COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 3 – LAS BASES DE UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA Y MÁS SOLIDARIA
N.º 3 – LAS BASES DE UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA Y MÁS SOLIDARIA
Justicia y solidaridad: dos palabras que durante demasiado tiempo expresaron una utopía.
Hoy, dos palabras cargadas de sentido que resuenan como una urgencia para el porvenir de la humanidad.
Mientras viajamos al espacio y dominamos la tecnología, ¿por qué tantas desigualdades siguen fracturando nuestra humanidad? No es aceptable.
Tras un rápido repaso de las desigualdades, veremos cómo avanzar hacia más solidaridad. Porque, según la Enseñanza aumista, no hay justicia sin solidaridad. Y estos dos valores son los pilares de la Edad de Oro.
I – UN BREVE REPASO DE LAS DESIGUALDADES
Algunos ejemplos:
Las desigualdades económicas
– El 1 % más rico del planeta posee la mitad de la riqueza mundial[1].
– La mitad de la población mundial vive con menos de 5,50 dólares al día[2], es decir, 4,70 euros.
La covid ha aumentado las desigualdades.
Según el informe de Oxfam de julio de 2021 «El virus del hambre se multiplica»[3], actualmente 11 personas mueren de hambre cada minuto a causa del cóctel explosivo de las tres «C»: los conflictos, la covid y la crisis climática. Este ritmo es superior a la tasa de mortalidad actual debida a la pandemia, que es de 7 personas por minuto. ¡Cuanto más tardamos, más se ahonda la brecha!
La fortuna de los milmillonarios habría aumentado casi un 30 % en la primavera de 2020, durante la primera ola de la covid-19. La crisis sanitaria ha puesto de relieve «un aumento de las desigualdades de patrimonio, no solo porque los ricos se han enriquecido, sino porque los pobres, al mismo tiempo, se han empobrecido»[4]. Según el informe de Oxfam de enero de 2022 «Las desigualdades matan»[5], «las desigualdades contribuyen cada día a la muerte de al menos 21 300 personas». No es aceptable.
A las desigualdades económicas se suma el peso de las discriminaciones.
El peso de las discriminaciones
A las desigualdades económicas se suman las injusticias de las discriminaciones culturales, raciales, sexistas, religiosas y muchas otras, que impiden a ciertas categorías sociales acceder a la educación y al trabajo.
Según Amnistía Internacional, «millones de hombres y mujeres sufren todo tipo de discriminaciones en todo el mundo. Se les priva de derechos esenciales porque son “diferentes”»[6].
Las mujeres, primeras víctimas de las discriminaciones:
– En cuanto a la educación: 132 millones de niñas de entre 6 y 17 años no tienen acceso a la escolarización[7].
No es aceptable, sabiendo que la educación es un factor de emancipación, de libertad, de trabajo y de reducción de la pobreza.
– En cuanto a los salarios: en el mundo, las mujeres cobran un 20 % menos que los hombres[8].
Todas estas desigualdades pesan también sobre la propia duración de la vida.
Desigualdades ante la esperanza de vida
La esperanza de vida es un indicador de injusticias: expresa los sufrimientos de las poblaciones desfavorecidas en materia de salud (diagnósticos y tratamientos), la tasa de mortalidad infantil, la subalimentación, la falta de higiene, etc.
Esperanza de vida: 83 años en Islandia y 59 años en Malí[9].
Según la OMS, la esperanza de vida en los países de ingresos bajos es 16 años inferior a la de los países ricos[10]. ¿Podemos aceptar que la duración de la vida de un ser humano se vea así reducida por falta de recursos?
Este es, pues, un repaso no exhaustivo de las disparidades que retrasan la expansión de un mundo mejor y más fraterno al que llamamos Edad de Oro.
Es evidente que la justicia humana tiene sus límites, sus fallos, sus corrupciones, sus injusticias y sus egoísmos.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos advierte: «La Edad de Oro no puede construirse sobre un mundo de injusticia social y económica»[11].
Nos pone frente a la causa de las desigualdades: «Habéis construido vuestra justicia humana sobre el incumplimiento de las Leyes de Dios»[12].
Ante las desigualdades, la necesidad de reinventar la justicia y la solidaridad aparece como indispensable para la supervivencia de la humanidad. Veamos ahora:
II – JUSTICIA Y SOLIDARIDAD: ¡UNA NECESIDAD URGENTE!
«La verdadera justicia es lo que favorece la protección del interés colectivo (…) La verdadera justicia es sinónimo de solidaridad»[13].
¿Cuál es el fundamento de esta justicia y de esta solidaridad? Según el Aumismo, la fuente de la unidad es la presencia de lo Divino en cada uno.
Si Dios está presente en cada uno, todo el mundo tiene el mismo valor y todos los seres humanos tienen los mismos derechos, estén donde estén en el planeta, sea cual sea su raza o su fortuna. Se comprende que la justicia y la solidaridad sean indispensables.
Es también un principio de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.
Su artículo 1 afirma: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros».
Este principio está en sintonía con el pensamiento aumista: «Expresa en ti esa solidaridad universal que hace trascender las nociones de razas, de naciones, de civilizaciones y de religiones»[14].
Es, por tanto, esencial contribuir de distintas maneras a la reducción de las desigualdades en el mundo.
Poner en práctica la solidaridad supone saber:
Repartir mejor las riquezas
Una redistribución insuficiente es una de las causas de las desigualdades. Hay que plantear un mejor reparto de las riquezas.
¡800 millones de personas están subalimentadas! ¡Una décima parte de los seres humanos no come lo suficiente!
Y, sin embargo, producimos más de lo necesario para alimentar al planeta, según una especialista en cuestiones de población de la ONU[15]. Se trata, pues, sencillamente de una cuestión de reparto.
Es cierto que se hacen esfuerzos importantes. Una toma de conciencia saludable ha dado origen a organismos locales, nacionales e internacionales y a asociaciones admirables que trabajan por más justicia y solidaridad. Quienes se dedican a la ayuda humanitaria, sea o no espiritual su camino, ponen en práctica la solidaridad, que es una clave de la Edad de Oro.
En 2015, los 193 países miembros de las Naciones Unidas adoptaron una agenda de desarrollo sostenible para un mundo más justo de aquí a 2030. El informe de la ONU publicado el 13 de julio de 2020 sobre «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo» advertía de que el objetivo de «Hambre Cero» para 2030 no estaba en vías de alcanzarse[16].
Es hora de acelerar, para que compartir sea una aspiración de todos; para que un soplo de humanidad barra todos los obstáculos, todas las reticencias, todos los egoísmos y el cómodo pretexto de la fatalidad.
En la Enseñanza aumista, compartir es una de las Leyes de la Edad de Oro: «Nunca serás como el avaro sentado sobre su cofre del tesoro mientras el mundo se muere de hambre».
«Los Estados deben ayudar a los desheredados, dice el Señor HAMSAH MANARAH, al tiempo que ayudan a los ciudadanos de cada nación a valerse por sí mismos».
Cito algunas de las acciones que conviene favorecer:
– la puesta en valor de los recursos naturales y su uso racional e inteligente
– la moderación de las aspiraciones
– la previsión, que lleva a evitar el despilfarro y a constituir reservas
– la redistribución en cada país según las circunstancias, en relación con las crisis económicas, las catástrofes naturales o no, las penurias…
Os remito al capítulo «Lo económico y lo social de la Edad de Oro» en L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or.
Replantear el lugar del dinero en la sociedad
– El dinero y el beneficio
«El mal aparece cuando el apetito de dinero por el dinero hace olvidar todos los valores espirituales»[17].
Pero, considerado como un medio y no como un fin, el dinero no debe despreciarse ni ser motivo de culpa. Permite llevar una vida digna, y puede compartirse y utilizarse con acierto para ayudar a los demás.
El beneficio, sin suprimirse, puede reducirse para ayudar a los más desfavorecidos.
– La justicia fiscal
Es un elemento importante de reducción de las desigualdades. El impuesto consiste en recaudar de cada uno según sus posibilidades para redistribuir a cada uno según sus necesidades.
Las cosas avanzan: en octubre de 2021, más de 130 países se sentaron en torno a la misma mesa para acordar un impuesto mundial único, con un tipo del 15 % para las multinacionales situadas en paraísos fiscales donde solo pagaban un impuesto del orden del 1 %, a veces del 3 %.
Hasta entonces era impensable. ¡Es un avance histórico, nacido de las distintas crisis y del despertar de las conciencias! Un avance ejemplar: lo que es posible en un ámbito lo es en todos los demás…
– La justicia en los mercados financieros
Durante las crisis financieras, por ejemplo la de 2008, décadas de progreso económico quedaron aniquiladas en pocas horas. Los más desfavorecidos están en primera línea en las crisis económicas.
El estallido de las burbujas financieras puede tener consecuencias graves para los más vulnerables, en particular sobre el desempleo.
Es, pues, importante regular los mercados financieros para reducir las injusticias.
Superar los egoísmos nacionales
Los países sienten desde hace tiempo la necesidad de unirse. Por citar solo la Sociedad de Naciones después de la guerra (1919) y la ONU (1945). Es un paso hacia la unidad internacional.
Han surgido encuentros internacionales, el G2, el G5, el G7, el G20. Hoy asistimos a reuniones entre más de 130 países.
Más recientemente, los Estados, obligados por los peligros que amenazan no a un solo país sino al planeta entero (crisis financieras, sanitarias, climáticas…), se han acercado en busca de una solución común. Un nuevo paso en la buena dirección.
Es un hermoso avance, pero hay que ir más lejos y aprovechar al máximo esta dinámica de cooperación internacional.
Conviene superar los egoísmos nacionales que mantienen el abismo de las desigualdades. Hemos visto los límites de la solidaridad internacional en acontecimientos recientes: la covid, las migraciones, los conflictos, la COP26 (con avances, pero los Estados tienen intereses divergentes). ¡Tantos acontecimientos que han puesto a prueba la solidaridad y han señalado sus límites!
En todos estos encuentros internacionales ha faltado una unidad fuerte, una gobernanza internacional.
Hay que pensar en la organización de una comunidad de los pueblos, en un Federalismo mundial basado en un programa de solidaridad internacional, como escribe el Señor HAMSAH MANARAH[18].
En efecto, ante la necesidad de una cooperación entre los pueblos para salir de las pruebas planetarias, solo una instancia internacional, económica y políticamente eficaz, podrá trascender los egoísmos nacionales[19].
Transformarse uno mismo
Esta clave contribuye al cambio de mentalidad de la Edad de Oro.
No somos espectadores del mundo, sino actores. ¡Eso también es la nueva era!
Si aplicamos siempre los mismos principios, siempre tendremos los mismos problemas.
Sepamos poner en práctica la aceptación de las diferencias, la ayuda mutua y la solidaridad mediante la acción, el pensamiento y la oración.
Con el pensamiento y la oración podemos ayudar a los jefes de Estado y a los gobernantes «para que tomen las decisiones justas para la felicidad del país, ayudando a preparar un futuro favorable y el reinado de la paz en esta Tierra»[20].
Según el Aumismo, conviene, sin dejar de respetar las leyes del país en que se vive, considerarse ciudadano de la Tierra entera.
«No es una solidaridad de campanario la que deseamos, sino una solidaridad internacional, interreligiosa, una solidaridad que ignore las fronteras y las barreras de razas y de religiones»[21].
CONCLUSIÓN
¡Nunca la interdependencia entre los seres humanos ha sido tan evidente! Lo que afecta a un país concierne a todo el planeta: crisis económica, calentamiento global, cataclismos, migraciones, pandemias, guerras… ¡Nunca la solidaridad, Ley de la Edad de Oro, ha sido tan indispensable y tan urgente!
El Señor HAMSAH MANARAH nos muestra el camino de una solidaridad basada a la vez en el respeto mutuo y en el interés general, en la que la ayuda mutua favorece la autonomía:
«Que la justicia económica y social sea restablecida y que cada pueblo pueda autoabastecerse.
Que la ley del compartir y de la solidaridad se vuelva planetaria, para que llegue la Edad de Oro de la fraternidad».[22]
V. Shambara
Conferenciante
*******
[1] Oxfam Francia, Inégalités : pourquoi les 1 % les plus riches du monde sont un problème selon Oxfam, 8 de octubre de 2021.
[2] Banco Mundial, comunicado de prensa del 17 de octubre de 2018: Casi la mitad de la población mundial vive con menos de 5,50 dólares al día.
[3] Dosier de prensa de Oxfam, El virus del hambre se multiplica, 9 de julio de 2021.
[4] www.franceculture.fr, pódcast «Les Idées claires», 16 de diciembre de 2020: entrevista a Anne-Laure Delatte, economista e investigadora del CNRS.
[5] Informe de Oxfam, enero de 2022, Las desigualdades matan, www.oxfam.org.
[6] www.amnesty.fr/discriminations: «Discriminations et racismes dans le monde. Nul ne doit être privé de ses droits parce qu’il est différent».
[7] www.plan-international.fr: «Causes et conséquences des discriminations des filles face à l’éducation», 27 de septiembre de 2020.
[8] Naciones Unidas, www.un.org: Día Internacional de la Igualdad Salarial, 18 de septiembre.
[9] https://datos.bancomundial.org: Esperanza de vida al nacer, 2019.
[10] www.who.int, 6 de abril de 2021: la OMS insta a los países a construir un mundo pospandemia más justo y más sano.
[11] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 283.
[12] Ibid., p. 134.
[13] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 477.
[14] Une Loi pour détruire le Mal, p. 81.
[15] www.un.org/development/desa: «¿Podemos alimentar a miles de millones?», 19 de abril de 2021, Cheryl Sawyer, especialista en cuestiones de población del DAES de la ONU.
[16] news.un.org, 13 de julio de 2020: «El mundo no está en vías de alcanzar el objetivo de Hambre Cero para 2030, según la ONU».
[17] Le Yoga de la vie pratique, p. 244.
[18] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, pp. 279-280.
[19] Une Loi pour détruire le Mal, p. 83.
[20] La Voix de Lumière, p. 458.
[21] Une Loi pour détruire le Mal, p. 88.
[22] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 44.

