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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 7 – EL AUMISMO: RELIGIÓN DEL EQUILIBRIO

Enseñanzas y conferencias

EL AUMISMO: RELIGIÓN DEL EQUILIBRIO

El tema propuesto por este Coloquio 2008 es el siguiente:

«RETORNO AL EQUILIBRIO PERSONAL Y PLANETARIO»

Para regresar al equilibrio, es preciso que antes se hayan producido desequilibrios.

Como todas las formas de vida son el resultado de un frágil «equilibrio entre la fuerza de vida y la fuerza de muerte, entre la fuerza de cohesión y la fuerza de desintegración»,[1] con el paso del tiempo se producen desequilibrios perjudiciales para la vida y para el porvenir de la humanidad. «Siendo la vida materia ordenada»,[2] todo desorden o desequilibrio resulta perjudicial para la vida.

El objeto de esta ponencia es explicar, mediante un ejemplo, cómo se producen los desequilibrios perjudiciales para la vida y la felicidad de la humanidad.

A continuación identificaremos las causas de estos desequilibrios y la situación actual de nuestras sociedades.

Por último, terminaremos indicando las respuestas que propone la religión aumista para mantener o restablecer los equilibrios cuando estos se han visto comprometidos.

I. LA RUPTURA DE LOS EQUILIBRIOS HUMANOS Y PLANETARIOS

Para explicar del modo más sencillo posible los problemas que plantea la ruptura de los equilibrios en la vida de los seres humanos y en la del planeta, vamos a recurrir a una historia. Esta historia, relatada por Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH en su libro Vers un Âge d’Or d’Unité,[3] es la del planeta Tierra comparado con un navío que surca el océano del cosmos:

Tras haber estado mucho tiempo deshabitado, el navío Tierra bulle ahora con la mayor actividad. Ha nacido una humanidad bajo los auspicios del Arca de Unidad y de Alianza con el Principio Creador de toda vida. Esta Alianza y esta Unidad aseguran una perfecta armonía en el navío Tierra. Las tareas de cada uno están perfectamente definidas, organizadas, repartidas y asumidas. Todos cumplen su trabajo con entusiasmo, plenamente conscientes de sus responsabilidades. Todos saben que del grado de unidad entre ellos depende el destino común. El navío navega serenamente por el océano de la vida hacia su destino.

Pero con el tiempo se olvidaron las ventajas que se derivaban de estas reglas de buena conducta. Cansado y hastiado de hacer siempre los mismos gestos y de respetar las mismas consignas, un miembro de la tripulación acabó por dormirse. Los demás no tardaron en seguir el mal ejemplo para «holgazanear en la pradera de los sueños ilusorios más descabellados». Preocupados únicamente por sí mismos, se veían viviendo un estado de plenitud: se acabaron el ajetreo, los trabajos penosos y las responsabilidades que asumir. Era la felicidad idílica en el reposo universal.

Al volverse indiferentes a la suerte del barco, las tareas indispensables para la navegación y la supervivencia del navío planetario dejaron de cumplirse. La cubierta y las bodegas de la nave se convirtieron en un gigantesco vertedero. Sobre la basura acumulada nacieron el moho y las enfermedades.

Obligados a vivir en un ambiente pestilente, fruto de un comportamiento depravado, los pasajeros del navío se dividieron en clanes enfrentados. En este clima nocivo, la armonía y el feliz equilibrio de antaño, que presidían el esplendor y el buen funcionamiento del navío, se rompieron para dejar paso al enfrentamiento y a la división. El «cada uno a lo suyo» sustituyó a la ley de la solidaridad y del reparto. El altruismo cedió su lugar al individualismo y al egoísmo.

Así fue como el navío planetario, al principio perfectamente ordenado, limpio y luminoso, se convirtió en el vertedero de las represiones colectivas y de las malas inclinaciones de cada uno. Por haberse dormido, por haber faltado a sus respectivas tareas y a su responsabilidad, por haber infringido la ley fundamental del equilibrio y del reparto equitativo que asegura la perennidad de la vida, el navío naufragó.

II. VEAMOS AHORA LAS CAUSAS QUE ORIGINARON EL NAUFRAGIO

La causa última del naufragio del navío planetario es la ruptura del pacto de Alianza y de Unidad suscrito con las fuerzas creadoras de vida que aseguraban el equilibrio y la seguridad de la embarcación. Cada vez que los humanos olvidan estos principios y estas reglas elementales de vida, caen en el individualismo. Entonces los juegos personales los enfrentan, actúan contra el interés de la colectividad y engendran desequilibrios y sufrimientos que los conducen a su perdición.

El problema no es nuevo. En una época en que la enseñanza la impartían casi exclusivamente las religiones, estas promulgaban reglas y códigos de vida. Dichas reglas tenían por objeto dar sentido y puntos de referencia a los humanos para mantener la armonía y la paz social indispensables para el feliz desarrollo de la Vida. A modo de ejemplo pueden citarse los diez mandamientos del cristianismo y, en el judaísmo, las 613 leyes morales, disciplinarias y rituales de la Torá. En el hinduismo y en el budismo, el respeto del Dharma salvaba del sufrimiento. La religión aumista preconiza la aplicación de las 12 Leyes de la Edad de Oro y de Códigos de vida y de honor. Pero el desinterés actual por las religiones contribuye a desvalorizar estos preceptos ante la humanidad.

Con independencia de la práctica religiosa, lo que está en juego es la responsabilidad individual de cada uno. El porvenir del género humano depende de la capacidad de cada individuo para asumir plenamente sus responsabilidades y sus deberes con respecto a sus semejantes, a la naturaleza y a la Creación.

El grado de avance de una sociedad depende inevitablemente del comportamiento y del grado de evolución de cada individuo que la compone. Todos aquellos que desean hacer progresar a la humanidad no deben cometer el error de querer reformar «a los demás, siempre a los demás», como dice la canción[4]. La única línea de conducta coherente y verdaderamente eficaz que una persona responsable puede adoptar para hacer evolucionar la sociedad humana es reformarse a sí misma. Para evitar el naufragio de nuestro navío planetario se impone una toma de conciencia individual. Cada uno debe restablecer en sí mismo los principios de unidad, de solidaridad y también de alianza con las fuerzas creadoras de vida. El porvenir de la humanidad depende de nuestra actitud y de nuestras elecciones personales. Esta es la línea de conducta que enseña la religión aumista.

Cada uno debe comprender que, sin un equilibrio individual, sería ilusorio creer en un posible equilibrio planetario.

III. LA SITUACIÓN ACTUAL DE NUESTRAS SOCIEDADES

Es indudable que, a lo largo de los últimos siglos, el desarrollo de la ciencia y de la industria ha aportado confort y bienestar material a la humanidad.

Pero nuestra sociedad también genera males. Las presiones impuestas por las leyes del mercado, la competencia y la competición mundial crean tensiones y un malestar a la vez moral y físico.

Al volverse materialistas, el error de las sociedades contemporáneas ha sido, como en la historia del navío, romper la Alianza y la Unidad con las fuerzas creadoras de vida. Para corregir esta carencia y sus graves consecuencias, la formación que se imparte a la humanidad debe ser equilibrada.[5] Es decir, esta formación no debe ser exclusivamente intelectual, científica y racional. Debe aunar la razón y la intuición, lo racional y lo espiritual.

La felicidad de los seres humanos no puede fundarse únicamente en la conquista de la materia y en el éxito social, haciendo abstracción del elemento espiritual de la naturaleza humana.[6] Un problema de orden espiritual exige una respuesta espiritual.

Para evitar los desequilibrios, es urgente formar ciudadanos capaces de ejercer su responsabilidad individual y colectiva. Ciudadanos capaces de gestionar sanamente los problemas que encuentra la humanidad, en armonía con las grandes fuerzas espirituales que actúan en el seno del hombre y de la Creación. Es urgente que el hombre tome conciencia de que tiene en sus manos el porvenir de la especie humana.

IV. CÓMO PUEDE CONTRIBUIR LA RELIGIÓN AUMISTA A RESTABLECER LA ALIANZA Y LA UNIDAD CON LAS FUERZAS CREADORAS DE VIDA

Educando a la persona humana sobre el sentido profundo de la vida y sobre lo que implican la Unidad y la Alianza con el Principio Creador de toda vida, la religión aumista puede contribuir a asegurar el feliz porvenir de la humanidad. Esta educación debe aceptarse libremente, pues lo que se impone suele producir el efecto contrario al que se busca.

Animado por una infinita compasión hacia la humanidad, y a pesar del contexto difícil y hostil del momento, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH consagró Su vida a esta noble Misión.

Para ofrecer sin distinción a todos los seres humanos los medios de mantener o, según el caso, de restablecer los equilibrios indispensables para la vida, el Señor HAMSAH MANARAH promulgó e instituyó una serie de valores, conceptos y estructuras que vamos a enumerar brevemente.

En primer lugar, fundó el Aumismo, religión universal del tercer milenio, en forma de una doctrina espiritual de equilibrio y de salvación centrada en la evolución de las mentalidades y en la felicidad de todos los seres.

Para promover esta religión, edificó la Ciudad Santa de MANDAROM Shambhasalem, instituyó una orden monástica e iniciática y fundó una comunidad de miembros seglares compuesta por un clero y por fieles.

Redactó una enseñanza que comprende veintidós libros y nueve mil páginas de texto que abordan todos los aspectos de la vida. Las conferencias pronunciadas durante este Coloquio han demostrado el carácter realista de esta enseñanza, que concede al hombre un lugar y un papel preponderantes en el seno de la creación y de la sociedad.

Hemos visto que la religión aumista recomienda cuidar el cuerpo de carne, que es el Templo del alma. El cuerpo no debe asimilarse en ningún caso a una prisión o a un obstáculo para la vida espiritual. Muy al contrario, debe considerarse con respeto como el receptáculo, el tabernáculo, la morada de la Presencia divina en cada uno.

Creyentes o ateos, todos los seres humanos deben tomar conciencia de su realidad interior, so pena de provocar graves disfunciones de la personalidad. Desde hace mucho tiempo, los humanos han descubierto que la oración, la meditación y la introspección eran los medios privilegiados para desarrollar y hacer florecer esta parte íntima y esencial de la persona humana.

Por esta razón, la religión aumista devuelve a la oración un lugar destacado como poderoso factor de evolución y de equilibrio de todos los aspectos de la vida. En su significado puro y auténtico, la repetición asidua y ferviente de un Nombre divino permite a los seres humanos RE‑ligarse a las altas energías evolutivas y creadoras de la Conciencia divina universal. Para la religión aumista, esta relación y esta identificación con lo Divino son la vía real de la Realización espiritual. Ayudan al ser humano a adquirir las cualidades y los atributos del Absoluto, como el amor al prójimo, la fuerza, el equilibrio, el conocimiento, la Luz, la paz interior, etc. El fiel puede entonces, como CRISTO, proclamar ante el mundo: «Yo y el Padre somos Uno»[7], o también: «Yo dije: vosotros sois dioses, y todos vosotros sois hijos del Altísimo».[8]

Las conferencias también han explicado los principales conceptos que propone la religión aumista para contribuir a la formación de la humanidad. Entre ellos, recordemos la Pirámide evolutiva de los reinos de la Naturaleza, cuya función es enseñar la estrecha interdependencia que existe entre los minerales, los vegetales, los animales, los seres humanos y el mundo divino o Conciencia universal. Esta pirámide demuestra el carácter evolutivo de la Creación y la importancia vital de los equilibrios. Cuando se produce un desequilibrio contrario a las leyes de la vida en cualquiera de los planos de la Pirámide, repercute en el conjunto de la estructura. Entonces el sentido de la Pirámide se invierte: de evolutivo pasa a ser involutivo y pone en peligro el porvenir de la humanidad. Una humanidad que destruye su entorno se destruye a sí misma.

La Hexámide, que también se presentó durante este Coloquio, sintetiza el camino espiritual y la actitud mental que la religión aumista propone adoptar a todos los seres humanos. Restablecer en uno mismo la Unidad primordial contribuye a poner fin a los conflictos religiosos y a devolver la PAZ al mundo. Reintegrarse en la fuente y el origen de toda vida, representados por la esfera situada en la cima de la Hexámide, elimina la mancha del Mal y restablece el estado de pureza anterior a la «caída». El Talmud declara que, cuando este retorno a Dios se hace por amor y no por temor, prolonga la vida[9].

Con su único dogma de «La Unidad de los Rostros de Dios» y su postulado «La Unidad de los pueblos y de las religiones», la religión aumista se afirma como una auténtica religión de equilibrio, de tolerancia y de respeto hacia todos los seres y todas las religiones.

Durante este Coloquio hemos visto también que la religión aumista no considera la muerte como un final inexorable de la vida. Se trata de un «cambio de estado» que ofrece al alma la oportunidad de proseguir su evolución en esa gran Universidad espiritual que constituye la Columna de Luz terrestre. Gracias al ciclo de las muertes y los renacimientos, la Columna de Luz gestiona el proceso evolutivo de las almas. El objeto de esta evolución es instaurar la Edad de Oro en la Tierra. En el Aumismo ya no hay purgatorio, infierno ni paraíso eternos, porque en la Creación nada es definitivo: todo está en devenir, en movimiento y en vida. Esta revolución de la vida post mortem contribuye a eliminar el carácter aterrador de la muerte, que es la causa de la mayoría de los miedos y angustias que aterrorizan a la humanidad. Al disipar las angustias, la religión aumista alivia el sufrimiento.

Terminaremos esta enumeración de los conceptos fundadores de la religión aumista dedicados a la evolución mental y espiritual de la humanidad con el Templo Pirámide de la Unidad de los Rostros de Dios. Además de su papel estrictamente espiritual, la función de este Templo, que la religión aumista tiene por Misión reconstruir en la Ciudad Santa de MANDAROM SHAMBHASALEM, es preservar y restablecer los equilibrios planetarios. Coronado por una Pirámide de cristal, este Templo es una síntesis arquitectónica de todos los Templos que han existido. Por ello concreta la vocación de la Tierra de evolucionar hacia la Unidad recobrada. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Fundador de la religión aumista, revela que el papel espiritual y los efectos benéficos de este Templo son la garantía de una Edad de Oro duradera, de un mundo y un porvenir mejores. Precisa: «Los científicos no verán su utilidad, pero se verán obligados a constatar sus efectos milagrosos». Aunque cierto materialismo ateo y militante se opone ferozmente a la construcción de este Templo, este no deja por ello de ser indispensable para asegurar la supervivencia, el progreso y el porvenir de la humanidad.

La Tierra necesita este Templo para reequilibrarse. Es la esperanza de todos y una oportunidad para la humanidad, si sabe aceptarlo sin reaccionar con demasiado odio.

V. CONCLUSIÓN

Como conclusión de esta ponencia y de este coloquio, todas las situaciones que la humanidad debe afrontar remiten al ser humano, que es la causa principal y también la única solución de todos los problemas encontrados. La constatación que se impone es la siguiente: el hombre vive en el mundo mental, espiritual y material que él mismo ha creado y que solo él tiene el poder de transformar y hacer evolucionar en el sentido de una espiritualización de sí mismo y de los Reinos de la Naturaleza. Cada ser humano es responsable de su destino, del porvenir del planeta y de la humanidad.

Para asegurar este porvenir, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH ofreció a la humanidad un programa equilibrado de vida en común y dio a cada uno este consejo y este aliento:

«Trabaja, ora, medita y sé salvado por tu poderoso deseo de evolucionar

y de vencer la autodestrucción que amenaza».

«La humanidad asciende hacia su meta en una sublime Jerarquía

donde la libertad crece en proporción a la Sabiduría».

S.S. HAMSAH MANARAH[10]

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[1] S.S. HAMSAH MANARAH, Une loi pour détruire le Mal, p. 66.

[2] Claude COMBES, Darwin, dessine-moi les hommes, Éditions Le Pommier, p. 313.

[3] S.S. HAMSAH MANARAH, Vers un Âge d’Or d’Unité. Soyez libres de toute chaîne, p. 92.

[4] ABD AL MALIK, Les autres, álbum Gibraltar.

[5] S.M. HAMSANANDA, La Doctrine de l’Aumisme, Fondement de l’Âge d’Or, Éditions Le Mandarom, p. 70.

[6] Op. cit., p. 180.

[7] Evangelio según san Juan 10, 30.

[8] Salmo 82, 6 (81, 6 en la numeración de la Vulgata).

[9] France 2, Source de vie, Josy Eisenberg, 16 de septiembre de 2007.

[10] Prólogo de La Doctrine de l’Aumisme, Fondement de l’Âge d’Or.

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