COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 9 – LOGRAR UNA VIDA PLENA ES SER SOLIDARIO DE TODO LO QUE VIVE
LOGRAR UNA VIDA PLENA ES SER SOLIDARIO DE TODO LO QUE VIVE
RESUMEN
Todos los seres humanos quieren ser felices. Pero ¿cuántos aceptan la idea de que su felicidad depende de ellos mismos y de la naturaleza de sus pensamientos? Solo una revolución de las mentalidades, que dé su lugar a la dimensión espiritual del hombre, puede limitar las agresiones de un materialismo ciego. La Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH ayuda a cada uno, de manera concreta, a superar las pruebas, a comprender el sentido de la vida, a evolucionar y a desarrollar su alegría de vivir. El Aumismo propone respuestas constructivas a los problemas que acosan a la humanidad. El camino hacia la unidad y la solidaridad planetarias, fundamento de la Edad de Oro, es indispensable para un reencantamiento progresivo de la vida y del mundo y para la conquista de una felicidad duradera para todos los seres humanos. La humanidad se encuentra hoy ante sus responsabilidades. Cada uno debe elegir libre y conscientemente transformarse a sí mismo. La historia demuestra que nada de lo que se impone desde fuera puede ser duradero.
PONENCIA
En la línea de nuestro anterior Coloquio dedicado a «La evolución de las conciencias», el tema del Coloquio 2004 se consagró a los medios que propone la Religión Aumista para «Lograr una vida plena mediante la conquista de la felicidad interior».
¿De qué serviría la evolución de las conciencias a través de las vicisitudes de la vida si no desembocara en una vida más consciente, más plena y más feliz?
En esta última conferencia abordaremos los puntos siguientes:
I – SE IMPONE UNA REVOLUCIÓN DE LAS MENTALIDADES
II – LA NATURALEZA ESPIRITUAL DEL HOMBRE
III – FORMAS DE FELICIDAD QUE PROPONE EL AUMISMO
IV – NO PUEDE HABER FELICIDAD SIN SOLIDARIDAD CON TODO LO QUE VIVE
I – SE IMPONE UNA REVOLUCIÓN DE LAS MENTALIDADES
Todos los seres humanos aspiran a la felicidad, aunque se trate de una noción que sigue siendo individual y subjetiva. La multiplicación de libros y sitios de internet dedicados al desarrollo personal y a los medios de movilizar los recursos individuales para desarrollar la personalidad y conquistar la felicidad y la alegría de vivir demuestra:
1. Que nuestros contemporáneos se interrogan sobre el verdadero sentido de la existencia, sobre el éxito y sobre los medios de conquistar la felicidad.
2. Que las mentalidades evolucionan hacia la búsqueda de valores y de sentido que, en un pasado reciente, se habrían podido creer anticuados y superados.
Aunque una verdadera toma de conciencia sigue siendo todavía marginal, resulta cada vez más evidente que los bienes de consumo y el confort material no bastan por sí solos para colmar el vacío interior que sienten muchos de nuestros contemporáneos. Así, vemos a personalidades adineradas, en la cumbre de la popularidad y de la gloria, suicidarse por desesperación. A la inversa, existen personas modestas que irradian alegría de vivir.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH observa que: «la humanidad ha hecho grandes progresos en todas las direcciones en lo que respecta al dominio del mundo exterior; pero, en cuanto a la conquista del universo interior, la mayoría de los seres ignoran el abecedario relativo a la ascensión a las cumbres de su ser». (La Réintégration Divine par le Yoga, p. 142).
El materialismo ha inaugurado un mundo desencantado en el que las jóvenes generaciones se forman principalmente en el plano intelectual y en el que el rendimiento y el espíritu de competición se erigen en dogma. Pero el reinado del egocentrismo y de su corolario, la separatividad, «agrede el psiquismo». En efecto, «Todo efecto tiene una causa; lo que el hombre siembra, eso cosecha». (La Réintégration Divine par le Yoga, p. 124).
Según las recomendaciones de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, una formación humana integral y equilibrada del ser humano debe incluir una educación espiritual. La educación es capital. De todos los seres vivos, el hombre es la criatura más desvalida al nacer. Pese a sus ricas potencialidades latentes, el ser humano tiene que aprenderlo todo: a caminar, a hablar, etc. La espiritualidad no es una excepción a esta regla. A falta de una formación adecuada, el hombre puede permanecer toda su vida ignorando lo que una auténtica espiritualidad aporta al desarrollo de la personalidad. Resultado: en las sociedades occidentales, el vacío dejado por DIOS se sustituye por sucedáneos. Los dioses de la televisión, del rock, de la política y de los estadios se han convertido en los maestros que enseñan a pensar y a comportarse a las jóvenes generaciones. Estos nuevos ídolos temporales y efímeros son objeto de un culto y de una veneración casi religiosos que desatan las pasiones hasta provocar verdaderas escenas de histeria colectiva en concentraciones multitudinarias. En los casos más dramáticos, los jóvenes buscan en las drogas, el alcohol y la violencia gratuita distracciones y compensaciones a su vacío y a su malestar interior. Por otra parte, resulta cada vez más evidente que una visión puramente científica y racional del mundo no puede en ningún caso sustituir a una explicación espiritual de la vida.
Para la religión aumista: «La ciencia se convertirá en un faro de conocimiento al aliarse con la intuición espiritual de los Sabios para guiar mejor a la Tierra por el camino de un porvenir luminoso». (Une Loi pour Détruire le Mal, p. 423). Los testimonios legados por los místicos de las diferentes tradiciones llevan a pensar que la fascinación ejercida por una ciencia materialista y el culto ilusorio de los ídolos nunca equivaldrán a la plenitud que aporta la fusión con el Yo Supremo presente en cada uno.
II – LA NATURALEZA ESPIRITUAL DEL HOMBRE
Como enseña Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, el ser humano no se reduce a «un conjunto de carne y huesos en un saco de piel». Si colocamos uno junto a otro al mayor sabio y al criminal más odioso, su constitución física es idéntica. Su antagonismo se sitúa en su estado de espíritu y en su nivel de conciencia, que determinan su comportamiento en la vida. Como explicaron las conferencias sobre el control de las emociones y el pensamiento positivo, la felicidad o la desdicha del ser humano dependen esencialmente de la naturaleza de sus pensamientos, es decir, del estado de espíritu que mantiene en el campo de la conciencia.
Puesto que la ciencia nunca podrá diseccionar una conciencia humana bajo un microscopio, la exploración del espíritu humano seguirá siendo por mucho tiempo privilegio de la espiritualidad.
«Solo la conciencia puede estudiar la conciencia». El papel de las religiones y de la espiritualidad es aportar respuestas sobre la cara invisible del hombre y del mundo, el sentido y la finalidad de la vida, y la suerte que nos espera tras la muerte. Son nociones que arrojan una luz distinta sobre la vida humana. Los valores morales, culturales y espirituales que las sociedades necesitan «nacieron históricamente en las religiones». Las grandes civilizaciones y las sociedades tradicionales consideraban la espiritualidad como un fenómeno natural indisociable de la vida cotidiana. Mediante los ritos, lo sagrado debía preservar la armonía cósmica, que es fuente de vida.
Contrariamente a lo que afirman algunos contemporáneos, y al activismo de extremistas antirreligiosos y de ciertos materialistas, la verdadera espiritualidad no es peligrosa para la salud mental de los ciudadanos, para las democracias ni para la laicidad. La espiritualidad auténtica está arraigada en el hombre; no conduce a la mistificación ni a la alienación del individuo. La religión no es «el opio del pueblo». Las ideologías materialistas y las presiones económicas de una globalización «salvaje» y de una sociedad de consumo invasora engendran numerosos dramas humanos. Para compensar el aspecto negativo de un materialismo exacerbado, la aportación de la espiritualidad es esencial para la humanidad.
III – FORMAS DE FELICIDAD QUE PROPONE EL AUMISMO
Aunque el ser humano esté sometido a cierto grado de determinismo, de condicionamiento y de patrimonio genético, no existe por ello la fatalidad. «El hombre es libre en esencia; es la actitud mental adoptada en el curso de la vida la que lo aprisiona (…) Arrastrada por la Ley fundamental de la Evolución, la humanidad tiende, a pesar suyo, a perfeccionarse. Sin embargo, como todo debe merecerse, se produce la separación entre quienes se dejan arrastrar y quienes toman en sus manos su destino» (La Réintégration Divine par le Yoga, p. 302).
Según la constatación de Erasmo, «no se nace hombre, se llega a serlo».
Algunos filósofos contemporáneos hablan de «la humanización de lo divino». El Señor HAMSAH MANARAH propone la divinización del hombre: «Conviértete en el Dios que eres en potencia», enseña Él con fuerza.
En los Salmos (Salmo 82, 6) y en el Evangelio de San Juan (Juan 10, 34), donde Cristo lo cita, leemos: «Yo dije: vosotros sois dioses».
La Religión Aumista considera que esta divinización del hombre es la finalidad de la vida y permite alcanzar la verdadera felicidad. Esta divinización del hombre consiste en realizar «la Unidad con el Yo Supremo» presente en cada uno. Situados en la cumbre de la Pirámide evolutiva, todos los seres humanos son Dioses, Cristos y Budas en potencia. No se trata en ningún caso de una pretensión sacrílega y quimérica. Se trata de devolver a la Esencia última de nuestro ser el lugar que le corresponde. Pero esta divinización, así como «las celestes golosinas que la acompañan», no se concede espontáneamente. Es fruto del esfuerzo.
Como demuestra el «Periplo Iniciático» del Señor HAMSAH MANARAH, hay que obrar con determinación para conquistar la Divinización. En el marco de esta ponencia es imposible abarcar esta vasta cuestión. A modo de ejemplo, daremos una idea de las propuestas formuladas por el Señor HAMSAH MANARAH para realizar serenamente esta soberana metamorfosis de la naturaleza humana.
En su libro La Réintégration Divine par le Yoga, Deviens le Dieu que tu es (pp. 167 a 208), Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH propone a quien aspira a la felicidad «Diecisiete Claves» para conquistar la Liberación Espiritual y la Reintegración Divina. Para descubrir el verdadero sentido de la vida, que se oculta tras el velo ilusorio de lo visible, no es necesario cargarse de teología ni de una «representación dogmática de la divinidad». Como explicaron las conferencias pronunciadas durante este Coloquio, en la práctica debemos:
– vigilar nuestros pensamientos, cultivar las más altas aspiraciones, trabajar por la armonía interior y tender hacia la más alta sabiduría,
– barrer los obstáculos que constituyen los pensamientos de miedo, de temor y de angustia enterrados en el inconsciente, que frenan nuestra evolución espiritual,
– disipar la atracción desmedida del mundo fenoménico, que alimenta las ilusiones de nuestro pequeño yo egocéntrico,
– eliminar las imperfecciones humanas y «las impregnaciones negativas» que alteran y contaminan nuestra personalidad,
– esforzarnos por ajustarnos cada vez más a las sugerencias de la «Conciencia Luz» y del «Yo Supremo», eternamente libres, que residen en el corazón de cada ser.
La Religión Aumista y el Monasterio de MANDAROM SHAMBHASALEM ofrecen a las almas comprometidas en la vía de la Liberación Espiritual una enseñanza, una práctica y un marco adaptados a su camino espiritual. El sabio es aquel que sabe estar presente en el mundo practicando a la vez la regla capital del desapego, que le permite vencer la afectividad y los tormentos de la vida, del nacimiento, de la vejez, de la enfermedad y de la muerte. A partir de cierto grado de despertar, «ya nada negativo puede alcanzar» al buscador de la verdad, que «se instala en la paz, la calma, la serenidad y la felicidad interior». Esta Bienaventuranza del Sabio no impide la compasión por los sufrimientos del mundo, ni la capacidad de trabajar, sin coacción exterior, por la evolución espiritual de la humanidad.
La Religión Aumista invita a cada uno a ejercer sus responsabilidades en el mundo y a afrontar con realismo, valor y determinación los inevitables problemas que plantea la vida cotidiana. Encontramos aquí la sabiduría sufí que enseña: «Vive para este mundo como si fueras a vivir en él eternamente, y para el más allá como si fueras a morir mañana». En su gran respeto por la persona humana, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH no impone nada. Concede a quienes se comprometen en la vía del despertar una total libertad de elección y la posibilidad de avanzar a su propio ritmo.
Para concretar esta libertad de elección, durante este Coloquio hemos distinguido esquemáticamente dos grandes vías de Realización Espiritual que propone la Religión Aumista.
– La primera, para todos aquellos que tienen responsabilidades familiares y están comprometidos en la vida social y profesional, sin dejar de proseguir su ascensión espiritual.
– La segunda es la vía monástica. Se dirige a los héroes de la espiritualidad capaces de renunciar al mundo siguiendo los pasos del Mesías y de consagrarse a la divinización acelerada de su ser y a la ayuda a la humanidad. Pero el trabajo que hay que realizar sobre uno mismo y la meta que hay que alcanzar siguen siendo los mismos: dominio de las emociones y de los pensamientos, y práctica asidua de las meditaciones, de las ascesis y de los ejercicios espirituales.
IV – NO PUEDE HABER FELICIDAD SIN SOLIDARIDAD CON TODO LO QUE VIVE
Comprometerse en la vía de la Liberación Espiritual para llegar a ser el Dios que cada uno de nosotros es en potencia conduce a una inevitable toma de conciencia de la Unidad y de la Solidaridad con el Todo, percibida y vivida como una realidad.
Si algunas religiones evocan la «comunión de los Santos», el Aumismo amplía esta noción poniendo el acento en la estrecha unidad que existe entre la humanidad, la naturaleza y el conjunto de la Creación. Este principio fundamental está ilustrado por el símbolo aumista de la Pirámide evolutiva de los Reinos de la Naturaleza.
La Unidad que preconiza la Religión Aumista no significa en ningún caso uniformidad. Se trata de una Unidad en la complementariedad entre los diversos componentes del Universo. Para la Religión Aumista, el Universo es comparable a un vasto cuerpo en el que los seres vivos y los diversos componentes de la Creación interactúan unos con otros para constituir un Todo. Esta noción del Universo percibido como un ser vivo no es fortuita ni arbitraria. Corresponde a la más alta Tradición, que considera el cuerpo del hombre como el microcosmos semejante al universo, al macrocosmos o al Purusha de la Tradición oriental. De ahí el precepto «Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses», grabado en el frontón del Templo de Delfos. De ahí también las enseñanzas de la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto, que proclama: «Lo que está abajo es como lo que está arriba (…) para obrar el milagro de una sola cosa». Para asegurar un funcionamiento armonioso de la totalidad, cada elemento de este conjunto debe respetar las Leyes de la Vida. De esta armonía surgen la inteligencia, la conciencia de ser y la alegría de vivir.
Cada ser humano debe, por consiguiente, considerarse un actor responsable de la Naturaleza y del Universo. La verdadera globalización no debe limitarse a la útil desaparición de las fronteras ni a la facilidad de las transacciones y de los intercambios económicos y comerciales. Debe incluir también el respeto y los deberes hacia los demás y hacia el medio ambiente, así como el justo reparto de los bienes y de las riquezas.
El camino hacia la unidad planetaria y universal, que el Aumismo designa con el término de «Edad de Oro», se traduce en un «reencantamiento» progresivo de la vida y del mundo. Sin esta revolución pacífica de las mentalidades no puede haber verdadera alegría de vivir ni felicidad duradera en la Tierra. Para conquistar esta mentalidad de Edad de Oro, el secreto consiste en superar el yo personal y finito para acceder al Yo Supremo, impersonal e infinito. La humanidad es portadora de una pesada responsabilidad.
Una ruptura con las Leyes de la Vida y del Cosmos, un comportamiento egoísta centrado únicamente en los intereses personales y una falta de compasión y de respeto hacia los demás y hacia la naturaleza engendran trastornos que perturban gravemente la armonía cósmica y planetaria y que pueden conducir a un desenlace fatal.
Como recuerda el Señor HAMSAH MANARAH: «Toda especie que destruye su entorno se destruye a sí misma».
En conclusión:
Para acceder a una felicidad duradera, la primera regla de sabiduría que hay que observar es vivir el instante presente, según la fórmula «aquí y ahora».
Para establecer una sociedad de Edad de Oro, fundada en la alegría de vivir y en la felicidad, se impone una revolución de las mentalidades. La felicidad, el progreso y el bienestar de la humanidad dependen del estado de espíritu y del comportamiento de cada individuo. Para salvar al mundo del desconcierto y de la desdicha, hay que transformarse ante todo a sí mismo practicando una sana ecología individual. Esta resolución debe aceptarse consciente y libremente; cualquier otro método sería ilusorio. La historia demuestra que nada de lo que se impone desde fuera por la fuerza puede ser duradero.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos dice:
«Hay que llegar a una toma de conciencia planetaria, tanto en lo que respecta al medio ambiente como a los excesos de la ciencia, que hay que saber canalizar hacia una alta aspiración moral y unitista». (Une Loi pour Détruire le Mal, p. 197)
«LA SUERTE DEL MUNDO ESTÁ EN VUESTRAS MANOS» (Une Loi pour Détruire le Mal, p. 279)
Bibliografía (obras en francés):
– Los 22 libros de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Éditions du MANDAROM,
- Dieu des fourmis, Dieu des étoiles, Rémy CHAUVIN, France Loisirs, sept. 1989.
- L’Homme-Dieu ou le sens de la vie, Luc FERRY, Grasset, 1996.
- Qu’est-ce qu’une vie réussie ?, Luc FERRY, Grasset, nov. 2002.
- Dieu ?, Albert JACQUARD, Stock/Bayard, ene. 2003.
- Vers une écologie, Question de n.º 127, Albin Michel, abril de 2002.
- Qu’est-ce que la religion ? La transcendance des sociologues, Shmuel TRIGANO, Flammarion, oct. 2001.
- Mystères au cœur de la science, Jean MOISSET, JMC, Collection Plénitude.
- A-t-on encore besoin d’une religion ?, André COMTE-SPONVILLE, Bernard FEILLET, Alain RÉMOND, Éditions de l’Atelier, sept. 2003.
- Pourquoi « Dieu » ne disparaîtra jamais, A. NEWBERG, E. d’AQUILI, V. RAUSE, Sully, sept. 2003.

