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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 2 – HACIA LA TOLERANCIA RELIGIOSA

Enseñanzas y conferencias

N.º 2 – HACIA LA TOLERANCIA RELIGIOSA

Desde la noche de los tiempos, la humanidad busca al Creador, al Absoluto, a lo Divino, presintiendo que una Fuerza Superior preside la perfección de los engranajes de la naturaleza y del cosmos.
A lo largo de las edades y en todos los continentes, el mensaje de Enviados inspirados dio origen a las grandes religiones y tradiciones espirituales, respondiendo así a las aspiraciones humanas a la Trascendencia.
Con sus prácticas, sus ritos y sus dogmas, cada una aporta su luz particular sobre la noción de lo Divino, a la vez que promueve valores comunes como el amor, el perdón y la compasión.

Pero hay que reconocer que lo que debería haber unido a los seres humanos en torno a lo sagrado ha sido a menudo un factor de intolerancia y de división que ha conducido a las guerras de religión que han jalonado la historia.
Todavía hoy vemos que muchos conflictos tienen un componente religioso.
Por eso abordaremos en esta ponencia la importancia de la tolerancia, definida como «el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos», y considerada una exigencia universal para la paz y la armonía social (UNESCO, Declaración de Principios sobre la Tolerancia, 16 de noviembre de 1995).

Para favorecer las condiciones de una paz duradera en un mundo en crisis, desgarrado por tantas divisiones, se vuelve urgente rehabilitar la función primera de toda espiritualidad bien entendida: unir a los seres humanos con Dios y también entre sí, en la tolerancia y el respeto mutuo.

Esta ponencia consta, pues, de tres partes:

1) Las religiones en los conflictos actuales,
2) La importancia del diálogo interreligioso para tender puentes,
3) La experiencia aumista de la tolerancia.

I – RELIGIONES Y CONFLICTOS ACTUALES

En las últimas décadas, numerosos países de todos los continentes se han visto afectados por violencias con un componente religioso: por ejemplo, Irlanda del Norte, Oriente Medio, la India, Pakistán, China, Nigeria, Birmania…

Hoy, la guerra en Oriente Medio ilustra la complejidad de los conflictos contemporáneos.
Detrás de los intereses económicos, energéticos y territoriales se dibujan antiguas líneas de fractura religiosa, a menudo atizadas por los integrismos.
Muestran hasta qué punto el hecho religioso, cuando se instrumentaliza, puede convertirse en un factor que amplifica las tensiones internacionales.

Al alimentar los sufrimientos insoportables de la guerra, las divisiones, en particular las religiosas, nos interpelan profundamente.

Detrás de los enfrentamientos, son poblaciones enteras las que sufren: familias rotas, exilios forzados, pérdidas irreparables.
Además, en nuestras sociedades globalizadas, ningún conflicto permanece aislado: sus repercusiones traspasan las fronteras y afectan al equilibrio global, económico, social y humano.

Ante esta realidad, los esfuerzos por la paz ya no pueden considerarse una opción, sino una necesidad absoluta. Es una urgencia planetaria.
Este esfuerzo de paz supone un compromiso colectivo, pero también un compromiso personal. No concierne únicamente a los dirigentes políticos o religiosos, sino a cada uno de nosotros.
Pasa por un cambio de mentalidad que, superando los deseos de venganza y de poder, ponga en primer plano la voluntad de ir más allá del odio y de resolver los conflictos sin caer en la inhumanidad.

Esto implica devolver a la espiritualidad su dimensión universal: la que reúne en lugar de dividir, la que recuerda que, detrás de la diversidad de las creencias, existe una aspiración común al amor y a la paz.
Afortunadamente, desde hace varios años, mujeres y hombres de todas las tradiciones trabajan por el acercamiento de las religiones abriéndose al diálogo, a la tolerancia y a la paz.

II – PUENTES ENTRE TRADICIONES: EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

El diálogo interreligioso es una de las palancas más poderosas de comprensión y de tolerancia entre los pueblos.
No es una idea nueva, pero desde el siglo pasado se ha ido imponiendo poco a poco en las conciencias, hasta volverse imprescindible.
He aquí algunos hitos destacados, aunque no exhaustivos:

– En 1893, en Chicago, el discurso visionario de Swami Vivekananda abre el primer Parlamento Mundial de las Religiones y da un formidable impulso a los encuentros interreligiosos.
Recuerda que, pese a sus diferencias, las tradiciones espirituales pueden unir sus voces por la tolerancia, la paz y la justicia, al servicio del planeta.

– En 1964, el papa Pablo VI crea el Secretariado para los No Cristianos, que más tarde se convertiría en el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

– En 1986, en Asís, en un gesto histórico, Juan Pablo II reúne a las grandes religiones para una Jornada Mundial de Oración por la Paz.

– En 1995, la UNESCO lanza un Programa de Diálogo Interreligioso, componente esencial del diálogo intercultural, con el fin de promover el encuentro entre tradiciones religiosas y humanistas.

Hoy, el diálogo interreligioso evoluciona bajo formas diversas:

– Encuentros abiertos a todas las tradiciones, como el Parlamento Mundial de las Religiones.
– Mesas redondas entre responsables religiosos, como la Conferencia de Responsables de Culto en Francia.
– Iniciativas locales impulsadas por asociaciones en las que creyentes de diversas religiones se reúnen para proyectos comunes, acciones solidarias y oraciones compartidas.
– Encuentros interconviccionales, en los que creyentes y no creyentes dialogan para comprenderse mejor.

Pese a las divisiones, estas iniciativas reflejan una evolución positiva de las mentalidades hacia una mayor tolerancia. Constituyen una verdadera apertura hacia la paz.
En esta perspectiva, abordaremos ahora la experiencia aumista de la tolerancia.

III – LA EXPERIENCIA AUMISTA DE LA TOLERANCIA

«El odio a la diferencia hace nacer la intolerancia», dice el Señor HAMSAH MANARAH. [1]
Frente a las violencias generadas por la intolerancia, el Aumismo propone, pues, una vía espiritual fundada en la aceptación y el respeto de las diferencias.

La Unidad en el respeto de las religiones del mundo

En Su recorrido iniciático, el Señor HAMSAH MANARAH experimentó la Unidad divina en el corazón de las tradiciones de Occidente y de Oriente, donde conoció a numerosos Sabios y recibió múltiples iniciaciones. Esta experiencia espiritual Lo llevó a fundar en los Alpes de Alta Provenza el monasterio ecuménico del Mandarom, donde se reúnen templos y estatuas de las diferentes tradiciones, simbolizando, dentro de un mismo conjunto, el respeto de su especificidad. Podréis descubrir este monasterio único en el mundo durante la proyección de la película Sur les Pas du Messie (Tras los pasos del Mesías).

La Unidad en el respeto de las diferentes religiones no se basa en borrar su particularidad, sino en reconocerla con benevolencia. Cada uno es libre de venerar a Dios según su propia comprensión. «Hay muchos caminos que llevan a la fuente de la Bienaventuranza eterna», dice Ramakrishna. «Cada una de las religiones del mundo es uno de esos caminos». No puede haber competencia: cada religión es una búsqueda espiritual que propone sus prácticas particulares para alcanzar la meta común, la fusión en Dios.

Sin embargo, esta libertad va acompañada de la necesidad de acoger fraternalmente los demás mensajes de lo Divino surgidos de una misma fuente de Luz: es lógico aceptar, respetar y honrar la diversidad de los aspectos de lo Divino que se han revelado a la humanidad a lo largo del tiempo.

El único dogma del Aumismo es el de la Unidad de los Rostros de DIOS. Implica la tolerancia religiosa y puede resumirse así: «Dios es Uno, sea cual sea el Nombre con el que se Le designe»; «Son los hombres quienes Lo dividen». [2]

La humanidad debe salir ahora de la violencia nacida del odio a las diferencias y esforzarse por avanzar hacia una nueva Era llamada Edad de Oro: «La sociedad debe recomponerse en torno a los valores de Tolerancia, Unidad, Fraternidad y Solidaridad». [3]

Se trata de ponerse al servicio de este cambio de mentalidad, esforzándose por contribuir con el propio esfuerzo al despertar de una conciencia planetaria cada vez más solidaria y fraterna.
Esta nueva Era no suprime las religiones existentes: las invita a reconocerse entre sí como las diferentes expresiones del mismo Dios.
Este ideal espiritual está representado en el Aumismo por el símbolo de la Hexamide: una pirámide de seis aristas con los colores del arco iris que simboliza las corrientes religiosas de la Tierra, las cuales, en la Edad de Oro, recuperan su unidad al converger y fusionarse en la luz blanca de Síntesis del OM.

En la práctica:

Ser aumista no obliga a renunciar a la propia fe de origen: «Respetables son todas las religiones, con tal de que ayuden al hombre a hacerse cargo de sí mismo y a respetar ciertos valores morales». [4]
Estudiar los textos sagrados permite comprender mejor la propia religión y poner de relieve lo que comparte con las demás:
– La búsqueda de lo Divino: todas responden a la aspiración espiritual de los seres humanos.
– Una ética y unos valores comunes: el amor al prójimo, la benevolencia, el perdón, la sinceridad, la justicia, la humildad, la pureza…
– La presencia de lo Divino en el ser humano: en el cristianismo, «El Reino de Dios está dentro de vosotros»; en el hinduismo, el Atman, el alma individual, es idéntico a Brahman; en el budismo, «La naturaleza de Buda duerme en todo ser»; en el sufismo, «Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor…»
– Todas proponen una misma meta: aunque a veces se olvide o se vele, más allá de los dogmas la meta última es la Unión con lo Divino.

La tolerancia religiosa en el Aumismo se expresa en sus prácticas espirituales.

El Señor HAMSAH MANARAH propone meditaciones individuales o colectivas con títulos evocadores como:
– La «Meditación sobre la Unidad de los Rostros de DIOS»,
– La «Meditación sobre la Unidad de las Religiones» [5],
– Y la meditación «Por la Unidad de las Naciones» [6], compartida durante este coloquio.

Lo Divino bajo Sus diferentes Nombres se celebra en unidad con los creyentes de cada tradición: por ejemplo, en Navidad o en Pascua con los cristianos, en el Wesak con los budistas, etc.
Para clausurar este coloquio, escucharéis también los cantos sagrados del coro aumista, inspirados en múltiples tradiciones. Cada una puede así sentirse respetada.

Estas prácticas permiten desarrollar el sentimiento de la Unidad y hacen irradiar sobre el planeta una energía de tolerancia y de paz. Nos llevan a pensar sinceramente: «Respeto y amo a los peregrinos de todas las tradiciones, sea cual sea su manera de buscar a Dios. Que este sentimiento de Unidad sea compartido por todos los egrégores religiosos, para que progrese el ideal de acercamiento de las religiones de la Tierra». [7]

El respeto de todos los seres humanos con sus diferencias

«Aceptad al otro en su diferencia, porque la unidad no es el aplastamiento de quienes no piensan como vosotros, sino la reconciliación de todos los que piensan de manera diferente, uniendo a la vez sus esfuerzos por un mundo mejor». (Une Loi pour détruire le Mal, p. 427)

En el Aumismo, como en otras tradiciones, lo Divino, llamado también el «Yo Supremo», está presente en cada ser humano, independientemente de su cultura, su religión o su historia.
No estamos separados de Dios. El «Yo Supremo» en nosotros es una presencia luminosa, eterna, más allá de nuestros condicionamientos.
Esta perspectiva cambia nuestras relaciones. Cuando tomamos conciencia del Yo Supremo en nosotros, empezamos también a reconocerlo en los demás, incluso en quien a primera vista nos parece diferente, lejano o incluso opuesto. Las diferencias se ven entonces como otras tantas riquezas que permiten superar las brechas que dividen. Dejamos de ver al otro a través de los filtros de los orígenes, las creencias y los condicionamientos educativos y sociales. Esto nos ayuda a superar las discriminaciones, ya sean los prejuicios sexistas (tanto las mujeres como los hombres acceden a responsabilidades, dirigen oraciones y ofician en los sacramentos) o los prejuicios racistas (los buscadores espirituales son acogidos sea cual sea su origen). Tampoco hay prejuicios hacia los ateos, ya que Dios está presente en cada ser aunque no se Le reconozca.

Esta aceptación de las diferencias es necesaria para la pacificación del mundo: «Los hombres no conocerán la paz y la armonía mientras no hayan desarrollado un mayor respeto por el valor humano de su prójimo», no deja de recordar el Señor HAMSAH MANARAH. «Este respeto deberá traducirse en tolerancia». [8]

OM, la oración que une

«Es mediante la unión en el OM como se efectúa el retorno a la Unidad. No hay que olvidar que cada religión emana, aunque sea imperfecta, del OM Cósmico, que es desde toda la eternidad y al que los hombres llaman con Nombres diversos». [9]
El término Aumismo deriva del sonido primordial AUM, el Verbo sagrado, creador del Universo.
El Sonido OM o AUM se encuentra en el hinduismo, el budismo, el jainismo… pero también en otras tradiciones a través de AMÉN y AMÍN.
Cantar el OM colectivamente es trascender las barreras culturales y religiosas.

Es acceder a un lenguaje sagrado común, sean cuales sean las creencias de cada uno.
El sonido OM es el vínculo entre todas las tradiciones, una vibración divina común compatible con las oraciones propias de cada una.

La vibración del OM, emitida con una intención pura, irradia más allá de quien la pronuncia: toca las conciencias, apacigua las tensiones invisibles y sostiene a las almas que sufren.
La oración mediante el OM no se limita a un acto ritual: es una manera de actuar en Conciencia por la Paz en el Mundo.
Recuerda que la Unidad no es un concepto, sino una experiencia vivida en el aliento, en el corazón, en la vibración común.

EN RESUMEN

A lo largo de este recorrido hemos constatado cómo las religiones, que deberían unir a los seres humanos en torno a lo sagrado, se han desviado a menudo hasta convertirse en fuentes de división.
Sin embargo, más allá de los conflictos y las oposiciones, en todas las corrientes religiosas se alzan voces a favor del diálogo, de los encuentros entre tradiciones y de la paz.

El Aumismo, Religión Universal, mediante su mensaje de Unidad, nos recuerda que detrás de cada Nombre y de cada tradición se encuentra una misma y única Presencia Divina. No se trata de sustituir las demás religiones por una sola, sino de abrir un espacio común donde cada uno pueda orar según su sensibilidad, encontrarse con el otro sin miedo y caminar con él en la tolerancia mutua.
En la vida cotidiana, reconocer lo Divino en uno mismo y en el otro es también trabajar por la tolerancia, la que no se decreta sino que se vive en la mirada, el respeto, la compasión y la oración compartida.
La tolerancia religiosa es la esperanza de una humanidad reconciliada consigo misma y con lo Divino, en la que el OM primordial, con su vibración sagrada que apacigua, reconcilia y eleva la conciencia colectiva, resuena como un canto de Paz que trasciende las tradiciones sin borrarlas y une a las almas.

«Para eliminar los gérmenes de odio y de intolerancia», dice el Señor HAMSAH MANARAH,

«derramad un diluvio de semillas de Luz del Sonido OM.

Este trabajo de alquimia invisible tocará a los seres humanos y a la naturaleza entera,

y así participaréis en la aniquilación del monstruo colectivo del odio». [10]

V. Vidhatri

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[1] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 552

[2] Le Flambeau d’Unité, pp. 418 y 421

[3] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 370

[4] Le Flambeau d’Unité, p. 65

[5] Le Flambeau d’Unité, pp. 417 y 420

[6] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 488

[7] Le Flambeau d’Unité, p. 421

[8] Yoga et Sagesse, p. 257

[9] L’Aumisme, La Doctrine de l’Âge d’Or, p. 35

[10] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 185

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