COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 7 – CONSTRUIR LA EDAD DE ORO EN UNO MISMO
CONSTRUIR LA EDAD DE ORO EN UNO MISMO
El porvenir del planeta depende de la contribución de cada uno, y a todos nos concierne la necesidad de transformarnos.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH vino a la Tierra para ayudarnos a liberarnos de nuestros sufrimientos y dar a cada uno, creyente o no, los medios para entrar en la Edad de Oro, es decir, entrar en la era nueva, la Edad de la Paz, la Edad de la fraternidad en uno mismo y a su alrededor.
Nos dice: «La Edad de Oro no es más que un estado mental que hay que conquistar y que permanece al alcance de todos.»[1] «La Edad de Oro en uno mismo repercute hasta el infinito.»[2]
Construir la Edad de Oro en uno mismo me recuerda la historia de los tres constructores de catedrales de la Edad Media a quienes se preguntaba qué estaban haciendo. El primero respondió: «Pico piedras…»; el segundo: «Me gano la vida…»; y el tercero: «Construyo una catedral…». Dicho de otro modo, construir la Edad de Oro en uno mismo no es cuestión de una hazaña cualquiera, sino que depende ante todo y sobre todo de un cambio de conciencia al alcance de todos.
En esta ponencia evocaremos, pues, los medios prácticos propuestos en la Enseñanza aumista para construir la Edad de Oro en nosotros mismos. Estos medios se agrupan en tres temas:
I – Cuidar el propio cuerpo
II – Mejorar la propia manera de pensar
III – Espiritualizar la vida cotidiana
I – CUIDAR EL PROPIO CUERPO
En el Aumismo, el cuerpo es el Templo del Alma. Por eso es primordial cuidarlo, en particular mediante la elección de la alimentación y mediante el ejercicio físico.
La alimentación
Los aumistas prefieren una alimentación vegetariana, que favorece el mantenimiento de la salud a la vez que evita el envenenamiento por las toxinas que aporta una alimentación demasiado rica en carne.
El tema merecería una conferencia específica. Insistamos simplemente en tres reglas dictadas por el sentido común y fáciles de recordar:
– 1.ª regla: Favorecer un clima de calma, de serenidad y de alegría al ingerir los alimentos. Abstenerse de comer bajo el efecto de sentimientos que puedan perjudicar la digestión, como la ira, el miedo o la tristeza.
– 2.ª regla: La frugalidad. Para ayudarnos, la masticación, además de sus efectos beneficiosos en la absorción de los alimentos, proporciona una sensación de saciedad que evita las sobrecargas nocivas para el organismo.
– 3.ª regla: La elección de una alimentación sana y lo menos procesada posible.
El ejercicio físico
El ejercicio físico cobra también toda su importancia, porque permite:
– eliminar las toxinas y el estrés,
– activar el metabolismo en general, así como los distintos órganos que son la sede de las emociones,
– contribuir a una mejor salud mental y física fortaleciendo los músculos e induciendo una desconexión de la mente,
– estimular la voluntad y la confianza en uno mismo,
– instaurar cierta disciplina y fortalecer la voluntad.
Entre los ejercicios físicos, el Hatha Yoga, a la vez disciplina, arte y ciencia, ocupa un lugar regio.
Existen distintos Yogas. Por ejemplo, el Karma Yoga (Yoga de la acción y del servicio desinteresados), el Bhakti Yoga (Yoga de la devoción) y el Jnana Yoga (Yoga del conocimiento).
Pero el Hatha Yoga es el más conocido en Occidente. Se basa en el dominio del cuerpo y de las energías vitales. Puede, pues, practicarse sea cual sea la religión de origen.
El Hatha Yoga alimenta el cuerpo y el espíritu. Su trabajo descansa en los siguientes aspectos:
– Las posturas, llamadas asanas
– La respiración
– La concentración
– El cultivo de la distensión interior
– La relajación
La respiración ocupa un lugar muy importante en el Hatha Yoga. Permite calmar la mente y dirigir la energía absorbida hacia la parte o las partes del cuerpo en las que se concentra el espíritu.
Este punto fundamental tiene, por tanto, grandes repercusiones en los ejercicios espirituales.
Basta con visualizar el aire inspirado en forma de una luz que circula por el cuerpo para sentir sus felices efectos. Este control de la energía mediante la respiración y la concentración se llama «Pranayama», una especie de «ciencia del aliento».
Lo que es capital recordar es que adonde va el pensamiento, va la energía.
Nuestras palabras y nuestros actos son también consecuencia de nuestro pensamiento consciente e inconsciente; por eso abordaremos ahora el 2.º punto.
II – MEJORAR LA PROPIA MANERA DE PENSAR
La práctica de la autosugestión
El psicoanálisis revela el proceso psicológico por el cual el mundo en que vivimos no es solo la proyección de nuestro inconsciente, sino la respuesta dada a nuestras reacciones inconscientes. «No se puede, pues, obtener nada a menos que se quiera a la vez con el consciente y con el inconsciente.»
No es de extrañar, por tanto, el número de técnicas de positivación en el Aumismo. Es la positivación del subconsciente lo que nos va a permitir cambiar verdaderamente de estado mental. Hay, en efecto, una parte de nosotros que quiere cambiar y otra que no: esta última se llama inercia, pereza, celos, orgullo, egoísmo, miedo, falta de confianza en uno mismo, apego al pasado, creencias erróneas… Esta parte de nuestro inconsciente, que nos encadena al pasado e influye en nuestros actos de forma negativa y sin que lo sepamos, se llama «doble» en el Aumismo. Resulta de acontecimientos cercanos o lejanos de nuestro pasado.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos indica en la Doctrina del Aumismo: «Practicar la autosugestión da acceso a las capas más profundas del ser, a fin de regir mejor los propios actos haciendo del subconsciente un aliado más seguro de la voluntad deliberada.»[3] «La clave fundamental de la más alta evolución reside en la positivación del subconsciente.»[4]
La autosugestión es, pues, un medio poderoso para desarrollar nuestras cualidades y nuestra fuerza interior, en lugar de permanecer sometidos y prisioneros de nuestros prejuicios, nuestras falsas creencias y nuestros errores de apreciación. La autosugestión nos sostiene en el sentido de nuestra transformación, transformación que va ella misma en el sentido de nuestras aspiraciones evolutivas. Se trata de saturar nuestro inconsciente cultivando los pensamientos positivos, porque estos ayudan a liberar en nosotros energías bloqueadas hasta entonces. Estos pensamientos positivos pueden repetirse conscientemente y con convicción, asociando a estas repeticiones nuestra imaginación, aceptándolos en lo más profundo de uno mismo, visualizando y sintiendo lo que queremos obtener: la sugestión se convierte entonces en autosugestión.
Ejemplo: «Soy un centro de Fuerza, de Luz y de Conciencia. Sé que estoy divinamente inspirada, iluminada, protegida y guiada.»
Las positivaciones pueden también escribirse y colocarse en carteles bien visibles y atractivos, eligiendo su ubicación de modo que la mirada se pose en ellos varias veces al día.
Ejemplos: «Soy cada vez más optimista.» «Tengo confianza en mí.»
Podemos también grabar estas afirmaciones y volver a escucharlas varias veces durante el día y/o durante la noche.
Recordemos estas palabras de Swami Sivananda: «Una onza de práctica vale más que toneladas de teoría.»
Cada uno puede aprender así a sacar provecho de esta técnica de positivación, deseando a la vez la felicidad y la prosperidad para todos, lo que favorece su propia felicidad. Y estos principios pueden aplicarse sea cual sea la religión de cada uno.
Importa mantener en nosotros un estado mental positivo, de amor, de alegría, de perdón de las ofensas y de benevolencia. Insistamos en estos dos últimos puntos esenciales.
El perdón y la benevolencia
Nada sólido, duradero y enriquecedor puede construirse sobre cimientos de rencor y de culpabilidad.
El perdón a los demás y a uno mismo, cultivado con regularidad, nos permite seguir adelante, atrevernos a equivocarnos y volver a empezar, intentarlo de nuevo y permitir al otro hacer lo mismo.
Al aliviar la conciencia, el perdón nos da la energía y la libertad, y por tanto el deber, de transformarnos y de ponernos de nuevo en camino, evitando así recaer siempre en los mismos defectos.
Nuestra capacidad de evolución está directamente ligada a nuestra capacidad de perdón.
«El primer paso, nos dice el Señor, es el Perdón a uno mismo para evitar el autocastigo. El segundo paso es volverse hacia quienes nos han hecho daño, quienes más daño nos han hecho, diciéndoles: “Te perdono todo el mal cometido. Que la Luz esté en tu espíritu y el Amor Divino en tu corazón.”»[5]
Esta frase puede también pronunciarse mentalmente tantas veces como sea necesario para impregnar bien el subconsciente, e incluso sin la presencia de la persona a la que uno se dirige. Solo importa la actitud mental de reconciliación, prestando atención a los efectos que genera…
En cuanto a la benevolencia, podemos ejercer nuestra vigilancia y decidir progresivamente, durante uno, dos o tres días, no agredir a nadie ni de obra, ni de palabra, ni de pensamiento, hasta que esta actitud forme parte de nuestra vida.
Afirmemos al comienzo del día:
«Que el Amor, la Paz, la Armonía, la Sabiduría, el Conocimiento, la Prosperidad, la Felicidad y la Beatitud sean para todos los seres en todas las direcciones del espacio: al Norte, al Este, al Sur, al Oeste, en el Cenit y en el Nadir.
Que todos los seres sensibles en las diez direcciones del espacio estén libres de enemistad. Que estén libres de malevolencia, que se vean libres del sufrimiento. Que sean felices: al Norte, al Sur, al Este, al Oeste, al Noroeste, al Sudeste, al Nordeste, al Sudoeste, arriba y abajo.»[6]
De nuestra vigilancia en cuanto a la cultura mental y psíquica depende nuestro equilibrio nervioso: nuestra tranquilidad serena, nuestro éxito, nuestro bienestar, nuestra felicidad, así como una buena relación con los demás.
Así, sea cual sea nuestra posición social y nuestras obligaciones familiares, buscar nuestra liberación espiritual va a dar un sentido nuevo, un sentido noble y permanente, a nuestra vida y a nuestro día a día. Lo que nos lleva al último punto.
III – ESPIRITUALIZAR LA VIDA COTIDIANA
Reconocer lo Divino en uno mismo y en los demás
El hombre se convierte en lo que piensa; ya lo hemos dicho: adonde va el pensamiento, va la energía. Una de las creencias más limitantes consiste en identificarse con la propia personalidad, ese barniz más o menos tenaz, en lugar de identificarse con la conciencia divina o la conciencia universal, ese Reino de Dios en nosotros del que habla Jesús. Reconocer en uno mismo y en cada uno la Esencia Divina, la Conciencia absoluta, nos ayuda a desarrollar en nosotros una Fuerza invisible y favorece el crecimiento del sentimiento de Unidad con la Fuente de todo bien. Está al alcance de cada uno cambiar de estado mental adquiriendo la costumbre de repetir: «No soy este cuerpo, no soy esta personalidad, estoy en Unidad con la Conciencia Divina».
Consideremos, por último, que reconocer y alimentar lo Divino en uno mismo tiene como consecuencia reconocerlo en el otro. El hombre es un universo en pequeño; así, trabajar sobre uno mismo para convertirse en una conciencia luminosa es el medio más seguro de mejorar el mundo que nos rodea.
Como hemos oído en la conferencia de esta mañana, la repetición de la sílaba sagrada AUM en voz alta, en voz baja o mentalmente, con ritmos variados, con benevolencia y amor verdadero, nos va a permitir devolver la calma a nuestro interior, armonizar el ambiente, meditar y liberarnos del «doble» evocado anteriormente, purificándonos.
Se trata de sustituir todo lo que es involutivo en nosotros mismos por esa conciencia luminosa presente en cada uno.
Ofrecer las propias acciones (incluso las más banales) a lo Divino
Muchos de nosotros estamos convencidos de que, para tener un verdadero camino espiritual, hay que estar libre de toda obligación familiar y social, o bien ser un superhombre. No es así, puesto que, como el cantero que se define como constructor de catedrales, cada uno de nosotros puede en todo momento dedicar las tareas más prosaicas y ofrecer todas sus acciones, incluso las más modestas, a la Conciencia Divina.
«Cada vez, nos dice el Señor HAMSAH MANARAH, que hayáis de realizar una tarea material que os desagrade, os cueste o incluso os agrade, ofrecédsela a lo Divino.»[7]
¿No os gusta fregar los platos? Aprovechad la ocasión para imaginar que estáis limpiando vuestro inconsciente, y quitad las impurezas residuales.
¿Os gusta caminar? Repetid mentalmente a cada paso ideas-fuerza que van a impregnar todo vuestro ser: «Amor, Alegría, Voluntad, Fuerza, Poder de concentración, Unidad, Humildad, Salud…»
¿Pasáis tiempo en los transportes? Bendecid conscientemente a las personas con las que os cruzáis o a las que adelantáis, desead a cada una toda la felicidad del mundo y sentid la felicidad que eso os aporta.
¿Preparáis vuestra comida? Bendecid todos los reinos de la Naturaleza: los minerales, los vegetales, los animales y los humanos. Dad gracias y desead a cada uno la prosperidad.
Consideremos, por último, la felicidad que nos procura la sensación de contribuir a la Edad de Oro colectiva y al bienestar de quienes nos rodean mediante nuestra transformación luminosa, que repercute en todo el planeta.
Pero sería falso sostener que esto se hará sin esfuerzo. La Edad de Oro puede considerarse la del esfuerzo. Todo lo que sabemos lo hemos aprendido por la repetición. Aprendimos a escribir, a conducir, a caminar y a hablar gracias a la repetición.
Actuar, poner en práctica con voluntad, valor y tenacidad: eso es lo que conduce al éxito.
Y para concluir, citaré a Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH:
«Tenéis derecho a negar la existencia de Dios, pero tenéis el deber de transformaros, de mejoraros para la felicidad del mundo.»[8]
«Mi Mensaje es un mensaje de esperanza. Insisto en que cada hombre sepa que su destino depende de la naturaleza de los pensamientos mantenidos en el campo de su conciencia.»
«Siembra un pensamiento, cosecha un acto.
Siembra un acto, cosecha un hábito.
Siembra un hábito, cosecha un carácter.
Siembra un carácter, cosecha un destino.»[9]
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[1] Périple d’un Yogi et Initié d’Occident, p. 145.
[2] Je suis l’Avatar Lumineux de Synthèse, voici pourquoi, p. 291.
[3] La Doctrine de l’Aumisme, p. 544.
[4] La Voix de lumière, p. 102.
[5] Vers un Âge d’Or d’Unité, pp. 177-178.
[6] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 59.
[7] La Réintégration divine par le yoga, p. 203.
[8] Yoga et Sagesse, p. 283.
[9] La Doctrine de l’Aumisme, p. 601.

