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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 7 – COMBATES DEL MESÍAS Y NO VIOLENCIA

Enseñanzas y conferencias

COMBATES DEL MESÍAS Y NO VIOLENCIA

RESUMEN

«Combates del MESÍAS y no violencia». En su calidad de MESÍAS, el Señor HAMSAH MANARAH libró los Combates que se imponían para liberar a la humanidad del Mal y devolverle la libertad de elegir la paz. Por el poder de la Oración y la omnipotencia del Verbo divino, derribó el principio del Mal. Pero como el Mal tiene sus raíces en el corazón de los hombres, nos corresponde ahora a nosotros librar nuestro combate interior para transmutar los sentimientos que obstaculizan la no violencia y hacernos cargo del porvenir del planeta.

PONENCIA

Introducción

Los dos términos, combate y Mesías, que figuran en el título de esta ponencia pueden parecer a primera vista antagónicos a quienes solo tienen una vaga idea de la Misión que un Mesías viene a cumplir ante la humanidad.

Un combate exige la presencia de dos adversarios. El adversario contra el que el Mesías ha librado Combate es el Mal que obstaculiza la evolución del mundo.

Para regenerar las energías de vida y salvar al planeta Tierra de la autodestrucción, el Mesías solo tenía una opción: la del Combate contra las fuerzas opuestas de involución.

En esta ponencia abordaremos los puntos siguientes:

I – ORIGEN Y EFECTO DEVASTADOR DEL MAL

II – LOS COMBATES DEL MESÍAS PARA SALVAR A LA HUMANIDAD

1. Naturaleza de los Combates del Mesías

2. El combate en los dos frentes de la sociedad y del mundo interior

3. La responsabilidad y el papel de la humanidad

I – ORIGEN Y EFECTO DEVASTADOR DEL MAL

Contrariamente a la opinión demasiado a menudo admitida, no es DIOS, por impotencia o injusticia, el responsable del Mal. A esta pregunta, que a lo largo de los siglos ha movilizado sin resultado satisfactorio a los más grandes espíritus, la Religión Aumista responde sin vacilar: son los hombres quienes crean el Mal. Por ignorancia de los mecanismos sutiles que gobiernan la vida, los seres humanos cometen errores que tienen graves consecuencias sobre el frágil equilibrio de todos los procesos vitales. Estos desarreglos pueden llegar a comprometer la perpetuidad de la vida en la Tierra.

Mientras que para la mayoría de las personas el Mal es la enfermedad, las guerras, las catástrofes y la destrucción del entorno, en Su libro Vers un Âge d’Or d’Unité Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH explica que el Mal no es solo eso. Se trata únicamente de resultados que tienen su verdadero origen en un modo de pensar erróneo que dicta un comportamiento irresponsable y suicida.

El pensamiento del hombre posee a la vez el notable y temible poder de ser creador. El poder creador del pensamiento humano es positivo y benéfico mientras la humanidad cuente en su seno con una mayoría de seres que alimentan en el campo de su conciencia sentimientos altruistas, de bien, de paz y de justicia. Entonces las fuerzas de evolución que gobiernan la vida se ven estimuladas y pueden proseguir serenamente su curso. Pero, a la inversa, ese mismo poder del pensamiento se vuelve devastador cuando la sociedad humana está compuesta mayoritariamente por individuos desprovistos de moral, que mantienen en su mente pensamientos egoístas de odio y de violencia. Entonces las fuerzas negativas de involución y de muerte se imponen y arrastran a la humanidad a un peligroso proceso de autodestrucción de múltiples rostros.

Son estos complejos mecanismos los que producen el Mal denunciado y combatido por el Mesías.

Recordemos que, para las Sabidurías orientales, la estructura última del Universo es mental.

En este sentido, el Mal es también permanecer apegado a los comportamientos nocivos del pasado y encerrarse en las tinieblas del error y de la ilusión. El Mal es rechazar la transformación saludable y permanecer, en lo más profundo del inconsciente, rebelde a la Luz y a la Verdad.

«El Mal es creer que es el hombre quien dirige la vida, cuando Dios Creador, presente en cada uno, actúa en todo momento para preservar el jardín de la vida y liberarlo de la hiedra trepadora de las malas inclinaciones.»

El Mal es negarse a ver los efectos benéficos de la labor cósmica y de la Ley de Evolución, que obran para reintegrar en Dios Creador a todos los seres que deben remontarse a la fuente de su nacimiento y de toda vida.

A partir de cierto umbral crítico, el sistema se autoalimenta: el Mal arrastra al Mal, la violencia arrastra a la violencia, y el mecanismo escapa al control de los hombres.

Entonces la humanidad, estupefacta, ve producirse:

1. En el plano de la sociedad: un aumento alarmante de la criminalidad, incluida la juvenil, la multiplicación de las guerras, los genocidios, las hambrunas y los sufrimientos, y una mundialización del terrorismo y de las catástrofes humanitarias.

2. En el plano de la naturaleza: cataclismos que adquieren proporciones aterradoras.

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos recuerda que: «La Naturaleza es una madre de múltiples rostros. Puede curar, puede satisfacer las necesidades de los hombres y de los animales, pero también sabe enfadarse cuando se desafían sus leyes y sus equilibrios». (Les Combats du Messie, p. 279)

A falta de un antídoto, los desequilibrios, una vez creados, se vuelven «irreversibles» (Vers un Âge d’Or d’Unité).

Para ayudar a los hombres a poner fin a sus extravíos y para restablecer los equilibrios fundamentales de la vida, la intervención del Mesías era indispensable.

Algunas corrientes de pensamiento consideran que las religiones utilizan el miedo al Mal para ejercer su dominio sobre las mentes. El peligro que representa el dominio del Mal sobre la humanidad es una realidad innegable que no es fruto de una imaginación desbordada. El papel de las religiones es también poner en guardia a la humanidad contra esta forma de peligro. La humanidad es capaz de lo mejor y de lo peor. Abandonado a sí mismo, el hombre puede desafiar las leyes de la vida y perturbar gravemente sus equilibrios hasta cruzar el punto de no retorno, destruyendo su entorno y poniendo en peligro su propia existencia.

II – LOS COMBATES DEL MESÍAS PARA SALVAR A LA HUMANIDAD

1. NATURALEZA DE LOS COMBATES DEL MESÍAS

En la introducción de su libro Les Combats du Messie attendu pour sauver la Terre et la Création, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe:

«El odio ha germinado en el corazón (de los hombres) hasta pervertir la Creación».

Para liberar a la humanidad de esta perversión, para eliminar de la esfera terrestre esa energía nociva de odio y de muerte, y para liberar las fuerzas creadoras de vida y de evolución que permiten instaurar sobre bases sólidas la nueva sociedad de Edad de Oro, de Unidad, de Verdad, de Paz y de solidaridad universal, el Mesías solo tenía una opción: la del Combate contra las fuerzas maléficas.

Las Escrituras de la India enseñan este mismo principio en estos términos: para «detener el declive que no deja de acentuarse hasta que la raza humana se acerca a su aniquilación… la Esencia Divina… desciende a la Tierra… para restablecer la rectitud en el Mundo».

Esta es la difícil Misión que Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH aceptó asumir ante una humanidad incrédula y rebelde.

Más allá del «grosero clamor de las masas… que provoca habitualmente… todo discurso moralizador y toda incitación a la reforma» (Les Combats du Messie, p. 37), el Mesías debía, en silencio y acompañado de unos pocos, restablecer los equilibrios y la armonía indispensables para la expresión de la vida.

Cito a Su Santidad:

«Pacificar, armonizar y reconciliar: tal ha sido Nuestro trabajo cotidiano durante esos nueve años (de 1981 a 1990) de intensos y constantes combates. Mi Combate ha sido un Combate por la Paz de los corazones y de los espíritus. He declarado muchas veces la guerra al odio, a la desarmonía, al karma de los recuerdos que hace sufrir a miles de millones de almas tanto en el plano físico como en el astral.» (Les Combats du Messie, pp. 481 y ss.)

Los Combates librados por el Mesías son ante todo un considerable trabajo de transmutación alquímica de todos los planos de conciencia y de todas las dimensiones de la Creación, para restablecer el equilibrio de los mundos. Se trata únicamente de Combates de carácter espiritual, librados en el plano de las energías sutiles de la vida, mediante la oración y el poder del Verbo creador.

Los Combates del Mesías no tenían otra motivación que el interés superior de las humanidades, con la perpetuidad de la vida en la tierra y en los universos como corolario. La transmutación de la que se trata aquí es una transmutación de las energías de muerte, de odio, de sacrificio y de crueldad en fuerzas positivas de Luz creadora de vida. Aunque los ojos de la materia no siempre vean la conversión de las energías negativas en Luz de síntesis y en río de diamantes, no por ello es menos insustituible.

Como el zorro le hace notar con razón al principito: «Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos». (A. de Saint-Exupéry)

El Mal combatido por el Mesías «frenaba el vuelo de las almas», «impedía que los sentimientos buenos y generosos se expresaran» y desviaba a los humanos del camino de la verdad. Este Mal hundía sus raíces en el corazón de los hombres, engendrando «la inercia, la pereza y el egoísmo» y, sobre todo, la ilusión generada por el mundo fenoménico, que mantiene a las almas encadenadas a «la materia limitante».

«Lo importante», escribe el Mesías, «es haber realizado este inmenso trabajo de redención. Sea reconocido o no, hemos actuado con desapego y no esperamos ni gratitud ni homenaje por el servicio prestado a las humanidades». (Les Combats du Messie, p. 571)

Pero, para vencer definitivamente el Mal y liberar al planeta Tierra de su dominio, cada ser humano debe librar un combate interior contra sí mismo y contra los aspectos negativos de su personalidad.

2. EL COMBATE EN LOS DOS FRENTES DE LA SOCIEDAD Y DEL MUNDO INTERIOR

El Mesías invita a la humanidad a librar conjuntamente el combate en los dos frentes: el de la sociedad y el del mundo interior.

En el plano de la sociedad, hay que «devolver a los humildes mortales el gusto por el esfuerzo y por el combate con dignidad y disciplina. El esfuerzo por ganar sin destruir al rival potencial. No es sobre la indisciplina, la blandura y la tibieza sobre lo que se construirá la nueva humanidad de Edad de Oro. No es sobre los vicios, la negligencia y la dejadez como serán vencidos definitivamente los residuos de la edad oscura». (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, pp. 70-71) El futuro descansa en la educación que se dé a las generaciones futuras.

Pero no hay que olvidar librar también el combate en el frente interior.

Es frente a sí mismo donde el hombre debe librar el combate más difícil, contra la parte oscura de sí mismo, sus defectos y sus taras, que quieren hacerle recaer en los errores del pasado. «El combate se libra enfrentándose a uno mismo con tenacidad, pues retroceder es una traición, y quien avanza es sostenido y protegido en sus esfuerzos. Para salvar el alma hay que luchar; cada vez que se cae hay que levantarse, “volver a tomar la espada para abrir, a través de las montañas de ignorancia, el camino que conduce… a la sabiduría”. “El combate es la vida, es la última oportunidad de escapar de las trampas de la ilusión.”»

Cuando el Mesías dice «Combatid a los demonios», eso no significa «Combatid a los demonios exteriores a vosotros mismos», sino «ser victorioso sobre uno mismo para vencer mejor las fuerzas (de involución) y de disociación que rodean al yo».

El Combate que preconiza el Mesías en el plano individual y colectivo está hecho para poner fin a todos los males, a todos los venenos del alma.

Esta forma de combate, dominada por la fuerza del Amor, conduce a la iluminación, a la sabiduría y a la verdad de la existencia; es un combate liberador. Quienes abandonan este combate «son verdugos del alma, a la que ahogan en un océano de tinieblas» (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 72). «Tan cierto como que el combate conduce a la iluminación, la debilidad conduce a la perdición.»

«El universo pertenece a quienes saben actuar sin interés propio y no tienen más que un objetivo: servir a la causa de los mundos para su purificación.» (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 75)

En L’Unité des Visages de Dieu, el Señor HAMSAH MANARAH escribe: «Solo vosotros podéis destruir vuestras cargas. Purificad vuestros pensamientos, purificad vuestras palabras, purificad vuestros espíritus y no volváis a construir vuestras cadenas de ilusión».

Sabiendo que las acciones del presente determinan el porvenir, «los hombres deben encontrar más fuerza para resistir al Mal y a la maldad y para aplicarse a progresar en el sendero del amor y de la sabiduría» (Les Combats du Messie, p. 570).

La instauración de la Edad de Oro exige una toma de conciencia de las responsabilidades individuales, una reforma de las mentalidades, voluntad, perseverancia y vigilancia.

3. LA RESPONSABILIDAD Y EL PAPEL DE LA HUMANIDAD

A escala humana, los efectos benéficos de los Combates librados por el Mesías pueden parecer lentos en concretarse en la Tierra. Esta lentitud no se debe al Mesías, sino a la humanidad.

El Mesías ha realizado las reformas en el plano de las energías espirituales; ahora corresponde a la humanidad la responsabilidad de cristalizar y concretar la Edad de Oro en la Tierra, en primer lugar mediante su transformación interior.

Como la humanidad se educa y se responsabiliza en función de las experiencias vividas, el Mesías, profundamente respetuoso de las libertades individuales, sitúa a cada ser humano ante sus responsabilidades. Cada uno sigue siendo libre de aceptar o rechazar la Edad de Oro. Pero el Mesías advierte en estos términos: «Tierra… tienes en adelante 1000 años para hacer tu elección y lograr concretar, cristalizar la Edad de Oro… Lo digo: pasados 10 siglos de transición, si la Edad de Oro sigue siendo una quimera en el plano de la materia, entonces se habrán acabado las esperanzas de una planetarización de la Edad de Oro…» (Les Combats du Messie, conclusión)

Para planetarizar la Edad de Oro, el hombre debe liberarse de la presión del materialismo reinante para despertar a su mundo interior y al Reino de Dios presente en sí mismo; debe liberarse de los diferentes velos de la ilusión que le ocultan la Verdad (Les Combats du Messie, p. 279).

Para perpetuar en el tiempo los efectos benéficos de Sus Combates, el Mesías debía también recordar a los humanos sus deberes elementales ante la vida.

Debía impartir una Enseñanza destinada a educar y guiar a la humanidad por la vía de la evolución para poner fin al desencadenamiento de las pasiones y de la violencia: una Enseñanza destinada a despertar la voluntad de Paz de todos los pueblos de esta Tierra (Je suis le Messie attendu, p. 205).

El Mesías debía también restablecer la religión sobre bases sanas y sólidas, centradas en la «Liberación Espiritual» y en la búsqueda de la sabiduría y de la verdad sobre el lugar y el papel eminentes que el hombre ocupa en la Creación.

Una revolución de esta naturaleza no se lleva a cabo sin suscitar inevitables reacciones de oposición y de rechazo. Basta con recordar la suerte que la humanidad reservó a Cristo, al Mahatma Gandhi, al pastor Martin Luther King y a muchas otras figuras célebres.

Los pioneros que vienen a sacudir las costumbres establecidas para hacer evolucionar los comportamientos molestan. El Señor HAMSAH MANARAH no escapó a esta fatalidad.

CONCLUSIÓN

A modo de conclusión, he aquí algunos extractos de un magnífico poema compuesto por Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH. Por sí solo, este poema titulado «LA GUERRA QUE AMO» resume perfectamente la verdadera naturaleza de los Combates librados por el Mesías. He aquí el poema:

«¡Amo la guerra, amigos míos,

amo la guerra!

Amo la guerra contra uno mismo.

Amo también a quienes la hacen;

Pero la guerra sin fusil ni cañón,

Sin bombas ni máquinas de guerra

Que hieren la carne

Y derraman la sangre de los inocentes.

Mi guerra, la que prefiero,

Es la guerra silenciosa sin proyectiles;

Es la guerra al egoísmo, la envidia, los celos,

Es la guerra a la separatividad, la mediocridad, la intolerancia,

Es la guerra en el Amor y no en la indiferencia.

Amo la guerra contra uno mismo,

La guerra que pulveriza el ego,

La guerra que se hace sin avión ni barco,

La guerra que conduce a la armonía interior,

La guerra, sin embargo, sin tregua,

Que repercute en la Paz internacional

Y en la Universal armonía.

… Olvidemos el precio que hay que pagar

Por un triunfo sin brillo

Y saboreemos de antemano

Nuestra Victoria silenciosa en la Vía

De la perfección Liberadora.»

Bibliografía (obras en francés):

– Obras de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH

– Les Combats du Messie attendu pour sauver la Terre et la Création

– Je suis le Messie attendu, voici les preuves

– L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or

– Le Petit Prince, A. de Saint-Exupéry

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