ellos, he aquí el Hexamide. Además de resumir una parte importante de la doctrina aumista, este símbolo ilumina el papel social y humano asignado a las religiones.
El Hexamide se presenta en forma de una pirámide de doce caras. Cada cara de la pirámide, asociada a un color del arco iris, representa una de las grandes religiones del planeta: las religiones de la Naturaleza, el hinduismo, el budismo, el islam, el cristianismo, el judaísmo, el jainismo, el sintoísmo, el mazdeísmo, el taoísmo, etc. La esfera de la cima representa a Dios en una irradiación de Luz. En el centro de la esfera, Dios, el Absoluto o Conciencia universal, suma de todas las conciencias de los universos, está simbolizado por la grafía sánscrita del Verbo creador Om o Aum.
El Hexamide demuestra en primer lugar que todas las religiones existentes o que han existido emanan de un solo y único origen, Dios, que es la fuente de toda vida. En su origen, las religiones no son más que una adaptación del Uno a las distintas mentalidades y culturas de los pueblos interesados.
Pero, con el tiempo, las religiones se secularizan. Tras varios siglos y milenios de debates teológicos, concilios y cambios en los modos de vida, el mensaje original se diluye y pierde su autenticidad y su fuerza de convicción. Al alejarse de su fuente, es decir, de Dios, las distintas doctrinas se vuelven inconciliables. En la base de la Pirámide, las distancias y la incomprensión que separan a los fieles de las religiones llegan a ser tan grandes que engendran oposiciones y conflictos. Hijas de un solo y mismo Padre, Dios, las religiones acaban convirtiéndose en rivales y enemigas, hasta combatirse mutuamente y derramar sangre en nombre de Dios, lo cual es la peor de las aberraciones.
Para comprender los mecanismos en juego, hay que saber que la Unidad de los Rostros de Dios tiene como complemento la Ley de Evolución. Esta Ley implica que «todo lo que nace debe tener como meta alcanzar el nivel superior».[5]
LA LEY DE EVOLUCIÓN
La Ley de Evolución anima y dinamiza la creación. Cuando se producen desviaciones, de cualquier naturaleza, en el seno de la humanidad, la evolución se ve perturbada. Incapaz de cumplir correctamente su función, el proceso puede entonces invertirse. De evolutivo y creador, puede volverse involutivo y destructor de vida. En el extremo, puede conducir a la desaparición de la humanidad de la faz de la Tierra.
Es entonces cuando, en su gran compasión por la humanidad, Dios interviene para restablecer la situación. Inviste a un ser predestinado, un emisario, un MESÍAS, al que confía la difícil misión de restablecer la armonía perdida inspirándole las soluciones que deben adoptarse. En nuestra época de ruptura de los equilibrios y de decadencia generalizada, el resultado de esta mediación dio nacimiento al aumismo, Religión universal del tercer milenio. Por eso el aumismo está representado en la base del HEXAMIDE como la solución capaz de poner fin al proceso involutivo que conduce al desastre. Pero no basta con detener la degradación para aportar una solución definitiva al problema. Hay que restablecer el proceso evolutivo.
Es a partir de las verdades y principios universales y eternos contenidos en el aumismo, fundado por Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, como el proceso evolutivo y regenerador puede restablecerse. El aumismo constituye la base y el fundamento a partir del cual comienza el ascenso hacia Dios.
El Hexamide demuestra, en efecto, que durante este ascenso, cuanto más progresan los peregrinos en su propia religión y se acercan a Dios, situado en la cima de la Pirámide, más se reducen las distancias y las divergencias que los separan de los miembros de las demás religiones y formas de creencia. Cuando los seres humanos llegan cerca de Dios, Su Luz elimina de su corazón toda forma de incomprensión y de oposición, de división y de enfrentamiento nefastos para la manifestación de la vida. Esta evolución de las mentalidades no puede sino favorecer el surgimiento de una sociedad tolerante, respetuosa con los demás y pacífica.
El aumismo enseña que el verdadero objetivo de la vida y la solución de todos los problemas que encuentran los seres humanos consisten en llegar a ser el dios que cada ser es en esencia, en acceder a la Realización espiritual, al samadhi o estado de beatitud y de unidad recuperada. En el mismo orden de ideas, Cristo declara a sus interlocutores: «Yo dije: Dioses sois».[6]
No se trata en ningún caso de imponer nada a nadie ni de eliminar tal o cual religión en beneficio de otra. Se trata simplemente de informar y educar las mentalidades para evitar las oposiciones y los conflictos mortíferos. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH es perfectamente claro a este respecto. Escribe:
«Ser aumista es vivir la propia fe sin intentar imponerla a los demás».[7] Y también: «No abandones tu religión: sigue siendo cristiano, judío, musulmán, etc., pero estudia las demás religiones para amarlas y, sobre todo, para comprender mejor la tuya».[8]
Como acabamos de ver con el Hexamide, cuando una situación compromete gravemente el futuro de la humanidad, Dios delega a un Enviado o MESÍAS para revelar los medios de restablecer la situación. Abordaremos ahora la noción de Mesías en la religión aumista.
EL MESÍAS COSMOPLANETARIO
La noción de Mesías de la religión aumista está próxima a la definición que la Bhagavad Gita (IV, 7) da de esta alta función: «Cada vez que el Dharma (la Ley espiritual) se borra y se alza la injusticia, desciendo en persona para la protección de los buenos y la destrucción de los malvados. Para restablecer el orden, nazco de Edad en Edad».[9] A esta definición de la Bhagavad Gita, la religión aumista añade una dimensión fundamental, la de Mesías Cosmoplanetario, revelado por primera vez en la Tierra. Contrariamente a lo que se ha dicho, la estatua del Mesías Cosmoplanetario del Mandarom nunca se erigió para gloria de una persona humana.
El Mesías Cosmoplanetario enseña que el hombre es de esencia divina y que Dios está presente en cada ser. Invita a todos los seres humanos, sin distinción de raza ni de clase, a poner en práctica la comprensión, la tolerancia, el perdón y el amor fraterno para edificar la Edad de Oro y la Paz en la Tierra y en el universo. Atestigua la universalidad y la omnipresencia de Dios en todos los planos y en todas las dimensiones de la Creación. «El Mesías está presente en todas partes… en la Tierra… pero también en miles de millones de planetas».[10] La Misión del Mesías es «reunir… los opuestos»[11], «revelar las cosas ocultas… renovar el mundo y restablecer la verdad», adaptada a la nueva era y a las mentalidades del tercer milenio.
EL TEMPLO PIRÁMIDE DE LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS
El Templo Pirámide de la Unidad de los Rostros de Dios, que los aumistas tienen la misión de reconstruir en la Tierra, reviste una importancia capital para la evolución y el futuro de la humanidad.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe a este respecto: «La Tierra necesita el Templo Pirámide, que constituye su polo espiritual, el punto de anclaje de Dios en la materia, Sucediéndose a Sí mismo a través del linaje de los HIEROKARANTINE».[12]
El Templo Pirámide es también un «receptáculo» y un «captador de Energías Cósmicas, capaces de reequilibrar la Tierra bipolar». Es la «Antorcha de una nueva era». «Con su sola presencia se disipan los desequilibrios, las guerras y las divisiones», con la única condición de que la humanidad asuma su evolución espiritual y realice su Unidad con Dios, con la Conciencia Universal.
El Templo Pirámide, respetuoso con la diversidad, acogerá sin discriminación, más allá de las razas, las clases y las religiones, a todos aquellos que, creyentes o ateos, aspiran a ver reinar en el mundo una era de armonía, fraternidad y paz. Su papel es contribuir a la unidad de las creencias, de los conocimientos, de los pueblos y de las civilizaciones. Con su lema «Templo Pirámide de la Unidad, humanidad reconciliada», su reconstrucción es la garantía de un mundo mejor.
Todos los símbolos presentados tienen un solo objetivo: expresar en un lenguaje universal, concreto y accesible a todos, las leyes que rigen la vida, el hombre, la naturaleza, la creación y el cosmos.
EL MANDAROM
Al término de esta visita, el Mandarom se define como un «verdadero centro de espiritualidad universal», «abierto a todos sin distinción de raza, de clase, de religión o de ideología… a quienes solo se pide como pasaporte estas sencillas palabras inscritas con letras de fuego en el corazón: amor, caridad, sinceridad, humildad, discernimiento espiritual». El lema que los aumistas de corazón y de espíritu se esfuerzan por poner en práctica a diario en su vida es el siguiente: «Amar (al prójimo), perdonar (las ofensas), servir (a la humanidad), meditar (para explorar el propio universo interior), realizar lo Divino en uno mismo (lo cual es el verdadero objetivo de la vida)».
CONCLUSIÓN
Una verdadera religión debe ser tolerante, como el Aumismo enseña y ejemplifica. Las religiones deben respetar las creencias y las libertades de cada uno. Para ser útiles a la humanidad, deben ayudar a la educación, al desarrollo y a la Realización espiritual de la naturaleza humana. De lo contrario, el respeto no puede ser auténtico ni duradero.
En el libro Les Combats du Messie attendu, página 52, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe a este respecto: «La enorme tarea que asume la Cofradía de Shambhasalem es apenas imaginable… Ante ellos se extiende la masa estática de la humanidad, que debe ser remodelada en formas superiores por la Ley de Evolución».
«Porque estaba en los Planes Divinos, esta Ciudad de Luz, esta Catedral de la Edad de Oro a cielo abierto, pudo edificarse».
*******
[1] Le Livre des sacrements de l’Aumisme, p. 32.
[2] Une Loi pour Détruire le Mal, p. 281.
[3] Les Combats du Messie attendu, pp. 80, 81, 275.
[4] L’Unité des Visages de Dieu, p. 96.
[5] La Doctrine de l’Aumisme, p. 569.
[6] Juan 10,34 y Salmo 82,6.
[7] La Doctrine de l’Aumisme, p. 50.
[8] La Réintégration Divine par le Yoga, p. 163.
[9] Les Combats du Messie attendu (Introducción).
[10] La Doctrine de l’Aumisme, p. 470.
[11] La Doctrine de l’Aumisme, p. 535.
[12] Une Loi pour Détruire le Mal, p. 281.

