COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 3 – EL RESPETO, CLAVE DE UNA BUENA RELACIÓN CON LOS DEMÁS
EL RESPETO, CLAVE DE UNA BUENA RELACIÓN CON LOS DEMÁS
La falta de respeto está en la base de todas las discordias y de muchos sufrimientos humanos. Es la puerta abierta al desprecio y a la violencia. Por eso es indispensable situar el respeto mutuo en el centro de las relaciones humanas si queremos a la vez ser más felices y aportar nuestra contribución a la paz planetaria.
En el Aumismo, la toma de conciencia de lo Divino presente en cada uno, como en uno mismo, implica el respeto de los demás. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe: «Todo hombre, toda mujer merece nuestro respeto, merece que nos detengamos en su caso, que lo o la tomemos en consideración, lo cual es la base misma del respeto mutuo. Imaginad que cada ser humano aceptara hacer el esfuerzo de respetar a su prójimo, cualesquiera que sean sus cualidades y sus defectos: la Tierra entraría entonces verdaderamente en lo que podríamos llamar la mentalidad de Edad de Oro».[1]
Veremos, pues, en esta ponencia:
- 1. Cómo progresar en la aceptación del otro, que es inseparable del respeto;
- 2. Cómo el respeto mejora la comunicación;
- 3. Cómo el aprendizaje del respeto comienza en la familia.
I. EL RESPETO ES ANTE TODO LA ACEPTACIÓN DEL OTRO
Respetar es tomar al otro en consideración, expresar que su existencia es digna de nuestra atención. Esto implica aceptar lo que es. Aceptar al otro en sus diferencias y en lo que puede desagradarnos es fruto de un necesario camino personal.
Aceptarse a uno mismo permite aceptar mejor a los demás
En un mundo en plena transformación, el hombre está muy a menudo absorbido por el mundo exterior, el éxito profesional, la vida social, los medios de comunicación, Internet, etc., y olvida la relación con su verdadero Yo, con lo Divino presente en cada uno. La falta de un vínculo profundo consigo mismo repercute en su relación con el otro, al que percibe como un extraño, lo que engendra indiferencia u hostilidad.
«Conocerse bien para comprender mejor a los demás es un deber», afirma el Señor HAMSAH MANARAH. Pone a nuestra disposición métodos que nos ayudan eficazmente a conocernos mejor. Podemos, por ejemplo, profundizar la introspección gracias a una técnica tomada del capítulo XI de Le Yoga de la vie pratique. Se trata de tomarse el tiempo de interiorizarse en el silencio para tomar conciencia de los propios pensamientos y representaciones, y de centrarse en las cualidades opuestas a los propios defectos. Progresivamente, aprendemos a aceptarnos con respeto y benevolencia y, por resonancia, a aceptar y respetar mejor a los demás. Paralelamente, para no dejarnos encerrar en el engranaje de las actividades exteriores y del estrés que deteriora nuestra relación con los demás, conviene tomarse regularmente el tiempo de instalarse en un lugar tranquilo y concentrarse en el propio universo interior repitiendo el Sonido OM.
Si lo deseáis, podemos tener juntos una idea de esta técnica.
Os invito a instalaros cómodamente, a enderezar la columna vertebral y a relajar la musculatura.
Con los ojos cerrados, podéis repetir el Sonido OM permaneciendo concentrados en su vibración entre los dos ojos.
OM OM OM OM…
Después, repetid mentalmente el Sonido OM a la altura del corazón, del esternón:
OM OM OM OM…
Haced un momento de vacío mental y de silencio interior y observad la repercusión del Sonido OM en vuestro cuerpo, vuestra mente y vuestro estado interior…
El Sonido OM une al Yo Supremo omnipresente. La escucha de lo Divino en uno mismo lleva al reconocimiento y al respeto de lo Divino en cada uno.
Aceptar la diferencia
Si somos conscientes de nuestras propias carencias, si aceptamos nuestros defectos, podemos mejorar nuestras relaciones con los demás y respetar a quienes no se nos parecen. Todos los seres humanos llevan, como nosotros, la chispa divina. Evidentemente, el camino es largo para llegar a comprender perfectamente a los demás como lo hace Aquel que ha experimentado la Fusión en Dios y la Unidad con la Creación. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe en Mémoires d’un Yogi: «No estoy separado de ti, no me siento separado del mundo, no rechazo a nadie, como tampoco deseo arrancarme el corazón cuando me duele». Mientras alcanzamos ese estado de unidad, de amor perfecto, empecemos por respetar al otro aun cuando no podamos comprenderlo del todo. Esto equivale a no despreciar al prójimo con el pretexto de que se muestra diferente de nosotros por su apariencia, sus opiniones, su cultura, sus creencias, etc. En el Aumismo, el respeto de las diferencias es la clave de la paz entre los seres humanos, los pueblos y las naciones.
No juzgar, aprender a perdonar
El otro, como nosotros mismos, puede caer, pero «a nadie le corresponde juzgar las flaquezas de unos y otros», dice el Señor HAMSAH MANARAH.[2] Nos invita también a tolerar al menos tres defectos en quienes nos rodean. En efecto, respetar a la persona es aceptarla con su capacidad de evolucionar, de transformarse. Desde luego, en la vida cotidiana no logramos enseguida transformarnos y expresar lo mejor de nosotros mismos. Pero lo esencial es levantarse después de cada caída e ir hacia el perdón, que como un bálsamo cura todos los males y todos los sufrimientos.
- Perdonarse a uno mismo libera de la culpabilidad y de la represión que encadenan al pasado y a veces generan un complejo de autocastigo y tendencias autodestructivas.
- Perdonar a los demás libera del resentimiento y permite no quedarse bloqueado y paralizado en una situación conflictiva sin salida. Permite salir del callejón, empezar de nuevo y seguir adelante.
Respetar en el otro maneras de hablar, de pensar y de actuar diferentes de las nuestras permite compartir y construir juntos. Desde luego, respetar a alguien no significa cerrar los ojos ante actos reprobables. Impedir que alguien perjudique a su entorno y a sí mismo es un servicio que hay que prestar. Se puede rechazar un comportamiento injusto sin dejar de respetar a la persona, de ayudarla y de orar por su evolución.
II. EL RESPETO MUTUO FACILITA LA COMUNICACIÓN
Necesidad del desapego interior
En la relación con los demás, el desapego interior permite no ser juguete de las reacciones afectivas. Esta actitud mental evita dejarse perturbar por las tensiones, los juicios y los recuerdos desagradables. Para liberarse de las interferencias que pueden enturbiar la comunicación, se recomienda recargarse con frecuencia en la oración del OM. Así unidos a lo Divino, no buscamos dominar a los demás sino convertirnos en los instrumentos más fieles de lo Divino que se expresa a través de nosotros. Con el aprendizaje de la tolerancia y del respeto mutuo se gana en conciencia y en amor.
El respeto se expresa en el diálogo y la escucha
«La humanidad está enferma por no dialogar», nos dice el Señor HAMSAH MANARAH. «Cada uno ignora al otro y lo convierte en un apestado».[3] Discutir, dialogar, es prestar atención a lo que piensa el otro. Es, pues, una forma privilegiada de respeto.
- En una reunión, se trata de dejar que los demás expresen sus ideas sin interrumpirlos, de permanecer interiormente disponibles y dejar resonar en uno mismo lo que expresan. No hay que intentar imponer el propio punto de vista a toda costa con espíritu de dominación. Hay que saber escuchar antes de expresar con calma y autenticidad el propio acuerdo o desacuerdo, apoyándose en lo Divino en uno mismo y en cada uno. Cuando un grupo funciona de este modo, el efecto de resonancia entre unos y otros permite construir juntos respetando a cada cual. Desde luego, respetar las distintas opiniones no significa seguirlas ciegamente. La escucha es indispensable para el trabajo en equipo, en el que la creatividad de cada uno debe poder expresarse para contribuir al éxito final de una acción.[4]
- Cuando hay un conflicto, el diálogo es indispensable para la reconciliación. En el capítulo XIV de La Loi d’Évolution des Âmes encontraréis, por ejemplo, consejos para reanudar el diálogo con miembros de vuestra familia: la escucha mutua permite apaciguar el resentimiento.
III. EL APRENDIZAJE DEL RESPETO COMIENZA EN LA FAMILIA
Vivimos en un mundo que ha perdido sus referencias, donde se prefiere poner de relieve lo que es nocivo y reprobable. Los adultos tienen, pues, el deber de inculcar a los niños los valores que favorecen el nacimiento de una mentalidad de Edad de Oro, cuyo fundamento es el respeto. También deben dar ejemplo. La familia es un lugar privilegiado para el aprendizaje del respeto mutuo.
El respeto entre generaciones
- El respeto es un componente esencial del amor de los padres, que deben ante todo respetarse entre ellos.
- El respeto de los padres hacia el hijo se expresa antes del nacimiento. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH sugiere a los padres que oren para que pueda encarnarse un alma deseosa de construir un mundo de paz. Después, el respeto estará presente a lo largo de toda la educación: los niños son los constructores de la sociedad del mañana; deben disfrutar de una higiene de vida equilibrada y de una educación lo más completa posible, sostenida por una disciplina moral adaptada a su edad. Los libros Naturopathie et Yoga y Le Yoga de la vie pratique aportan una ayuda valiosa. Escuchar a los niños con interés y respeto desde muy pequeños es reconocer su valor, valorar el amor, la solidaridad y el respeto que manifiestan, valorar sus diferencias y su creatividad.
- Pero no se trata por ello de consentirles todos sus caprichos. El Señor escribe: «En cuanto a quienes vienen a afirmar que el niño es un rey al que nunca hay que ofender, les grito: “¡Cuidado!”. Y digo entonces: mirad la dejadez de la juventud actual, su falta de cortesía y de buenos modales, la actitud irrespetuosa de los niños hacia sus profesores, la huida ante el esfuerzo y el olvido de las responsabilidades frente a la reivindicación constante de los derechos, como para olvidar mejor sus deberes, y comprenderéis que así se preparan las desgracias de la sociedad».[5]
Actualmente, lo vemos todos los días en las familias, en las escuelas y en la calle, hay que restaurar el respeto debido a la edad, a la experiencia, al saber y al trabajo de los demás. «El Código de vida de una humanidad de Edad de Oro»[6] anima, pues, a los niños a respetar a sus padres, a sus abuelos y a sus profesores. Este aprendizaje del respeto entre los más jóvenes y los mayores, que les hacen aprovechar su experiencia, favorecerá la estabilidad y la paz sociales.
El aprendizaje de la educación y la cortesía
«Los padres», dice Su Santidad, «tienen el deber de inculcar a sus hijos las reglas elementales de la educación y la cortesía. Así ayudarán a hacer nacer una civilización de Edad de Oro fundada en los principios de una solidaridad planetaria, en el respeto fraterno de cada uno».[7] Desde luego, no se trata de un comportamiento estereotipado y a veces hipócrita, sino de la cortesía del corazón, que toma al otro en consideración con «una sonrisa de afecto, una palabra de bienvenida, un gesto de benevolencia…»[8]
La aportación de las actividades exteriores: el ejemplo de las artes marciales
La familia permitirá también al niño realizar fuera de casa actividades a la vez agradables y educativas.
En mi experiencia personal con la práctica de las artes marciales, y del OMKIDO que habéis descubierto esta mañana durante una demostración, doy importancia al aprendizaje del respeto, tanto para los niños como para los adultos. La disciplina marcial se sustenta en una ética, en reglas de cortesía, de decoro y de saber estar en grupo: está el respeto de la tradición, del maestro o profesor, de los veteranos, de los principiantes, del lugar, del grupo y de los practicantes, que no son adversarios sino compañeros. El respeto de los demás va unido al dominio de sí mismo. Una sana combatividad es ante todo un trabajo sobre uno mismo.
A este respecto, el Señor HAMSAH MANARAH aconseja a los padres: «Utilizad la influencia de las Artes marciales en la formación del carácter: chicos y chicas encontrarán en ellas el medio de desarrollar las fuerzas del alma, el control de sí mismos, el dominio del cuerpo y de las emociones, la coordinación de lo físico y lo mental, el valor, los reflejos eficaces, el espíritu caballeresco… Al no tener miedo de nada, podrán amar sin coacción, desde una posición de fuerza interior».
Los niños que son respetados y aprenden a respetar a los demás desde pequeños se integrarán mejor en la sociedad y la harán más solidaria.
CONCLUSIÓN
En conclusión, recordemos la necesidad de una educación que dé prioridad al aprendizaje del respeto. El regreso al respeto mutuo es indispensable para reducir, y poco a poco poner fin, al desprecio y a la violencia que desestabilizan el mundo actual. Cultivar el respeto a los demás, esforzarse por aceptarlos y comprenderlos, es el primer paso hacia la solidaridad, hacia el cambio de mentalidad que caracteriza la Edad de Oro.
Terminaremos, pues, con esta frase de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, que cada uno ganará repitiéndose antes de empezar su jornada:
«Estoy en Unidad de corazón y de espíritu con el Dios todopoderoso en cada uno y me instalo desde ahora en la tolerancia y el respeto de los demás».[9]
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[1] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 461.
[2] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 80.
[3] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 228.
[4] Cf. La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 460.
[5] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 239.
[6] La Révolution du monde des vivants et des morts, capítulo XVI.
[7] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 364.
[8] Cf. Le Flambeau d’Unité, p. 357.
[9] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 28.

