COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 2 – LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS Y LA PAZ RELIGIOSA SEGÚN EL AUMISMO
LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS Y LA PAZ RELIGIOSA SEGÚN EL AUMISMO
Los grandes Sabios de todas las tradiciones han predicado el entendimiento, la armonía y la tolerancia entre los creyentes de las distintas confesiones. En efecto, en lo Esencial las religiones enseñan los mismos valores y, en numerosos ámbitos, han contribuido al enriquecimiento y a la evolución de las creencias de nuestra humanidad. Conviene, pues, razonar más en términos de complementariedad y de estímulo espiritual que de superioridad o de rivalidad.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH propone un solo dogma, el de la Unidad de los Rostros de Dios, como fundamento de la paz religiosa: según el Aumismo no existe escala de valores entre los distintos Rostros adoptados por los Enviados de Dios. Proceden de la misma fuente, que es Amor, Paz, Perdón y Compartir, y ello en beneficio de todos, sin distinción de razas, de religiones ni de naciones.
Veremos, pues, en esta ponencia:
I – Algunos aspectos de la Obra del Fundador del Aumismo en favor de la paz
II – El dogma de la Unidad de los Rostros de Dios
III – La Unidad de los Rostros de Dios y la paz religiosa
I – ALGUNOS ASPECTOS DE LA OBRA DEL FUNDADOR DEL AUMISMO EN FAVOR DE LA PAZ
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Fundador del Aumismo, consagró Su existencia al servicio de la humanidad, obrando en lo visible y en lo invisible por la paz planetaria, que comienza con la paz religiosa. Evocaremos aquí, por ejemplo, Su encuentro con las distintas Tradiciones, previo a la creación del monasterio de Mandarom Shambhasalem, y el Gran Perdón, cuyo símbolo es el Templo de Oro construido en esa Ciudad Santa.
1) El Periplo iniciático de Su Santidad al corazón de las distintas Tradiciones y la fundación de la Ciudad Luz de Mandarom Shambhasalem
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Fundador de la religión aumista, nació en una familia francesa que practicaba un catolicismo tradicional. Antes de fundar la religión aumista, dio primero ejemplo de respeto y de amor por las distintas Tradiciones de Occidente y de Oriente, saliendo a su encuentro a lo largo de un largo periplo. Así, ocupó importantes responsabilidades y recibió Iniciaciones en numerosos grupos iniciáticos de Occidente (misterios de la Cábala, de la Alquimia, la Francmasonería, la Rosa+Cruz, las Logias Martinistas, el Santo Grial).
Tras viajar a Tierra Santa y a Oriente Medio, se dirigió a la India, donde Swami Sivananda le confirió en Rishikesh, en 1961, la Iniciación de Monje renunciante: se convierte en Swami Hamsananda Sarasvati, «Felicidad en el Absoluto», vinculado al Linaje Iniciático de los Sarasvati.
Fue también iniciado en las Vías del Jainismo, que preconiza la no violencia (ahimsa), del Budismo, del Sufismo, del Shingon japonés y de ciertas tradiciones africanas.
De regreso en Francia, vivió como Ermitaño en una gruta apartada de Vaucluse, experimentando los estados superiores de conciencia o éxtasis místicos, la Fusión en Dios, «que hacen de Él la Encarnación Total del Dios Vivo».[1] Grandes Sabios de todas las Tradiciones reconocieron Su dimensión espiritual fuera de lo común, lo que se desarrollará en la ponencia siguiente. Le confirieron títulos excepcionales y rindieron homenaje a este Ser de Luz venido para la paz.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe: «El Enviado está en la Tierra para ayudar a las naciones a superar sus divisiones y a construir su unión. Por eso Dios me ordenó abrevar mi alma en todas las Fuentes Espirituales de Oriente y de Occidente. Puse mi Cuerpo en resonancia con cada lugar sagrado y después edifiqué el Ideal de Unidad en la Ciudad Santa de Shambhasalem, aferrada a la ladera de una montaña de la Alta Provenza.»[2]
Como veréis en la ponencia siguiente, este monasterio único en el mundo, donde se codean monumentos dedicados a distintas religiones, muestra el camino de la paz.
2) Un extraordinario símbolo de paz: el Templo de Oro de Mandarom Shambhasalem
– El Gran Perdón de Dios para instaurar la paz
La historia de las religiones, de sus fundadores y de sus santos da testimonio de un diálogo, de una interacción entre los humanos y Dios: «Negar lo invisible es negar la religión en su sentido propio, que es unir las almas a Dios»[3].
En otoño de 1989, con la construcción del Templo de Oro para el judaísmo en la Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem, el Señor HAMSAH MANARAH nos revela el origen de los conflictos, debidos a los recuerdos de las guerras sucesivas entre civilizaciones hoy desaparecidas, hace varias decenas de milenios. Nos desvela el aspecto oculto de las mitologías que describen antiguas catástrofes, como el diluvio y la desaparición de la Atlántida, resultantes de esos enfrentamientos.
La Misión del Señor HAMSAH MANARAH en cuanto Melkitsedeq, Rey de Justicia y de Paz, ha sido, pues, pacificar y reconciliar mediante la oración, a lo largo de largos rituales, los mundos de lo invisible que se enfrentaban a través de naciones interpuestas para saciar su deseo de venganza: les concedió el Gran Perdón a fin de poner término al engranaje del odio y de las guerras sin fin. «El Templo de Oro concreta el Gran Perdón y la cancelación de las deudas y de los recuerdos del Karma ya pagado»[4].
El Gran Perdón trajo mejoras visibles: hemos asistido a la caída del muro de Berlín y después a la reunificación alemana, a la democratización progresiva de los países de Europa del Este, al fin de la guerra entre Irán e Irak y al fin del apartheid en Sudáfrica. Y esto en cuanto a los acontecimientos más espectaculares registrados.[5]
– La Justicia divina para instaurar la paz
En los numerosos Textos sagrados de religiones que esperan al Enviado divino, este tiene como misión principal restablecer la Justicia y la Ley divina a fin de abrir una era nueva, llamada en el Aumismo la Edad de Oro. Está escrito en la Biblia: «Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz» (Salmo 72,7).[6]
Si los criminales y los malvados causan estragos sin tomar conciencia de los efectos de sus acciones nocivas y, por otra parte, si los virtuosos que se esfuerzan en el camino del Bien son perseguidos, de ello resulta el mayor caos. En el Libro de los Muertos del antiguo Egipto, el dios Osiris pesaba los corazones. En la Biblia, Dios ha de volver para juzgar a las almas. En la Bhagavad Gita, para el Hinduismo, el Señor Supremo desciende en persona: «Para la liberación de los buenos y la destrucción de los que hacen el mal, para poner en el Trono a la Justicia, nazco de era en era» (4, 7-8)[7].
Cuando los Aumistas rinden Homenaje al Señor HIEROKARANTINE, Maestro de la Selección de las Almas, hacen referencia a esta alta responsabilidad del Enviado, que guía y reconforta, aporta el Gran Perdón y el Conocimiento necesario a las almas para que hagan la buena elección. En efecto, los humanos ya solo son juzgados por su elección presente: «A favor o en contra de la Unidad».
En adelante, solo las almas capaces de poner en práctica la tolerancia, el perdón y la justicia merecen reencarnarse… Gracias a esta selección, la Tierra se irá poblando poco a poco de hombres y mujeres capaces de mantener la paz. Así se restablece para la humanidad «la esperanza de un mundo mejor, más unido, más fraterno, más solidario».[8]
II – EL DOGMA DE LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS
Para llamar a los humanos de todas las religiones a la tolerancia y a la fraternidad, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH fundó la religión aumista, cuyo nombre deriva de OM, Verbo de la Unidad, primer Nombre de Dios, que se encuentra en religiones orientales y en amén para los cristianos, amín para los musulmanes y shalom para los judíos.
En el Aumismo, el único dogma es la Unidad de los Rostros de Dios: Dios es Uno, sea cual sea el Nombre que Le den los humanos. Es la Unidad en la multiplicidad. Para hablar a los hombres en su lenguaje se encarna en distintas épocas, en distintos países, bajo distintos Rostros, que son distintas expresiones de la Unidad divina. Ya grandes Figuras espirituales se elevaron por encima de las divisiones religiosas, como Ramakrishna, Vivekananda, Gandhi… En Alemania, en el siglo XV, Nicolás de Cusa decía en La paz de la fe: «So pretexto de religión, se ve a la mayor parte de los hombres tomar las armas unos contra otros… Y sin embargo eres Tú solo, Rey de todas las cosas, a quien todos veneran a través de los objetos aparentes de su culto… Eres Tú a quien, a través de la diversidad de los ritos, todos parecen buscar de diversas maneras y, a través de la diversidad de los Nombres divinos, eres Tú a quien nombran…»
«Cada uno de Mis Rostros expresa a Su manera la Unidad reencontrada del Cielo y de la Tierra, dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH. Cada uno es una faceta del Diamante de la Unidad. Ninguno de ellos necesita una guerra de religión para imponerse ante el mundo»[9].
Y la religión que fundó aporta a los humanos este Conocimiento: Dios está en el origen de todas las religiones, lo que ilustra de manera tan luminosa la Ciudad Santa de Mandarom Shambhasalem con sus diversos templos y estatuas. Siendo la Doctrina de la Edad de Oro (Edad nueva de la paz y de la solidaridad), el Aumismo obra por el acercamiento y el diálogo entre las religiones, los pueblos y las naciones.
III – LA UNIDAD DE LOS ROSTROS DE DIOS Y LA PAZ RELIGIOSA
Siendo Dios el mismo para todos y estando en el origen de las distintas corrientes religiosas pese a sus diferencias, las religiones son hermanas. Para salir de sus conflictos, deben reencontrar su unidad primera.
1) La Unidad en el OM
La oración del AUM es el medio más sencillo y más seguro para llegar a la Unidad de lo Divino y a la Unidad con todo lo que vive. La oración desinteresada es el indispensable combustible que alimenta nuestra alma en la ascensión de sus cumbres interiores, pero sobre todo es esa Luz espiritual que hay que compartir con todos y cada uno y difundir sobre la naturaleza y el universo. Es la Antorcha de Unidad que «puede salvarnos», como resume magníficamente la cubierta del 5.º tomo de la serie de las Nuevas Leyes. En el AUM, síntesis de los Nombres de Dios, todo está contenido: el origen de las religiones y la unidad de su Esencia.
2) El Hexámide, símbolo de la Unidad de las religiones
Esta pirámide de seis aristas de los colores del arcoíris, que se unen en la cima en la luz blanca del OM, simboliza el retorno a la unidad primordial de todas las religiones, nacidas de la misma Conciencia Trascendente pero que se dividieron y enfrentaron con el paso del tiempo.
«Cada uno tiene derecho a venerar a DIOS tal como lo entiende y lo comprende, con la voluntad, no obstante, de comprender también, aunque sea superficialmente, los demás mensajes de lo Divino, procedentes de la misma fuente luminosa.»[10]
3) El Templo Pirámide de la Unidad de los Rostros de Dios, una construcción vital para la Tierra
«La Unidad de los Rostros de Dios debe proseguir de siglo en siglo a través del Linaje de los HIEROKARANTINE que se suceden unos a otros, obrando cada uno para que se concrete y después se perpetúe la Edad de Oro de Unidad tan esperada, tan anhelada.»[11]
– A propósito de la Encarnación divina, Tertuliano, Padre de la Iglesia, utiliza esta imagen: «Del mismo modo que el sol no se conoce directamente, sino por medio de los rayos que difunde sobre la tierra, así Dios solo puede ser conocido por el hombre de manera antropomórfica, como un Padre que engendró un hijo.»[12] Se dice en el Bhagavata Purana: «Con el fin de proteger la Tierra, a los sacerdotes, a los Dioses, a los Santos y las Escrituras, y de permitir a cada uno la realización interior y exterior de su ser, el Señor desciende en un Cuerpo Vivo».
El HIEROKARANTINE, garante de la Unidad de los Rostros de Dios, tiene su sede y ora en el Templo Pirámide. Este Templo acogerá a hombres y mujeres de todas las religiones que deseen orar por la paz. Debe actuar como un talismán para nuestra humanidad, generando, gracias a las oraciones de Unidad, una corriente de reconciliación, de armonía, de solidaridad y de fraternidad.
«Si la Unidad de los Rostros de Dios es respetada por todos, ya no habrá odio, ni dolor, ni infierno; la Tierra estará en paz, porque el principio divino coronará su destino, su presente como su porvenir.»[13]
CONCLUSIÓN
«El Amor es la fuerza que une, que reconcilia, que incita al perdón, que permite concluir todas las paces. (…) Si los humanos se amaran los unos a los otros, más allá de las diferencias de clases, de religiones, de sexos y de razas, considerarían las guerras de fronteras y las guerras de religión como otros tantos anacronismos propios de otra época.»[14]
Así, para terminar, retengamos este pensamiento de tolerancia y de paz contenido en la Meditación por la Unidad de las religiones que practicamos al comienzo de este coloquio:
«Respeto y amo a los peregrinos de todas las Tradiciones, sea cual sea su manera de buscar a Dios.»[15]
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[1] Livre des Sacrements de l’Aumisme, p. 22.
[2] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 553.
[3] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 283.
[4] Je suis le Messie attendu, p. 567.
[5] Je suis le Messie attendu, p. 673.
[6] Ibid., p. 23.
[7] Yoga et Sagesse, p. 41.
[8] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 238.
[9] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 39.
[10] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 35.
[11] Le Flambeau d’Unité, p. 74.
[12] Luc Brisson, Philosophie grecque (obra en francés), p. 715.
[13] Le Flambeau d’Unité, p. 75.
[14] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 344.
[15] Le Flambeau d’Unité, p. 421.

