COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 6 – EL RESPETO DE LAS DISTINTAS RELIGIONES EN LA VIDA DE LOS AUMISTAS
EL RESPETO DE LAS DISTINTAS RELIGIONES EN LA VIDA DE LOS AUMISTAS
Esta conferencia tiene por tema el respeto que los aumistas conceden a todas las religiones. En efecto, «ser aumista es desarrollar el sentimiento de la Unidad y de la Universalidad; es amar fielmente a su país sin olvidar ser un ciudadano del Mundo y del Universo».[1]
Pensamos que, desde el momento en que las miradas se dirigen hacia la misma meta, las oposiciones se borran y las fuerzas se unen para resolver los problemas y suscitar relaciones nuevas. Así es como los numerosos problemas y debates actuales que agitan nuestras sociedades pueden encontrar una feliz solución.
Abordaremos:
- en primer lugar, la Unidad de los Rostros de Dios y el respeto de las religiones;
- en segundo lugar, el respeto de la libertad religiosa de cada uno;
- en tercer lugar, el respeto de las religiones y las prácticas espirituales en el Aumismo.
I. LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS Y EL RESPETO DE LAS RELIGIONES
El Aumismo tiene un solo dogma: la Unidad de los Rostros de Dios. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe a este respecto: «Siempre hemos enseñado esta Unidad fundamental de lo Divino: venerar a Dios bajo distintos Nombres y Aspectos es un signo de apertura de espíritu y de corazón, y no puede sino enriquecer nuestra experiencia espiritual.» (Le Yoga de la Divinisation)
Venerar al Dios Único a través de Sus distintos Rostros ayuda a los hombres a evolucionar hacia la paz. Para el Aumismo, todas las religiones merecen ser estudiadas, porque tienen la vocación de ofrecer valores morales a nuestra humanidad. Ofrecen también una enseñanza para alcanzar el absoluto. Este enfoque universalista de las religiones lo han preconizado en todas las épocas los más grandes Sabios, mostrando el camino de la convivencia y de la oración común. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH hace de ello una demostración convincente. Todos los creyentes tienen sus obligaciones y mandamientos. Los místicos que se comprometen en la vía de la realización espiritual experimentan distintos medios para orar, superar las limitaciones del mundo fenoménico y desarrollar sus facultades. Lo esencial es llegar a este conocimiento: no estamos separados de Dios, y lo Divino está permanentemente en el hombre.
El camino del místico es una de las más bellas formas de aprendizaje del respeto, porque sitúa al hombre en los niveles superiores de la Creación, con lo que ello implica como deberes para consigo mismo y para con los demás. Es una revelación de su propia riqueza y de su complejidad. Está demostrado que el hombre solo utiliza una ínfima parte de sus capacidades, mientras que dispone de tesoros inexplorados.
Como pudimos constatar durante la visita guiada al Mandarom de ayer por la mañana, las Estatuas y los Templos de las distintas religiones conviven en perfecta armonía. A los visitantes les interesa en general mucho este espectáculo único en el mundo. Este cuadro arquitectónico, que se ofrece a la vista a la vez que seduce los corazones, es la demostración concreta del respeto de las religiones tan querido por los aumistas.
Estas construcciones fueron la ocasión de perfeccionar sus conocimientos sobre los textos religiosos, pero también sobre la historia, la arquitectura y las artes en general. En 1989, para los monjes residentes en el monasterio o para los miembros externos, participar en la albañilería, la herrería y la pintura de la Mezquita, del Templo hindú y del Templo judío era, más allá de una convicción intelectual, una acción concreta y sencillamente lógica: construir lugares de oración que honren a Dios y Sus distintos Mensajes.
Estas experiencias son inestimables, porque iban acompañadas de un cuestionamiento de ideas preconcebidas y de una conmoción de valores deformados por el prisma de una educación religiosa incompleta y superficial. Era también superar sentimientos y estados de ánimo frente a algo «desconocido», algo «diferente», que podía ensanchar nuestro universo familiar. Constatamos que a veces el miedo al «extranjero» da lugar a excesos lamentables. Es la falta de respeto, que escarnece al hombre en sus ideales en lo más profundo de su alma.
Paralelamente, y por fortuna, se ofrecen al público libros y periódicos que estudian las religiones para satisfacer la necesidad de comprender civilizaciones y pueblos de difícil acceso. Estas publicaciones contribuyen a un esfuerzo colectivo de respeto hacia los demás en sus costumbres y su práctica religiosa. Crean una corriente que une a los hombres mediante la toma de conciencia de que la religión, más allá de las interpretaciones, es un componente esencial de esos esfuerzos hacia la Unidad que conducen al respeto del otro. El estudio atento de los textos sagrados de todas las religiones sirve de forma positiva para encontrar los puntos de encuentro en lo Esencial. «Sea cual sea el nombre que se dé a la Conciencia Trascendente, sigue siendo la misma.»[2]
Profundizamos en nuestra religión descubriendo las demás religiones, porque la luz surge a menudo cuando abordamos un tema desde un ángulo nuevo y en condiciones inesperadas. La invitación de la Sabiduría antigua, «Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y el universo», es el segundo aspecto del conocimiento, cuyo valor nunca se ha desmentido a medida que los valores civilizadores de nuestras sociedades se han afirmado. Moldear el alma a la vez que se moldea el intelecto: esos son los dos ingredientes indispensables de la formación y la educación de los individuos que llevan a respetarse a uno mismo y a respetar a los demás.
El Templo Pirámide es el proyecto arquitectónico tan querido por los aumistas, ya que, tras la construcción de los Templos de las principales religiones, este Templo Pirámide reúne las características de los grandes edificios religiosos: pirámides egipcias y precolombinas de América Central, Templo de Salomón y templos de la Antigüedad griega, basílicas y mezquitas.
«El Templo Pirámide de la Unidad acogerá a todos aquellos, creyentes o no, que aspiran a ver reinar la armonía y la fraternidad en el mundo. Cada uno podrá recogerse en este Templo de la Unidad, donde estarán representadas todas las religiones.»[3] Gracias a su simbolismo y a su arquitectura, este Templo Pirámide de la Unidad armoniza las relaciones del hombre con su entorno. Lo reintegra en el seno y en la cima de la pirámide evolutiva, con los reinos animal, vegetal y mineral como basamento. El reino humano actúa compartiendo las oraciones y, mediante la buena gestión de los recursos naturales, da ejemplo de los esfuerzos para remontarse a Dios. El Templo Pirámide expresará, pues, el respeto del propio Dios interior, el Dios presente en cada uno y el Dios omnipresente en el cosmos entero.
II. EL RESPETO DE LA LIBERTAD RELIGIOSA DE CADA UNO
«El aumista vive su fe sin imponerla a los demás.» Cada uno puede tener su práctica religiosa: respetar las religiones en su conjunto no impide orar al aspecto de lo Divino que mejor corresponde a las propias necesidades: Cristo, Alá, el Buda, etc. Las religiones son caminos que permiten acceder a la Divinidad mediante la oración, las obras y los métodos de purificación. En lo esencial presentan muchos puntos en común. Un buscador que llega al Aumismo no está obligado a renunciar a su religión de origen. No solo es libre de frecuentar el lugar de culto que prefiera, sino que se le anima a interesarse por las demás religiones en su diversidad. También se puede ser ateo y seguir un camino cercano a la espiritualidad, en la medida en que busque el desarrollo pleno del ser y la armonía en la sociedad.
Visitantes de todos los orígenes vienen al monasterio para descubrir el Aumismo, pedir consejo y familiarizarse con tradiciones alejadas de las suyas. Los intercambios son de doble sentido y fuente de conocimientos.
Un yogui reputado, Balyogi Premvarni, da testimonio: «Como siento una relación muy estrecha y muy particular entre los Alpes y mi propia morada, el Himalaya, me he sentido muy a gusto y feliz durante mi estancia aquí. También me ha satisfecho mucho ver cómo el Señor Hamsah Manarah ha logrado expresar tan bien la síntesis y la esencia de tantas religiones y tradiciones del mundo en este centro de Luz y de Sabiduría del Loto de Oro.»[4] Balyogi Premvarni había aceptado una invitación del Señor Hamsah Manarah. Juntos habían practicado el Yoga en el Himalaya. Su Santidad ha visitado además la mayoría de los grandes Lugares Santos, experimentando las distintas vías espirituales junto a Grandes Maestros. Es esta suma de experiencias, esta visión espiritual, la que se ha materializado en la Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem y cuya filosofía expone la obra escrita de Su Santidad. El Señor se sentía a gusto en todas las tradiciones, pero no quería dejarse encerrar en un marco limitado a una sola religión. Fundó, pues, la religión aumista, «que va más allá de los dogmas y los ritos, porque acabará uniendo entre sí a seres nacidos en tradiciones, culturas, filosofías y religiones diferentes».[5]
¿Por qué compartimentar y oponer creencias y religiones que se han influido mutuamente? El cristianismo y el islam no habrían podido nacer sin el judaísmo. La cultura griega enriqueció la filosofía y el pensamiento de las tres religiones monoteístas. Los ritos iniciáticos en torno a los «Misterios» de la Antigüedad griega, oriental y egipcia son las referencias a las que se han vinculado numerosas corporaciones y agrupaciones iniciáticas occidentales a lo largo del segundo milenio. ¿Podemos imaginar el budismo naciendo fuera del hinduismo? En cuanto a los pueblos originarios, con sus cultos y creencias fuera del tiempo, nos remiten a los fundamentos del respeto al semejante, a la naturaleza y a la Fuente de la vida. A propósito de Claude Lévi-Strauss, pudimos leer este invierno: «La más fundamental de sus aportaciones se dice en una palabra: el encuentro con el otro, con aquel que parece tan diferente, inasimilable, es la mayor de las oportunidades, un tesoro inagotable» (Libération, 4 de noviembre de 2009, p. 2).
III. RESPETO DE LAS RELIGIONES Y PRÁCTICAS ESPIRITUALES EN EL AUMISMO
Los turistas que visitan el monasterio nos preguntan a menudo cómo oramos para celebrar a Dios, sea cual sea el Nombre que se le dé.
Oramos juntos en el templo a las horas regulares que impone la disciplina monástica, como en los monasterios de todas las Tradiciones. Los miembros externos que vienen según sus posibilidades se unen a nosotros. Oramos individualmente en silencio. Y oramos cada día en un templo distinto: un día en la Mezquita, al día siguiente alrededor de la estatua de Cristo, al otro en el Templo de Oro para el judaísmo, luego alrededor del Buda, en el Templo de Kalki para el hinduismo, etc.
En cuanto a las Fiestas religiosas, nos permiten orar con un espíritu universalista pero en unidad con los creyentes de las distintas Tradiciones. Por ejemplo, durante las Fiestas de Pascua y de Navidad oramos más en particular a Cristo. El Wesak, en mayo, está dedicado al Buda. El Aumismo, como religión de Síntesis, se celebra en la luna llena de junio, y en la luna llena de octubre celebramos al Señor Hamsah Manarah Hierokarantine, que encarna la Energía de Unidad y de Paz que ha de perpetuarse a través de distintas Encarnaciones de lo Divino.
La Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem es una Central de energía reservada a la oración para favorecer el acercamiento de las religiones y celebrar la Unidad de los Rostros de Dios. «El aumista procura celebrar y honrar los distintos rostros de Dios (…) para reforzar su Unidad y su Amor universal. El respeto debido a cada Rostro de Dios no debe hacer olvidar que Dios es UNO y que tiene tantos Nombres como rayos tiene el sol.»[6] Hay que recuperar esta unidad en la multiplicidad para acceder a la paz religiosa.
La repetición del Sonido OM es, pues, la oración básica en el Aumismo. El símbolo aumista de la Hexámide, que os presentaron ayer, muestra que las distintas religiones tienen un origen común: el Verbo Creador OM. Es el Sonido Madre de todos los Sonidos, que pone en comunión con lo Divino, con la Unidad de Dios en el origen de todas las Religiones. Esta oración cura las heridas de las guerras y alienta el perdón y la concordia entre los hombres.
Esta mañana hemos hecho también juntos una de las Meditaciones Triunfantes propuestas por el Señor HAMSAH MANARAH, la Meditación sobre la Unidad de las religiones, que permite ir más allá de los sectarismos religiosos y avanzar hacia la Unidad más allá de las diferencias pensando intensamente:
«Respeto y amo a los peregrinos de todas las tradiciones, sea cual sea su manera de buscar a Dios.»[7]
Quienes lo deseen pueden venir a orar con nosotros: una vez al mes, la jornada «encuentro espiritual» del Mandarom está reservada a la acogida de los visitantes deseosos de conocernos mejor.
Esta jornada propone una visita detallada del monasterio y un intercambio con miembros de la Comunidad; hay también una comida vegetariana y cantos aumistas. Esta jornada muy intensa permite acercarse al Aumismo y a la vida monástica del Mandarom, donde se respetan las distintas Tradiciones. Y sobre todo permite a los visitantes participar en un Culto público con una meditación aumista que celebra a Dios bajo los distintos nombres que Le dan las religiones. Al principio se canta, por ejemplo, «Om Christum, Om Buddha Om, Om Allah Om, Om Yahvé Om, Om Deum…». Esta meditación, que favorece en cada uno el desarrollo del Amor y del Conocimiento, permite avanzar hacia la identificación con lo Divino presente en cada uno, sea cual sea su religión.
EN CONCLUSIÓN
Hemos podido constatar que el respeto de las religiones en la vida de los aumistas no es un respeto distante, teñido de temor o de imposición, sino un respeto acompañado de una veneración sincera. Respetan a su Maestro Espiritual y lo honran; respetan también a los grandes Sabios del pasado y del presente, y todas las Tradiciones y todas las creencias.
Su Santidad el Señor Hamsah Manarah es el Fundador del Aumismo, Religión Universal, Religión de la Unidad de los Rostros de Dios fusionados en el Mesías de Síntesis. Es el gran Pontífice que une las Tradiciones de Oriente y de Occidente, las civilizaciones y los humanos. Viene para todas las religiones, para unirlas en la Nueva Alianza del AUM. Este Mensajero responde a la necesidad creciente de nuestra humanidad de trascender las fronteras y de desarrollar una solidaridad que tenga en cuenta el interés general, en la que la resolución de las tensiones religiosas es uno de los grandes desafíos para el porvenir de las jóvenes generaciones.
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[1] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 43.
[2] Yoga et Sagesse, p. 264.
[3] Le Livre des Sacrements, p. 171.
[4] Périple d’un Yogi et Initié d’Occident, p. 151.
[5] Ibid., p. 18.
[6] Le Livre des Sacrements de l’Aumisme, p. 19.
[7] Le Flambeau d’Unité, p. 421.

