COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 1 – LA ERA NUEVA SEGÚN EL AUMISMO: LA EDAD DE ORO
LA ERA NUEVA SEGÚN EL AUMISMO: LA EDAD DE ORO
El objeto de este noveno Coloquio Internacional del Aumismo es explicar, según la Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, cómo podemos construir juntos una Era Nueva de paz, de fraternidad, de unidad, de felicidad y de prosperidad material y espiritual, a la que aspira la humanidad. La religión aumista tiene como principal objeto poner a disposición de todos los humanos, sin distinción de nacionalidad, de cultura ni de opiniones políticas, filosóficas o religiosas, los medios para construir esta Era nueva, calificada de Edad de Oro.
En esta ponencia abordaremos los siguientes puntos:
I – La noción de Era en general
II – La Ley de los Ciclos en la religión aumista
III – ¿Por qué restaurar la Edad de Oro?
IV – ¿Cómo restaurar la Edad de Oro en la Tierra?
V – La Edad del Diamante
I – LA NOCIÓN DE ERA EN GENERAL
En el universo nada es estático ni fijo; todo está en perpetuo movimiento y devenir. Esta gigantesca actividad de la vida es universal. Bajo diversas formas, concierne a la creación entera. Esta manifestación de la vida no es anárquica. Está sometida a cierto número de reglas y de leyes, a menudo de carácter cíclico. Estos ciclos, o eras, se desarrollan a lo largo de periodos de tiempo extremadamente variables. A modo de ejemplo, el planeta Tierra ha conocido ciclos que duraron varios miles y a veces millones de años. Es el caso de las Eras geológicas y de las alternancias climáticas, con los periodos de calentamiento y de glaciación planetaria.
Estas Eras no conciernen únicamente al mundo temporal; ejercen también su influencia sobre el mundo más sutil del espíritu. Algunas tradiciones religiosas de Oriente y de Occidente hacen referencia a ellas. Es el caso de la «Grecia antigua» con la era de Acuario y de la tradición hindú con los «Yugas» o Edades cósmicas. A modo de ejemplo citaremos la versión oriental, que subdivide y clasifica el desarrollo de la vida en cuatro Edades: la Edad de Oro, la Edad de Plata, la Edad de Cobre y la Edad de Hierro, que se escalonan a lo largo de periodos muy largos. Una Era es un periodo de tiempo determinado que presenta características particulares.
II – LA LEY DE LOS CICLOS EN LA RELIGIÓN AUMISTA
La religión aumista retoma, bajo la denominación de «Ley de los Ciclos», la clasificación de la Tradición Oriental. Pero aquí cada Edad se define por el estado mental que adopta la mayoría de los humanos durante el periodo considerado. Y es del cambio del estado mental de la humanidad de lo que depende el paso de una Edad a otra.
Por tanto, no es desde el exterior como las cuatro Edades de la religión aumista condicionan e influyen en la humanidad. Es desde el interior, en función de la actitud mental adoptada por cada ser humano.
Siendo el pensamiento creador («pensar es actuar»), los humanos son los autores de la Edad en la que viven. «La Creación es una inmensa escuela espiritual… y la Ley de los Ciclos rige la evolución de las almas.»[1]
He aquí un resumen de las características mentales de cada una de estas Edades según el Aumismo.
La Edad de Oro
La Edad de Oro es un estado ideal en el que viven todas las humanidades del cosmos en su nacimiento. «Porque en el origen de la Creación… el primer tiempo es sin duda la primavera de la Edad de Oro y de Unidad.»[2] El mundo de la Edad de Oro es un mundo desprovisto de enemistad, de malevolencia, de sufrimiento, de conflictos y de guerras fratricidas. Este modo de vida es el feliz resultado de la estrecha proximidad y armonía de las humanidades con las energías creadoras de Dios.
Pero el modo de vida de la Edad de Oro no está fijado para la eternidad. La religión aumista enseña que la Edad de Oro dura mientras las humanidades respetan las Leyes divinas que presiden la vida y la armoniosa evolución de todos los reinos de la naturaleza. Es la transgresión de estas Leyes divinas lo que compromete la Edad de Oro y provoca la caída de las humanidades en los mundos de involución de la Edad de Plata, de Cobre y de Hierro.
Algunos textos sagrados evocan esta cuestión. Es el caso de la Biblia (Génesis 3), con el relato del jardín del Edén y de «la caída original». Este relato describe el fin de un modo de vida paradisíaco, en otras palabras, el fin de una Edad de Oro. Es por la transgresión de las Leyes divinas que garantizaban la perennidad de este modo de vida, de este El Dorado, como la humanidad de la época, simbolizada por Adán y Eva, puso fin a la Edad de Oro, a la pureza y a «la inocencia original».[3]
La Edad de Plata
Tras haber observado y respetado durante un largo periodo de tiempo las reglas y las leyes que garantizan la perennidad de la Edad de Oro, los Santos, los Sabios y los humanos se cansan y aspiran a un descanso ilusorio. Son esta pasividad y este relajamiento del esfuerzo los que alteran las energías de la Edad de Oro y arrastran a la humanidad a la Edad de Plata.
«La Edad de Plata es la Edad mental de la inercia colectiva, del sueño interior, del egoísmo, del rechazo del esfuerzo y del combate.»[4] Una desmovilización general que conduce a la degradación de las condiciones de vida. No es todavía la Edad de las guerras, pero el feliz equilibrio y la armonía de la Edad de Oro y de Unidad se han roto. «De la Edad de Oro a la Edad de Plata solo hay un paso, el del olvido de las responsabilidades y de los deberes para con la creación»[5] y para con la humanidad.
En la Edad de Plata, los humanos olvidan orar para ayudar a la evolución de todos los reinos de la naturaleza. Olvidan arrancar la hiedra trepadora de las malas inclinaciones de la humanidad. Todos los jardineros saben que un jardín descuidado se marchita muy rápidamente.
La Edad de Cobre
Cuando los reinos de la naturaleza, minerales, vegetales, animales y humanos, ya no están «iluminados por las oraciones desinteresadas de los Sabios y de los Iniciados», que se han vuelto reacios al esfuerzo, el movimiento evolutivo se invierte. «La Ley de Evolución se convierte en Ley de Involución… que lo arrastra todo a su paso» y sume a la humanidad en la Edad de Cobre. Bajo la influencia negativa de este proceso involutivo, los humanos se alejan cada vez más de su Dios interior, presente en cada uno. Como «la naturaleza aborrece el vacío», la humanidad compensa el vacío dejado por Dios con la fascinación que ejercen sobre los espíritus la conquista y la exploración de la materia. Esta seducción se traduce en un desarrollo desenfrenado de la ciencia, considerada como un saber que supuestamente resuelve todos los problemas. Esta ilusión de «la felicidad sin Dios» conduce a un «declive moral y espiritual», a una ciencia sin conciencia y a una «rebelión cada vez más abierta contra Dios».
La Edad de Cobre es la Edad mental de la sinrazón, en la que las humanidades, que se han vuelto inconscientes de sus deberes y de sus responsabilidades, «experimentan los abusos de la ciencia». Es la Edad de las guerras alimentadas por armas cada vez más sofisticadas. Es la edad en la que, privada del escudo protector de las Energías divinas, la humanidad se encuentra expuesta a todos los peligros. Recordemos que el escudo protector es uno de los atributos principales de la estatua del Cristo Cósmico del Mandarom.
La Edad de Hierro
Tras la Edad de Cobre, la degradación prosigue inexorablemente y hace caer a la humanidad en la Edad de Hierro, que es el fondo del abismo. «La humanidad no puede caer más bajo en la involución.» En la Edad de Hierro, las almas experimentan la fría noche sin Dios y el olvido de las verdades superiores y eternas. Esta amnesia mental robotiza a las almas y las encadena a la dualidad de los infiernos, de los paraísos artificiales y de las drogas. Recordemos este punto capital: para la religión aumista, las cuatro Edades son estados mentales.
III – ¿POR QUÉ RESTAURAR LA EDAD DE ORO?
La humanidad debe restaurar la Edad de Oro en la Tierra para poner fin a los esquemas mentales de las tres Edades de involución, que generan comportamientos suicidas que conducen a su destrucción. Obnubilada por el beneficio y habiendo perdido la conciencia de sus deberes, nuestra humanidad olvida que el planeta Tierra es un ser vivo cuyas leyes y reglas de vida hay que respetar so pena de graves consecuencias y desarreglos. Los hombres, que se han vuelto irresponsables, deben dejar de contaminar los suelos, los acuíferos y la atmósfera. El Planeta sufre, reacciona y se rebela ante el comportamiento insensato de los humanos. Las catástrofes naturales se multiplican. Aparecen enfermedades desconocidas que ponen en peligro la vida; las crisis sociales y financieras arruinan a los Estados y a los ciudadanos. Otras tantas pruebas que hacen sufrir a la humanidad y amenazan gravemente la vida, la serenidad y la paz.
«El estado de cosas al final de la Edad de Hierro se ha vuelto tan sombrío y tenebroso» que, a falta de una reacción vigorosa y saludable, la nave planetaria se encamina hacia la autodestrucción de la humanidad, víctima de su comportamiento suicida. El único medio de evitar este desenlace es invertir la situación y reunir los esfuerzos de la mayoría de los humanos para reconstruir los valores desaparecidos de la Edad de Oro.
La humanidad debe tomar conciencia de que el deterioro de las condiciones de vida y un comportamiento contrario a las leyes de la evolución universal pueden conducir a un desenlace fatal. No se trata de una visión utópica: la ciencia contemporánea identifica, en un pasado lejano, varias desapariciones de la vida en la Tierra. Una nueva extinción de las especies estaría actualmente en curso. La ciencia no es la única en plantear este problema; hemos visto que los textos sagrados de la humanidad evocan la cuestión. Los hombres deben tomar conciencia de que el mundo en el que viven está en gran parte concebido, imaginado y organizado por ellos mismos. Así ha sido desde el origen de los tiempos, desde el mundo de las cavernas hasta el de la era industrial. Por tanto, las humanidades son responsables de sus condiciones de vida y de su porvenir.
IV – ¿CÓMO RESTAURAR LA EDAD DE ORO EN LA TIERRA?
Para restaurar la Edad de Oro en la Tierra y asegurar a la humanidad la paz, la serenidad y la prosperidad material y espiritual, la humanidad debe eliminar de la esfera mental del planeta los efectos perversos y devastadores de las derivas de la Edad de Plata, de Cobre y de Hierro. La humanidad debe excluir de su campo de conciencia la mentalidad de inercia y de descanso de la Edad de Plata, que desmoviliza a la humanidad y la hace incapaz de asumir correctamente sus deberes y sus responsabilidades respecto a las Leyes de la vida.
La humanidad debe suprimir de su campo de conciencia los efectos perversos de la Edad de Cobre, centrada en la exploración y el dominio de la materia, con la preeminencia exclusiva de la razón, que no es infalible. La ciencia es útil en numerosos ámbitos, pero no debe excluir el papel del espíritu so pena de desequilibrios perjudiciales para la humanidad, para la creación y para la vida. La materia y el espíritu son las dos caras de una sola y misma realidad. La ciencia no puede explicarlo todo y nunca podrá resolver por sí sola todos los problemas que se le plantean a la humanidad.
La humanidad debe también eliminar la mentalidad de la Edad de Hierro, que es la mentalidad dominante de la época actual. Para sanear la situación hay que poner fin al egocentrismo desaforado de los humanos, al desencadenamiento de la violencia, a la corrupción, a los totalitarismos, a los conflictos armados, a la degradación de las costumbres y a las malversaciones de todo tipo. Los jóvenes y los adultos deben reforzar su Yo Interior y su Yo Supremo para tener la capacidad de preservarse de los avatares de la vida y de los paraísos artificiales, ilusorios y suicidas de las drogas. Para restablecer la Edad de Oro, cada ser humano tiene el deber de eliminar de su campo de conciencia «las malas inclinaciones» que contaminan y pervierten la naturaleza humana.
Es por Amor a la humanidad, y para preservarla de un desenlace fatal, por lo que el Señor HAMSAH MANARAH fundó, en un momento decisivo de la historia del planeta, la religión aumista. La Misión confiada al Aumismo es recordar a la humanidad incrédula las leyes saludables que garantizan su porvenir y su felicidad.
Con este espíritu, la religión aumista tiene como Misión:
- promover una mentalidad de Edad de Oro que permita a la humanidad forjarse condiciones de vida plenas,
- asegurar una formación espiritual, ética y psicológica del ser humano a fin de equilibrar y armonizar sus polaridades fundamentales del cuerpo, del alma y del espíritu,
- difundir por toda la Tierra la energía creadora y salvadora del Verbo Divino AUM.
El sonido OM o AUM es el sonido primordial, «el Verbo creador del Universo, el sonido que hace trascender la dualidad, la multiplicidad de las apariencias, para conducir a la Unidad del Absoluto, a la fusión en Dios».[6] La Misión del Aumismo es también recordar que la Edad de Oro no es la edad del descanso, sino la del esfuerzo salvador.
Aunque una revolución de las mentalidades de esta amplitud y de esta naturaleza no es fácil de realizar, la situación no es por ello desesperada. Todo depende de la capacidad y de la determinación de cada ser humano para reaccionar positivamente. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH sitúa a los humanos ante sus responsabilidades y frente a esta temible alternativa: o enderezar la situación, o dejarse arrastrar al abismo de la autodestrucción.
Pero nada puede ser impuesto a la humanidad de forma duradera y autoritaria por ningún poder. La historia pasada y reciente demuestra que no se puede imponer ninguna coacción a los pueblos contra sus aspiraciones profundas. La adopción de la mentalidad y del comportamiento de la Edad de Oro solo puede ser el resultado de una toma de conciencia y de una iniciativa individual. Es principalmente por la evolución de las conciencias como se produce una verdadera evolución de la colectividad humana. Cuando la mente se libera de los condicionamientos perversos de las tres Edades, de Hierro, de Cobre y de Plata, la conciencia se vuelve libre y accesible a los principios fundamentales y a las Leyes de la Edad de Oro.
En primer lugar entre estos principios figura:
«LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS», que es el «fundamento» y el único dogma de la religión aumista.
Sean cuales sean los nombres dados a Dios, sean cuales sean Sus distintas Encarnaciones a lo largo de la historia de la humanidad, permanece desde los orígenes y hasta el fin de los tiempos siempre e invariablemente el mismo. Una verdad esencial para la reconciliación y la unidad de los pueblos y de las religiones.
Con este espíritu, la religión aumista pone también a disposición de quienes lo desean una orden iniciática y una estructura religiosa que comprende fieles, un clero y una orden monástica. Estas estructuras ofrecen a cada uno, según sus elecciones, una formación y la posibilidad de participar en un trabajo espiritual colectivo que favorece la evolución del mundo y de la humanidad. Cinco sacramentos (Bautismo, Confirmación, Renovación, Matrimonio y Transición) recuerdan al ser humano el objetivo de la vida, que es evolucionar hacia Dios presente en cada uno. Estos sacramentos permiten también a cada uno sacralizar las etapas de la vida.
Para favorecer la emergencia de una humanidad de la Edad de Oro, fundamento de la Era Nueva, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH pone también a disposición de todos su Enseñanza, que comprende 22 libros.
Esta Enseñanza revela la historia olvidada de la humanidad, así como los resortes profundos del alma humana. Ofrece un conjunto de «técnicas inéditas de meditación», de ejercicios espirituales evolutivos y de «oraciones de excepcional eficacia» que ayudan a reencontrar la unidad con Dios y guían a quienes lo desean hacia la Liberación Espiritual.
Esta Enseñanza propone a todos, creyentes o ateos, métodos prácticos para restablecer la paz en uno mismo y a su alrededor. Numerosas técnicas permiten a cada uno, en función de su modo de vida, de sus elecciones y de sus objetivos personales, avanzar hacia una mayor felicidad. Cada uno puede así aprender a liberarse de los defectos inherentes a la persona humana, salir del posible dominio de las drogas, escapar del estrés; en una palabra, lograr plenamente su vida.
V – LA EDAD DEL DIAMANTE
Terminaremos evocando una perspectiva importante en el Aumismo: Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH enseña que más allá de la Edad de Oro existe una Edad del Diamante. Quienes logran elevarse a este sublime estado «verán extinguirse todos los dolores, todas las ilusiones y todos los sufrimientos».[7]
Se puede acceder a la Edad del Diamante incluso viviendo en un mundo de la Edad de Hierro. Quienes, mediante sus esfuerzos sostenidos, acceden a este estado se convierten en puras «prolongaciones de Dios» al servicio de todos sus Hermanos y Hermanas humanos.
En conclusión, retengamos esta cita de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH:[8]
«EN NUESTRAS MANOS DESCANSA EL PORVENIR DE LA TIERRA, SU DESTINO Y LA CRISTALIZACIÓN DE LA EDAD DE ORO».
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[1] La Doctrine de l’Aumisme, p. 120.
[2] La Loi d’Évolution, p. 23.
[3] Biblia, Génesis 3,1-24.
[4] La Doctrine de l’Aumisme, p. 122.
[5] La Loi d’Évolution des âmes, p. 27.
[6] La Doctrine de l’Aumisme, p. 43.
[7] La Doctrine de l’Aumisme, p. 133.
[8] La Doctrine de l’Aumisme, p. 55.

