Se abre en una pestaña nueva

COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 7 – EL AUMISMO, RELIGIÓN DE LA PAZ

Enseñanzas y conferencias

EL AUMISMO, RELIGIÓN DE LA PAZ

Todos los seres humanos aspiran a la paz. A pesar de ello, las guerras existen desde hace muchísimo tiempo y tienen, por desgracia, un carácter endémico. No hay un solo pueblo ni un solo país en el mundo que no haya sido, en algún momento de su historia, víctima de la guerra.

Si la religión aumista organiza un coloquio sobre el tema de la paz en el mundo, es porque está atenta al bienestar de la humanidad. Sería inverosímil que una religión universal y pacífica como el Aumismo permaneciera indiferente a la felicidad y a la paz de los hombres. Todas las religiones deberían desterrar la guerra y trabajar por la paz, lo que dista mucho de haber sido así a lo largo de los siglos y milenios pasados.

En su libro Le Flambeau d’Unité[1], Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe a este respecto:

«No se puede demostrar la propia fe destruyendo la de los demás. No se puede pretender amar a Dios matando al prójimo para defender la propia fe».

El verdadero DIOS, que es Amor, nunca ha pedido a los seres humanos que se maten entre sí, y menos aún en su nombre. Derramar sangre en nombre de DIOS es la peor de las aberraciones, aunque sea de lamentar que todavía ocurra en nuestros días. La unidad de los hombres y la unidad de las naciones no pueden lograrse sin la unidad de las religiones. Una de las misiones del Aumismo es ayudar a la humanidad a salir del engranaje del odio y de las divisiones para instaurar una Paz universal, o Edad de Oro, en la que cada uno pueda tener la oportunidad de avanzar serenamente hacia la perfección y hacia el objetivo supremo de la vida, que es la Liberación y la Realización Espiritual.

Cada ser humano debe tomar conciencia de que la guerra y la Paz no son responsabilidad exclusiva de los políticos y de los jefes de Estado. Cada ser humano tiene una parte de responsabilidad en los conflictos en curso. Antes de hacerse efectiva en el campo de batalla, la guerra nace y toma forma en la mente de los hombres. Por tanto, para establecer la paz, hay que eliminar ante todo las raíces de la guerra de la mente de los hombres. Una revolución de esta naturaleza solo puede ser el resultado de una educación adecuada que restablezca las responsabilidades de cada uno. Esta educación debe tener como objetivo principal armonizar, pacificar y reconciliar a los hombres con todo lo que vive y existe en el seno de la Creación. En términos aumistas, se trata de restablecer la Edad de Oro en la Tierra.

En esta ponencia abordaremos los puntos siguientes:

  • 1. La Ley de los Ciclos y la Edad de Oro;
  • 2. La necesaria intervención de un Enviado Divino;
  • 3. La Enseñanza del Mesías para restablecer la paz en el mundo.

I. LA LEY DE LOS CICLOS Y LA EDAD DE ORO

La religión aumista enseña que la Creación entera está regida por una ley de cuatro tiempos principales llamada «Ley de los Ciclos».

Los cuatro tiempos o Edades de la Ley de los Ciclos son estados mentales que se suceden sin interrupción en el siguiente orden decreciente:

  • 1. La Edad de Oro de la perfección, de la paz, de la felicidad y de la serenidad;
  • 2. La Edad de Plata del cansancio, del reposo y del egoísmo;
  • 3. La Edad de Cobre de una ciencia sin conciencia;
  • 4. La Edad de Hierro de las divisiones, de las guerras y del peligro de autodestrucción.

La Ley de los Ciclos es en realidad una «inmensa escuela espiritual», una ley de justicia que sanciona la caída de las humanidades que se separan de Dios por sus «malas inclinaciones». A la inversa, «una humanidad que eleva su tasa vibratoria crea las condiciones favorables para acceder al estadio superior de la evolución cíclica».[2]

LA EDAD DE ORO

El término Edad de Oro, de uso bastante corriente, designa desde el punto de vista mental y espiritual una Edad «que trasciende las nociones de raza, de clase, de nación, de civilización y de religión»: una edad en la que la humanidad está unida, las naciones son solidarias y las riquezas se comparten. La Edad de Oro es una edad de perfección en la que «las almas son estimuladas en el sentido de su cima interior», para permitir al mayor número posible de seres humanos alcanzar el estado de «Paz y armonía» en el que la guerra y el sufrimiento ya no tienen cabida.

El Mesías HAMSAH MANARAH revela que el planeta Tierra ya conoció, en un pasado lejano, la Edad de Oro: una época en la que la humanidad, respetuosa con las leyes divinas y las leyes de la naturaleza, vivía en la fraternidad, la justicia y la paz, sin conocer la desdicha, ni la enfermedad, ni los tormentos de la muerte. Una situación idílica a la que aspiran todos los seres. Pero si los seres humanos dejan de elegir realizar los esfuerzos necesarios para mantenerla, esa armonía se degrada. La humanidad de la Edad de Oro cae entonces lentamente hacia «los abismos de la noche sin Dios». Veamos ahora cómo y por qué se produjeron esta degradación y esta caída.

LA EDAD DE PLATA

Para mantener la Edad de Oro en la Tierra, los Iniciados y los Sabios deben preservarla imperativamente de toda forma de regresión. Para lograrlo, deben:

  • 1. Orar sin cesar por la evolución de los reinos de la naturaleza;
  • 2. Arrancar sin descanso la hiedra trepadora de las malas inclinaciones de la humanidad.

Pero, tras varios siglos y milenios de este trabajo asiduo, los Iniciados, los Sabios y los Santos se cansaron y aspiraron a un reposo ilusorio. Esta indolencia y este relajamiento del esfuerzo alteraron la Edad de Oro y sumieron a la humanidad en la Edad de Plata. Todavía no era la edad de las guerras, pero el feliz equilibrio y la armonía de la Edad de Oro y de Unidad se habían roto.

«De la Edad de Oro a la Edad de Plata no hay más que un paso, el del olvido de los deberes y las responsabilidades, que acarrea pereza, inercia, egoísmo, cansancio y división de las Luces de Dios».[3]

LA EDAD DE COBRE

La inercia de la Edad de Plata perturbó la evolución, que se volvió incapaz de estimular a los seres en la vía del progreso y del desarrollo espiritual. Esta perversión alejó a los seres humanos de su Dios interior, presente en cada uno. El olvido de Dios dejó un vacío que las humanidades intentaron compensar con la conquista y la exploración de la materia, que supuestamente resolvería todos los problemas. Esta ilusión dio origen a «una ciencia sin Dios ni conciencia» y a un declive moral y físico que provocaron la caída de la humanidad en la Edad de Cobre.

La Edad de Cobre es la Edad de la sinrazón, en la que las humanidades, inconscientes de sus responsabilidades, experimentan los abusos de la ciencia. Es la edad de las guerras alimentadas por armas cada vez más sofisticadas.

LA EDAD DE HIERRO

Después de la Edad de Cobre, la degradación prosiguió inexorablemente y hizo caer a la humanidad en la Edad de Hierro, que es el fondo del abismo. La humanidad no puede caer más bajo en la involución. En la Edad de Hierro, las almas experimentan la fría noche sin Dios y el olvido de las verdades superiores. Esta amnesia robotiza las almas y las encadena a la dualidad de los infiernos y los paraísos artificiales.

Obsesionada por el beneficio e inconsciente de sus deberes, la humanidad olvida que el planeta Tierra es un ser vivo cuyas leyes y reglas de vida hay que respetar so pena de graves desórdenes. Los hombres contaminan la atmósfera, los acuíferos y los suelos. El Planeta sufre por el comportamiento de los seres humanos y se rebela. Las catástrofes naturales, las hambrunas, las erupciones volcánicas, los tsunamis, los seísmos, los ciclones devastadores y los accidentes nucleares causan numerosas víctimas. Enfermedades desconocidas ponen en peligro la vida, y crisis sociales y financieras arruinan a los Estados y a los ciudadanos. Otras tantas pruebas que hacen sufrir a la humanidad y amenazan gravemente la serenidad y la paz.

«El estado de cosas al final de la Edad de Hierro se ha vuelto tan sombrío y tenebroso» que, a falta de una reacción vigorosa y saludable, el navío planetario se encamina hacia la autodestrucción de la humanidad.

Para comprender su error y cambiar de mentalidad, la humanidad debía verse ante esta temible alternativa: o enderezar la situación, o dejarse arrastrar al abismo de la autodestrucción y de la extinción.

II. LA NECESARIA INTERVENCIÓN DE UN ENVIADO DIVINO

La mentalidad de la Edad de Hierro está tan alejada de la mentalidad de la Edad de Oro que a una humanidad de la Edad de Hierro le resulta muy difícil franquear, sola y por sus propios medios, la distancia que la separa del estado de conciencia de la Edad de Oro. Los aumistas no son tan ingenuos como para creer que una revolución de esta naturaleza y de esta magnitud pueda realizarse de un golpe de varita mágica. Sin embargo, la humanidad no queda abandonada a su triste suerte ni a los desafíos que debe afrontar. Cuando atraviesa un período tan difícil que la vida y el futuro del planeta corren peligro, Dios, o la Conciencia Universal, interviene para prestar su ayuda. Este acto de compasión y de salvaguarda se manifiesta por la intercesión de un Guía, de un Mensajero o MESÍAS especialmente enviado. La historia de la humanidad menciona varios ejemplos de estas intervenciones salvadoras a lo largo del tiempo y en todos los pueblos. Entre ellas pueden citarse el Buda, Abraham, Moisés, Cristo, Mahoma, los Profetas, algunos Santos, etc.

Como dice la célebre cita de la Bhagavad Gita (IV, 7): «Cada vez que la Ley espiritual se borra y se alza la injusticia, un Enviado de los planos celestes desciende en persona para la protección de los buenos y la destrucción de los malvados. Para restablecer el orden, nace de Edad en Edad».

En nuestra época, es a Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH a quien las Potencias Celestes han confiado esta noble Misión. Para salvar al planeta de los peligros que lo amenazan, el Mesías viene a revelar a la humanidad una Enseñanza fundada en las reglas que hay que respetar para restablecer la Edad de Oro, en «la evolución moral y espiritual del mundo y de los universos» y en la práctica de la oración y de los «pensamientos optimistas, fraternos, unitarios y constructivos».

Como veremos en el resto de esta ponencia, la Misión del MESÍAS consiste en restablecer las bases de la UNIDAD de las religiones, los pueblos y las naciones en una misma lengua, en torno al mismo trono del Absoluto, del DIOS único.

III. LA ENSEÑANZA DEL MESÍAS PARA RESTABLECER LA PAZ EN EL MUNDO

El MESÍAS vino a enseñar a la humanidad el camino que hay que seguir para restablecer la Edad de Oro e instaurar una paz universal en la Tierra. Como los principales elementos de esta enseñanza se han expuesto durante este Coloquio, nos limitaremos a recordar los más importantes. En primer lugar: la Unidad de los Rostros de Dios.

LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS

Con la UNIDAD de los ROSTROS de DIOS, el Mesías HAMSAH MANARAH restablece la verdad sobre Dios. Los seres humanos no deben en ningún caso dejarse engañar por los distintos nombres y concepciones que los pueblos han dado a Dios a lo largo de los milenios. Más allá de estas apariencias ilusorias, se trata siempre de una sola, misma y única realidad. En el seno de la Creación no existe más que un solo, mismo y único DIOS. Esta verdad hace absurdas las oposiciones y los enfrentamientos interreligiosos que sufre la humanidad. Contribuye a eliminar toda forma de discriminación religiosa, de intolerancia, de fanatismo y de sectarismo para instaurar una Nueva Era de síntesis, de Unidad, de armonía y de paz en la Tierra.

EL TEMPLO PIRÁMIDE

El Templo Pirámide existía en el origen de la Creación. La religión aumista ha recibido la Misión de reconstruir este Templo en la Tierra para cristalizar el concepto de la Unidad de los Rostros de Dios. Este Templo armonizará y orientará las energías espirituales en el sentido de la evolución, de la Liberación Espiritual y de la Reintegración Divina de la humanidad, según el lema: «Templo Pirámide de la Unidad, humanidad reconciliada». Por ello, el Templo PIRÁMIDE es un elemento importante de la Ley de Evolución y de la paz.

LA LEY DE EVOLUCIÓN

El MESÍAS HAMSAH MANARAH vino a restaurar la Ley de Evolución, ilustrada en el Aumismo por la Pirámide Evolutiva de los Reinos de la Naturaleza. Si la Ley de Evolución no existiera, no sería posible ninguna mejora de la creación, del ser humano, de las sociedades humanas y de la naturaleza, indispensable para instaurar la Edad de Oro en la Tierra. La Ley de Evolución implica que todo en el universo tiene como objetivo alcanzar el nivel superior. Esta ley es el «motor» de la Creación, que estimula todas las formas de vida en el sentido del progreso. La Ley de Evolución implica la evolución de las conciencias y de las mentalidades, que determinan el carácter y el comportamiento de los seres humanos en la vida y en el seno de las sociedades. Esta evolución no concierne únicamente al mundo físico de la encarnación; concierne también a la evolución de las almas después de la muerte del cuerpo.

LA COLUMNA DE LUZ

En el Aumismo, la muerte, en el sentido común del término, no existe. La muerte no es más que un «cambio de estado». «Es la continuidad en el astral de la vida en el plano físico»: el mundo post mortem se presenta en forma de una Columna de Luz, que es una gran universidad espiritual que permite a las almas evolucionar, remontarse hacia Dios y formarse en las reglas y leyes de la Edad de Oro.[4] Cuando esta formación termina, las almas que lo merecen se reencarnan en la Tierra para poner estos nuevos conocimientos al servicio de la humanidad. Así, con la Columna de Luz, la Paz de la Edad de Oro se instaurará progresivamente en la Tierra.

LAS LEYES MORALES DE LA EDAD DE ORO

Además de los aspectos que acabamos de evocar, la religión aumista hace hincapié en cierto número de Leyes morales de la Edad de Oro. Entre ellas, recordemos la Ley del Perdón y la Ley del Compartir.

La Ley del Perdón[5]

Esta importante Ley implica, en primer lugar, que cada uno debe perdonarse a sí mismo «el mal cometido contra su prójimo en actos, palabras y pensamientos». Después hay que perdonar a los enemigos el mal que han «hecho en actos, palabras y pensamientos». Cada día hay que bendecir a los enemigos «pidiendo que la Luz esté en su corazón y en su espíritu».

«El perdón es la vía que conduce al Amor Universal… Abre el corazón y el espíritu de quienes beben de él». Sin embargo, perdonar no significa convertirse en un felpudo. Aplicar la Ley del Perdón equivale a hacer de un enemigo un amigo, a sembrar la reconciliación a nuestro alrededor y así, poco a poco, establecer un mundo de armonía y de paz que permita salvar a la Tierra de la autodestrucción.

La Ley del Compartir[6]

La Ley del Compartir implica que el saber, los conocimientos y los logros materiales y espirituales deben compartirse con el prójimo. Esta Ley excluye toda forma de egoísmo, a cualquier nivel.

«Esta Ley del Compartir es una de las más importantes que hay que respetar, y debe aplicarse en cada etapa de la vida, permitiendo a la Sociedad vivir en Unidad».

Esta solidaridad entre las generaciones, los pueblos, las razas y las naciones no puede sino acelerar la llegada de una humanidad pacífica fundada en la fraternidad y en la paz.

CONCLUSIÓN

Puesto que las guerras tienen su raíz en la mente de los hombres, se impone el realismo. Para instaurar la Paz en el mundo, cada uno debe eliminar de su mente todas las causas de conflictos y de guerras que residen en ella. Esta operación no es espontánea; exige determinación, un método y un esfuerzo sostenido. Llevar a cabo esta revolución interior e individual es una elección vital que forma parte integrante de la Ley de Evolución. Se trata de un combate con uno mismo que se libra sin armas de guerra y sin derramar sangre.

No se trata en ningún caso de llevar a cabo una acción militante sobre el mundo y la sociedad; se trata de privilegiar la acción sobre uno mismo para instaurar una ética de responsabilidad individual. Para ayudar a la humanidad a alcanzar este resultado, el MESÍAS HAMSAH MANARAH fundó la religión aumista, que incluye en su doctrina la Ley de los Ciclos, la Unidad de los Rostros de Dios, el Templo Pirámide de la Unidad, la Ley de Evolución de las almas con la Pirámide Evolutiva de los reinos de la naturaleza, la Columna de Luz del mundo post mortem, las Leyes Morales de la Edad de Oro y muchos otros elementos imposibles de citar en una sola ponencia.

El Mesías HAMSAH MANARAH advierte a la humanidad:

«He venido a traer la Ley de Evolución, nueva Arca de la Alianza con Dios».

«La Evolución conduce a Dios; la involución, en cambio, solo puede conducir a la disolución, al caos, a la nada».[7]

*******

[1] Le Flambeau d’Unité, p. 69.

[2] La Doctrine de l’Aumisme, p. 119.

[3] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 27.

[4] La Doctrine de l’Aumisme, p. 267.

[5] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 319.

[6] Ibid., p. 316.

[7] Le Flambeau d’Unité, pp. 291-292.

Volver a la página de inicio

El Señor Hamsah ManarahEl Mandarom y sus símbolos
TODAS LAS CONFERENCIAS