Se abre en una pestaña nueva

COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 3 – NO VIOLENCIA HACIA LOS DEMÁS – La importancia de la educación

Enseñanzas y conferencias

NO VIOLENCIA HACIA LOS DEMÁS: La importancia de la educación

RESUMEN

«La no violencia con los demás: importancia de la educación». Desde la más tierna edad, la experiencia de un amor sin laxitud, el ejemplo de los adultos, el diálogo y la apertura al mundo preparan al niño para una buena comunicación con los demás, para el respeto de las reglas que facilitan la vida en sociedad y para reacciones sanas ante los conflictos. El respeto de lo Divino en cada uno, que es ante todo el respeto del valor humano de cada uno, sirve de fundamento al sentimiento de solidaridad que se desarrollará al ritmo del niño.

PONENCIA

Es forzoso constatar la magnitud de los problemas de violencia en todos los continentes. La toma de conciencia ha llevado a muchos países a crear herramientas de reflexión para buscar soluciones a las diferentes formas de violencia que inquietan a nuestros contemporáneos. En Francia, por ejemplo, los ayuntamientos se rodean cada vez más de sociólogos con este fin. Este trabajo es, por supuesto, indispensable, pero no suficiente. Es desde la más tierna edad, en el seno de la familia y de su entorno inmediato, cuando el niño integrará la actitud violenta o no violenta que manifestará más tarde como adolescente y como adulto, favoreciendo o perturbando la armonía social.

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, que vino para hacer reinar más Amor en la Tierra, nos aporta una ayuda valiosa con su ejemplo y su Enseñanza. La Religión Aumista aborda este delicado problema de la violencia y propone respuestas eficaces para hacer de un niño un adulto plenamente responsable y factor de paz.

En esta ponencia veremos:

I – LA NECESIDAD DE UNA NO VIOLENCIA BIEN ENTENDIDA HACIA LOS NIÑOS

II – LA NECESIDAD DEL EJEMPLO DE LOS PADRES Y DEL DIÁLOGO

III – LA NECESIDAD DE LA APERTURA A LOS DEMÁS

I – LA NECESIDAD DE UNA NO VIOLENCIA BIEN ENTENDIDA HACIA LOS NIÑOS

No es fácil ser padre o madre, un oficio que no se aprende en la escuela. Nos convertimos en padres con nuestra historia, que puede incluir heridas, fallos y carencias. Pero, sea cual sea nuestro pasado, podemos trabajar para ser mejores y acompañar a nuestros hijos lo mejor posible. Sin esperar a ser perfectos, se trata de tomar conciencia de los comportamientos que podrían perjudicar a nuestros hijos y de dedicarse a corregirlos. No hace falta tener una inmensa fortuna ni un rango social prestigioso para hacer frente a las responsabilidades de educador. Lo importante es crear desde el principio un clima de confianza, porque la experiencia vivida por el niño lo marcará toda su vida.

En Le Yoga de la Vie Pratique, uno de sus primeros libros, el Señor HAMSAH MANARAH explica: «El psiquismo de los niños es comparable a la vez a la película fotográfica y a la cinta de un magnetófono. Registra y almacena todo lo que ve y oye. Toda imagen, todo pensamiento, toda idea lo impresiona, se graba y deja huellas en su inconsciente. Así, las primeras impresiones forman el fundamento de su personalidad y condicionan su porvenir». (p. 268)

Un niño maltratado vive desde el principio en un mundo hostil y, si acumula sentimientos de angustia, injusticia, rebeldía y rencor, corre más riesgo que otros de volverse violento.

«Los padres», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «deberán respetar a su progenie y se abstendrán de todo acto de crueldad y de sadismo hacia ella». (Le Yoga de la Vie Pratique, p. 269)

Al asegurar al niño la vida más sana posible y un horario equilibrado que respete sus necesidades de alimentación y de sueño y los ritmos de su edad para el aprendizaje, los padres demuestran respeto hacia él. Al aceptar al niño tal como es, con sus cualidades por desarrollar y sus defectos por superar, sus gustos personales y su originalidad, los padres le aseguran la seguridad afectiva y la confianza en sí mismo que favorecen una buena relación con los demás. Desvalorizarlo sistemáticamente, culpabilizarlo u obligarlo a entrar en un molde equivale a violentarlo, a romper su entusiasmo y a provocar su agresividad. Desconfiemos también de la posesividad que aprisiona al niño. «Los niños deben evolucionar hacia su propio destino», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH. «Les hemos permitido tener un vehículo de carne, pero no son nuestros bienes». (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 237)

Khalil Gibran escribe en El profeta: «Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida por sí misma».

Esta no violencia educativa no tiene nada que ver con la laxitud, que marca la dimisión de los padres. El amor lúcido desarrolla la fuerza del niño, el valor, la voluntad y la tenacidad que le ayudarán a afrontar las pruebas de la vida. Señalemos que a menudo es la debilidad la que engendra la agresividad.

El Señor HAMSAH MANARAH insiste: «No olvidéis hacer notar al niño que debe exigirse mucho a sí mismo. ¿No dice la sabiduría de las naciones “Ayúdate y el cielo te ayudará”?» (Le Yoga de la Vie Pratique, p. 270) Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH subraya los perjuicios de la laxitud, que suprime las reglas y los límites necesarios para la vida social, citando con humor los consejos dados por la policía de Seattle, en los Estados Unidos, bajo el título «Cómo hacer de vuestros hijos buenos delincuentes». El texto comienza así: «Desde la infancia, dad al niño todo lo que desee. ¡Así crecerá pensando que el mundo entero se lo debe todo!» (Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 241)

Los padres y los educadores tienen la difícil tarea de buscar desde el principio un equilibrio entre no violencia y firmeza para ayudar al niño a estructurarse en la confianza. Pero su papel no termina ahí: son los primeros modelos de su progenie.

II – LA NECESIDAD DEL EJEMPLO DE LOS PADRES Y DEL DIÁLOGO

1) El ejemplo

El Señor HAMSAH MANARAH afirma: «El ejemplo es la más persuasiva de las elocuencias». (Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 243)

En efecto, los adultos que se limitan a aplicar el método de «haz lo que digo y no lo que hago» olvidan que, ante todo, el niño los imita. Si su discurso moralizador contradice su comportamiento, tarde o temprano recibirán los reproches, e incluso el desprecio, de aquellos a quienes creían inculcar valores sin ponerlos en práctica. El buen ejemplo de los adultos en todos los niveles de la sociedad falta cruelmente hoy en día y explica en parte la deriva de una juventud que necesita guías dignos de estima. Evidentemente, dar ejemplo cuesta más esfuerzo que pronunciar discursos. Supone una fuerte implicación de los padres y educadores, que tienen que transformarse y progresar. Las técnicas de trabajo sobre uno mismo propuestas en las obras de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, que permiten verse tal como uno es, cortar con el pasado y dominar las emociones, pueden contribuir a la «autoeducación» de los padres y ofrecerles la posibilidad de empezar de nuevo. Para mantener un clima apacible en la familia, los padres se esforzarán ante todo por combatir lo que puede engendrar reacciones violentas, físicas, verbales o simplemente mentales: la impaciencia, la intolerancia, la ira, los celos, el deseo de venganza, el gusto por el poder y la fijación en los defectos ajenos.

El Señor HAMSAH MANARAH escribe: «El odio entre los padres repercute en los hijos, que contraen el virus del odio parental para transmitirlo a las generaciones futuras con un mal ejemplo desde la infancia». (Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 179)

Es importante que el adulto sepa poner en práctica los valores que desea inculcar al niño:

– ¿De qué sirve predicar el respeto a los animales si echamos a escobazos al perro que pone sus patas embarradas en el suelo recién fregado?
– ¿De qué sirve sermonear a un pequeño pendenciero si al instante siguiente estamos dispuestos a llegar a las manos con un conductor que ha rozado nuestro parachoques?
– ¿De qué sirve pontificar sobre los Derechos Humanos si ponemos mala cara ante el amiguito inmigrante que nuestro hijo trae a casa?

La mejor manera de transmitir al niño los valores que contrarrestan la violencia es vivirlos a su lado: por ejemplo, no excluyendo ni de palabra ni de obra a quienes son diferentes por su cultura, religión, sexo, raza, edad, discapacidad, forma de vida, etc.

El Señor HAMSAH MANARAH nos dice: «Tener con qué vestirse y alimentarse, con qué criar a los hijos y asegurarles un porvenir mejor es una noble y sana ambición. Educarlos en la tolerancia, el respeto de cada uno, el amor verdadero y la ayuda mutua es darles el carácter que hará mejor a la sociedad». (Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 143)

Por ejemplo, los niños aumistas educados en el respeto de lo Divino presente en cada uno son traviesos como todos los niños, pero no son racistas y respetan todas las religiones. Se debe simplemente al ejemplo de los padres, pues no existe ni escuela ni catecismo aumista.

2) El diálogo

Si el niño ve coherencia entre los principios y los comportamientos de los adultos, siente estima y confianza, y eso favorece el diálogo. Es importante dar a cada niño la posibilidad de expresar su opinión y sus sentimientos. Escucharle y hacerle oír otros puntos de vista es demostrarle que nos interesa y que tiene su lugar. Los conflictos que surgen en la familia y entre hermanos pueden así resolverse más fácilmente.

El diálogo permite ayudar al niño a hacer frente a la violencia omnipresente en nuestra sociedad:

– los acontecimientos familiares (divorcio, maltrato insospechado);
– los fenómenos sociales (exclusiones, delincuencia, agresiones, crímenes);
– la violencia en la televisión, etc.

El diálogo permite ayudar al niño a hacer frente a la violencia física y mental que le afecta directamente, ya sea testigo, autor o víctima, por ejemplo en la escuela o en la calle:

– si el niño es la víctima, los padres le enseñarán a perdonar y a reconciliarse, pero también a saber defenderse la próxima vez;
– si es el agresor, le enseñarán a reconocer sus errores, a mirar de frente su propia violencia, a perdonarse a sí mismo, a pedir perdón, a reparar el daño y a no volver a hacerlo.

En todos los casos, los educadores pueden proponer a las niñas y a los niños la práctica de un deporte o de un arte marcial para desarrollar la confianza en sí mismos y transmutar la agresividad.

Progresivamente, los padres pueden enseñar también a su hijo actitudes mentales benéficas para él y para su entorno. Poco a poco, los niños aprenderán a cultivar pensamientos positivos y pensamientos de amor, y a respetar lo Divino en sí mismos y en los demás.

La relación con un adolescente es más fácil si el hábito del diálogo con los adultos se adquiere muy pronto. Manteniendo la escucha y el diálogo, los padres ayudan a sus hijos a atravesar las crisis. Aunque no se puedan encontrar respuestas precisas a los problemas, y aunque el sufrimiento sea a veces inevitable, la presencia, la apertura de espíritu y el amor de los padres protegen de sacudidas demasiado violentas.

III – LA NECESIDAD DE LA APERTURA A LOS DEMÁS

La no violencia se desarrolla a través de nuestra comunicación con los demás: los niños, los compañeros de trabajo, los amigos, los vecinos.

La apertura a los demás comienza en la familia, donde el primer aprendizaje se hace entre hermanos y hermanas: aprender a respetar las diferencias de sexo, edad, carácter y capacidades físicas e intelectuales, y aprender a aceptar las cualidades y los defectos del otro.

Por ejemplo, si un niño al que le va muy bien en la escuela aplasta a su hermano, que tiene dificultades escolares, podrá provocar una reacción agresiva. Si, por el contrario, lo respeta y lo ayuda, provocará una reacción de amor. También en la familia se aprenden la cortesía del corazón, la amabilidad y el tacto, que expresan la atención al otro.

El Señor nos dice (Le Yoga de la Vie Pratique, p. 178): «La cortesía no debe confundirse con la afectación y el histrionismo; exige naturalidad, sencillez y modestia. Es un factor de éxito que no hay que descuidar».

Por ejemplo, un adolescente que quiera quitarle el sitio a su hermano o a su hermana ante el ordenador familiar empujándolo provocará sin duda una disputa; si lo pide con educación, probablemente se llegará a una negociación. La experiencia del respeto mutuo en la familia favorece una buena relación con los demás en la sociedad. Porque, no lo olvidemos, el papel de los padres y educadores es también ayudar al niño a salir de la familia. Fuera de ella, la escuela desempeña un papel privilegiado en la apertura a los demás al reunir a niños de todas las razas, clases, religiones, opiniones y caracteres; por eso no existe escuela aumista. Todo lo que pone al niño en contacto con diferentes visiones del mundo es un enriquecimiento indispensable que genera la no violencia, ya sea:

– mediante lecturas variadas,
– mediante películas y reportajes,
– mediante ciertos programas de televisión.

Los intercambios, los encuentros, los puntos de vista contrapuestos, el aprendizaje de idiomas y, si los medios lo permiten, los viajes ayudan a superar los miedos y las incomprensiones que son fuente de violencia. Se trata de dar al niño el mejor bagaje posible para que se convierta en un factor de Paz.

En conclusión, os leeré esta cita del Señor HAMSAH MANARAH (Le Yoga de la Vie Pratique, p. 277):

«Preparad a vuestros hijos para que lleguen a ser caballeros de la Paz Universal, lo que supone: el cultivo de la no violencia, la ausencia de racismo, la simpatía por todas las naciones, el respeto de todas las creencias y religiones, la mayor tolerancia y el Amor Universal».

Bibliografía (obras en francés):

– Obras de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH

Volver a la página de inicio

El Señor Hamsah ManarahEl Mandarom y sus símbolos
TODAS LAS CONFERENCIAS