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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 1 – SALIR DE LA VIOLENCIA, UNA PRIORIDAD

Enseñanzas y conferencias

N.º 1 – SALIR DE LA VIOLENCIA, UNA PRIORIDAD

Es un gran honor para mí inaugurar este 11.º Coloquio Internacional del Aumismo, que acoge a todos aquellos que desean contribuir a aliviar a la humanidad de los sufrimientos causados por las múltiples formas de la violencia. Este coloquio, como los anteriores, debe su existencia a Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Fundador del Aumismo, religión de la paz y de la fraternidad.

Su Enseñanza y Su ejemplo permiten a toda persona de buena voluntad, sea cual sea su camino, retomar concretamente el timón de su vida por su propio bien y por el bien colectivo. Una esperanza para todos los que desean contribuir a un cambio positivo, el único que puede conducir a la felicidad de convivir mejor.

La sabiduría de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH aporta este vino nuevo para ayudar a nuestra humanidad a salir de la Edad de la violencia y del sufrimiento, llamada Edad de Hierro en el Aumismo, y a construir la Nueva Era, la Edad de Oro, orientada hacia el amor al prójimo, el servicio, la solidaridad y el compartir.

Salir de la violencia es una prioridad, una urgencia ante las amenazas que pesan sobre la vida de nuestro planeta. La violencia, visible o encubierta, física o simbólica, adopta múltiples formas: violencia armada de las guerras, violencia política, económica, social, comunitaria y psicológica. Está ligada a una toma de poder y pretende resolver un conflicto mediante el sometimiento de la parte contraria. La violencia convierte al otro en un objeto.

En la vida cotidiana, por ejemplo, puede afectar a todas las capas de la población, encerrando a ciertas personas en una supuesta inferioridad (sexismo, racismo, etc.). Se encuentran comportamientos agresivos en todos los ámbitos: el deporte, el trabajo, la escuela… Como escribía Esquilo: «La violencia, al florecer, produce una espiga de desgracia que solo da una cosecha de lágrimas».

Las consecuencias son a la vez físicas y psicológicas: problemas de salud agudos o crónicos, aislamiento social, depresión, absentismo laboral, huida en el alcohol, las drogas o los medicamentos, abandono escolar, delincuencia, etc. Para los niños y adolescentes existe además el riesgo de reproducir en la edad adulta los comportamientos de las víctimas o de los agresores, según el caso.

Por otra parte, el mundo se alimenta sin cesar del fermento de la violencia presente por todas partes en los videojuegos: «¿Cuántos has matado hoy?». Con la mayor audiencia, la televisión y su cortejo de imágenes repetidas sin cesar saturan el inconsciente colectivo. Somos testigos de ello: toda violencia que fragiliza a los individuos fragiliza a la sociedad y obstaculiza el futuro en el plano individual y colectivo. Salir de la violencia es un reto crucial a ojos de todos. Pero a menudo se trata de un proceso largo y caótico, con los métodos tradicionalmente utilizados por los hombres «cuya única ley reconocida es la de la fuerza» (Gandhi).

Afortunadamente, hay avances, tomas de conciencia que hacen más sensibles a los perjuicios causados por violencias de todo tipo. Aunque todavía queda mucho por hacer, el respeto de los derechos del hombre, de la mujer, del niño y hoy de los animales se invoca cada vez más a menudo frente a la violencia. Las iniciativas de diálogo, de solidaridad y de reconciliación se abren camino contra viento y marea.

«Estamos actualmente», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «en un periodo bisagra en el que asistimos a los últimos sobresaltos de la Edad de Hierro y de su violencia, mientras los primeros destellos de la naciente Edad de Oro empiezan a iluminar las conciencias».[1]

Por eso, en este comienzo de la Nueva Era, el auge de las aspiraciones a la paz convive todavía con las tenaces divisiones del pasado. Es necesario, pues, que cada uno, con todas sus fuerzas, tome partido por el amor para que el mundo salga del engranaje de los odios. Y este coloquio contribuye a contemplar soluciones para reducir la violencia en el mundo mediante una verdadera alquimia interior, como enseña Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH.

Ya no se trata de acusar a Dios de nuestras desgracias, sino de reconocer, individual y colectivamente, que todos somos más o menos responsables de lo que sucede en nuestra sociedad y que debemos cambiar de mentalidad y de comportamientos para reducir la miseria del mundo. Este cambio es posible si tomamos conciencia de que la humanidad entera es una sola y misma gran familia. El Aumismo nos recuerda lo que numerosos místicos y guías espirituales enseñan desde hace milenios: estamos en el UNO a través de la multiplicidad, porque lo Divino está presente en cada uno, sean cuales sean nuestras diferencias.

«Sentirse diferente y separado», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «es crear un foso entre uno mismo y la humanidad, es dividir a los hombres en clases, en castas, en países, en religiones y en razas diferentes, es ver las apariencias olvidando que Dios está en cada uno, es darse el precioso pretexto de decir: “yo no soy el otro, así que puedo hacerle cualquier cosa”».[2]

Pero, «si uno siente que el otro es una parte de sí mismo, ¿cómo podría odiarlo de forma duradera, detestarlo, desear su muerte? Al agredir al otro, uno se agrediría, pues, a sí mismo».[3] Precisemos que la actitud no violenta no es una huida ni una cobardía: requiere fuerza.

Siguiendo la estela de Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela, algunas personas luchan hoy sin armas por el respeto de los derechos humanos. Citemos, entre otras, las luchas por más justicia y libertad de Medha Patkar, de Irom Sharmila o de la escritora Arundhati Roy, en la India. Más cerca de nosotros, las del pastor Jean-Paul Nunez y del padre franciscano Alain Richard.

La resistencia mental a la violencia se expresa en la reacción de aquel hombre que escribió, tras perder a su mujer en París en el atentado del 13 de noviembre de 2015: «No tendréis mi odio».

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH enseña el Amor en la Fuerza, título de una de Sus obras. El primer acto de valentía es situarse solo frente a la propia conciencia para aceptar ver en uno mismo los gérmenes de la violencia, a fin de desactivar los pensamientos que cada uno envía, consciente o inconscientemente, al depósito colectivo de la humanidad. Identificarse con el Yo Supremo, con lo Divino, que es Amor, permite salir del surco de la venganza y cultivar la Paz del corazón alimentada por el perdón, «el adorno del soldado de la Paz» según Gandhi, y no una paz escrita con la tinta de la sangre de los hombres.

«Para poner fin definitivamente al odio en todas sus formas», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «hay que restablecer ante todo la propia Unidad con el Dios interior presente en uno mismo y en cada uno.

El ideal de Unidad es, pues, la vía regia que permite liberarse de las presiones del odio, de la violencia y de la intolerancia».[4]

Y al recuperar este sentimiento de unidad, se recupera el sentimiento de unidad con todo lo que vive, porque lo Divino es la Energía de Vida presente en toda la Creación.

Durante este coloquio se desarrollarán puntos de la Enseñanza aumista que muestran que es posible salir de la violencia para convivir mejor, se sea creyente o ateo.

  • Lo esencial para empezar es cultivar la no violencia en uno mismo. Algunos piensan que la violencia solo está en los demás. Otros están convencidos de que cuando cambien las circunstancias exteriores, entonces y solo entonces, podrán transformarse. Nada más lejos de la realidad. Veremos en esta conferencia que cultivar la no violencia y la benevolencia hacia uno mismo y hacia los demás no es ni más ni menos que la decisión personal de «ser el cambio que queremos ver en el mundo», según la fórmula de Gandhi. Se evocarán los medios para lograrlo, cada uno a su ritmo, lo que conlleva la capacidad de perdonar y de desarrollar más tolerancia para aliviar a nuestra humanidad de una pesada carga de guerras y de divisiones todavía inscrita en el corazón de nuestra historia.
  • Esto nos remite al problema de las oposiciones religiosas que actúan en las guerras y del fanatismo expresado en actos de violencia extrema como los atentados. La cuestión esencial, «¿cómo salir de la intolerancia religiosa?», será por tanto el objeto de la conferencia siguiente. Abordará la contribución del Aumismo para ayudar a las religiones a recuperar el sentimiento de fraternidad, el único que puede favorecer la convivencia pacífica de sus diferencias. Esta reconciliación es primordial, porque poner fin a los crímenes cometidos en nombre de Dios es la condición de la paz planetaria.
  • Por otra parte, para convivir mejor en el planeta se impone otra prioridad: salir de la violencia contra la naturaleza. El modo de vida consumista provoca a la vez desigualdades y la destrucción de la biodiversidad. Cada año, por ejemplo, se destruyen 13 millones de hectáreas de bosque, cuando el bosque es indispensable para la vida. Actualmente tomamos conciencia de que la actividad humana sometida a los intereses a corto plazo amenaza al planeta. La comprensión profunda de la interdependencia entre el hombre y los reinos de la naturaleza, que está en el fundamento de la ecología aumista, nos incita a cambiar nuestra mirada sobre el medio ambiente y a movilizarnos in extremis para salvaguardarlo.

Esto exige animar a la ciencia a cambiar de paradigma. Si el hombre quiere vivir en paz de forma duradera, de todas las ciencias que debe aprender, la principal es la de vivir haciendo el menor mal y el mayor bien posibles. Esto se tratará en la conferencia titulada «Reconciliar ciencia y conciencia», que recuerda la frase de Rabelais: «Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma». La ciencia debe salir de su obsesión por querer sustituir a Dios (¡el transhumanismo es hoy un buen ejemplo de creación que puede escapar a su creador!). En el Aumismo, la ciencia de la Edad de Oro es inseparable de una ética moral y espiritual; está al servicio de la vida en todos los niveles.

Por último, abordaremos un tema que nos concierne en todo momento, «Pensar mejor para convivir mejor», con claves que cada uno puede utilizar en su vida cotidiana para salir de las corrientes de odio, de violencia o de fatalismo que son cómplices de las guerras. Gracias al conocimiento del mecanismo del pensamiento creador, podemos favorecer más fácilmente a la vez nuestra felicidad y la de los demás, para contribuir a la paz.

La paz podrá instalarse de forma duradera si los hombres ya no dejan que su mente tome el timón de su existencia, sino que por fin toman ellos el gobierno de su mente. Nuestro deseo más profundo es que cada uno se convierta en un verdadero alquimista interior que destruya las raíces de la ignorancia para iluminar con una luz nueva a nuestra humanidad mediante el matrimonio del Amor y del Conocimiento. Dejemos de ser agentes «dobles», que quieren la Paz pero siguen colocando bombas de relojería en su vida diaria, porque todos somos responsables de lo que sucede en el mundo. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Este coloquio contribuye a contemplar soluciones y, sobre todo, a compartirlas con el mayor número posible de personas para favorecer la transmutación de la hostilidad en Amor.

Para terminar, dejaré la palabra a Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH:

«La UNIDAD conduce al AMOR del mundo entero; el odio solo trae divisiones, guerras, disputas y crímenes».[5]

«Ojalá cambiéis de perspectiva de futuro y os unáis en torno a este Ideal de Unidad, de reconciliación, de perdón, de paz internacional. Cada uno es responsable del futuro».[6]

Que el deseo de paz, el amor y la luz iluminen y guíen a cada uno en su elección.

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V. Bhima

[1] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 208.

[2] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 192.

[3] Ibid., p. 186.

[4] Ibid., p. 186.

[5] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 188.

[6] Ibid.

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