COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 7 – AVANZAR HACIA MÁS AMOR
AVANZAR HACIA MÁS AMOR
RESUMEN
La Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH muestra el camino que hace crecer a la vez en el amor y en la felicidad interior.
Ver la vida como una escuela, perdonarse los errores del pasado y considerarse sujeto creador favorece la felicidad.
Entonces es posible superar el egoísmo y el amor restringido que se dirige a un grupo rechazando a los de fuera. No siempre es fácil, pero la práctica de ejercicios espirituales sencillos abre el corazón de forma progresiva y pone en el camino de un amor más amplio y más solidario que abarca a la humanidad entera.
Este sentimiento de fraternidad abre al Amor Divino, del que el MESÍAS es el Ejemplo vivo. Él expresa la Infinita Compasión del Ser Realizado, que ayuda a cada uno a liberarse del odio y del sufrimiento y a conquistar la felicidad interior. Abrirse al Amor Divino es empezar por aceptar los beneficios de este Amor inconmensurable para ser capaz un día de compartirlos.
PONENCIA
A veces se piensa que el amor es automáticamente fuente de felicidad. Pero en nombre de un amor mal entendido se puede llegar a destruir la propia vida y la de los demás.
Conviene, pues, aceptar que un amor respetuoso de la diferencia y de la libertad del otro, orientado hacia la evolución positiva y el enriquecimiento de cada uno, se desarrolla con el tiempo, a través de múltiples tomas de conciencia. La Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH muestra el camino que hace crecer a la vez en el amor y en la felicidad interior. Vamos a evocarlo juntos distinguiendo tres etapas para mayor claridad:
I. CULTIVAR EN NOSOTROS MISMOS LO QUE QUEREMOS DAR
II. DESARROLLAR EL AMOR A LOS DEMÁS
III. ABRIRSE AL AMOR DIVINO
I. CULTIVAR EN NOSOTROS MISMOS LO QUE QUEREMOS DAR
En muchos casos, quien no desarrolla su autonomía afectiva necesita vivir a través de sus allegados, y es el engranaje del egoísmo, de los celos, de la posesividad y del sufrimiento mutuamente infligido. Para ser capaz de dejar al otro su libertad de existir, es importante cultivar en uno mismo el amor a la vida, a la propia vida, fundamento de la felicidad.
Partiremos de esta frase del pensador contemporáneo Robert Misrahi: «La felicidad es una manera de existir que deriva de un cambio radical de nuestra mirada sobre el mundo.»
Así pues, intentemos posar juntos sobre la existencia una mirada nueva que favorezca la confianza en uno mismo y en el futuro.
- En primer lugar, intentemos considerar la vida como una escuela que nos da ocasiones de evolucionar y progresar. Esta perspectiva permite aceptar los acontecimientos como otras tantas experiencias, relativizarlos, tomar distancia y, por tanto, gestionarlos mejor. Con tal de mirarlas de frente, se sacan lecciones útiles de todas las situaciones, incluidos los fracasos y las pruebas. Esta perspectiva de aprendizaje permite también aceptarse plenamente a uno mismo y ver en las propias cualidades, como en los propios límites, carencias y errores, los trampolines de una transformación positiva. Esta aceptación evita proyectar sobre los demás lo que uno rechaza en sí mismo y nos libera de la dependencia afectiva.
«La clave de la verdadera libertad», dice el Señor, «es llegar a aceptarse y amarse tal como uno es.» (La Loi d’Évolution des Âmes, p. 229)
- En segundo lugar, intentemos considerar la vida en su continuidad, más allá de la muerte. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH enseña que «la muerte no es más que un cambio de estado» (La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 371).
Para reencarnarse en las mejores condiciones posibles, las almas siguen evolucionando en otra escuela de la vida, la de lo invisible, llamada Columna de Luz. Saber que la vida continúa en el más allá permite no hundirse en la angustia y ayudar a los difuntos mediante pensamientos positivos, y mediante oraciones si se es creyente.
- En tercer lugar, intentemos considerar la vida como una creación.
Desde esta perspectiva, cada ser humano es el sujeto creador de su devenir, y no un objeto sometido a una fatalidad y dependiente de las circunstancias exteriores. Lejos de ser una comodidad en la que se corre el riesgo de atascarse, la felicidad se convierte en una conquista que cobra sentido. Vivir es elegir. Crearse un futuro feliz es hacer la experiencia consciente de la propia libertad teniendo en cuenta la Ley de causa y efecto. Porque nuestros pensamientos, como vieron ayer, son creadores, y también lo son nuestras palabras y nuestras acciones. Somos, como dice el Buda, sus «poseedores» y sus «herederos»: sufrimos sus consecuencias buenas o malas.
Entonces, elegir consecuencias felices es seleccionar los propios deseos, es elegir los mejores pensamientos, palabras y acciones, que son la primera expresión de lo Divino en cada uno. Cuanto más expresamos ese Divino en nosotros mismos, más lo desarrollamos, y esto repercute para bien en el entorno. Pero a veces nos decimos: «¡Nunca llegaré a ver mi Esencia Divina: he pensado y actuado mal demasiadas veces!». Pues bien, todos tenemos la posibilidad de liberarnos de la culpabilidad si queremos sinceramente empezar de nuevo. Voy a leerles, por ejemplo, un extracto de la Meditación del Perdón a uno mismo (Le Flambeau d’Unité, p. 400).
Las personas presentes que lo deseen pueden aprovechar este momento privilegiado para aligerarse de lo que pesa en su existencia. Una pequeña precisión de vocabulario:
- La Ley de Evolución es el movimiento hacia delante, hacia el progreso moral y espiritual.
- La Edad de Oro es el estado mental de la unidad, de la verdad y de la fraternidad.
«Siéntese con la espalda bien recta», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «no tenga miedo de sí mismo.
Pronuncie solemnemente (…), como si hablara a otro usted mismo:
Te perdono el mal cometido en el extravío y la ignorancia momentánea. Te perdono todos los malos pensamientos y anulo todos sus efectos.
Te perdono todas las palabras malvadas y anulo todos sus efectos.
Te perdono todas las acciones malintencionadas y anulo todos sus efectos.»
Ahora escuche la respuesta que viene de usted mismo:
«Acepto el gran perdón concedido y la anulación de mis deudas del pasado, de todos mis malos pensamientos y de todas las acciones y palabras malintencionadas.
Renuncio a la autopunición y a la autodestrucción y prometo solemnemente respetar en todo las Leyes evolutivas de la Edad de Oro.
Que Dios Todopoderoso, presente en cada uno, me proteja de todas las caídas y me guíe hacia la verdadera Luz.» OM
Este perdón libera nuestra mirada sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Restablece nuestro derecho a la felicidad, nos permite abordar el necesario trabajo sobre uno mismo evocado ayer y perdonar a los demás. La Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH ayuda a cada uno en este camino. «Pon en práctica», dice, «las Claves del éxito dadas gratuitamente, sin otra esperanza de salario que la de verte por fin feliz, bien en tu cuerpo, bien en tu alma, bien en tu espíritu, sereno en todos tus actos y en tus pensamientos.» (Vers un Age d’Or d’Unité, introducción)
A medida que uno se transforma en función de una visión nueva de la existencia, se libera de numerosas tensiones. Se tiene cada vez más fuerza para librar los propios combates interiores y aceptar a los demás en su diferencia, que es nuestra segunda etapa.
II. ABRIRSE A LOS DEMÁS
«Tendremos que combatir defectos tan tenaces como el egoísmo, la avidez, el orgullo, la vanidad, los celos, la ira, la envidia y el odio. Estos impiden la apertura del corazón.» (Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 25)
En primer lugar, importa velar por no hundirse en el egoísmo, que a menudo nace del sufrimiento y encierra al individuo en resentimientos. Después, es necesario superar el nivel del amor restringido: es normal amar a la propia familia, al propio país, a la propia religión y a los grupos a los que se pertenece. Pero ¿da eso derecho a rechazar a los demás? ¿Se puede saborear la serenidad con un pie en el engranaje del odio y de sus consecuencias? El caso de las religiones da que pensar. Los Textos sagrados incitan a avanzar hacia más tolerancia y amor. Por ejemplo:
- «Solo el amor apacigua el odio. Esa es una Ley universal», dice el Dhammapada de los budistas (Versos gemelos).
- «Amaos los unos a los otros», dicen los Evangelios.
- «Repele el mal con lo que es mejor, y tu enemigo se convertirá en un amigo ferviente», se lee en el Corán (XLI, 34).
Algunos, en el seno de cada religión, ponen en práctica estos preceptos. Pero otros los han olvidado: rechazan a quienes rezan a otro Rostro de lo Divino y expresan su fe de forma diferente. Alimentan las guerras y las persecuciones. ¿Cómo pueden conquistar una verdadera paz interior?
El MESÍAS DE SÍNTESIS, que viene para la reconciliación, recuerda que «Dios es el mismo para todos y está presente en cada uno». Pone en guardia a Sus propios discípulos contra la intolerancia: «Ser aumista es vivir la propia fe sin intentar imponerla a los demás» (L’Aumisme, p. 42).
Dice a todos: «Humanos de la Tierra que os matáis unos a otros por amor a la exclusión y al sectarismo, elevad vuestra conciencia por encima de las pompas de jabón separadas que son vuestras familias, vuestras regiones, vuestras patrias. Alcanzad la dimensión del amor por la Tierra entera» (Vers un Age d’Or d’Unité, p. 157). Y propone en Sus Libros varias técnicas espirituales que favorecen la apertura del corazón. He aquí una fácil de poner en práctica, aunque a veces sintamos lo que comúnmente se llama «bloqueos».
«Si deseáis abrir vuestro corazón, seguid entonces esta prescripción del Amor que recomienda el Dios que está en vosotros y que sufre en el desierto por no compartir.»
- «Visualizad vuestro cuerpo en un aura de luz amarillo oro, la Luz del Amor, y repetid OM mentalmente y deprisa para purificar cuerpo y espíritu.
- Afirmad entre dos series de repeticiones: “Estoy en Unidad con el Señor Dios todo Amor, presente en mí y en cada uno.”
- Pensad en una luz amarillo oro en vuestro corazón, que se convierte en Sol de Luz y llena vuestra caja torácica, y afirmad:
Amo a mis padres como a mí mismo y les deseo toda la felicidad del mundo. Amo a mis enemigos como a mí mismo y les deseo toda la felicidad del mundo. Amo a todos los hombres y mujeres de la tierra como a mí mismo y deseo a cada uno toda la felicidad del mundo.»
«Estos tres deseos», añade el Señor, «deben ir precedidos y seguidos de la repetición acelerada del sonido OM, que multiplica sus efectos. Esto permite abrir el Chakra del corazón lenta y progresivamente y expresar el Amor a los demás.»
«Aunque os parezca difícil o penoso, perseverad en esta prescripción del amor deseado y veréis vuestro desierto llenarse de flores maravillosas.» (Vers un Age d’Or d’Unité, p. 153)
Esta apertura hace progresar en el sentimiento de Unidad y conduce a más solidaridad en la oración y en la acción.
Para los aumistas, que en el plano individual trabajan en las organizaciones humanitarias de su elección, la solidaridad fundamental pasa por la construcción del Templo Pirámide de la Unidad. «Este Templo», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «es también el Templo del Dios Todopoderoso presente en cada uno. Por eso sois todos acogidos sin distinción de raza, de clase, de religión ni de ideología» (Une Loi pour détruire le Mal, p. 140).
En un primer nivel, las oraciones de hombres y mujeres reunidos por un deseo desinteresado de paz planetaria contribuirán a disminuir las causas de división y repercutirán en todos los reinos de la naturaleza. Poco a poco se atenuarán las guerras, las violencias y los sufrimientos. Por eso libramos desde hace años un duro combate para que se conceda el permiso de construcción de este Templo de la Unidad.
Los seres humanos que quieren lograr una vida plena deben asumir sus responsabilidades con discernimiento y actuar en función de las consecuencias, es decir, hacerse cargo a la vez de su futuro y del futuro colectivo de su descendencia.
Considerarse sujeto creador y solidario hace entrar en el estado mental de la Edad de Oro y abre al Amor Divino.
III. EL AMOR DIVINO
Digamos enseguida que es una noción que nos supera; es lo inimaginable.
Por eso Dios se encarna: para darnos en lo visible pruebas de este Amor despojado de toda forma de egocentrismo, de posesividad y de deseo de recompensa, y que se dispensa sin restricción a todos los seres, a la naturaleza y a la Creación entera. Y ahí hay que tener la humildad de ponerse a la escucha del Ser de Luz que viene entre nosotros para revelar lo que podemos aspirar a experimentar un día; a la escucha de Aquel que se hace Hombre para que el hombre llegue a ser Dios. El Maestro auténtico lleva al discípulo al «despertar del Maestro interior». Presta su ayuda durante «el tiempo necesario para que el discípulo se purifique y alcance a Dios» (Le Flambeau d’Unité, p. 269). Del mismo modo, cada uno debe aprender durante cierto tiempo de un maestro la escritura que le permitirá redactar sus propios textos.
El MESÍAS es, pues, un Guía, un Ejemplo vivo que muestra a todos el camino de la Evolución y de la Divinización. Nos hace presentir la felicidad extraordinaria que nace del cambio último de nivel de conciencia, lo que Él llama la «Bienaventuranza de sentirse unido a todo lo que vive y respira» (Une Loi pour détruire le Mal, p. 410).
«Yo soy tú», dice a cada uno de nosotros y a la Creación entera, expresando la Infinita Compasión de Aquel que ha experimentado la Fusión total en Dios.
Lo mejor, aquí, es escuchar al Señor mismo en el texto titulado Ofrenda mística:
«Tengo tal ternura por todas las criaturas que quisiera asociarme
A todo lo que pudiera combatir el dolor ajeno,
E intercambiar si fuera necesario mi felicidad por sus penas.
Pertenezco a la humanidad entera,
Aun teniendo desde siempre el sentimiento
De venir de un mundo lejano donde todo es Paz, Amor, Armonía y Luz.
Tengo más alegría en dar que en recibir.
Para mí, el mayor Don es el de su propio Ser.
He dejado toda morada del mundo para servir,
Sin esperar nada de los humanos, sin esperar nada.
He aceptado como misión ayudar a los Seres
Que buscan atravesar el océano de las existencias.
Pueda yo ser un refugio para todos los que sufren,
Pueda yo ayudar a los que desesperan.
La asistencia con vistas a la liberación
Añade a la felicidad de la Tierra entera…»
(Une Loi pour détruire le Mal, p. 423)
El Amor Divino, ahora lo comprendemos, nos da a todos sin excepción, de manera incondicional, la Fuerza para avanzar a nuestro ritmo, sea cual sea nuestro punto de partida. Cuanto más aceptemos para nosotros mismos los beneficios de la Compasión Divina, más capaces seremos un día de compartirlos. Es una de las Claves de la Divinización del hombre.
Para concluir, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH resume el camino que hay que recorrer y la meta que hay que alcanzar, donde felicidad interior y amor son uno:
«Del amor seco al odio del mundo no hay más que un paso. Del amor humano restringido al sectarismo y al fanatismo asesino no hay más que un paso.
Para escapar del egoísmo y del odio, sigue adelante, oh peregrino, abre tu corazón al Amor del Amor sin esperar nada y recibirás la Luz de la paz, de la felicidad de haber querido la Paz y la felicidad de los demás…»
(Vers un Age d’Or d’Unité, p. 163)
Podríamos, pues, terminar diciendo que lograr una vida plena y conquistar la felicidad interior es, sencillamente, aceptar aprender a amar.
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Bibliografía:
Los Libros de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Éditions du MANDAROM, en particular:
Mémoires d’un Yogi
Le Maître Spirituel et le disciple
Le Yoga de l’Amour dans la Force
L’Aumisme, la Doctrine de l’Age d’Or
La Loi d’Évolution des Âmes
Vers un Age d’Or d’Unité
La Révolution du monde des vivants et des morts
Une Loi pour détruire le Mal
Le Flambeau d’Unité

