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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 2 – EL PUNTO DE VISTA DE LA CIENCIA SOBRE EL MÁS ALLÁ

Enseñanzas y conferencias

N.º 2 – EL PUNTO DE VISTA DE LA CIENCIA SOBRE EL MÁS ALLÁ

La vida después de la muerte: he aquí una pregunta que interpela a la humanidad desde hace varios milenios. Hasta una época reciente en términos históricos, la muerte era el terreno de las religiones, y cada una aportaba su respuesta. Hoy en día hay científicos que estudian la cuestión.

A lo largo de esta ponencia consideraremos los siguientes puntos:

I – Una nueva actitud ante la muerte

II – Experiencias cercanas a la muerte registradas por científicos

III – Una revolución en cuanto a lo invisible

1.º La barrera del sonido

2.º La barrera de la luz

3.º El mundo superlumínico

IV – Una nueva concepción de la conciencia

V – Conclusión

I – UNA NUEVA ACTITUD ANTE LA MUERTE

Hoy en día las religiones ya no son las únicas que se interesan por la muerte. Importantes universidades han formado equipos de investigadores para estudiar científicamente el fenómeno de la muerte. Las obras y publicaciones dedicadas a la cuestión no dejan de multiplicarse. Hoy los seres humanos ya no mueren en casa, en su entorno familiar, rodeados del ambiente cálido y tranquilizador de la familia. Con los progresos de la ciencia y de la medicina, la situación ha cambiado considerablemente. Las personas mueren cada vez más a menudo en el hospital. En el hospital, los pacientes se benefician de equipos médicos especializados, de los últimos avances de la medicina y de sofisticados medios de reanimación. El resultado es que ha aumentado el número de pacientes reanimados después de haber sufrido una muerte clínica, con parada cardíaca y electroencefalograma plano. Tras su reanimación, un número cada vez mayor de estos pacientes recuerdan perfectamente las experiencias que vivieron en estado de muerte clínica. Son capaces de relatar con una precisión sorprendente, al equipo médico que los atendió, todos los detalles de su experiencia. Como la gran mayoría de estos relatos presentan una asombrosa similitud, algunos investigadores empezaron a interesarse por la cuestión. Entre los primeros figura Raymond Moody, doctor en filosofía y en medicina, que publicó un libro titulado Vida después de la vida (edición francesa: Robert Laffont, 1977), que reúne más de 150 testimonios.

«Al revelar que miles de personas habían vivido y experimentado cada día este tipo de fenómeno, en los cuatro rincones del mundo» (B-B p. 43), el libro de R. Moody causó un gran revuelo en los ambientes médicos y científicos y entre el gran público. R. Moody «fue abucheado, criticado, vapuleado y considerado escandaloso por sus propios colegas, lo que le hizo sufrir mucho» (B-B p. 155).

El muy serio instituto Gallup reveló que en 1982 ocho millones de estadounidenses habían vivido una ECM (experiencia cercana a la muerte), «es decir, casi una persona de cada veinte» (B-B p. 88). Con los potentísimos medios de análisis actuales, las investigaciones más recientes demuestran que cierta forma de conciencia permanece activa después de que el cerebro haya dejado de funcionar, y que esta conciencia parece más eficaz en ese otro estado. «Algunos científicos hablan de una expansión de la conciencia» (B-B p. 88). En su libro La vie au-delà de la mort, Bernard Baudouin escribe (p. 155): «Hoy solo ponen en duda la existencia de una conciencia después de la muerte física las personas mal informadas».

II – EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE REGISTRADAS POR CIENTÍFICOS

Desde el punto de vista médico, el estado de muerte está muy bien definido. Para el doctor Jean-Jacques Charbonier (B-B p. 88), que ha estudiado largamente la cuestión: «15 segundos después de la parada cardíaca, el electroencefalograma es plano y ya no hay ninguna actividad cerebral». En los dos minutos que siguen a la parada cardíaca no se puede reanimar un corazón, ni siquiera en las condiciones óptimas de una unidad de cuidados intensivos. Las personas que vuelven a la vida tras una parada cardíaca han vuelto, por tanto, de la muerte. Cada vez son más los profesionales sanitarios que han recogido, por decenas y luego por centenares, testimonios de personas que, después de haber conocido la muerte, han recuperado la vida.

Según Raymond Moody, de estas investigaciones se desprende que, sean cuales sean la edad, la nacionalidad, la religión, la cultura o el modo de vida, los testimonios coinciden. Los pacientes cuentan unánimemente que durante la experiencia tuvieron la sensación de encontrarse fuera de su cuerpo, flotando por encima de la cama donde yacía su envoltura física. A partir de ahí asistían a todos los detalles de su reanimación, viendo y oyendo todo lo que los especialistas decían y hacían. En las fases siguientes, los pacientes dicen haber oído «un ruido desagradable, como un fuerte timbre o un zumbido». Al mismo tiempo son arrastrados a gran velocidad a través de un largo túnel oscuro. El sujeto se da cuenta entonces «de que posee un cuerpo, pero de naturaleza muy particular» (R-M p. 36).

Según los testimonios, este nuevo cuerpo goza de facultades muy superiores a las del cuerpo de carne que el paciente acaba de abandonar. Este nuevo cuerpo tiene la «posibilidad de desplazarse instantáneamente a cualquier distancia y de atravesar la materia sólida (objetos y seres humanos)», con una nueva percepción del tiempo. Pronto, otros seres dotados de un cuerpo semejante al de quien vive la experiencia se acercan a él. A menudo reconoce en ellos a parientes o amigos fallecidos anteriormente. Vienen, en cierto modo, a recibirlo. Después, una luz intensa invade al paciente, que descubre un estado de beatitud total. Tiene la impresión de que de esta luz emana la presencia espiritual de un ser de Amor y de Luz, «un espíritu de cálida ternura», que suscita en él un profundo interrogante y lo lleva a hacer balance de la vida vivida. Tiene entonces una visión instantánea y panorámica de todos los acontecimientos de su vida, y los juzga en su verdadero valor. Tras esta visión, parece toparse con una barrera, una especie de frontera última, un punto de no retorno entre la vida y la muerte. La mayoría de las veces intenta franquear esa barrera, porque se siente tan feliz en su nuevo estado que no desea volver al mundo de los vivos. Pero, de repente, se siente rechazado, aspirado hacia su cuerpo de carne, en el que vuelve a entrar y recupera la vida y la conciencia (R-D p. 126).

Bernard Baudouin (B-B p. 84) señala que «los hombres y las mujeres que han franqueado así el umbral de la muerte vuelven transformados para siempre», en el sentido de una profunda paz y serenidad. Estos descubrimientos sobre los estados cercanos a la muerte, realizados por «especialistas, en particular científicos eminentes», nos revelan algo muy distinto de la nada de las tesis materialistas, para las cuales la conciencia no sería más que el resultado de un proceso químico.

En su libro La vie au-delà de la mort. Quand la science trouve des réponses, Bernard Baudouin escribe: «La muerte no es más que un paso, una transición de un estado a otro, lo que implica la conservación de lo que constituía un ser de pleno derecho» (B-B p. 17). «Pasar al más allá significa claramente entrar en otro mundo» (B-B p. 22). La muerte no sería más que un nexo, un paso, una transición de un estado a otro (B-B p. 17).

En este siglo XXI, la revelación de que «la muerte física no es el fin de la vida» constituye una revolución del pensamiento humano que hace aceptable la muerte y aporta un verdadero mensaje de esperanza a todos los seres humanos (B-B p. 72).

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH enseña que «la muerte no es más que un cambio de estado».

III – UNA REVOLUCIÓN EN CUANTO A LO INVISIBLE

Las investigaciones sobre las experiencias cercanas a la muerte tienden a demostrar que la Realidad no se limita al mundo fenoménico y material percibido por nuestros cinco sentidos. Más allá de este mundo sensible existe otro mundo más sutil que algunos califican de espiritual. Este mundo es al menos tan complejo como el mundo material, si no más. Como en los seres humanos predominan los sentidos físicos, no tienen ninguna dificultad para aprehender el llamado mundo material. Les resulta mucho más difícil, e incluso a algunos imposible, concebir la existencia del mundo espiritual durante su existencia terrestre. Esta limitación lleva a muchos de nuestros contemporáneos, con toda buena fe, a negar la existencia de un mundo espiritual.

Las numerosas experiencias cercanas a la muerte registradas en todo el mundo demuestran que solo cuando el cuerpo de carne y los sentidos físicos se retiran se manifiestan funciones inhabituales de la conciencia que dejan entrever la existencia de un mundo hasta entonces ignorado.

El mundo fenoménico que consideramos la realidad no es más que el resultado de una serie de informaciones registradas por nuestros sentidos físicos y transmitidas a nuestro cerebro, que las procesa. El cerebro analiza esas informaciones en función de la agudeza de nuestros sentidos, de nuestra cultura y de nuestros conocimientos. Cada persona percibe su propia realidad del mundo. Lo que consideramos la realidad no es más que una parte visible y limitada de nuestro universo. Pero más allá de este límite existe otra verdad. El estado mental del materialista es un freno para el conocimiento de este universo (B-B p. 59).

1.º La barrera del sonido

En los años cuarenta, cuando un avión se acercaba a la velocidad del sonido, que es de 340 metros por segundo, se producían fenómenos aerodinámicos de compresión de las capas de aire y se oía una fuerte onda de choque. Los aviones que intentaban superar esa velocidad chocaban contra un verdadero muro rígido, al que se llamó «barrera del sonido». La comprensión de las leyes implicadas en este fenómeno y los progresos técnicos permiten hoy a nuestros aviones modernos franquear sin peligro la barrera del sonido y volar a velocidades supersónicas. Para algunos investigadores, por analogía con la barrera del sonido, existiría una «barrera de la luz» que los seres humanos franquearían en el momento de la muerte para acceder a un mundo desconocido para la mayoría.

2.º La barrera de la luz

En física, «ningún cuerpo puede superar la velocidad de la luz», que es de 300.000 km por segundo. Por analogía con la barrera del sonido, surge entre los investigadores la idea de que existe una «barrera de la luz» y de que más allá de ella nada material puede existir. Hubo que esperar a los años sesenta para que algunos físicos estadounidenses empezaran a formular la idea de que partículas con una velocidad superior a la de la luz podrían existir en un más allá que, en condiciones habituales, permanece inaccesible para la gran mayoría de los seres humanos.

3.º El mundo superlumínico

Las investigaciones del profesor Dutheil lo llevaron a concebir que, más allá de esta barrera de la luz, existe un mundo superlumínico.

«La barrera de la luz constituiría, pues, una frontera que separa dos universos», dos realidades:

  • un mundo de partículas sublumínicas, es decir, el mundo material en el que viven todos los seres humanos;
  • un mundo superlumínico al que nos sería más difícil, o incluso imposible, acceder en las condiciones habituales de vida.

La frontera entre estos dos mundos, sublumínico y superlumínico, estaría constituida por un espacio intermedio que podría ser la barrera y frontera última con la que se topan quienes viven una experiencia cercana a la muerte, la barrera de la que hablan los testimonios. «La mayoría de las veces, relata Régis Dutheil, (el paciente) intenta franquear la barrera, porque se siente tan feliz que no desea volver atrás. Pero, de repente, se siente rechazado, aspirado hacia la vida, y vuelve a entrar en su cuerpo físico. Recupera la conciencia» (R-D p. 126).

IV – UNA NUEVA CONCEPCIÓN DE LA CONCIENCIA

Lo esencial de las investigaciones recientes que acabamos de esbozar reside en que existiría una modalidad de la conciencia diferente de la que conocemos habitualmente. Este estado de conciencia estaría dotado de propiedades superiores a todo lo que conocemos. Estas propiedades explicarían todos los fenómenos que se producen en el momento de la muerte, con la supervivencia de la conciencia más allá de la muerte física del cuerpo y del cerebro. La conciencia, como escribe Bernard Baudouin, ya no sería «una simple producción del cerebro, destinada a desaparecer cuando sobreviene la muerte, como plantean las tesis materialistas» (B-B p. 161). La conciencia seguiría activa en los planos de lo invisible después de la muerte del cuerpo.

«En el momento de la muerte, la conciencia local se desprendería del cuerpo físico para unirse a la conciencia superlumínica» y proseguir la vida en un mundo superlumínico, invisible a los ojos de carne. Gary Schwartz, de la Universidad de Arizona, plantea la cuestión «de una posible conciencia inteligente universal que guiaría y organizaría la evolución del universo y, por tanto, de la humanidad, en lo que él considera un concepto de evolución inteligente» (R-D p. 94).

Con el mismo espíritu, la religión aumista considera la Ley Universal de la EVOLUCIÓN, que rige la materia, como la razón de ser, el motor y el fundamento de la Vida y de la Creación.

V – CONCLUSIÓN

Bernard Baudouin escribe en su libro (p. 181): «A la luz de los descubrimientos científicos, la vida y la muerte adquieren en adelante otro sentido». «Hoy llegamos al umbral de una nueva era en la que el espíritu humano va a adquirir una envergadura desproporcionada con respecto a lo que se conocía antes».

Para Hubert Reeves, célebre astrofísico canadiense, la ciencia explica «cómo funciona», mientras que el discurso religioso «es filosófico y moral; tiene la misión de dar sentido». Estas dos vías de búsqueda de la verdad no son incompatibles, sino complementarias.

En su libro Les preuves scientifiques d’une vie après la vie, el doctor Jean-Jacques Charbonier, anestesista y reanimador, escribe: «Hoy se publican más textos científicos que tienden a probar la existencia de una vida después de la muerte que publicaciones que presentan la muerte como la nada absoluta… Teniendo en cuenta los progresos de la ciencia, hoy parece totalmente lógico admitir la existencia de una vida después de la muerte».

Los recientes descubrimientos de los investigadores tienden cada vez más a coincidir con el punto de vista de las religiones y, en particular aquí, con el del Aumismo.

En resumen, el Señor HAMSAH MANARAH enseña que, a la muerte del cuerpo, el alma deja el cuerpo de carne y el mundo de la materia para unirse al mundo del espíritu en la Columna de Luz, donde sigue perfeccionándose y purificándose en el sentido de la divinización del Ser humano.

Para terminar, recordemos esta importante Enseñanza del Aumismo:

«La muerte no es más que un cambio de estado.» (Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH)

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BIBLIOGRAFÍA

– Todas las obras de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, publicadas por Le Mandarom y Albin Michel. En particular:

La Révolution du Monde des Vivants et des Morts. La Justice Divine

La Loi d’Évolution des Âmes. De l’esclavage à la vraie Libération

– Autores independientes:

Bernard Baudouin (B-B): La vie au-delà de la mort. Quand la science trouve des réponses. Éditions Trajectoire.

Dr. Jean-Jacques Charbonier: Les preuves scientifiques d’une vie après la vie. Éditions Exergue.

Profesor Régis Dutheil (R-D): L’Univers super lumineux – Science et conscience. Éditions Sand.

Raymond Moody (R-M): La vie après la vie (Vida después de la vida). Éditions Robert Laffont.

Hubert Reeves: Les secrets de l’Univers. Éditions Robert Laffont.

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