COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 3 – TRANSMITIR A LOS JÓVENES EL AMOR A LA TIERRA
N.º 3 – TRANSMITIR A LOS JÓVENES EL AMOR A LA TIERRA
Nuestro planeta Tierra no puede sino alegrarse del tema elegido para este coloquio del Aumismo 2020: «Cambiemos para salvar el planeta». ¿Por qué se alegra la Tierra? Sencillamente porque tenemos en cuenta a las generaciones futuras, un porvenir a largo plazo. Como dice la sabiduría amerindia, «no heredamos la tierra de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos». Y se trata de dejársela en buen estado, de alimentarlos lo mejor posible y de asegurar su salud y su existencia.
Hablaremos aquí de agricultura, ya que es mi campo de experiencia y trabajo la tierra desde hace decenas de años. Educar a los jóvenes exige ante todo darles ejemplo para transmitirles mejor nuestra experiencia. Sí, pero ¿cómo hacerlo?
1. Cambiar nuestro estado de ánimo
2. Cambiar nuestro modo de agricultura
3. Enseñar a los jóvenes el amor a la tierra
Trabajando desde hace 20 años con variedades antiguas de trigo, hemos descubierto una enorme diversidad de altura, de color, espigas barbadas y sin barbas, resistencias al aguacero, al frío, a la humedad, a la sequía, a las enfermedades, diversidad en el sabor del grano de trigo, el olor de la harina, el olor y el sabor del pan. Esta riqueza de la biodiversidad vegetal, como diversidad de las especies, nos abrió la mente a la biodiversidad del reino animal y a la del reino humano. ¡Qué descubrimiento! Y, ya veis, eso nos lleva a centrarnos de nuevo en nosotros mismos y a tomar conciencia de nuestra biodiversidad individual, primero a través de todos los aspectos de nuestra personalidad y después de nuestra humanidad.
Amándonos sencillamente tal como somos, sin ningún complejo, aceptando la polaridad de nuestras cualidades y nuestros defectos, de lo positivo y lo negativo, la alegría y la tristeza, la evolución y la involución, la luz y la sombra, la vida y la muerte, sabiendo que todo está unido y es inseparable, podemos transmutar lo negativo y desarrollar lo positivo… Esto nos permite vivir serenamente cada día. Y nos permite desarrollarnos plenamente respetando la biodiversidad colectiva, empezando por la que vivimos aquí mismo durante este coloquio, aceptando nuestras distintas maneras de pensar.
Pero este estado de bienestar que nos proporciona la aceptación de la biodiversidad, ¿cómo vivirlo en un entorno que se muere porque no se lo respeta?
1 – CAMBIAR NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO
La explotación agrícola intensiva sigue siendo claramente mayoritaria frente a la agricultura respetuosa con el medio ambiente. Los modos habituales de agricultura no respetan la biodiversidad vegetal: por ejemplo, solo se quieren trigos de paja muy corta con espigas muy largas y del mismo color para un rendimiento máximo. Pero el calentamiento global interpela a los agricultores: las fechas de cosecha son cada vez más tempranas, las diferencias de temperatura de un día a otro son flagrantes y toda la vegetación sufre este cambio.
Por otra parte, los agricultores siguen esparciendo en sus tierras los residuos de las guerras (nitratos y pesticidas), que encontramos en el agua del grifo y en nuestros alimentos. Porque, ya veis, si la tierra sabe conservar las fuerzas de vida de la semilla, siendo el mejor granero (lugar donde se conserva el grano), devuelve los venenos a quienes la envenenan.
Estamos ante un engranaje:
– Al utilizar nitratos (abonos explosivos), se dinamizan las plantas sembradas, pero también las plantas competidoras, así que se utilizan herbicidas químicos.
– Nuestros cultivos, alimentados con abonos químicos, desarrollan un sistema radicular superficial y no bajan en profundidad a buscar los oligoelementos que necesitan. Entonces aparece el hongo que ataca nuestras cosechas, y se esparcen fungicidas.
– Con los abonos, nuestras cosechas rezuman savia: el pulgón viene a regular la savia y se utiliza insecticida.
Desde los años sesenta, la agricultura depende de los pesticidas (materias activas de la guerra). Los cultivos drogados en exceso están obligados a producir… ¡pero qué alimentos! La Tierra, nuestra madre nutricia, está contaminada. Por escorrentía, el agua está contaminada. El aire contaminado que respiramos domina los aromas primaverales de la naturaleza. Es la fuente de enfermedades muy graves entre los seres humanos.
Olvidamos que la Tierra es un Ser vivo que reacciona al amor igual que a la violencia. La «revolución verde» que nos enseñaron en mi juventud, después de la guerra de 1939-1945, nos convirtió en explotadores agrícolas, para explotar la tierra. Si bien los rendimientos se dispararon, la experiencia demuestra que ha sido a costa de la calidad de nuestra alimentación y de nuestra salud física y mental. Así vivimos juntos una involución permanente, despreciando la naturaleza. Esta división entre el hombre depredador y la tierra que explota hace pesar sobre el planeta una grave amenaza. Hay que recuperar nuestra unidad con la tierra.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH vino a la Tierra para instaurar una nueva era, la Edad de Oro de unidad. La unidad entre los agricultores y la naturaleza es el regreso a la tierra con un espíritu de intercambio, de compartir, de pensamientos positivos y de amor, donde el trabajo se convierte en un placer, una necesidad, una oración. Sí, pero ¿cómo poner todo esto en marcha?
Todo empieza por una nueva actitud mental
No olvidemos que «sin los vegetales, la vida no sería posible en la tierra»[1]. Consideremos, pues, la agricultura inspirándonos en la Ecología aumista: «El hombre tiene deberes hacia todos los reinos»[2]. Hay que cuidar, por tanto, la tierra viva, preservarla de las sustancias nocivas, tomar lo que necesitamos sin explotarla en exceso; en resumen, dejar de hacerla sufrir. Si damos lo mejor a la tierra, ella nos da a su vez lo mejor.
Productores y consumidores pueden unirse para preservar el planeta mediante la oferta y la demanda de productos cultivados sin violencia, respetando las estaciones y la biodiversidad, sin dar prioridad al beneficio a toda costa. Al elegir cultivar la tierra con benevolencia, desarrollamos nuestro sentido de la responsabilidad frente a las generaciones futuras: programamos nuestro éxito y el suyo.
Los beneficios de la oración
Al orar por las plantas en el campo, en nuestro balcón o en nuestro jardín, las ayudamos a crecer, a desarrollarse y a evolucionar.
El Señor HAMSAH MANARAH enseña:
«La Madre Naturaleza espera de cada uno el respeto de la Ley del compartir, que implica que no se coja una planta sin haber orado antes por su evolución»[3]. «El Sonido OM debe ser el Arca de la alianza entre el hombre y la naturaleza»[4].
El Sonido OM, el Verbo creador, puede repetirse, se sea creyente o ateo, por el mundo vegetal como por toda la creación.
Según el Aumismo, la oración va unida a la acción. Cambiar de estado mental, recuperar la unidad con la tierra y el sentido de la responsabilidad lleva, por tanto, a abandonar con urgencia las prácticas que envenenan los suelos de nuestro planeta.
2 – CAMBIAR NUESTRO MODO DE AGRICULTURA
Es indispensable adoptar prácticas respetuosas con la tierra. Actualmente, agricultores de buena voluntad hacen un esfuerzo por conciliar a la vez la salud de los seres humanos y la de la tierra desarrollando la agricultura ecológica. Nos familiarizamos con las semillas de las plantas nacidas de la tierra. Por ejemplo, el trigo salió de la tierra en el Creciente Fértil, regado por el Tigris y el Éufrates, en Irak, hace entre 12 000 y 15 000 años… Se comprende entonces que el tomate de nuestro huerto no tiene nada que ver con el tomate de los supermercados, que a menudo procede de semillas manipuladas en laboratorio, ni con el tomate cultivado sin suelo.
Algunos ejemplos de prácticas básicas
Estas prácticas son a la vez ancestrales y de futuro. Sepamos que la tierra se alimenta y se cura mediante las plantas.
– Dejemos una tierra sin trabajarla ni sembrarla: se cubrirá de diferentes hierbas. Cortémoslas dejándolas sobre la tierra: el hongo viene a descomponerlas. Después, las lombrices las consumen, las digieren y suben sus excrementos a la superficie del suelo: se obtiene una tierra nueva, perfectamente equilibrada.
– Aprendamos a sembrar plantas que dinamizan la tierra, como la alfalfa, planta de raíz pivotante que descompacta el suelo, capta el nitrógeno atmosférico y lo fija en sus nódulos para que puedan asimilarlo los cultivos siguientes: al cabo de dos o tres años tenemos una tierra muy aireada y fértil.
– Hoy, con el calentamiento global, los jardineros tienen la permacultura, con plantas acompañantes de nuestras plantas cultivadas.
– En los grandes cultivos está la agroforestería, con hileras de árboles que también acompañan a los cultivos.
Quienes trabajan la tierra con amor son factores de armonía, y la tierra se lo devuelve ofreciendo una alimentación sana, fortificante y de una tasa vibratoria elevada. Son ejemplos para las nuevas generaciones, que tendrán que propagar prácticas responsables a gran escala para sanar el planeta. Por otra parte, el amor a la tierra nutricia no concierne solo a los profesionales de la agricultura: concierne a todos los seres humanos, porque es sencillamente el amor a la vida. Y eso es lo que hay que enseñar a los niños, sean quienes sean.
3 – ENSEÑAR A LOS JÓVENES EL AMOR A LA TIERRA
Recuperar el contacto con la tierra
El éxodo rural que hemos vivido y que seguimos viviendo, ya que cada vez hay menos campesinos, nos aleja del campo y, por tanto, de la tierra. Algunos niños solo conocen el hormigón. Sin embargo, es sumamente importante poner las manos y los pies en la tierra, sabiendo que también despierta nuestras fuerzas de Vida dormidas. La tasa vibratoria del lugar aumenta y, con ella, la de todo lo que vive en él, incluidas las plantas. Podemos enseñar todo esto a un niño en el balcón de nuestro piso, con una gran jardinera de tierra, en un huerto instalado en la azotea de un edificio o, por supuesto, en el campo. Por suerte, en las ciudades se hacen esfuerzos con huertos puestos a disposición de los vecinos.
Desde pequeño, el niño aprende entonces a cuidar las plantas y a tratarlas como amigas: «Su evolución, su desarrollo y la duración de su vida dependen de los tratos físicos y psíquicos a los que se las somete, dice el Señor HAMSAH MANARAH. Nuestros cuidados afectuosos y nuestro amor les son necesarios»[5]. Lo que el niño vive en su infancia lo impregna para toda la vida, y más adelante le parecerá natural preservar su entorno.
Abrirse a los valores de la Edad de Oro
Debemos transmitir a las nuevas generaciones nuevos «saber hacer» que se apoyan en nuevos «saber ser».
«Preparad a vuestros hijos para que se conviertan en caballeros de la paz universal, enseña el fundador del Aumismo. Esto supone cultivar la no violencia, la ausencia de racismo, la simpatía hacia todas las naciones, el respeto de todas las creencias y religiones, la mayor tolerancia, el amor universal»[6].
El amor universal es el que abarca a todos los seres humanos y también a todos los reinos de la naturaleza en su maravillosa biodiversidad. Educados así, los jóvenes se sienten a la vez ciudadanos de su país y ciudadanos de su planeta. Aprenden a proteger, con el pensamiento, la oración y la acción, la tierra de todos los seres humanos del mundo. Así que, ya veis, preparémonos para acompañarlos, compartiendo con ellos nuestra experiencia en la materia. ¿No es esto algo lleno de esperanza para el futuro, para contribuir a salvar el planeta? Entonces nos deseamos: «¡Ánimo!»
S. Ekatma
Presidente de honor de una asociación de protección de los vegetales
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[1] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 194.
[2] Une loi pour détruire le mal, capítulo I, p. 28.
[3] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 255.
[4] Ibid., p. 259.
[5] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 195.
[6] Le Yoga de la vie pratique, p. 277.

