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CONFERENCIA

N.º 5 – EL TRABAJO SOBRE UNO MISMO: HACIA UNA HUMANIDAD AUMENTADA

Enseñanzas y conferencias

N.º 5 – EL TRABAJO SOBRE UNO MISMO: HACIA UNA HUMANIDAD AUMENTADA

El sueño de un Ser Humano aumentado…

Desde hace algunos años, el transhumanismo se ha impuesto en el debate público con su proyecto de Hombre aumentado: se trata, utilizando los avances científicos y tecnológicos y la IA, de «mejorar al ser humano» (considerado imperfecto, incluso deficiente), de amplificar sus capacidades físicas o cognitivas e incluso de crear capacidades nuevas mediante modificaciones genéticas o bioquímicas, la incorporación de prótesis como los exoesqueletos o una hibridación hombre-máquina cuyos primeros indicios ya vemos aparecer…

Frente a esta visión del ser humano, dictada en gran medida por el deseo de omnipotencia de una minoría de la alta tecnología y por las fantasías egocéntricas de algunos multimillonarios, el Aumismo propone la de un Ser Humano capaz de aumentarse a sí mismo en amor y en generosidad, y de elevar también su conciencia… mediante un proceso de transformación interior, un verdadero «trabajo» que permite realizar la plenitud de nuestro ser y expresar la esencia Divina presente en cada una y cada uno, y convertirse así en un mejor canal para «ayudar a la humanidad».

He aquí algunos aspectos de este trabajo sobre uno mismo…

APRENDER A CONOCERSE

Según el antiguo adagio «Conócete a ti mismo», el trabajo sobre uno mismo, gran «clásico» de todas las religiones y corrientes espirituales, empieza a menudo con una fase de introspección, aunque no puede reducirse a ella. Precisemos de entrada que no es asimilable a una psicoterapia ni a un psicoanálisis. En realidad, mucho antes de los descubrimientos de Freud, los grandes maestros espirituales hindúes y budistas, al igual que los Padres del desierto cristianos, ya se dedicaban a iluminar esa parte oscura de nuestro psiquismo que escapa a nuestro control y que llamamos el inconsciente.

ARMONIZAR EL CONSCIENTE Y EL INCONSCIENTE

Una vez sacados a la luz los miedos, los deseos y otros resortes ocultos que, sin que lo sepamos, nos hacen repetir los mismos errores, fuente de sufrimiento para nuestro entorno y para nosotros mismos, el trabajo sobre uno mismo no consiste solo en tomar nota de ellos, sino en emprender un verdadero recorrido de transmutación.

Esto, por supuesto, para sentirnos más armoniosos, pero también y sobre todo para no herir a los demás ni provocar repercusiones negativas en nuestros allegados y, más allá, en la sociedad, el país y el mundo en que vivimos…

HONESTIDAD, SINCERIDAD, HUMILDAD

Semejante empresa implica un mínimo de sinceridad y de honestidad:

en primer lugar con uno mismo, para no caer en la trampa de la culpa y de los incesantes reproches a uno mismo; o, a la inversa, en la autosatisfacción, el sentimiento de superioridad y la negativa a cuestionarse, culpando siempre al otro o a la sociedad. En resumen, una justa autoestima: ni demasiada ni demasiado poca.

Sinceridad también con nuestros hermanos y hermanas en humanidad…

Ambas cosas están ligadas: aceptar al otro, comprenderlo y amarlo supone aceptarse, comprenderse y amarse a uno mismo.

Porque el trabajo sobre uno mismo, más allá de la introspección y del análisis, no se limita a la búsqueda de un bienestar individual, sino que aspira a una transformación benéfica, feliz y altruista de nuestros sentimientos, pensamientos, comportamientos y actos hacia el «prójimo», sea quien sea.

Para toda persona deseosa de ayudar a la Humanidad hoy siguiendo esta Vía exigente, se tratará primero de perseguir sin descanso el odio, el rencor, los celos, la crítica malintencionada, el desprecio… todas esas «pasiones tristes» que obstaculizan en nosotros el florecimiento de lo que se llama unas veces Caridad, otras Compasión o Amor, en su dimensión universal y sin límites, que caracteriza al «Ser Humano aumentado» en el sentido en que lo entendemos.

En esta empresa, considerar los propios defectos no es ni fácil ni cómodo. Es incluso francamente incómodo cuando salen a la superficie aspectos de la propia personalidad que uno habría preferido no ver. Anandamayi Ma, gran santa de la India contemporánea, solía decir que «es cuando se limpia una charca cuando peor huele»…

EL COMBATE ESPIRITUAL

Por eso todas las religiones y tradiciones describen este «trabajo», que compromete la totalidad de nuestro ser, como un verdadero «combate», y lo asocian a la noción de esfuerzo:

  • En el islam, es el «gran yihad» librado en el interior de uno mismo, frente al «pequeño yihad», exterior. Señalemos que la palabra «yihad» significa precisamente «esfuerzo».
  • En el judaísmo, es la batalla entre el «alma divina» y el «alma animal» para transmutar el mal en bien.
  • En el cristianismo, se habla de «purificar la parte pasional del alma».
  • En el hinduismo, se trata de vencer al «papa purusha», el «hombre de pecado» que cada uno lleva dentro…

En el Aumismo, el Señor HAMSAH MANARAH describió este combate en un poema del que ofrecemos aquí algunos fragmentos:

«¡Amo la guerra, amigos míos!

¡Amo la guerra! Amo la guerra a uno mismo.

Amo también a quienes la libran;

Pero la guerra sin fusil ni cañón,

Ni bomba ni máquinas de guerra

Que hieren la carne y derraman la sangre de los inocentes.

Mi guerra, la que yo prefiero,

Es la guerra silenciosa sin proyectiles;

Es la guerra al egoísmo, a la envidia, a los celos,

Es la guerra a la separatividad, a la mediocridad, a la intolerancia,

Es la guerra en el Amor y no en la indiferencia.

(…)

La guerra, sin embargo, sin tregua,

Que repercute en la Paz internacional

Y en la armonía Universal». [1]

Este combate silencioso debe proseguirse día tras día sin desanimarse… Un místico musulmán decía que le habían hecho falta doce años para desatar su cinturón de orgullo, otros doce para desatar el del egoísmo, etc. Una religiosa ortodoxa hablaba, por su parte, de veinte años para vencer los pensamientos malintencionados hacia sus hermanas…

De ahí la importancia que se concede a la paciencia y a la perseverancia en todas las corrientes religiosas. He aquí lo que escribe a este respecto el Fundador del Aumismo, que nos invita a no relajar nunca nuestros esfuerzos:

«El miedo a avanzar ata a la ilusión; por eso no hay que huir del esfuerzo que se debe realizar, porque el Guía muestra el camino, pero no puede recorrerlo en vuestro lugar». [2]

«GUARDA DEL CORAZÓN» Y «POLICÍA DE LOS PENSAMIENTOS»

Para Evagrio Póntico, ermitaño cristiano del siglo IV, este combate espiritual empieza por la guarda del corazón: «Sé el portero de tu corazón y no dejes entrar ningún pensamiento sin interrogarlo. (…) Dile: ¿Eres de los nuestros o de nuestros adversarios?» [3]

Cuando nuestro Maestro espiritual pregunta a un discípulo: «¿En qué piensas?», lo invita a «congelar la imagen» para tomar conciencia de la naturaleza de su pensamiento del momento, analizar cómo le ha llegado y qué lo ha precedido, es decir, remontar la cadena de las asociaciones; y también a aprender a distinguir los pensamientos que proceden de nosotros de los que vienen del exterior, pero encuentran eco en nosotros…

Según BUDA, el pensamiento justo forma parte del óctuple Sendero que conduce al cese del dolor. En el contexto del Aumismo, se pone el acento en la importancia de nuestra actitud mental durante nuestras diversas actividades a lo largo del día, y sobre todo en el momento de la meditación, de la oración y de la repetición de los mantras…

En efecto, cuanto más aumenta nuestra capacidad de concentración con la práctica de los ejercicios espirituales, más aumenta también nuestra responsabilidad hacia los demás, la Humanidad y el Universo. Por eso el Señor insiste en que cada uno practique una verdadera «policía de los pensamientos», que consiste no solo en rechazar y anular el mal pensamiento que nos atraviesa, sino también en sustituirlo por un pensamiento benevolente, luminoso, un pensamiento de bendición, para no añadir más violencia y sufrimiento al mundo. Él escribe:

«Pensar es actuar, y la acumulación de pensamientos de odio, de ira y de destrucción, por secretos que sean, crea una “nube” invisible destructora que, tarde o temprano, hará llover revoluciones, guerras o catástrofes sobre una ciudad, una región, un país o varios continentes (…) A la inversa, los pensamientos generosos de amor, de paz, de armonía y de progreso espiritual propagan la felicidad y tonifican a quienes los reciben».

«Todos los seres humanos deben ser puestos ante las consecuencias de la elección de sus pensamientos. (…) Si cada uno de nosotros hace el esfuerzo suficiente para purificar su corazón, eliminar la hostilidad y aprender a amar al prójimo… es posible contribuir, con todos los hombres de buena voluntad, a crear las condiciones de la Felicidad definitiva». [4]

ELEGIR LO QUE ALIMENTA NUESTRO ESPÍRITU

Este trabajo va de la mano de elecciones que «nutren» nuestra mente y nuestros afectos en un sentido evolutivo a través de lecturas, películas o músicas, así como de compañías, que nos enriquecen y nos elevan. Del mismo modo que evitamos un alimento en mal estado o tóxico, tenemos el poder, y el deber, de elegir lo que alimenta nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestros estados de ánimo.

Tomemos el ejemplo de la actualidad: no se trata de aislarse de la marcha del mundo, sino de saber resistir a la fascinación de las imágenes que se repiten en bucle, al frenesí mediático y al «ruido» de las redes sociales; de no volverse «adicto» a las noticias como a una telenovela nociva en la que cada nuevo episodio destila su parte de crueldad, de catástrofes y de desencanto. Aquí intervienen las técnicas enseñadas por el Fundador del Aumismo para evitar ciertas influencias negativas de los medios…

Demos un paso más: con nuestros pensamientos positivos y nuestras oraciones podemos incluso ayudar a los gobernantes a tomar buenas decisiones, en lugar de alimentar críticas y sentimientos hostiles hacia ellos, como tendemos a hacer con demasiada frecuencia.

DOMAR LA IMAGINACIÓN

«Cuando el pensamiento va acompañado de un cine mental, se dice que el alma acaba de montar el caballo galopante de la imaginación». [5]

Entonces los deseos insatisfechos se exacerban e invaden la mente, ya se trate de fantasear con el último objeto conectado de moda o con la mujer del vecino, o de codiciar el dinero, el poder o un territorio… Es esta imaginación desordenada, que puede conducir a los peores excesos, la que hay que controlar, y no la facultad creadora puesta al servicio de lo Bello y del Bien.

PURIFICAR EL PROPIO «DOBLE»

En Sus 22 Libros, el Fundador del Aumismo ofrece multitud de medios prácticos para escapar de los múltiples determinismos que impiden nuestra evolución… Una de estas llaves merece una atención especial: la purificación del doble. ¿De qué se trata?
En todas las épocas, los mitos, los cuentos, la literatura y las religiones han aludido de forma más o menos clara a ese enemigo interior que se llama el doble.
En el hinduismo, los iniciados avezados se esfuerzan cada día por transmutar el «hombre de pecado», descrito como un homúnculo tenebroso en su interior.
En el contexto cristiano, Racine lo formula así:

«¡Dios mío, qué guerra tan cruel!

Encuentro dos hombres en mí:

Uno quiere que, lleno de amor por ti,

Mi corazón te sea siempre fiel;

El otro, rebelde a tu voluntad,

Me subleva contra tu ley.

(…)

¡Ay! En guerra conmigo mismo,

¿Dónde podré hallar la paz?

Quiero, y nunca lo cumplo.

Quiero; pero (¡oh miseria extrema!)

No hago el bien que amo

Y hago el mal que aborrezco». [6]

El Señor HAMSAH MANARAH hace la misma constatación:
«A menudo, los hombres y las mujeres se preguntan por qué hacen lo contrario de lo que quieren. A menudo, cada uno se siente desgarrado entre el deseo de avanzar y los frenos que impone una parte de sí mismo». [7]

Lo propio del Aumismo es aportar una luz nueva sobre este doble, que en realidad está ligado al karma y que, si no se combate, nos empuja al autocastigo y a la autodestrucción, y puede reactivar ciertos malos hábitos, o incluso perversiones, que teníamos en nuestras vidas anteriores.
Las técnicas de purificación del doble kármico son un poderoso motor de transformación. Con su práctica regular, cada uno puede liberarse del pasado, remodelar su futuro y salir «del sufrimiento de ser dos en una misma individualidad», porque «es preferible ser UNO con DIOS que dos, lejos de DIOS». [8]
Toda persona comprometida en un trabajo sobre sí misma, sea cual sea su Camino, sacará provecho de estas enseñanzas, que permiten acceder a la libertad interior dejando florecer el amor a Dios, a los demás y al mundo.

LUCHAR CONTRA EL DESÁNIMO

En un proceso de trabajo sobre uno mismo, la tentación del desánimo es frecuente, en particular porque nos enfrentamos a nuestros «monstruos interiores». El desfase entre el yo ideal y los aspectos poco brillantes (incluso aterradores) de uno mismo es una de las principales causas del desánimo en el sendero espiritual. Ya se llame tristeza, derrotismo o cansancio, el desánimo solo tiene un objetivo: detenernos en nuestra evolución, impedir que se alcance la Meta.

«A todo el mundo le ocurre conocer períodos de desánimo», escribe el Señor HAMSAH MANARAH, «pero estos momentos se hacen cada vez más raros a medida que progresamos. Acaban desapareciendo con la armonización completa de la personalidad y el pleno florecimiento del sentimiento de la Unidad». [9]

Subrayemos que el desánimo nunca viene de Dios: la Palabra divina siempre anima. Por eso el mejor remedio, cuando uno está desanimado, es encomendarse a lo Divino y conservar siempre la confianza en Él. No dudemos tampoco en pedir y aceptar la ayuda de otra persona, porque si el desánimo es contagioso, el ánimo también lo es.

CULTIVAR LA BENEVOLENCIA Y EL ESTADO DE ALEGRÍA

A menudo, los defectos de los demás nos irritan tanto que, en lugar de bendecirlos y orar por ellos, como nos enseña el Aumismo, los encerramos en una visión negativa que puede incluso convertirse en hostilidad. Es necesario, pues, reflexionar sobre nuestra propia actitud (cf. la parábola de la paja y la viga: «¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?», Lucas 6:41).

Si cada uno acepta tres defectos en el otro, considera primero sus cualidades y recuerda que Dios reside en todo ser, será posible vivir en armonía.

En cuanto al estado de Alegría, es la «firma» de nuestro estado de Unidad con lo Divino y con el Mundo en que vivimos. Tiene repercusiones benéficas no solo en nuestro entorno inmediato, sino en la Humanidad entera… Si ponemos en práctica la célebre oración de san Francisco de Asís, «donde haya tristeza, ponga yo alegría», contribuiremos a un mundo mejor y a la felicidad de los seres humanos.

«ENGANCHAR EL ARADO A UNA ESTRELLA»

Si el trabajo sobre uno mismo es un combate, este adopta dos formas: luchar contra (los propios defectos, los malos pensamientos, el doble, etc.) y luchar por. En general, luchar por cultivar las cualidades opuestas a nuestros defectos, por perdonarnos a nosotros mismos y a los demás, por fortalecer la voluntad y la paciencia, desarrollar más escucha, empatía y sentido del compartir, ampliar nuestra capacidad de amar y desarrollar el sentimiento de Unidad con todos los seres vivos y con Dios.

Importa no identificarse con los aspectos negativos o limitantes de nuestra personalidad, sino centrarse en el Yo Supremo, el Alma inmortal, afirmando a menudo nuestra Unidad con la Conciencia Divina.

A MODO DE CONCLUSIÓN: ¿HACIA UNA HUMANIDAD AUMENTADA?

Antonio Gramsci, filósofo y político italiano, ya observaba el siglo pasado: «El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los monstruos». [10]

Enfrentados hoy a los múltiples monstruos que se llaman guerras, golpes de Estado, discursos de odio y de intolerancia, saqueo de los recursos, egoísmo de los Estados que cierran sus fronteras o de los superricos frente a la pobreza, el ideal de una Humanidad capaz de más amor, solidaridad y compartir puede parecer lejano, incluso inalcanzable…

No perdamos de vista, sin embargo, todo lo que, aunque sea a pequeña escala, va en la buena dirección, ya sea en el ámbito social o ecológico, el lugar de las mujeres, la evolución del pensamiento y de las leyes sobre los animales, la noción de «bienes comunes», las nuevas formas de justicia, las iniciativas de paz, el diálogo interreligioso, etc. En todo el planeta, «vigías», hombres y mujeres de todas las edades, mueven las líneas y, con paciencia y sin eco mediático, acogen, se ayudan, reparan, inventan y preparan un mañana mejor.

A la pregunta «¿Cómo ayudar hoy a la humanidad?», el Fundador del Aumismo responde: «El servicio a la humanidad supone la mejora de nuestro propio valor humano y espiritual». [11]

Y oímos como un eco las palabras atribuidas al Mahatma Gandhi: «Para cambiar el mundo, hay que empezar por cambiarnos a nosotros mismos».

En el trabajo sobre uno mismo, cada pequeño paso cuenta y puede marcar una diferencia significativa. «Vosotros sois la sal de la tierra», dice JESÚS a sus discípulos. Como la levadura en la masa, quien se mejora a sí mismo mejora a toda la Humanidad. De la suma de las tomas de conciencia, los esfuerzos y los cambios individuales puede surgir una transformación colectiva en esta aurora de la Edad de Oro.

V. AKSHARA
Autora, titulada en lenguas orientales

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[1] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 307

[2] L’Aumisme, La Doctrine de l’Âge d’Or, p. 69

[3] Antoine Guillaumont, Un philosophe au désert : Évagre le Pontique, Vrin, 2004

[4] L’Aumisme, La Doctrine de l’Âge d’Or, p. 310

[5] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 397

[6] Jean Racine, fragmentos de « Plainte d’un chrétien… », Cantiques spirituels, 1694; Gallimard, 1999

[7] Le Flambeau d’Unité, p. 405

[8] Le Flambeau d’Unité, pp. 12 y 13

[9] Le Maître spirituel et le disciple, p. 288

[10] Antonio Gramsci, Cahiers de prison, Gallimard, 1996

[11] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 292

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