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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 3 – SALIR DE LA INTOLERANCIA RELIGIOSA

Enseñanzas y conferencias

N.º 3 – SALIR DE LA INTOLERANCIA RELIGIOSA

A lo largo de los siglos, nuestro planeta ha mezclado con demasiada frecuencia la religión con la violencia: unos queriendo erradicar toda espiritualidad, otros persiguiendo a los impíos, persiguiendo a las minorías religiosas o enfrentándose en nombre de un Dios declarado superior al de los demás…

Afortunadamente, en las últimas décadas se observa un avance notable, por ejemplo en las tomas de posición comunes frente a la barbarie. Esto demuestra el deseo de acabar con la violencia en un número creciente de hombres y mujeres.

Pero en este periodo de transición, ¡cuánta violencia se comete todavía, en particular en nombre de Dios, en todos los continentes y a veces incluso a nuestra puerta…!

Salir de forma duradera de la intolerancia religiosa es esencial si queremos llegar un día a convivir mejor.

Para abordar este punto crucial, partiremos de 3 preguntas:

  1. ¿Cómo se vuelve asesina la intolerancia religiosa?
  2. ¿Cómo salir del sentimiento de impotencia ante esta violencia?
  3. ¿Cuál es la contribución del Aumismo para ayudarnos a salir de las divisiones religiosas fratricidas?

I – CÓMO SE VUELVE ASESINA LA INTOLERANCIA RELIGIOSA

En un principio, el sectarismo es la actitud, por desgracia corriente en distintos grados, de un individuo o de un grupo que da muestras de estrechez de miras en materia de política, de filosofía o de religión. Pero cuanto más se repliega uno en dogmas, o incluso en prejuicios considerados los únicos verdaderos, más se encierra en una rigidez que corta el mundo en dos: están los que «poseen» la verdad y los demás… Este rechazo de la libertad de pensamiento incita a querer imponer la propia verdad.

Y cuando se llega a querer imponer la propia verdad a cualquier precio, se resbala hacia el fanatismo, definido como «la entrega absoluta y exclusiva a una causa, que empuja a la intolerancia religiosa o política y conduce a actos de violencia».[1] Una violencia que, como demuestran los acontecimientos, puede ser a la vez suicida y asesina.

Esto interpela evidentemente a las religiones sobre su relación con la Verdad, absoluta porque divina… Sobre el espacio que conceden a la reflexión y a la comprensión de los caminos diferentes. Interpela a las religiones sobre el riesgo que puede entrañar la relación con esta Verdad en adeptos propensos a la violencia. Ciertamente, es corriente que cada uno, creyente o no, privilegie una meta y unos valores que dan sentido a su vida, y que los llame verdades (definida la verdad como la idea que concuerda con el sentimiento que alguien tiene de la realidad).[2]

Comprendemos también que las religiones hablen de Verdad divina, puesto que la fe en Dios es su razón de ser. Pero esto implica discernimiento: la Verdad divina no llama al odio ni al asesinato del prójimo, puesto que Dios es la Energía de Vida y de Amor. Derramar sangre para imponer una supuesta «Verdad divina» se convierte en obra de seres humanos totalitarios, fanáticos, que han acabado creando a Dios a su imagen, proyectando sobre Él su propia intolerancia. Al renegar así del Amor divino, son incapaces de respetar en cada uno el principio mismo de humanidad.

Pero hay que ser realistas: nadie está a salvo de la tendencia a la intolerancia. Y el Fundador del Aumismo advierte a Sus discípulos y los incita a combatirla en sí mismos desde el principio, para que esta religión, con el paso del tiempo, no cometa violencia en Su Nombre. De ahí la importancia del trabajo sobre uno mismo del que se ha hablado antes, que coincide con esta idea de Gandhi: «Cada uno es responsable de su religión».

II – HOY TENEMOS UN DESAFÍO QUE AFRONTAR: SALIR DEL SENTIMIENTO DE IMPOTENCIA ANTE LA INTOLERANCIA

Ante la violencia, a menudo nos sentimos frente a una máquina infernal que se habría desbocado y escaparía al control humano. De este sentimiento de impotencia es del que hay que salir. La intolerancia no es un mal exterior al ser humano. Habita sus pensamientos tanto como puede hacerlo la tolerancia.

El ser humano tiene, pues, el poder de salir de la violencia si cambia su manera de pensar. Esta idea fundamental concierne a creyentes y ateos, y da toda su importancia a la educación, que se abordará en la última conferencia. «Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz» (Constitución de la UNESCO, 1945). Este cambio de estado mental requiere, por supuesto, la apertura del corazón.

Las sacudidas del mundo actual nos obligan a cuestionar nuestros hábitos y a tomar una decisión en la vida cotidiana:

  • O bien seguimos apegados a los juicios y comportamientos intolerantes del pasado, y alimentamos la violencia;
  • O bien desarrollamos la tolerancia, en el sentido de aceptación de las diferencias, y contribuimos a preparar una Era de paz.

¿Por qué se sitúa a cada uno ante esta elección? Si Dios erradicara las guerras sin que los seres humanos hubieran cambiado interiormente, estas volverían a surgir enseguida, creadas por su mente aferrada a las divisiones del pasado. Tener que elegir implica un esfuerzo consciente de cambio. Solo esta evolución responsable garantiza la construcción de una paz duradera.

El Señor HAMSAH MANARAH dice a cada uno: «Soy la Energía que propulsa a las almas por la Vía Evolutiva, pero no puedo caminar ni avanzar en tu lugar». Es la actitud de un Maestro espiritual que guía a cada uno hacia su propia autonomía.

Para ello, Él nos ayuda; crea las condiciones que nos dejan libres para ir hacia la felicidad de la Edad de Oro. En Su Enseñanza escrita da a todos un saber que hace lógico el respeto de las diferencias:

  • Tomar conciencia de que lo Divino está en cada uno tiene una consecuencia: ¡agredir a un ser humano es agredir al mismo Dios!
  • Tomar conciencia de que, a través de distintas encarnaciones, hemos pertenecido a distintas religiones abre al sentimiento de Unidad.
  • También se puede reflexionar sobre la concepción aumista del más allá, llamado Columna de Luz (tema desarrollado en el coloquio anterior, «La vida en la Tierra y en el más allá»), donde las almas intolerantes deben aprender, durante el tiempo que haga falta antes de reencarnarse, ¡el respeto de las demás Tradiciones!

III – LA CONTRIBUCIÓN DEL AUMISMO PARA SALIR DE LA INTOLERANCIA RELIGIOSA

A lo largo de los siglos se ha puesto el foco en lo que, en las religiones, podía servir de coartada para la violencia, ¡lo cual no la ha debilitado! Pero hoy ya no tenemos tiempo de dar vueltas en torno a lo que alimenta la energía mortífera del odio. Es importante, por el contrario, intentar ver lo que nos une, para alimentar la energía de Vida y de reconciliación.

«No abandones tu religión», dice el Señor HAMSAH MANARAH; «sigue siendo cristiano, judío, musulmán, etc., pero estudia las demás religiones para amarlas y, sobre todo, para comprender mejor la tuya».[3] Redescubrimos entonces en todas las Tradiciones el precepto del Amor, que implica respetar la vida de nuestros semejantes y tratarlos con benevolencia.

El Señor HAMSAH MANARAH nos da ejemplo: «Aceptad al otro en su diferencia», dice, «porque la Unidad no es aplastar a quienes no piensan como vosotros, sino la reconciliación de todos los que piensan de manera diferente, uniendo al mismo tiempo sus esfuerzos por un mundo mejor».[4]

Para salir de las divisiones, el Aumismo sitúa en primer plano un Conocimiento que va de la mano del respeto de las diferencias y del reconocimiento de su riqueza:

La Unidad de los Rostros de Dios

Antes de fundar el Aumismo, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH realizó un periplo iniciático en el seno de distintas Tradiciones de Occidente y de Oriente y experimentó los más altos Estados de conciencia o Samadhis. «Experimenté», dice, «muchas técnicas de oración, de meditación, de visualización, y también muchas lenguas sagradas, para descubrir por fin que más allá del arco iris religioso no había más que un solo y único Diamante Divino…».[5]

La Unidad de los Rostros de Dios es, pues, el único dogma del Aumismo: «Dios es Uno, sea cual sea el nombre con que se Le designe».[6] La devoción por cada fundador de religión no debe hacer olvidar que los distintos Enviados adaptaron su Enseñanza a distintas épocas y a distintas mentalidades, pero que todos son manifestaciones de la Energía divina indivisible.

Numerosas Tradiciones evocan esta unidad en la diversidad, por ejemplo:

«En la casa de mi Padre muchas moradas hay», afirma Jesús.

«Si los caminos son diferentes, la meta es única», dice Rumi en el sufismo.

«Hay muchos caminos que conducen a la Fuente de las Beatitudes eternas; cada una de las religiones del mundo es uno de esos caminos», recuerda Ramakrishna en el hinduismo.

«Según los hombres eligen acercarse a mí, así los acepto en mi amor», se dice en la Bhagavad Gita (IV, 11).

El Señor HAMSAH MANARAH nos sitúa ante una realidad que trasciende las oposiciones:

«Los seres humanos se pelean y se matan en nombre de Dios, cuando en realidad adoran a la misma Energía (…). Combatir, dividirse en Nombre de lo Divino o de una religión que se considera superior a las demás es el peor de los crímenes contra Dios».[7] No se trata, pues, de negar la especificidad de las distintas religiones, sino de invitarlas, conservando su identidad, a considerar a las demás como hermanas. Para ser aumista, por ejemplo, nadie está obligado a abandonar su religión de origen. Entonces es posible respetar los distintos puntos de vista, noción esencial en el jainismo, que preconiza el Ahimsa, la no violencia.

La urgencia hoy es que las religiones recuperen su raíz común: la Unidad divina. He aquí algunos elementos esenciales del Aumismo que contribuyen a favorecer su reconciliación:

Un símbolo: la Hexamida

Esta pirámide de 6 aristas representa el retorno a la unidad: las religiones, divididas en la base, convergen hacia la luz blanca de la cima, que es a la vez la síntesis de sus luces de arco iris y la del Verbo creador, el OM de la Unidad original.

El monasterio ecuménico del Mandarom

Para mostrar que es posible convivir en la unidad y el respeto de la diversidad, el Señor HAMSAH MANARAH fundó el monasterio del Mandarom, que, al reunir templos y estatuas de múltiples Tradiciones, es por sí solo un símbolo y un ejemplo de fraternidad. «Que cada uno», dice, «encuentre aquí el símbolo de lo divino que más hable a su Corazón…».

La estatua de Cristo (17 m de altura) y la de Buda (22 m de altura) se miran frente a frente: «La mirada de Cristo fusionada con la de Buda es el símbolo de la tolerancia y del acercamiento de los pueblos».[8] Acercamiento de Occidente y de Oriente, del Amor y de la Sabiduría.

Con el mismo espíritu de reconciliación, el Templo Pirámide de la Unidad reunirá, en la oración por la paz, a los hombres y mujeres de buena voluntad de todas las Tradiciones. En su arquitectura, elementos de distintas religiones recuerdan a cada una su Unidad original con las demás. Este Templo es garante de un futuro mejor, de una humanidad reconciliada, porque es garante de la Unidad de los Rostros de Dios.

La Revelación del Mesías de Síntesis

Ante todo, es necesario salir de las proyecciones humanas. Afortunadamente, en el plano de lo Divino no existen la jerarquización ni la competición que crean las divisiones en las sociedades humanas. Todos los Enviados son manifestaciones de la misma Energía de Unidad, pero cada uno tiene una Misión particular. La del Mesías de los nuevos tiempos es ayudar a la humanidad a acceder a la Edad de la reconciliación y de la solidaridad (la Edad de Oro), para salir de la Edad de la violencia y del sufrimiento (la Edad de Hierro).

Por eso, en 1990, el Señor HAMSAH MANARAH asumió revelarse como Mesías de Síntesis venido para todas las religiones y para toda la humanidad, recordando la Unidad original de los Rostros de Dios. «Para evitar que en el futuro los seres humanos puedan tomar como pretexto la multiplicidad de los Rostros de Dios en la Tierra para pelearse, todos estos Rostros se han fusionado en un solo Rostro, el del Mesías…».[9] Así, el Mesías expresó Su amor por todas las religiones, sean cuales sean sus especificidades. Regeneró el mensaje de fraternidad del que son depositarias y responsables, para que entren juntas en la Nueva Era. El Aumismo, religión de Síntesis, se inscribe en la continuidad de las Altas Enseñanzas de amor y de paz preservadas en las distintas Tradiciones, adaptando un Conocimiento y una Energía nuevos a este giro decisivo de nuestra historia.

Cristo había evocado la necesidad de que los seres humanos evolucionaran antes de recibir una nueva Enseñanza: «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar» (Juan 16:12).

Hoy, entrar en la Nueva Era nos obliga a crecer en madurez: por eso el Mesías de Síntesis aporta a todos los medios para hacerse cargo del futuro del planeta, diciendo: «Humanidad, líbrate del Mal». Y en Su inmenso deseo de ayudarnos a dar este paso adelante hacia más amor y sabiduría, el Mesías renovó, mediante Su Encarnación en un mundo donde la intolerancia se volvió violentamente contra Su Mensaje de Unidad, el acto de infinita compasión por el que Dios se hace Hombre para que el Hombre y la Mujer lleguen a ser Dios. Pero con la humildad de los Servidores de la humanidad, afirma: «En verdad, poco me importa ser reconocido como el Mesías (…). Solo me importa la unidad de las religiones»,[10] siendo la unidad de las religiones la condición de una convivencia pacífica.

Conclusión

Terminaré con la llamada de Dios que ha resonado de Edad en Edad, pero que hoy resuena para todos como un último medio de salvamento:

«Judíos, cristianos, musulmanes, hindúes, budistas, amarillos, blancos, negros, amaos los unos a los otros. No matéis nunca a vuestros hermanos en nombre de Dios o por el triunfo de una doctrina política».[11] «Perdonad las ofensas, no deseéis el mal a nadie. El pensamiento es creador».[12]

Nuestro planeta necesita amor para curar las heridas de la intolerancia infligidas a lo largo de la historia. Y es el Verbo creador, el OM de la fraternidad, presente en amén, amin y aum, el que se ofrece a todos para compartirlo. En su vida diaria, en las desgracias y las pruebas, todos los seres humanos sin distinción pueden refugiarse en el OM:

«En el AUM no hay ni blanco ni negro,
en el AUM no hay ni cristiano ni musulmán,
en el AUM no hay ni judío ni budista.
En el AUM, sin embargo, están todas las Luces».[13]

El Señor HAMSAH MANARAH dice a cada uno, como a cada ser vivo: «Que os sea concedida la bendición del OM eterno e infinito».

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V. Mandaja

[1] Diccionario Larousse.

[2] Diccionario Larousse.

[3] La Réintégration divine par le Yoga, p. 163.

[4] Une Loi pour détruire le Mal, p. 427.

[5] Ibid., Introducción.

[6] La Révolution du Monde des Vivants et des Morts, p. 66.

[7] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 288.

[8] L’Unité des Visages de Dieu, p. 96.

[9] Ibid., p. 49.

[10] Le Flambeau d’Unité, p. 67.

[11] Yoga et Sagesse, p. 283.

[12] Le Yoga de la Vie pratique, p. 277.

[13] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 27.

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