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CONFERENCIA

N.º 6 – LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE SEGÚN EL AUMISMO: UN NUEVO ENFOQUE DEL RETORNO AL EQUILIBRIO

Enseñanzas y conferencias

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE SEGÚN EL AUMISMO: UN NUEVO ENFOQUE DEL RETORNO AL EQUILIBRIO

Dos razones han guiado la elección de este tema.

Por una parte, el miedo a la muerte es la emoción más desequilibrante para un ser humano. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH se encarnó para ayudarnos a recuperar la serenidad. Con infinita Compasión, repite a cada uno de nosotros: «No tengáis ya miedo a la muerte.»

Por otra parte, la perspectiva del más allá que propone el Aumismo garantiza el retorno al equilibrio para todos.

A lo largo de esta ponencia responderemos, pues, a las siguientes preguntas:

1. ¿Qué son la muerte y el más allá según el Aumismo?

2. ¿Cómo puede la vida en ese más allá, llamado Columna de Luz, garantizar el retorno al equilibrio individual y planetario?

3. ¿En qué nos incita este Conocimiento del más allá a conquistar nuestro equilibrio aquí y ahora?

I. LA MUERTE Y EL MÁS ALLÁ SEGÚN EL AUMISMO

«La muerte no es más que un cambio de estado»,[1] dice el Señor HAMSAH MANARAH.

«La escala de los reinos está sometida en su conjunto al principio de muerte, que permite pasar de una etapa inferior a una etapa superior de evolución.»[2]

Esto lo ilustra la Pirámide evolutiva, que evoca el recorrido de la conciencia desde el reino mineral hasta los reinos humano y divino.

El poeta sufí Rumi escribe con razón: «Morí como mineral y me convertí en planta. Morí como planta y reaparecí en un animal, morí como animal y me convertí en hombre. ¿Por qué habría de temer? ¿Cuándo me ha disminuido la muerte?»

Para un ser humano, el cuerpo físico es como un abrigo que deja al final de una encarnación para tomar otro nuevo y proseguir su ascenso hacia la Divinización, el peldaño superior de la Evolución.

Tras abandonar el cuerpo, el alma sigue evolucionando en un más allá llamado «la Columna de Luz».

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH creó en el plano astral esta Columna de seis ramas para acoger y ayudar a las almas: «Aunque es invisible a los ojos físicos de los humanos, es muy real», dice. «Su edificación es el resultado de un gigantesco trabajo vibratorio que ha almacenado miles de millones de sonidos sagrados, mantras y oraciones.»[3]

Todos los seres humanos, sea cual sea su rango social o su pertenencia religiosa o ideológica, están concernidos por este «Reino del más allá».

Aquí se plantea la pregunta:

II. ¿CÓMO PUEDE LA COLUMNA DE LUZ GARANTIZAR EL RETORNO AL EQUILIBRIO INDIVIDUAL Y PLANETARIO?

En primer lugar, aporta una ayuda individual para que cada uno recupere su equilibrio.

Recuperar el equilibrio es librarse de la carga, más o menos pesada, de egoísmo, de odio y de rencor que convierte al individuo unas veces en víctima y otras en verdugo, y que le hace dar vueltas en el engranaje de los sufrimientos.

Cada rama de la Columna de Luz comprende 21 planos que corresponden a niveles de conciencia, en los que las almas se sitúan según su grado de evolución.

La Columna de Luz «desempeña el papel de una gigantesca universidad astral alrededor de la Tierra».[4] Funciona como una escuela: a cada plano le corresponde un trabajo particular, y el alma solo puede acceder al plano superior si es capaz de poner en práctica la Enseñanza del anterior.

Para más detalles sobre el recorrido del alma después de la muerte, os remito al libro de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH La Révolution du monde des vivants et des morts.

A grandes rasgos, el alma debe primero librarse de lo que le impide evolucionar, por ejemplo la sequedad del corazón y del intelecto.

Después debe conquistar el derecho a encarnarse cultivando el amor universal, el servicio desinteresado y la capacidad de orar en Unidad.

Solo las almas que han conquistado un equilibrio personal que les permite avanzar hacia la Unidad son seleccionadas para volver a la Tierra: una nueva encarnación es una recompensa que hay que merecer.

Este retorno al equilibrio individual repercute en el retorno al equilibrio planetario.

¿Por qué?

Porque tenemos la seguridad de que los humanos llenos de odio no volverán a la Tierra para ejercer su violencia destructora. En adelante, después de la muerte, las almas apegadas a la división y a la venganza permanecen en aprendizaje en la Columna de Luz hasta que cambian de mentalidad. ¡Pueden quedarse allí años, o siglos si es preciso![5]

He aquí un ejemplo que explica el papel de la Columna de Luz en el regreso de la paz religiosa:

«En la Tierra», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «las guerras tienen a menudo su origen en disputas interreligiosas, o bien en un trasfondo religioso con el que se identifican la nación o las naciones en conflicto. Las almas se ven así empujadas, a su pesar, al horno de la intolerancia, del odio, de la crueldad y de los crímenes cometidos en nombre de Dios, ¡lo cual es el colmo! La experiencia del 3.er mundo de la Columna de Luz está hecha, pues, para curar definitivamente a las almas de su sectarismo y de su fanatismo, y para obligarlas a concebir la unidad de las religiones que corona la Unidad de los Rostros de Dios.»[6]

En efecto, en este 3.er mundo de la Columna de Luz se reúnen almas de todas las religiones, que deben aprender a vivir juntas, puesto que Dios es el mismo para todos y está presente en cada uno. Cuando vuelvan a la Tierra, habrán aprendido el respeto y la tolerancia, y ya no podrán ser fanáticas ni sectarias.

Así, cuanto más avancemos en el tiempo, más serán reemplazados los humanos que mueran por humanos que pongan en práctica las Leyes de la Edad de Oro aprendidas en la Columna de Luz. La Tierra se irá repoblando poco a poco de hombres y mujeres capaces de unirse, de respetar lo Divino en cada uno, de proteger juntos su planeta y de seguir trabajando sobre sí mismos para no recaer en sus defectos.

Las almas entrenadas en el trabajo sobre sí mismas serán cada vez más numerosas en alcanzar la perfección, la divinización: se reencarnarán para ayudar a la humanidad entera a recuperar y conservar su equilibrio.

La Columna de Luz es, pues, una de las claves del retorno al equilibrio planetario.

Su creación forma parte de la inmensa Obra del MESÍAS para permitir a nuestra humanidad cambiar de Ciclo, pasar de la Edad de los sufrimientos a la Edad de la paz, de la Edad de las divisiones a la Edad de la solidaridad.

Hace posible la necesaria revolución de las mentalidades, la única que puede salvar la Tierra.

Lo que hay que retener es la continuidad del esfuerzo humano, tanto en la Tierra como en el más allá.

Por supuesto, es un trabajo de largo aliento que va a llevar algunos siglos. Pero tiene como meta «una humanidad reconciliada, unida en la Edad de Oro, que ha de durar cientos de milenios».[7]

Esta Enseñanza nos remite inevitablemente a la necesidad de emplear bien nuestra existencia aquí y ahora.

Nuestro último punto será, pues:

III. VIVIR BIEN DESPUÉS DE LA MUERTE ES, ANTE TODO, VIVIR BIEN EN LA TIERRA

Vivir bien es desarrollar lo mejor de uno mismo y esforzarse por estar en armonía consigo mismo y con los demás. Es el camino de una felicidad verdadera.

Los progresos que realizamos aquí y ahora aligeran nuestra estancia en la Columna de Luz y nos permiten reencarnarnos mucho más rápido.

De nuestra vida en la Tierra depende nuestra vida en el más allá

¿Qué es, entonces, lo importante?

Mejorarse a uno mismo y contribuir a mejorar el estado del mundo

Es una urgencia para cada uno. Ambas cosas están unidas: «El equilibrio», dice el Señor, «solo puede encontrarse buscando el equilibrio del mundo».[8]

Aprender a perdonar

Perdonarse a uno mismo y perdonar a los demás alivia del mal del que uno ha sido autor o víctima. Permite pasar la página del pasado y avanzar libre de todo rencor y de toda culpa. Si no hacemos el esfuerzo de perdonar en la Tierra, tendremos que hacerlo en la Columna de Luz.

Cultivar el desapego

Permite al alma avanzar más rápido y con más libertad.

«Aprended en vida a no ser más que los administradores provisionales de los bienes que la Providencia ha puesto en vuestras manos», dice el Señor. «Sabed que los bienes se quedan en la tierra y que nunca os llevaréis otra cosa que la oración a la vida después de la muerte.»[9]

Y añade: «De tu ardor en orar en unidad puede depender el privilegio de la reencarnación rápida.» Orar es reencontrar y mantener la propia Unidad con Dios. La separación de Dios, presente en uno mismo y en cada uno, es la fuente profunda de todos los desequilibrios y de todos los obstáculos para la evolución.

Desarrollar el dominio de uno mismo

El dominio de uno mismo es útil en la vida cotidiana y nos ayuda especialmente en el momento de la muerte.

La costumbre de controlar las emociones y la respiración permite superar el miedo el día de la muerte.

La costumbre de controlar los pensamientos, de ahuyentar los pensamientos parásitos y de concentrarse ayuda, en los últimos instantes, a concentrarse únicamente en Dios, en el Sonido OM.

«El hombre que en el momento de la muerte piensa en Dios llegará a Dios.

Los últimos pensamientos de una vida humana determinarán el nivel de evolución al que llegaremos en la Columna de Luz.»[10]

Lo que sabemos del más allá nos permite ayudar a nuestros hermanos humanos

Incluso cuando el Conocimiento da un sentido a la muerte y una meta a la vida, la sensibilidad humana todavía puede ser presa de fluctuaciones que hacen resurgir temores. Hay que aceptarlos para superarlos mejor.

Del mismo modo, la separación de un ser querido sigue siendo uno de los sufrimientos más difíciles de vivir. Hay que aceptar que nos atraviese, sin dejarse desestabilizar por ello.

Podemos superar nuestro sufrimiento para prestar ayuda.

Sabiendo que quien va a morir o acaba de morir debe proseguir su evolución en la Columna de Luz, podemos ayudarle con pensamientos positivos, pensamientos de amor y oraciones.

Ayudar a quien está desamparado en el momento de abandonar su cuerpo es un acto de compasión que cada uno debe ser capaz de realizar por sus allegados o por desconocidos, de cerca o de lejos. He aquí, pues, algunos consejos dados por Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH. Pueden ser útiles para todos.

Si hay que ayudar a un moribundo:

  • Evitar toda manifestación de pena es indispensable para preservar una atmósfera apacible.
  • No es el momento de trastocar las creencias de la persona. Hay que elegir decir lo que es compatible con lo que ella piensa.
  • Hablarle con dulzura, aunque solo sea mentalmente, ayudarle a superar la angustia, animarle a perdonar, a orar, a desprenderse de los bienes y los afectos terrenales.
  • Cantarle el Sonido OM en voz alta o mentalmente. El OM es compatible con todas las tradiciones, porque es el primer Nombre de Dios.

Encontraréis los detalles en L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, Le Yoga de l’Amour dans la Force y Yoga et Sagesse, donde el Señor da oraciones para moribundos ateos, cristianos o reencarnacionistas. En el Aumismo no hay barrera entre no creyentes y creyentes de distintas tradiciones: lo Divino está en cada uno como Principio de Vida.

El Sacramento aumista de la Transición (nombre que se da a la muerte) tiene por objeto «ayudar al difunto a comprender mejor lo que le sucede y tranquilizarle en cuanto a su viaje y al ascenso de su alma en la Columna de Luz, reino de la Evolución en la vida después de la vida».[11]

Para ayudar a alguien ante la muerte hacen falta mucha fuerza y mucho amor. Este amor y esta fuerza podemos sacarlos del Amor Divino.

Volvamos a centrarnos en estas Palabras del Señor HAMSAH MANARAH, que nos dice:

«La muerte es un paso adelante hacia la Luz, un paso hacia una nueva esperanza, la de formarse en las leyes de la Nueva Era y renacer en la materia con los ojos abiertos y la mente clara ante las nuevas realidades (…) Cantad el OM y apaciguad todo temor y todo miedo con respecto al fenómeno natural de la muerte.»[12]

Llegamos al final de esta ponencia.

Quizá algunos se sientan un poco desorientados ante esta nueva perspectiva de la vida después de la muerte. Por eso terminaré diciendo lo siguiente.

Pascal escribió: «El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan.» Nos invita a apostar por la existencia de Dios.

Del mismo modo, se puede apostar por la continuidad entre la vida en la Tierra y en el más allá, lo cual incita a un esfuerzo ininterrumpido hacia la perfección:

Si esta continuidad de la evolución más allá de la muerte existe realmente, al creer en ella habéis ganado.

Si no, ganáis igualmente, porque esta creencia os habrá permitido avanzar en la Tierra hacia vuestro equilibrio personal y contribuir, en la medida de lo posible, al equilibrio planetario.

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Bibliografía (obras en francés):

ARIÈS Philippe, Essais sur l’histoire de la mort en Occident, París, Seuil, 1975.

LATI RINPOCHÉ, Jeffrey HOPKINS y Elisabeth NAPPER, La mort, l’état intermédiaire et la renaissance dans le Bouddhisme tibétain, Éditions Dharma, 1979.

MOODY Raymond, La vie après la vie, París, R. Laffont, 1977.

PASCAL Blaise, Pensées, París, Seuil, 1978.

[1] S.S. HAMSAH MANARAH, L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 94.

[2] Ibid.

[3] S.S. HAMSAH MANARAH, Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 286.

[4] Ibid.

[5] S.S. HAMSAH MANARAH, Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 284.

[6] S.S. HAMSAH MANARAH, La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 387.

[7] S.S. HAMSAH MANARAH, La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 395.

[8] S.S. HAMSAH MANARAH, Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 97.

[9] S.S. HAMSAH MANARAH, La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 381.

[10] S.S. HAMSAH MANARAH, L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 108.

[11] S.S. HAMSAH MANARAH, Le Livre des Sacrements de l’Aumisme, p. 330.

[12] S.S. HAMSAH MANARAH, L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 339.

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