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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 8 – LA VÍA MONÁSTICA EN EL AUMISMO

Enseñanzas y conferencias

LA VÍA MONÁSTICA EN EL AUMISMO

RESUMEN

En el Aumismo, cada uno, allí donde se encuentre, puede avanzar hacia la Liberación espiritual. Pero el camino corto de la Vía Monástica se ofrece a quienes lo desean. Monjes y monjas siguen los pasos de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, iniciado en 1961 por Swami Sivananda, que experimentó la Fusión en Dios y fundó el Monasterio de Mandarom Shambhasalem. Su ideal es «Amar, perdonar, servir, meditar, realizar lo Divino en uno mismo». Los símbolos, templos y estatuas de diferentes Tradiciones recuerdan sin cesar que «Dios es Uno, sea cual sea el Nombre con que se le designe».

Estas condiciones excepcionales, que favorecen un trabajo espiritual de alto nivel, no dispensan del esfuerzo personal ni del combate interior, que requiere voluntad y perseverancia.

El servicio en el seno de la Comunidad y para acoger a las personas de fuera (miembros externos, familias de los monjes, visitantes), la Disciplina monástica libremente elegida y las prácticas que desarrollan Amor y Conocimiento unen al monje con lo Divino en la vida cotidiana. Oraciones y meditaciones marcan el ritmo de los días y se ofrecen por la evolución de la Tierra y de la Creación. La felicidad interior nace, además, del servicio realizado por el bien de todos los seres.

PONENCIA

Del mismo modo que el Aumismo fusiona las principales corrientes religiosas, la vía monástica aumista, impulsada por su Fundador, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, presenta el ideal, la autenticidad y el dinamismo que presidieron el florecimiento de las órdenes monásticas de todas las tradiciones religiosas.

La vía monástica aumista reúne a hombres y mujeres cuya vocación es consagrarse a la oración para hacer irradiar las energías de amor, de paz y de fraternidad sobre la tierra y los universos, en el respeto de la Unidad de los Rostros de Dios. «Dios sigue siendo el mismo, sea cual sea el Nombre con que se le designe», está escrito en un texto sagrado de la India, la Bhagavad Gita.

La vía monástica aumista es también el camino corto, enseñado con un espíritu adaptado a nuestra época moderna, para la perfecta expresión de la Budeidad, de lo Divino presente en cada uno.

En esta ponencia abordaremos:

  • 1.ª parte: EL FUNDADOR DE LA ORDEN MONÁSTICA, SU SANTIDAD EL SEÑOR HAMSAH MANARAH
  • 2.ª parte: LA COMUNIDAD DE MONJES Y MONJAS
  • 3.ª parte: LA ORACIÓN Y EL SERVICIO

I. EL FUNDADOR DE LA ORDEN MONÁSTICA: SU SANTIDAD EL SEÑOR HAMSAH MANARAH

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH es un Iniciado del más alto rango. Fue iniciado en las principales tradiciones occidentales y orientales, en particular en el Sannyasa, para el hinduismo, por Swami Sivananda el 13 de febrero de 1961, y en el Linaje de los Maestros del Loto, para el budismo tibetano, por Su Santidad el 16.º Karmapa en 1977. Como los grandes místicos del pasado, Su Santidad tenía como única ambición la vida de ermitaño en la pobreza y el anonimato. Fue la petición de almas atraídas por Su irradiación y Su entrega natural a los demás lo que Le obligó a fundar varios ashrams y después el monasterio de Mandarom Shambhasalem. Dice: «No tenía la pretensión de enseñar… Las circunstancias se dispusieron de tal modo que, a pesar Mío y contra Mi voluntad, tuve que instruir a buscadores en el sendero.» (Mémoires d’un Yogi, p. 29)

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH experimentó los «samadhis» o éxtasis místicos y después renunció a ellos para permanecer disponible y formar a Sus discípulos. Une así el perfecto Conocimiento a la experiencia de las técnicas espirituales que permiten a los discípulos perseverantes alcanzar los altos planos de conciencia y la Fusión en Dios, no para sí mismos sino para ayudar a los seres a evolucionar. Para todos los que han tenido el privilegio de acercarse a Él, sigue siendo el Ejemplo de la entrega de uno mismo, de la sencillez, de la cortesía y de la fidelidad a los principios de Amor, de Perdón y de Servicio desinteresado. Escribe:

«Conozco las condiciones de la existencia,

La vía que lleva a la meta;

La he seguido laboriosamente

Para dar ejemplo.

He destruido completamente los principios del Mal.

Mis actos, Mis palabras y pensamientos proceden del Conocimiento.

Los grados de éxtasis, conocidos en teoría, han sido explorados en la práctica.

Me he convertido en el elefante de los hombres,

El Barquero de los planos de conciencia.» (L’Unité des Visages de Dieu, p. 347)

El monasterio de Mandarom Shambhasalem es un lugar geográfico privilegiado por la calidad de su entorno. Los Templos y las estatuas que lo componen son testimonios de la vivencia espiritual excepcional del Señor HAMSAH MANARAH compartida con los discípulos. Estos símbolos son la cristalización de miles de millones de oraciones y de sonidos sagrados que actúan como otros tantos catalizadores de energía positiva para la región, para Francia, para la Tierra, para todos los universos, etc. Cada Templo y cada estatua son un recordatorio de la esencia del mensaje Divino tal como aparece en las grandes religiones, para el advenimiento de la Edad de Oro. Por ejemplo: el Amor con Cristo y Maria Cosmica; la Sabiduría llena de compasión con el Buda; el Fuego Divino con Kalki; el Gran Perdón con el Templo de Oro; la Unidad Divina con la Mezquita; la Liberación Espiritual con el Templo en forma de Loto; y la Unidad de los Rostros de Dios con la estatua del Mesías Cósmico-Planetario.

La Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem es, pues, un espacio sagrado donde conviven armónicamente las diferentes religiones en toda su diversidad simbólica y arquitectónica. Es la prueba material de la coexistencia y la reconciliación de religiones de apariencias contrastadas pero cuyas enseñanzas ayudan a los seres de todos los orígenes a remontarse a la misma fuente. «El Monasterio del Mandarom es una Central de Energía Espiritual indispensable para mantener el equilibrio del Cosmos y salvaguardarlo» (Périple d’un Yogi et Initié d’Occident, p. 14).

II. LA COMUNIDAD DE MONJES Y MONJAS

1. En cuanto a los aspirantes:

La Vía Monástica está abierta a los miembros externos que tengan una antigüedad mínima, para facilitar la adaptación. Es necesario haber alcanzado la mayoría de edad legal y estar libre de obligaciones familiares y sociales, porque en el Centro no viven de forma permanente ni parejas ni niños. El Monasterio no es un pueblo de vacaciones ni un refugio para inadaptados sociales. El periodo de prueba puede durar varios años para poner a prueba la voluntad del aspirante. Sin embargo, existen sorpresas, aunque sean raras: ¡una vez un hermano cruzó el océano con su novia y su perro, pidió una habitación doble y presentó su candidatura a monje! Con un poco de diplomacia y algunas explicaciones, los malentendidos se resuelven y todo vuelve rápidamente a la normalidad.

2. La vida en comunidad:

Permite hacer mejor balance del propio grado de evolución. Actúa como una cadena en la que cada eslabón desempeña su papel para templar los caracteres, mantener la vigilancia y vencer la inercia mediante esfuerzos renovados. Las personalidades del monasterio son a imagen de las civilizaciones coloridas de nuestro planeta: «La escuela por la que pasáis es irreemplazable», dice el Señor. «En la Comunidad sois como otras tantas piedras lanzadas unas contra otras en un mismo torrente hasta convertirse en piedras pulidas y perfectas, como esos cantos rodados que se encuentran en el Verdon… A vosotros os corresponde saber lo que queréis…» (La Voix de Lumière, p. 392)

«El conflicto esencial que divide el alma no disminuye, sino que se intensifica con la vocación monástica» (Périple d’un Yogi et Initié d’Occident, p. 22).

3. No se huye del mundo: se lleva consigo, ya sea en una cueva o en un monasterio. La aridez y la grandeza del paisaje y la sencillez de las celdas ayudan de forma natural a liberarse de las numerosas solicitaciones que vampirizan los sentidos y la mente de nuestra humanidad. Esta renuncia y este desapego favorecen la introspección y acrecientan las fuerzas para consagrarse mejor al servicio del mundo mediante la oración y la purificación.

4. El Maestro Espiritual y el Discípulo:

La Alta Enseñanza concedida por el Maestro Espiritual durante las Iniciaciones y las ascesis exige del discípulo una determinación sin fisuras y una confianza inquebrantable para progresar en la vía y sortear sus múltiples trampas. Admitimos que un deportista se somete a la autoridad de su entrenador para aplicar los métodos que harán de él un campeón. Comprendemos que, si los lazos que unen al discípulo con su Director Espiritual son lo bastante estrechos, este discípulo, redoblando su ardor, tiene más posibilidades de obtener el éxito en el sendero de la Liberación Espiritual. En la práctica, el Director Espiritual interviene para precisar la Enseñanza en función del camino del discípulo, de las cualidades que este debe adquirir o desarrollar y de los problemas que puede encontrar en el curso de su ascesis.

5. La Disciplina Monástica:

«La palabra discípulo significa el que sigue una disciplina; ¿cómo ser entonces discípulo sin ser disciplinado?» (Le Maître Spirituel et le disciple). Como en las diferentes tradiciones religiosas, el respeto de la Disciplina libremente consentida es un deber para el monje; es una ayuda saludable para perfeccionarse en su ideal. Se acepta sin coacción, e incluso con alegría. La vida de los Grandes Instructores es una disciplina seguida sin descanso, porque la perfección no tiene límite y quien no avanza retrocede.

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe:

«La Disciplina, oh Iniciado, es la piedra angular de toda Orden Iniciática. La disciplina es indispensable para que pueda avanzar el Ideal de la Edad de Oro. Supone:

El dominio del cuerpo.

La limpieza del cuerpo.

El dominio de los gestos.

El dominio de las pasiones, de los instintos y de las emociones.

La disciplina de la mente.

La disciplina de la imaginación.

La disciplina del lenguaje.

La disciplina comunitaria.» (L’Unité des Visages de Dieu, p. 335)

El respeto de estos principios facilita las relaciones entre los miembros de la Comunidad. La Regla del Monasterio es sencilla y accesible. Para los monjes y las monjas de la Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem, observarla es uno de los medios de ser uno con el Padre Espiritual.

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH desea que en un monasterio aumista reinen:

«La humildad, la Compasión, la Tolerancia.

El verdadero espíritu de renuncia y de pobreza.

El amor profundo en la verdadera fraternidad.

La voluntad de servir en el olvido de uno mismo.

El cultivo del silencio.

El dominio de uno mismo.

El ejercicio y el entrenamiento en la resistencia.

La austeridad que no excluye el estado de alegría.

Un clima de investigación y de estudio.

El cultivo de las más altas virtudes, entre ellas la no violencia en pensamientos, palabras y actos.

El gusto por el esfuerzo y el combate.

El valor de afrontar las dificultades con la esperanza de tiempos mejores.

La fuerza de aceptarse combatiendo a la vez los pequeños monstruos que dormitan en uno mismo.

La disciplina libremente consentida, indispensable para una vida comunitaria armónica.

El olvido del pequeño yo para acceder al dominio interior con vistas a la Liberación espiritual.»

(L’Unité des Visages de Dieu, p. 350)

Para la organización interna y la apertura al mundo exterior, el servicio en las tareas cotidianas también es importante. Además del mantenimiento, del alojamiento y de la restauración, el clima de oración y la calidad vibratoria del monasterio permiten a los hermanos y hermanas de fuera recargar fuerzas. Estos comparten entonces fraternalmente con los residentes permanentes las numerosas actividades comunitarias. Las personas interesadas visitan los Templos de la Ciudad Santa todos los fines de semana y durante las vacaciones: un guía les explica los símbolos y la religión aumista, y también pueden asistir a un culto, compartir una comida o escuchar cantos religiosos. Cuando lo desean, las familias de los monjes y las monjas son recibidas en el Monasterio. En general, los contactos son enriquecedores y las sorpresas agradables.

III. EL SERVICIO Y LA ORACIÓN

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH define la oración como «un impulso del alma en el que el pensamiento, la palabra y el gesto se unen en una aspiración para obtener la gracia del Altísimo. La oración es una fuerza que no solo exalta las posibilidades creadoras del ser, sino que nos permite beneficiarnos de la aportación de energías superiores, exteriores a nosotros mismos» (L’Aumisme, la Doctrine de l’Age d’Or, p. 317).

a) Las siete horas de oración colectiva están en el centro de las actividades del monasterio. El día comienza a las 6 de la mañana con la primera oración colectiva, y la última oración termina a las 21 h. Otra forma de oración son las acciones realizadas con desapego, sin esperanza de recompensa: son una ofrenda, una entrega de uno mismo a DIOS. En las pequeñas tareas como en las grandes, el monje se esfuerza por ser un canal, un instrumento de lo Divino. Es un privilegio, una gracia, trabajar en el Monasterio mil veces bendito de MANDAROM SHAMBHASALEM.

«Un monasterio», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «es una central de Energía Espiritual que derrama sus oraciones sobre todos y cada uno, más allá de las divisiones, las fronteras, las razas, los pueblos y las religiones» (Une Loi pour détruire le Mal, p. 87).

Los monjes rezan por todos los reinos de la naturaleza y por los mundos visibles e invisibles.

b) Desarrollar el sentido del interés general y acrecentar las propias fuerzas individuales y aptitudes en el equilibrio del cuerpo y del espíritu son los factores clave del logro y del éxito.

Se aconseja la práctica regular del Hatha yoga y de la respiración controlada para tonificar el cuerpo, principal instrumento para la superación de uno mismo. Todos estos ejercicios estabilizan la actividad de la mente, permiten la transmutación de las energías vitales y el dominio de uno mismo, y desarrollan las facultades psíquicas. Aseguran una mejor preparación para las meditaciones y un ahorro de energía en las diversas actividades.

c) Otro eje esencial del trabajo es la apertura del corazón al Amor universal, unida al Conocimiento. El Señor HAMSAH MANARAH precisa: «Mucho amor y poca apertura intelectual agrandan la laguna del discernimiento en las situaciones extremas. Una viva inteligencia que reina sobre un corazón seco alimenta un orgullo que empuja a la desmesura. El Amor y el Conocimiento son los dos pilares de la Verdadera Sabiduría» (Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 152).

El Amor despojado de toda afectividad y de todo sentimiento mezquino es un poderoso vínculo entre los miembros de una misma familia espiritual. La devoción sincera del monje por Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH es la expresión más sencilla y más valiosa de su gratitud por lo que recibe cada día para cumplir su misión individual y colectiva. Esta devoción por el Maestro Espiritual es la Vía Real para la sublimación del amor humano limitado, que conduce al Amor Divino Trascendente y Universal. Es la convicción de que, más allá del tiempo y del espacio, existe ese Principio omnipresente, omnipotente y omnisciente que siempre está ahí cuando un ser trabaja en Unidad o busca sinceramente la Luz.

Para los aumistas, DIOS se encarna a través del linaje de los HIEROKARANTINE, que dan testimonio de la Unidad de los Rostros de DIOS, en particular con la reconstrucción del Templo Pirámide. «El Templo Pirámide es la garantía de un futuro mejor, de una Edad de Oro duradera, de una humanidad reconciliada que ha reencontrado su unidad con Dios Padre, Creador de todas las cosas» (Une Loi pour détruire le Mal, p. 297).

CONCLUSIÓN

«La Liberación Espiritual consiste en liberarse de la barrera de la mente, de la ilusión de creerse separado de DIOS. El fin de la vida en la Edad de Oro:

  • es ofrecer a los humanos el medio de aprovechar las pruebas de la existencia para desarrollar sus cualidades y transformarlas en altas virtudes…
  • es ofrecer a los humanos la ocasión de elevar su nivel de conciencia, para llegar a la verdadera felicidad, a la bienaventuranza.» (La Doctrine de l’Aumisme, p. 149).

En el cumplimiento de su vocación, los monjes y las monjas no buscan la felicidad para sí mismos. Al realizar su servicio de oración y de purificación, que repercute para bien en todos, experimentan un estado de plenitud y de alegría a pesar de los obstáculos que vienen de sí mismos o del exterior, a pesar de los altibajos de todo camino humano. La sola búsqueda de su Ideal y la sola práctica de la Enseñanza los colman. En ellas encuentran la fuerza para perseverar en el combate interior, el movimiento hacia delante en el pleno Conocimiento de las leyes de la Edad de Oro y de la Conciencia que las rige.

«Que la bendición Divina y Cósmica se extienda sobre el Monasterio de MANDAROM SHAMBHASALEM para que sea siempre un Remanso de Paz, de Amor, de Luz, de Armonía, de Sabiduría y de Felicidad para todos.»

OM TAT SAT OM

Bibliografía:

Los 22 Libros de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Éditions du MANDAROM

  • Règles monastiques d’Occident, IVe-VIe siècle, d’Augustin à Ferréol
  • J. Lacarrière, Les hommes ivres de Dieu
  • L. Lekai, Les moines blancs. Histoire de l’Ordre cistercien
  • Règles des moines: Pacôme, Augustin, Benoît
  • Dom C.J. Nesmy, Saint Benoît et la vie monastique
  • H. von Campenhausen, Les Pères latins
  • La Bhagavad Gita
  • Brahmananda, Disciplines monastiques
  • P. Carus, L’Évangile du Bouddha
  • Lama Govinda, Le chemin des nuages blancs
  • La vie de Milarepa
  • Libros de A. David-Néel

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