COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 1 – LOS SUFRIMIENTOS DE LA DIVISIÓN: CÓMO SALIR DE ELLOS
N.º 1 – LOS SUFRIMIENTOS DE LA DIVISIÓN: CÓMO SALIR DE ELLOS
Gracias a todos los que estáis aquí presentes y a todos los que desean acelerar la llegada de tiempos mejores para nuestra humanidad.
Para atravesar las crisis no hay receta. Las pruebas son más o menos difíciles de soportar; son diferentes y cada persona las vive de manera diferente según su historia, su sensibilidad y sus condiciones de vida.
Pero cada uno puede, como en este coloquio, compartir con toda humildad aquello que, a sus ojos, puede ayudar a afrontar lo mejor posible las sacudidas del mundo actual.
El Señor HAMSAH MANARAH, fundador del Aumismo, llama al cambio a todos los niveles: «La mejora de la condición social depende tanto de una política económica y social, de la transformación de las estructuras y de la resolución de múltiples problemas prácticos como del trabajo del hombre sobre sí mismo» [1]… un aspecto que a menudo olvidamos. Este coloquio abordará, pues, diferentes medios para desarrollar nuestra propia humanidad y, de este modo, ayudar mejor a la humanidad con el pensamiento y con la acción, individual y colectivamente.
Para guiar a quienes lo deseen en este trabajo de reconstrucción, la Enseñanza aumista propone desarrollar paso a paso, cada uno a su ritmo, la capacidad de resiliencia, definida por el sociólogo Stefan Vanistendael como «la capacidad de un ser humano o de un grupo para hacer frente a experiencias difíciles y salir fortalecido de ellas (…)». Se basa en «aprendizajes que llevan a crecer (…) y a proyectarse en el futuro». [2]
A lo largo de esta ponencia veremos cómo desarrollar esta capacidad para salir de los sufrimientos de la división:
- Medir el impacto de las divisiones en la humanidad
- Cambiar de perspectiva
- Movilizar las fuerzas de un nuevo comienzo
I – MEDIR EL IMPACTO DE LAS DIVISIONES EN LA HUMANIDAD
La humanidad sufre por haber plantado ella misma las alambradas que la desgarran. [3] Entre las divisiones que se vuelven contra ella, citemos tres ejemplos que nos conciernen a todos:
La división entre el ser humano y su entorno
Sometida al culto del beneficio y del consumo excesivo, la Tierra ha sido explotada y contaminada de forma irresponsable. La película de Yann Arthus-Bertrand Legacy (2021) muestra los estragos del culto a un «progreso» irreflexivo en el espacio de una sola generación. [4]
Esto se vuelve contra nuestra salud, nuestra esperanza de vida y la del planeta…
La división entre los seres humanos
Sentirse separado de los demás es pensar que no forman parte de la misma humanidad. Y quienes se declaran superiores con el pretexto del color de la piel, el sexo, la fortuna, la ideología, la religión, etc., se arrogan el derecho de someter a quienes consideran inferiores.
Esto culmina en la barbarie, en particular la de las guerras, con la deshumanización tanto de las víctimas, despojadas de su humanidad, como de los verdugos, que solo expresan su inhumanidad.
La división entre el ser humano y Dios
Por una parte, la intolerancia de cierto materialismo impone la concepción de un mundo reducido a lo visible: la persecución de los creyentes pretende erradicar toda forma de espiritualidad.
Por otra parte, el sectarismo de religiones que quieren imponer su verdad a los demás genera guerras que incitan a matar en nombre de Dios… ¡olvidando que Dios es Amor!
En el Aumismo, como en algunas religiones de Asia en particular, este estado mental de violencia se llama Edad de Hierro.
Salir de él requiere cultivar el estado mental opuesto de fraternidad y de unidad, llamado Edad de Oro.
«Estamos actualmente en un período bisagra», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «en el que asistimos a los últimos sobresaltos de la Edad de Hierro y de sus violencias, mientras los primeros destellos de la Edad de Oro empiezan a iluminar las conciencias». [5]
Estar en la Edad de Oro es «combatir por un mundo de Unidad poblado por una humanidad reconciliada». [6]
Ayudar a la humanidad es, pues, comprometerse desde ahora en este combate, que es de largo aliento.
Para empezar, se trata de abrirse a otra visión de la existencia y de las interacciones humanas.
II – CAMBIAR DE PERSPECTIVA
Ante todo, aligerarse de lo que, en nosotros mismos, alimenta los resentimientos y las tendencias al rechazo, a la segregación y a la división.
Desprenderse de un pasado en el que arraigan los conflictos
Los sufrimientos del pasado y los deseos de venganza que conllevan se reactivan con los recuerdos. Este estado impide vivir plenamente el presente y preparar libremente el futuro.
Por eso la Enseñanza aumista propone técnicas para aligerarse de las heridas del pasado reciente, cercano o lejano [7]. Del perdón se hablará en otra conferencia.
Este trabajo sobre uno mismo permite centrarse en un nuevo comienzo y remontar la pendiente.
Y como Enviado de los tiempos nuevos, el Señor HAMSAH MANARAH nos dice: «Dios no te juzga por tus errores pasados, sino solo por tu elección del presente». [8]
Y nos repite: «Os indico el camino, pero no puedo recorrerlo en vuestro lugar. No rechacéis el esfuerzo que hay que realizar». [9]
Liberarse poco a poco de un pasado que genera conflictos en uno mismo y con los demás permite abrirse al sentimiento de unidad.
Abrirse a la unidad: un punto de vista espiritual
Para el Aumismo y para otras Tradiciones, la presencia de lo Divino en toda la creación une todos los reinos de lo viviente. Es el fundamento de la Unidad,
– que implica el respeto de la naturaleza [10]
– y que, a nivel de la humanidad, tiene una consecuencia: cuidar del otro es hacerse bien a uno mismo, mientras que hacerle sufrir es atraer el sufrimiento sobre uno mismo.
Subrayemos que Dios, en tanto que Energía indivisible, sea cual sea el Nombre que se dé a Sus Encarnaciones, es el mismo para todos. Las religiones son «senderos que conducen a Él», como dice Ramakrishna. Es la base de la tolerancia.
Veremos en otra ponencia que la oración desarrolla el sentimiento de Unidad con Dios, presente en cada uno.
Además, para quienes creen en la reencarnación, entre ellos los aumistas, el alma evoluciona a través de varias vidas cambiando de país, de sexo, de religión, etc.: quizá ayer estuvimos, o mañana estaremos, en el lugar de la persona a la que hoy rechazamos o ayudamos… Señalemos con humor que, aunque no sea fruto de un puro altruismo, ¡el acto justo puede ser aquí el de un interés personal bien entendido!
El punto de vista aumista no se impone a nadie.
Pero la concepción de la unidad que de él se deriva nos concierne a todos: «Aceptad al otro en su diferencia, porque la unidad no es el aplastamiento de quienes no piensan como vosotros, sino la reconciliación de todos los que piensan de manera diferente, uniendo a la vez sus esfuerzos por un mundo mejor». [11]
Por otra parte, sea cual sea nuestro camino, todos podemos tomar conciencia de la unidad de la humanidad.
Creyentes y ateos: reencontrar nuestras semejanzas
– La condición humana es la misma para todos.
Desde el nacimiento hasta la muerte, todos conocemos alegrías y pruebas. Estamos en la misma escuela, la de la vida.
Para todo hombre y toda mujer, la meta es llegar a ser plenamente humano… desarrollando sus cualidades humanas a través de los altibajos de la vida cotidiana.
Si cada experiencia se sitúa de nuevo en la continuidad de la existencia, calmando la agitación de las emociones mediante la reflexión y la oración, puede convertirse en una lección de vida que nos acerca a nosotros mismos y a los demás. Pero a veces la sacudida es grande y resulta demasiado difícil; entonces aceptemos nuestras emociones y démonos tiempo…
Tener en cuenta este aprendizaje común nos hace más tolerantes con nuestros semejantes.
– Somos interdependientes.
Desde el nacimiento nos necesitamos unos a otros. Esto implica una solidaridad de hecho.
Además, el papa Francisco evoca así otro aspecto de nuestras interacciones: «Ninguna acción individual queda aislada, ni para bien ni para mal, sino que tiene consecuencias en los demás, porque todo está relacionado». [12]
Para seguir siendo positiva, la interdependencia exige, pues, vigilancia, en particular en el plano de la justicia. Porque, a escala nacional y planetaria, quienes carecen de lo necesario o padecen la ley del más fuerte están encerrados en una dependencia constante, contraria a los Derechos Humanos.
– Somos corresponsables.
Tomar conciencia de nuestra unidad y de nuestra interdependencia, de la manera que sea, es sentirse unidos y, por tanto, corresponsables de la suerte de la humanidad, de la que todos formamos parte integrante.
«El progreso de conjunto de la humanidad depende de la mejora de cada uno de nosotros», dice el Señor HAMSAH MANARAH. [13]
«Solo nos queda medir nuestras responsabilidades ante nuestra propia evolución y ante la humanidad, que necesita los progresos individuales». [14]
Esto nos anima a tomar el futuro en nuestras manos desde hoy.
III – MOVILIZAR LAS FUERZAS DE UN NUEVO COMIENZO
Todo el mundo tiene momentos de desánimo. Lo importante es no empantanarse en ellos. Nuestros pensamientos son creadores. Imaginar lo peor abre la puerta a lo peor, y viceversa.
Así pues, no nos dejemos someter por discursos ansiógenos que alimentan el miedo y el derrotismo.
El Señor HAMSAH MANARAH nos anima a salir del sentimiento de impotencia.
Tomar conciencia de nuestras fuerzas
– A nivel individual: «Por un lado, somos humanos con esa vulnerabilidad bien conocida. Pero, por otro, participamos de la divinidad. Esta última toma de conciencia no solo debe reconfortarnos en los momentos de abatimiento debidos a las pruebas, sino fortalecernos lo suficiente para suscitar Fuerza y Valor…» [15]
Para fortalecerse, se pueden practicar técnicas de respiración y de meditación, y repetirse afirmaciones dinamizadoras como:
«Soy un centro de Fuerza, de Luz y de conciencia.
Estoy en unidad con la Conciencia divina.
Estoy divinamente protegido, inspirado, iluminado, guiado». [16]
– A nivel colectivo, el Señor subraya: «Si bien es cierto que hoy la humanidad entera es más que reacia a ver trastocados de golpe sus prejuicios, no es menos cierto que muchos seres humanos ya han hecho suyo este ideal de unidad». [17]
En todos los países, todos los sectores y todas las religiones, hombres y mujeres se esfuerzan por construir, mediante las pequeñas y grandes acciones de su vida cotidiana, no muros sino puentes que los unen a los demás y a la naturaleza. Nos los encontramos todos los días. Son las fuerzas vivas de nuestro futuro.
– Ver las fuerzas de vida en nosotros y a nuestro alrededor alimenta un optimismo lúcido que permite sacar el mejor partido de las situaciones, incluso desfavorables. Permite «ver lo bueno, lo bello, lo grande… sin caer en el optimismo ingenuo de quien perdiera el contacto con la realidad…» [18]
En esta actitud positiva está el sentido común: «Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad», dice un proverbio atribuido a Lao Tse. Está el amor, que es «luz de esperanza». Y la voluntad de construir una convivencia más feliz.
Es importante compartir lo que nos da confianza con nuestros semejantes, y en particular con las nuevas generaciones.
Transmitir a los jóvenes la fuerza de una felicidad duradera
– Una felicidad que no se compra
Frente a los placeres efímeros de una sociedad consumista que engendra también insatisfacción y frustración, importa desarrollar en el niño una aptitud interior para la felicidad: la capacidad de maravillarse, de sentir la alegría y la gratitud que nos unen a la belleza y a la diversidad de lo viviente.
– Una felicidad que hace crecer
La felicidad de vivir valores que enriquecen sus interacciones, le ayudan a lograr su socialización y aumentan su autoestima. Es el caso del respeto.
El respeto, según la UNODC, «implica preocuparse por el impacto de nuestros actos en los demás y aceptar a los otros tal como son, incluso cuando son diferentes…» [19]
Si tiene la dicha de ser respetado así y de seguir el ejemplo de su entorno, el niño aprenderá a respetar a los demás… y a hacerse respetar «sin confundir bondad con debilidad». [20] Es un paso hacia una no violencia bien entendida.
Y terminaremos con lo que cada uno de nosotros puede poner al servicio de una humanidad presa de la discordia.
Desarrollar la fuerza del amor
«Es porque el Amor está ausente de las relaciones humanas por lo que la humanidad persiste todavía en las tinieblas de la guerra, de la intolerancia y del odio». [21]
Salgamos de una concepción del amor puramente afectiva, selectiva e inestable. Podemos amar más allá de las contingencias, en nombre de lo que nos une profundamente: contra viento y marea, todos formamos parte integrante de la misma humanidad. Y esto se vive en el día a día.
– El amor permite experimentar la unidad en la relación con el otro.
A todos nos ha ocurrido sentir, incluso de lejos y hacia desconocidos, empatía y altruismo.
La empatía permite ponerse en el lugar del otro para ayudarle mejor, sin identificarse con él ni ahogarse en su angustia. Es la base de la compasión.
El altruismo sin búsqueda de interés personal genera una solidaridad incondicional [22]. Es también un remedio para el sufrimiento individual, porque preserva del repliegue sobre uno mismo.
– El amor forja cada día en nuestros pensamientos las armas de la paz.
Para ayudar a la humanidad a salir del engranaje de las guerras, hay que invertir el proceso.
«Las guerras que ensangrientan la Tierra tienen sus raíces en los pensamientos de odio sembrados durante siglos, incluso milenios», dice el Señor HAMSAH MANARAH. [23]
«Mediante vuestros pensamientos benéficos, generad una poderosa corriente de paz, de fraternidad y de amor verdadero, lo bastante fuerte para conjurar la guerra y los conflictos sociales… Nadie es demasiado débil, ningún pensamiento se pierde». [24]
– Y, por último, el amor concede a todos el derecho a evolucionar.
En la humanidad está cada ser humano con sus progresos, pero también con sus caídas, que a veces le hacen decir: «Quiéreme cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito».
Esto nos anima, sin dejar de resistir a sus cegueras destructivas, a no inmovilizar a la humanidad en sus crisis y a no reducirla a sus peores elementos.
Las grandes Figuras espirituales que de Edad en Edad se consagran al servicio de la humanidad tienen la fuerza de amar a los peores pecadores y a sus peores adversarios.
El Señor HAMSAH MANARAH, cuyo Mensaje de Unidad suscitó la oposición de los intolerantes, no dejó de darles Su amor. «No desespero de ellos», dice. «Persisto en contemplar el Yo Supremo oculto en su ser y que ellos ignoran».
Es un faro en las tempestades, que recuerda que «las almas necesitan amor para salir del odio». Sean cuales sean nuestras diferencias, este último auxilio podemos aportarlo a nuestra humanidad.
He aquí las palabras de un poeta que nos animan a responder presente a este combate del amor:
«Humanidad, te amo.
Por tus luces, esos millones de ejemplos y de vidas que dan y comparten y mejoran el mundo, impides que el odio me robe el alma.
Me ayudas a acogerte por todo lo que eres: capaz de lo peor, pero sobre todo de lo mejor.
Entre las opciones que dejas a la naturaleza humana, quiero inscribir en mí lo que albergas de más grande que tus crímenes, lo que encierras de promesas, de impulsos y de vocaciones magníficas.
Y con esos colores trazo, como tantos otros, mis caminos de esperanza, los de las duras batallas que aún nos quedan por librar para que la fraternidad, la justicia y la paz puedan seguir vivas frente a la barbarie».
V. MANDAJA
Doctora en Ciencias de la Educación
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[1] Yoga et Sagesse, p. 241
[2] https://bice.org/fr/la-resilience-au-coeur-de-notre-action/quest-ce-que-la-resilience
[3] Véanse las Actas del 11.º Coloquio (2018), Sortir de la violence pour mieux vivre ensemble
[4] https://www.film-documentaire.fr/4DACTION/w_fiche_film/61846
[5] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 209
[6] La Révolution du Monde des Vivants et des Morts, p. 64
[7] La Loi d’Évolution des Âmes, capítulo 14, «Las claves del éxito para llegar a ser libre»
[8] Une Loi pour détruire le Mal, p. 422
[9] L’Unité des Visages de Dieu, p. 197
[10] Véanse las Actas del 12.º Coloquio (2020), Écologie : changeons pour sauver la planète
[11] Une Loi pour détruire le Mal, p. 427
[12] Papa Francisco, Dieu et le monde qui viendra, Michel Lafon
[13] Naturopathie et Yoga, p. 226
[14] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 256
[15] La Réintégration divine par le Yoga, p. 97
[16] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 234
[17] Le Flambeau d’Unité, p. 93
[18] Le Yoga de la Vie pratique, p. 160
[19] https://www.unodc.org/unodc/fr/listen-first/super-skills/respect.html
[20] Le Yoga de la Vie pratique, p. 278
[21] La Révolution du Monde des Vivants et des Morts, p. 344
[22] Véase el Coloquio de 2022 sobre el tema Réinventons la solidarité
[23] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 71
[24] L’Unité des Visages de Dieu, p. 390

