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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 8 – CONSTRUIR LA PAZ EN LA VIDA COTIDIANA

Enseñanzas y conferencias

CONSTRUIR LA PAZ EN LA VIDA COTIDIANA

El mundo sufre por su propia violencia; debe aprender la paz. La urgencia es tal que ya no podemos limitarnos a decir: «¡Esto tiene que cambiar!». A cada uno le corresponde aportar directamente su contribución a la paz. Esta frase de Gandhi es de plena actualidad: «Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo».

Digamos enseguida que no se trata de negar la importancia de las decisiones y las acciones colectivas necesarias para un cambio global en el plano de las estructuras. Pero hay que comprender bien que cada uno debe contribuir individualmente a la evolución colectiva, sin descargar sistemáticamente la responsabilidad en los demás. En la Constitución de la Unesco se dice: «Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz». Y es en cada instante cuando debemos empezar a erigir en nuestra mente los baluartes de la paz.

En este tercer milenio, el Señor HAMSAH MANARAH fundó la religión aumista, que propone respuestas a los interrogantes de un mundo en transformación y ayuda a cada uno a ser un artesano de la paz en su vida cotidiana, sea cual sea su camino personal. La Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, en efecto, no establece segregación entre creyentes y ateos, ni entre hombres y mujeres de cualquier raza, pues lo Divino está presente en cada uno: «Tenéis derecho a negar la existencia de Dios, pero tenéis el deber de transformaros, de mejoraros para la felicidad del mundo».[1]

Es por la humanidad entera por lo que el MESÍAS se encarnó y obró en lo visible y lo invisible, para que en adelante cada uno sea libre de elegir la vía de la Unidad, fuente de una felicidad verdadera. Nos guía hacia la autonomía: «Os indico el camino, pero no puedo recorrerlo en vuestro lugar. No rehuséis el esfuerzo que hay que realizar».[2]

A cada uno le corresponde, pues, hacerse cargo de sí mismo y aprovechar su oportunidad de entrar en la Era de la paz ante la elección que se presenta en todas las circunstancias de la vida diaria:

  • a favor o en contra del odio y el desprecio;
  • a favor o en contra de la benevolencia y el respeto de las diferencias.

En la coyuntura actual, tomamos conciencia de que todos somos marineros del mismo barco y de que, si una parte de la humanidad está en dificultades, las demás sufren las consecuencias. Somos responsables no solo de nuestro futuro, sino también del futuro del planeta. Juntos debemos enderezar el timón.

Para cerrar este coloquio, abordaremos, pues, en esta ponencia tres puntos que todos podemos poner en práctica a diario:

  • 1. Podemos crear un clima de paz a nuestro alrededor.
  • 2. Podemos educar a las nuevas generaciones para la paz.
  • 3. Y podemos ayudar a la humanidad con nuestros pensamientos de paz.

I. CÓMO CREAR UN CLIMA DE PAZ A NUESTRO ALREDEDOR

«Si pensáis mal», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «actuaréis mal; si actuáis mal, perpetuaréis las guerras; si las guerras se perpetúan, aumentaréis la desdicha de vuestro planeta».[3] Para contribuir a la paz, hemos visto durante este coloquio la necesidad de realizar actos en el sentido de la solidaridad, de la justicia y de la reconciliación con los hombres y la naturaleza. Todo ello va unido a una manera de pensar positiva. No es un optimismo ingenuo. Es la capacidad de ver obrar las fuerzas de la vida más allá de las dificultades cotidianas y de las imperfecciones de cada uno.

La elección de los pensamientos

¿Qué ocurre si no dirigimos hacia nosotros mismos una mirada positiva, es decir, confiada en nuestra capacidad de progresar?

  • Ya solo vemos nuestros defectos. Acabamos rechazando ciertos aspectos de nosotros mismos.
  • Este conflicto nos priva de la paz interior y deteriora nuestras relaciones, porque proyectamos en el otro lo que rechazamos en nosotros mismos.

¿Qué ocurre si encerramos a personas de nuestro entorno en una mirada negativa?

  • Cargamos nuestra mente de malos pensamientos.
  • Si el mal que vemos es real, la focalización de nuestros pensamientos lo alimenta.
  • Si es nuestra imaginación la que proyecta el mal en el otro, lleva a esa persona a reaccionar con rencor o, a veces, a ajustarse a la idea que nos hacemos de ella.

Al final, frenamos a la vez nuestra propia evolución y la de los demás, nos hacemos desgraciados y alimentamos el río colectivo de la discordia. Para estar en paz con uno mismo y con los demás, hay que cultivar, pues, una actitud positiva hacia uno mismo y hacia el propio entorno. Hay que aceptar, y después transformar, lo que necesita mejorarse. Y sobre todo hay que permanecer centrado en las propias cualidades, en las aspiraciones más nobles, en lo Divino presente en uno mismo como en cada uno. No es fácil, porque hay en nosotros obstáculos a veces muy arraigados… Pero si perseveramos, esta actitud constructiva desarrolla la autoestima y la confianza que permite cultivar la benevolencia, de la que el Señor dice que es un «deber social».

Entonces es posible vivir en paz con nuestro entorno:

  • tomar distancia respecto a la opinión de los demás y no dar importancia a las críticas malintencionadas, sabiendo reconocer al mismo tiempo lo que puede hacernos progresar;
  • desarrollar la tolerancia: ¡esforzarse por tolerar ya 3 defectos en quienes nos rodean!
  • aprender a perdonar, algo que se desarrolló en la ponencia sobre la reconciliación.

Desde luego, no se cambia por completo la manera de pensar de la noche a la mañana. Es fruto de un entrenamiento diario en el que el Señor nos ayuda con paciencia y amor. ¿Se nos escapan pensamientos malintencionados? Nos da el medio de neutralizarlos: «Restableced el equilibrio construyendo mejores pensamientos y difundiéndolos hasta el infinito».[4]

¿Nos ocurre recaer, desanimarnos? Nos devuelve la confianza: «Dios nunca te abandona; Dios no cuenta tus caídas, con tal de que te levantes».[5]

Nos invita también a elevar nuestros pensamientos en la Vía de la Compasión, dándonos el ejemplo sublime del Ser Realizado, fusionado en Dios: «El hombre de Compasión teme más los efectos del mal para quienes lo hacen que para sí mismo».[6] Y ello porque el odio causa la desdicha de quien lo cultiva, del mismo modo que el amor crea las condiciones de la felicidad.

La oración del OM

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos ofrece una herramienta extraordinaria: el OM, oración de la paz. Es el primer Nombre de Dios, el Verbo de la Unidad.

«El Sonido OM es el Nombre Divino, es el Sonido más poderoso, es el símbolo de la realidad suprema. Por eso cantar el OM es un inmenso privilegio».[7] Los beneficios del OM se ofrecen a todos: «Aunque al principio no creáis en Dios», dice el Señor, «comprobad sus efectos milagrosos…».[8] Pero para todos hay una condición ineludible: el Sonido OM debe repetirse únicamente con intenciones benevolentes.

  • Repetir el OM es derramar un diluvio de semillas de Luz. Es participar en la aniquilación del «monstruo colectivo del odio». Recordemos que quien ora por la paz y la felicidad de los demás construye su paz interior y su propia felicidad.
  • Además, para quienes desean acelerar su transformación interior, el Sonido OM permite limpiar las energías negativas acumuladas de vida en vida por cada individuo y que le impiden evolucionar: «En cada ser existen: la negatividad; el temor, el miedo; el pesimismo; el espíritu “tamásico” que rechaza todo esfuerzo; el sentimiento de culpabilidad, de autocastigo y de autodestrucción; el apego al pasado y a los recuerdos; el apego al sufrimiento y al karma, etc.».[9] Esta cristalización de energías nefastas se sitúa bajo nuestros pies (el «doble de las profundidades») y por encima de nuestras cabezas (el «doble aéreo», que contiene las memorias del alma desde su creación). Enviar la luz blanca del OM a esas zonas de sombra permite purificarlas. Los obstáculos interiores se aligeran y podemos avanzar cada vez más libremente por la vía de la paz.

Estos esfuerzos de los adultos por avanzar hacia la paz dan a los niños un ejemplo que seguir y un entorno favorable. «Los niños, que serán los adultos y, por tanto, los gobernantes del mañana, si no disfrutan de un clima armónico y sereno, serán unas veces rencorosos y otras agresivos, y la sociedad entera temblará sobre sus cimientos ante la cosecha de odio de las generaciones venideras».[10] Con esta perspectiva, deben recibir también una educación que los abra al respeto y al amor.

II. ALGUNOS PRINCIPIOS BÁSICOS PARA EDUCAR A LOS NIÑOS PARA LA PAZ SEGÚN EL AUMISMO

La educación concierne a todos los adultos. Sean o no padres, tienen una responsabilidad hacia la juventud por el ejemplo, los consejos y la experiencia que pueden aportar. Se evitará especialmente encerrar a los jóvenes en la prisión de los prejuicios.

«Preparad a vuestros hijos para que lleguen a ser Caballeros de la Paz universal. Esto supone: la cultura de la no violencia, la ausencia de racismo, la simpatía por todas las naciones, el respeto de todas las creencias y religiones, la mayor tolerancia, el Amor universal».[11]

El respeto de lo Divino presente en cada ser

El Aumismo propone un cambio de mentalidad necesariamente duradero, porque se basa en el respeto de lo Divino presente en cada ser. En una sociedad que pierde el sentido, demasiados jóvenes están sin referencias, sin objetivo, en busca de identidad. Ejercen violencia contra sí mismos (conocemos las consecuencias de la droga, de los juegos peligrosos, de los retos extremos a veces suicidas) y contra los demás (vemos a menores cometer agresiones diversas, a veces mortales).

  1. Los niños ganarán, pues, aprendiendo desde el principio que lo Divino está presente en ellos y que el sentido de la vida es desarrollarse expresándolo, es decir, desarrollando lo mejor de uno mismo. «Llega a ser el Dios que eres», dice el Fundador del Aumismo, proponiendo partir a la conquista de una felicidad verdadera.
  2. Con la idea de que lo Divino está en cada uno, los niños escaparán al desprecio y a la violencia que impregnan el racismo y el sexismo. Cultivarán el respeto mutuo y el respeto de las diferencias.
    Por otra parte, según el Aumismo, a través de la reencarnación cada uno vive experiencias diversas en cuerpos de sexo, raza y cultura diferentes, con el objetivo de avanzar hacia más amor. Rechazar a quien es diferente es rechazarse a sí mismo, porque quizá ya hemos estado en su lugar en una vida anterior o quizá lo estaremos en una próxima vida.
  3. Sabiendo que Dios es el mismo para todos, según el principio de la Unidad de los Rostros de Dios, que se resume así: «Dios es Uno, sea cual sea el Nombre con que se Le designe», los jóvenes sabrán escapar al fanatismo, al sectarismo y a las guerras de religión. Darán muestras de tolerancia.
  4. Sabiendo que lo Divino está en toda la creación, que evoluciona en el interior de la Pirámide evolutiva, aprenderán a respetar y proteger todos los reinos de la naturaleza.

Una no violencia bien entendida

La no violencia es un valor fundamental. Sin embargo, no hay que confundir la no violencia con una debilidad que se sometiera al odio.

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH no predica la blandura, pues «la bondad en la debilidad no es la verdadera bondad».[12] La debilidad engendra miedo, y el miedo falsea las relaciones humanas: vuelve desconfiado y agresivo y atrae desconfianza y agresividad por parte de los demás; ni la apertura, ni la confianza, ni la mirada positiva son posibles. Por el contrario, «la fuerza impone un amor verdadero que el miedo al otro no viene a profanar».[13] Practicando la positivación de la mente (en Le Yoga de la vie pratique se dan técnicas eficaces), practicando el hatha yoga y las artes marciales, el niño aprende a dominarse y a no agredir a los demás, pero adquiere la fuerza para defenderse si es necesario y para proteger a los demás.

En un texto titulado «Código de los jóvenes Caballeros de la paz», que podéis encontrar en L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 248, el Señor da a la juventud referencias para construir un futuro mejor. El niño adquiere así el sentido de la universalidad: «Se detiene en lo que acerca a los hombres en lugar de dividirlos. Ama fielmente a su país, pero no olvida que es ciudadano del mundo y del universo». Precisemos que algunos humanistas no creen en Dios pero creen en el hombre: preconizan valores educativos que tienen como fundamento el respeto, y nos damos la mano con ellos para construir la paz.

Como veis, transformar nuestra mente en una central que genere pensamientos positivos y benevolentes da una dimensión nueva a nuestra vida cotidiana:

  • aquí y ahora, podemos vivir en paz con nosotros mismos y con nuestro entorno;
  • podemos franquear los límites del tiempo y preparar la paz futura gracias a una educación que dé a los jóvenes la fuerza de instaurar y mantener la paz;
  • y podemos también franquear los límites del espacio y ayudar a los seres humanos de todos los continentes, lo que nos lleva a nuestro tercer punto.

III. PODEMOS AYUDAR A LA HUMANIDAD CON NUESTROS PENSAMIENTOS DE PAZ

Las oraciones y los pensamientos de benevolencia conducen a acciones justas. Además, constituyen también en sí mismos una ayuda para todos. Alimentan un río de amor. Tanto si estamos en el trabajo, en un supermercado, en un cine, en un estadio o en casa, haciendo la limpieza o delante de la televisión, podemos dirigir pensamientos de amor al otro extremo del planeta para sostener a quienes sufren y contrarrestar los pensamientos de odio.

«Con vuestros pensamientos benéficos, generad una poderosa corriente de paz, de fraternidad y de amor verdadero, lo bastante fuerte para conjurar la guerra y los conflictos sociales».[14]

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos anima a hacernos cargo del futuro del planeta: «Elevar el nivel moral de la humanidad saturando la mente de los seres humanos de pensamientos optimistas, fraternos, unitarios y constructivos se ha convertido en una urgencia. Habría que invitar a todos los seres humanos, creyentes y no creyentes, a dirigir pensamientos de benevolencia hacia los jefes de Estado, los pueblos y las naciones, a fin de preparar un futuro de armonía social y de paz».[15]

Así, todas las personas de buena voluntad contribuirán a la paz haciendo esta breve oración:

«Que el Amor, la Armonía y la Paz reinen entre todos los hombres, todos los pueblos, todas las naciones.
Que la Edad de Oro se cristalice en la Tierra».[16]

CONCLUSIÓN

Para concluir, si os parece bien, pensemos juntos en los hombres, las mujeres y los niños de nuestro planeta, que hoy vive una profunda transformación:

  • Para que sean ayudados todos aquellos que, de un modo u otro, viven en el temor y en la prueba… OM
  • Para que los pensamientos positivos de respeto y de tolerancia generen cada vez más comportamientos justos y solidarios y triunfen sobre la violencia en la vida cotidiana de cada ser humano… OM
  • Para que, a través de las tomas de conciencia actuales, crezca y se acelere en todos los pueblos del mundo el cambio de mentalidad que conduce a la paz… OM

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[1] L’Unité des Visages de Dieu, p. 389.

[2] Ibid., p. 378.

[3] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 163.

[4] Ibid., p. 151.

[5] Une Loi pour détruire le Mal, p. 422.

[6] Le Maître spirituel et le disciple, p. 60.

[7] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 27.

[8] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 111.

[9] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 157.

[10] Ibid., p. 179.

[11] Le Yoga de la vie pratique, p. 277.

[12] Le Maître spirituel et le disciple, p. 102.

[13] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 446.

[14] L’Unité des Visages de Dieu, p. 390.

[15] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 302.

[16] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 313.

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