COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 6 – UNA EVOLUCIÓN PERSONAL AL SERVICIO DEL PLANETA
N.º 6 – UNA EVOLUCIÓN PERSONAL AL SERVICIO DEL PLANETA
Gracias de nuevo a las distintas conferenciantes y a los distintos conferenciantes que han intervenido durante estos dos días. Todo lo que hemos podido escuchar es una historia de Amor de alcance universal que nos concierne a todos, así como a todo lo que vive en la Tierra.
Como recordaba con tanto acierto el científico inglés James Lovelock: «Si todos queremos vivir bien en la Tierra y sobrevivir a este siglo, debemos comprender que no basta con luchar por los derechos humanos».
Si la Madre Naturaleza tuviera que entablar un pleito contra la civilización humana por omisión de socorro a un Planeta en peligro, nos acusaría de ser víctimas de una gran ilusión, del orgullo de creer que dominamos este planeta y que podemos dilapidar sus recursos para sacar provecho.
CADA UNO PUEDE CONTRIBUIR AL CAMBIO
Hoy se plantean algunas preguntas:
– «¿Qué puede hacer una persona? ¿Qué puede esperar cambiar un grupo sin poder oficial, sin poder legal para obligar?»
A veces seguimos sin reducir nuestros excesos de consumo individual diciéndonos que no es nada al lado de la contaminación industrial acumulada de Estados Unidos y China, o frente a la resistencia obstinada de un sistema económico que se niega a cambiar. «Poco importa el cinismo frío y deshonesto de quienes pretenden actuar por nuestro bien: las COP 21, 22 y 23 no son más que promesas no sometidas a ninguna obligación, control ni compromiso, que no contribuyen en absoluto a frenar el desajuste climático», recuerda la socióloga Monique Pinçon-Charlot, del CNRS. Hay que actuar, y deprisa, contra el holocausto ecológico.
– «¿Pueden las virtudes de unos pocos influir en la mayoría?»
Vamos a mostrar que las transformaciones benevolentes que han tenido un impacto profundo en el ámbito social son el resultado de un fenómeno tan sutil en el plano individual que a menudo se toma a la ligera frente a los indicadores sociológicos, políticos y económicos… ¿Qué permite convertirse en actor de la transformación individual y mundial? Tomar decisiones conscientes en el día a día. Grandes figuras han hecho así bascular la historia en el sentido positivo de la evolución, como el Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Benjamin Franklin, la Madre Teresa y muchos otros, conocidos o menos conocidos. Pienso en aquellas mujeres irlandesas de origen obrero que, con determinación, lograron movilizar a millones de personas para acallar la guerra entre católicos y protestantes.
La Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH demuestra que la estrategia de la «seridad», término propuesto por el investigador Stephan A. Schwartz para definir «la transformación individual amplificada por una intención colectiva», funciona con mayor profundidad y durabilidad, porque transforma el corazón de las personas. Transforma a la vez la personalidad individual y las normas sociales en el sentido de la benevolencia y del buen trato, también hacia la Naturaleza.
La meta de cada ser humano, ampliamente desarrollada en la Enseñanza aumista, debe ser reconstruir con espíritu de amor lo que se ha destruido con espíritu de desprecio o de acumulación de beneficios, en particular con respecto a la Madre Naturaleza. El móvil de la acción y de la oración de los aumistas no es la conversión de los demás, sino la puesta en marcha de las transformaciones benevolentes individuales necesarias para llegar a ser ciudadanos conscientes de sus responsabilidades.
En lugar de pelearse por el control de nuestro precioso jardín planetario, hoy parece imprescindible defender la idea de que nuestro planeta todavía puede curarse. Durante milenios, los grandes Maestros espirituales nos han animado a seguir la vía del amor hacia todos los seres vivos y hacia todos los componentes y elementos de los sistemas ecológicos. La ciencia confirma la validez de esa fuerza que es el Amor. Cada uno de nosotros es como una célula en el cuerpo de un superorganismo en constante evolución. Como dice Bruce Lipton, eminente padre de la epigenética: «Basta con ver a la ciencia escalar la proverbial montaña del saber para descubrir finalmente que Buda está sentado en la cima».
LA ÉTICA QUE PROPONE EL AUMISMO ANTE LA NATURALEZA
Para nuestra generación y para las generaciones futuras impregnadas de la Luz de la Edad de Oro, el Aumismo propone un Código de honor que regula las relaciones entre el hombre y los reinos de la naturaleza.[1] Nos recuerda que hay un secreto: la «elección diaria» consciente. Una nueva ciencia, la neuroteología, confirma que la conciencia influye directamente y a distancia en la realidad material. Porque la conciencia es el fundamento de la realidad.
Me gusta recordar lo que decía Einstein a este respecto: «Un ser humano es parte de un todo que llamamos Universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sus sentimientos como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es para nosotros una prisión que nos limita a nuestros deseos personales… Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión ampliando nuestro círculo de compasión para abrazar a todos los seres vivos y a la naturaleza entera en su belleza».
No hace falta ser ingeniero aeroespacial, climatólogo ni activista contra la guerra para poner en práctica lo que vamos a exponer ahora (ya se ha hecho en el estado de Sikkim, organizado por completo en torno a la ecología). Podemos hacerlo unos con otros para curar esta enfermedad autoinmune que corroe el planeta. Si aceptamos todas sus responsabilidades y deberes, este «Código de honor del hombre ante los reinos de la Naturaleza» engendrará una transformación interior y exterior cuyos cambios evidentes pronto constataremos a escala planetaria:
«Código de honor del hombre ante los reinos de la Naturaleza (La Doctrine de l’Aumisme, p. 206)
El hombre debe:
1. Saber que no puede sobrevivir sin la Naturaleza.
2. Proteger la Naturaleza y los seres invisibles que la habitan.
3. Aprender a alimentarse a fin de dar ejemplo de respeto por la Naturaleza y por la vida.
4. Cesar toda violencia y agresión que pueda crear un desequilibrio en los Reinos de la Naturaleza y poner en peligro, tarde o temprano, la Creación.
5. Dejar de complacerse en la ignorancia de las Leyes de la Naturaleza, porque contribuye a la descomposición de la Tierra: se convierte en criminal y depredador.
6. Abstenerse de aumentar el sufrimiento de los mundos mineral, vegetal y animal convirtiéndolos en cobayas de experimentos malsanos y a menudo inútiles.
7. Acompañar todo sacrificio de los reinos de la Naturaleza con oraciones que hagan evolucionar el alma grupal.
8. Negarse firmemente a ser títeres del cientificismo y de una sociedad de consumo.
9. Saber gestionar imperativamente los residuos, individual y colectivamente.
10. Dar ejemplo a las entidades visibles e invisibles que pueblan la Naturaleza con una actitud noble, sabia y llena de compasión.
11. Contribuir constantemente a la evolución acelerada de los reinos de la naturaleza sembrándolos de Luz, de bendiciones y de oraciones evolutivas.
12. En su corazón y en su mente, sustituir el derecho que reivindica por el deber que ha de cumplir.
13. Crear un “Consejo de Sabios” encargado de censurar los inventos que pudieran poner en peligro a la Madre Naturaleza y nuestra vida en la Tierra.
14. Ser solidario con todo lo que vive en la Tierra y en el Universo.
15. Comprender por fin que todos los reinos, humano, animal, vegetal y mineral, en el seno de la Tierra forman parte de un Todo, como una ola del océano, como una faceta del Diamante de la Creación».
Este código ético favorece la reconciliación con la Madre Naturaleza. Si intentamos acercarnos a él al máximo, en pensamiento y en acción, ya será mucho.
CONCRETAMENTE, ¿CÓMO HACERLO?
Ante todo, retengamos algunos principios:
– Practicar la no violencia, cuya eficacia en las reformas sociales nadie puede negar hoy después de Gandhi: volverse no violento con la Madre Naturaleza es un deber. También debemos orar por los distintos reinos, mineral, vegetal, animal y humano. Señalemos que en muchas tradiciones llamadas animistas el hombre debe ser solidario con todo lo que vive en la Tierra y en el universo.
– Dar ejemplo de nobleza, de sabiduría y de compasión, que nos lleva a sentir el sufrimiento del «superorganismo» que es nuestro planeta y a remediarlo por amor y/o por deber moral.
– Negarse a ser el títere de una sociedad que hace creer a los individuos que cuanto más organicen su vida en torno al consumo desenfrenado, más paz encontrarán. Porque, en realidad, la única verdad es la del ser profundo y permanente, y no la del tener superficial y efímero.
– Concebir el lugar del hombre no ya como el de un depredador, sino como el de un huésped, recibido para una estancia transitoria y con el deber de transmitirla a las generaciones futuras.
Y tomemos la decisión de cambiar
Se trata entonces de pasar a la acción, de corregir el rumbo una y otra vez, de poner un pie delante del otro hasta lograr cambiar nuestra relación con el entorno.
Primer paso: establecer el propio contrato de conciencia. En cada momento de nuestra vida es posible progresar en el respeto de la Naturaleza, sabiendo que la meta no es ser perfecto, sino trabajar para llegar a serlo. Por ejemplo, para renunciar a toda violencia en los actos, en las palabras e incluso en los pensamientos: limpiar las raíces de la violencia que residen en el inconsciente. Poner la conciencia al volante empezando por hacer con regularidad paradas, «stops», en distintos momentos del día para tomar conciencia del propio estado interior. Cuando nos sorprendamos alimentando pensamientos de violencia o de indiferencia, sustituámoslos por pensamientos benevolentes.
Segundo paso: cultivar la idea de que la propia transformación interior va a contribuir a la del mundo exterior. Es la actitud la que, como recuerda Hal Elrod, transforma lo posible en certeza.
Tercer paso: no esperar nada a cambio de los gestos cotidianos. El destino os sorprenderá. «Amemos mucho sin esperar nada», como mostraba cada día el Hombre de Dios, el Señor HAMSAH MANARAH.
Por último, es bueno recordar que en la vida existen dos dolores: el dolor de la disciplina o el dolor de los remordimientos. A nosotros nos toca elegir, sabiendo que el dolor de la disciplina es como el de un músculo: ¡desaparece con el entrenamiento! Debemos dar ejemplo sin esperar a que lo hagan los demás. El Código de honor aumista ante los reinos de la naturaleza propone a quienes lo deseen un ideal que perseguir sin descanso.
En conclusión
Debemos cultivar nuestro jardín interior, ese terreno fértil donde crecen numerosas variedades de plantas, flores magníficas o malas hierbas. Gracias al camino que propone Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, seamos por fin «el cambio que queremos ver en el mundo», como repetía el Mahatma Gandhi. A la larga, ya no queremos tener que proteger la Tierra; queremos recuperar un mundo en el que la Tierra no necesite ser protegida.
V. Bhima, consultor de recursos humanos
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[1] S. S. HAMSAH MANARAH, L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 206.

