COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 5 – LA ORACIÓN, FACTOR DE EQUILIBRIO PERSONAL Y PLANETARIO
LA ORACIÓN, FACTOR DE EQUILIBRIO PERSONAL Y PLANETARIO
La oración, mediante la cual el hombre se une a lo Divino, adopta en las distintas Tradiciones formas diversas, como la invocación, la petición personal o altruista, la expresión de gratitud, la veneración, etc.
Hoy en día, lo material prevalece sobre lo espiritual. A menudo la oración ya no tiene cabida en la existencia; algunos la consideran únicamente un medio para pedir a Dios soluciones a los problemas cotidianos.
Para los aumistas, hay que «enganchar el arado a una estrella», es decir, mantener los pies en la Tierra sin dejar de estar unido a Dios. Esto supone desarrollar con constancia la fuerza de la oración.
A lo largo de esta ponencia hablaremos de la oración:
- en primer lugar, como factor de equilibrio en el plano personal;
- en segundo lugar, como factor de equilibrio en el plano planetario.
I. LA ORACIÓN Y EL EQUILIBRIO PERSONAL
1) La oración ayuda a recuperar la unidad interior
«La oración», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «es un impulso del alma en el que el pensamiento, la palabra y el gesto se unen en una aspiración para obtener la gracia del Altísimo. La oración es una fuerza que no solo exalta las posibilidades creadoras del ser, sino que nos permite beneficiarnos de la aportación de energías superiores, exteriores a nosotros mismos.»[1]
La oración moviliza al ser entero.
Por eso, en el Aumismo, la práctica regular de la oración implica favorecer la unidad entre el cuerpo y el espíritu y desarrollar cualidades morales.
El cuerpo es el «templo del alma», el receptáculo del Señor. En el monasterio del Mandarom se recomienda vivamente la práctica del Hatha Yoga para el dominio del cuerpo y de la mente. Del mismo modo, el control de la respiración facilita la concentración del pensamiento, que es esencial para la oración.
En cuanto al dominio de la mente, el Yoga Real de Patanjali ofrece en el hinduismo un método gradual de disciplina espiritual. En el Aumismo se habla de higiene moral, mental y psíquica: se trata de cultivar en nuestra vida diaria las cualidades y los valores opuestos a todo lo que nos empuja a la inercia y a la regresión, que velan lo Divino presente en cada uno.
Se hace hincapié en el dominio de los pensamientos y de la imaginación creadora: aquello en lo que pensamos durante la oración orienta de forma más o menos beneficiosa nuestro trabajo espiritual.
«Si queréis que vuestra oración sea eficaz», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «no solo es necesario que la causa sea justa y noble, sino que debéis mantener un clima interior propicio: desterrad el odio, el rencor, los celos y la envidia, desprendeos de vosotros mismos, no estéis tensos interiormente; además, perdonad a todos vuestros enemigos, bendecid a quienes os han prestado un servicio y dad gracias por todas las bendiciones que recibís cada día de la Providencia.»[2]
La eficacia depende también de la regularidad y de la perseverancia.
Así, unirse a Dios mediante la oración va a la par con la conquista del propio equilibrio personal.
Por otra parte, la oración es en sí misma una fuerza, un medio de aligerarse de lo que entorpece el camino: es la imagen de una «esponja que borra el pasado».
Restablece la unidad interior, la unidad con Dios presente en uno mismo, fuente de equilibrio y de serenidad.
«La oración justa», dice el Señor, «es el basamento, los cimientos del estado mental de Edad de Oro; es la piedra angular de vuestro Templo interior.»[3]
2) No hay ruptura entre la oración y la acción en la vida cotidiana
Una ponencia anterior trató el equilibrio entre la oración y la acción en la vida profana. Aquí tomaremos ejemplos de la vida monástica, en el monasterio del Mandarom.
Desde fuera, uno puede imaginar que un monasterio es un lugar donde se pasa el tiempo rezando porque no hay otra cosa que hacer. El Mandarom está en las antípodas de estos tópicos: «No se huye del mundo, se lleva consigo». El esfuerzo cotidiano es necesario en la vida en comunidad, donde cada uno es el espejo del otro. ¡A algunos jóvenes demasiado idealistas que aspiraban a una vida de residentes, Su Santidad les pedía que terminaran sus estudios y se enfrentaran a la realidad prosaica del mundo antes de hacerse monjes!
El Aumismo es una auténtica mística de la oración en la acción y de la acción en la oración.
El Señor dio ejemplo acondicionando Él solo una cueva en el Vaucluse para realizar las duras ascesis que lo condujeron a la Fusión en Dios. Restauró con Sus propias manos una granja para acoger a quienes pedían una enseñanza. Hace cuarenta años, ayudado por algunos discípulos, emprendió la construcción del Mandarom con el combustible de la oración constante.
El equilibrio entre el trabajo manual y la oración se encuentra en las reglas de las órdenes monásticas de diversas tradiciones, pero la comunidad de monjes tiene aquí una particularidad: es una Orden de constructores.
Si visitáis el Mandarom, veréis, unos junto a otros, Templos y Estatuas de distintas Tradiciones que simbolizan la Unidad de las religiones.
En particular, la Estatua del Buda y la de Cristo, que se miran frente a frente uniendo Oriente y Occidente, son un símbolo del retorno al equilibrio del mundo, al equilibrio entre el Amor y la Sabiduría.
A propósito de la edificación de las Estatuas de Cristo (17 m de altura) y del Buda (22 m de altura), construidas cada una en tres meses, Su Santidad explica: «Para todos los que contribuyeron a esta realización fuera de lo común, esto significaba a la vez construir un signo de Amor y de Paz para el mundo y trabajar en la arquitectura de su propia perfección.»[4]
Estos monumentos religiosos son fruto de las oraciones y de un trabajo en la materia que ha llevado a cada uno a formarse en los distintos oficios de la construcción. Este yoga de la acción es permanente y responde a la necesidad material de mantener los monumentos. Es una Vía de gran valor espiritual que ayuda, en el plano personal, a la purificación y a la sublimación de las energías.
Los monjes ofrecen a Dios no solo sus trabajos de constructores, sino todos los de la vida cotidiana, incluso los más prosaicos: ofrecidas a Dios, las acciones son oraciones. Se alternan de forma equilibrada con los tiempos dedicados a la oración.
En solitario o en grupo, en los Templos o alrededor de las Estatuas, las horas de oración marcan el ritmo de las jornadas de la Comunidad religiosa.
II. LA ORACIÓN, FACTOR DE EQUILIBRIO PLANETARIO
Para aportar una ayuda verdadera, la oración debe ser desinteresada.
Orar para obtener ayuda en las propias empresas personales es legítimo cuando estas están bien orientadas. Pero quien ora de forma desinteresada no espera nada para sí mismo.
Libre de los intereses egoístas que crean los desequilibrios en las sociedades humanas, la oración desinteresada está al servicio de la humanidad. Desarrolla el amor y el sentimiento de unidad con todos los seres y, por añadidura, repercute en bien de quien ora.
El Señor HAMSAH MANARAH siempre ha dado ejemplo de oración desinteresada. Su única ambición: servir a la humanidad y a la Creación entera difundiendo el amor profundo y verdadero, la paz, la felicidad y la luz. Estas oraciones son generosas porque se ofrecen sin esperar recompensa, con la sola alegría de dar, de reconfortar y de unir.
1) La oración desinteresada favorece el retorno a la paz
En nuestra época, las divisiones religiosas y las oposiciones fanáticas desequilibran el planeta. El retorno al equilibrio planetario implica buscar lo que une a los humanos y puede restablecer la comprensión mutua, la tolerancia y la fraternidad.
Por eso el Aumismo tiene un solo dogma, que implica la tolerancia y el respeto: el de la Unidad de los Rostros de Dios. «Todas las Encarnaciones Divinas, sea cual sea su Nombre, son aspectos de Dios, que es Uno e indivisible: el dogma de la Unidad de los Rostros de Dios es el fundamento de la Edad de Oro.»[5]
El principio de la Unidad de los Rostros de Dios está contenido en el OM, primer Nombre de Dios, que contiene todos los demás.
Inscrito en una esfera blanca, figura en la cima de la Hexámide, que simboliza el retorno a la Unidad de las religiones.
En esta pirámide de seis aristas, las distintas religiones están representadas por los colores del arco iris que, tras haber estado divididos, recuperan su unidad original fundiéndose en la cima en el color blanco del OM, síntesis de los colores del arco iris.
Orar repitiendo el Sonido OM favorece el retorno a la paz religiosa y a la paz entre todos los humanos.
2) La oración desinteresada es una «acción humanitaria invisible»
Los aumistas, y más en particular los miembros de la Orden monástica del Mandarom, oran para ayudar a las almas en la Tierra y en el más allá: su oración es una «acción humanitaria invisible».
El Señor muestra la Vía de esta solidaridad esencial:
«Ora cada día por la humanidad entera,
Ora cada día por las almas que sufren,
Ora cada día para que se salve la Tierra,
Ora cada día para iluminar tu porvenir,
Ora cada día para ser el servidor
Del Dios todopoderoso presente en cada uno.»[6]
Entre otras oraciones, los monjes y las monjas envían varias veces al día bendiciones que favorecen el retorno al equilibrio planetario. El Señor insiste en el poder creador del pensamiento. «Nuestros pensamientos», dice, «influyen sin duda en nuestro entorno. La naturaleza y la fuerza de nuestros pensamientos atañen a la suerte misma de la colectividad. (…) Por eso, en nuestra Enseñanza oral y en nuestros escritos, hacemos hincapié en la emisión de pensamientos de paz, de amor, de felicidad, de armonía, de salud y de progreso espiritual para todos.»[7]
He aquí algunos ejemplos de bendiciones:
«Bendición sobre todos los reinos de la naturaleza, sobre todos los minerales, los vegetales, los animales y los humanos.»
«Puedan todos los seres sensibles de las diez direcciones del espacio estar libres de enemistad, libres de malevolencia; puedan verse libres del sufrimiento; puedan ser felices.»
«Que el Amor, la Paz, la Felicidad, la Salud, la Prosperidad, la Luz, la Sabiduría, el Conocimiento y la Beatitud infinita se extiendan sobre todos los seres en todas las direcciones del espacio.»
Así, el monasterio del Mandarom, como subraya Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, es «una central de Energía espiritual que derrama sus oraciones sobre todos y cada uno, más allá de las divisiones de fronteras, razas, pueblos y religiones».[8]
3) La oración desinteresada conduce a la Liberación Espiritual
Quien ora por el mundo sin esperar nada desarrolla en sí el Amor universal. Puede acelerar esta transformación interior mediante la oración de identificación con lo Divino. Avanzar hacia la Liberación espiritual es la verdadera meta de la vida. Es lo contrario del egoísmo: es aceptar un duro trabajo sobre uno mismo que capacita para ayudar plenamente a la humanidad.
Según la Tradición, el Nombre y la Divinidad son uno solo. Por eso la repetición de uno de los Nombres de Dios se encuentra en distintas corrientes religiosas, como el hinduismo, el sufismo o el hesicasmo de los Padres del desierto. La repetición del Sonido OM, primer Nombre de Dios, favorece la identificación con lo Divino, la expansión de la conciencia individual hasta la conciencia universal, la Fusión en DIOS.
Pero es importante no lanzarse inconsideradamente a las ascesis. El Señor insiste en la necesidad de mantenerse en la justa medida y de seguir una progresión equilibrada. Subrayemos que, en todas las Tradiciones, un trabajo de oración sostenido requiere los consejos de un Maestro Espiritual experimentado.
Como Maestro Espiritual, el Señor HAMSAH MANARAH puso al servicio de la humanidad Su conocimiento de las distintas Tradiciones, Su práctica de múltiples ascesis y Su experiencia de los diferentes grados del éxtasis místico hasta la Fusión total en DIOS. Reconocidas personalidades religiosas del jainismo, del hinduismo y del budismo residieron en el Mandarom. Reconocieron en Él a un Ser de Realización excepcional y le concedieron numerosos títulos.
Así, siguiendo una progresión equilibrada, asociada a distintos ejercicios espirituales y al trabajo sobre uno mismo, la oración permite al ser humano alcanzar el peldaño superior de la evolución. Puede llegar a la Divinización y convertirse en canal puro de la Compasión Divina. El poder de su oración desinteresada se multiplica, y entonces obra en todos los planos para el retorno y el mantenimiento del equilibrio planetario y cósmico. Por eso, dice el Señor, «la propia Liberación Espiritual es el mayor servicio que se puede prestar a la humanidad».[9]
III. CONCLUSIÓN
Acabamos de evocar distintos aspectos de la oración como factor de equilibrio según la religión aumista.
Numerosas son también las religiones que, en diversos grados, invitan a los hombres a participar en la construcción de un mundo más armonioso y respetuoso con las leyes que rigen el universo. Cada una concede gran importancia a la oración, sea cual sea su forma.
Terminaremos, pues, esta ponencia con esta frase extraída de la Meditación sobre la Unidad de los Rostros de Dios[10]:
«Puedan las religiones tenderse la mano y orar juntas
para que llegue la Edad de Oro de Unidad, de Verdad y de Amor.»
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Lecturas complementarias (obras en francés):
ELIADE Mircea, Histoire des croyances et des idées religieuses, París, Payot, 1980.
GOUILLARD Jean (traducción y presentación), Petite Philocalie de la prière du cœur, París, Seuil, 1979.
LALOY Jean (traducción y presentación), Récits d’un pèlerin russe, París, Seuil, 1978.
[1] S.S. HAMSAH MANARAH, L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 317.
[2] S.S. HAMSAH MANARAH (S.S. HAMSANANDA), Mémoires d’un Yogi, p. 330.
[3] S.S. HAMSAH MANARAH, La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 453.
[4] S.S. HAMSAH MANARAH, Les Combats du Messie attendu, p. 65.
[5] S.S. HAMSAH MANARAH, Le Flambeau d’Unité, p. 19.
[6] S.S. HAMSAH MANARAH, Le Flambeau d’Unité, p. 512.
[7] S.S. HAMSAH MANARAH, Yoga et Sagesse, pp. 111-112.
[8] S.S. HAMSAH MANARAH, Une loi pour détruire le Mal, p. 87.
[9] S.S. HAMSAH MANARAH, Yoga et Sagesse, p. 270.
[10] Ibid., p. 419.

