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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 6 – PENSAR MEJOR: LA OPORTUNIDAD DE AYUDAR A LA HUMANIDAD AYUDÁNDOSE A UNO MISMO

Enseñanzas y conferencias

N.º 6 – PENSAR MEJOR: LA OPORTUNIDAD DE AYUDAR A LA HUMANIDAD AYUDÁNDOSE A UNO MISMO

Ante todo, gracias a todos por todos los pensamientos fraternos que han convergido hacia nuestro planeta durante este coloquio.

Para terminar este ciclo de ponencias, hablaremos de una solidaridad que no sustituye a la acción individual y colectiva, sino que es compatible con todas las formas de solidaridad: elegir la orientación de nuestros pensamientos.

Partamos de la ayuda moral que nuestra humanidad necesita frente a la crisis multiforme que atravesamos.

Según un estudio publicado en The Lancet:

– la amenaza ecológica genera lo que se llama «ecoansiedad».

– la pandemia ha aumentado en más de una cuarta parte los casos de depresión en el mundo.

– el 75 % de los jóvenes está preocupado por su futuro[1].

Y la angustia se ve, por supuesto, muy amplificada por la guerra actual.

Hay que reconocer la realidad de los riesgos, el desconcierto ligado a situaciones inéditas y la vulnerabilidad humana ante estas pruebas.

El futuro es preocupante. Nadie puede negarlo.

Pero añadir a las dificultades pensamientos de miedo, de división y de odio las multiplica.

Preservarnos de esta contaminación mental es un deber, porque no solo «el hombre se convierte en lo que piensa», sino que «el pensamiento crea el estado del mundo».

El fundador del Aumismo nos dice: «Elevar el nivel moral de la humanidad saturando la mente de los seres humanos de pensamientos optimistas, fraternos, unitarios y constructivos se ha convertido en una urgencia»[2].

En esta ponencia veremos que podemos ayudar a la humanidad:

– cultivando pensamientos positivos

– cultivando pensamientos benevolentes

– transmitiéndolos a las nuevas generaciones.

Quizá digáis:

¿En qué conciernen mis pensamientos a la humanidad entera?

En primer lugar, no estamos separados unos de otros.

– La interdependencia es inherente a la condición humana.

– Para quienes (entre ellos los aumistas) piensan que el alma evoluciona a través de varias vidas, ya hemos estado, o quizá estaremos, en el lugar de aquellos a quienes ayudamos o de aquellos a quienes despreciamos hoy.

– Y en el Aumismo, como en otras Tradiciones, la unidad de la humanidad se basa en la presencia de lo Divino en cada uno.

Así, «haciendo daño a mi hermano me perjudico a mí mismo» y actúo contra Dios, mientras que «amando a los demás amo un aspecto de mí mismo» y amo a Dios.

Por otra parte, el pensamiento no conoce límites.

«Es vibración, explica el Señor HAMSAH MANARAH. Irradia de forma sutil, aunque nuestros sentidos ordinarios no detecten sus movimientos. Su poder es real (como muestra el fenómeno de la telepatía). Afecta al entorno. Actúa sobre el universo»[3].

«La conjunción de los pensamientos de odio y de las malas acciones engendra, a más o menos corto plazo, catástrofes perjudiciales para el mundo». Lamentablemente, lo vemos hoy.

Pero, a la inversa, y esa es una puerta de salida, «el encuentro de los buenos pensamientos y de los buenos sentimientos atrae acontecimientos felices para la humanidad»[4].

Así pues, frente al desánimo general, por lo demás comprensible, tenemos el deber de cultivar pensamientos positivos y benevolentes.

I – HACER MÁS POSITIVOS NUESTROS PENSAMIENTOS

Para empezar, podemos fortalecernos, motivarnos y ver la vida como una escuela.

Fortalecerse es buscar el equilibrio del cuerpo y de la mente para no dejarse desestabilizar por las emociones y no propagar el propio estrés.

En el libro Le Yoga de la vie pratique, por ejemplo, hay técnicas dinamizadoras que ayudan a empezar con buen pie.

– La oración y la meditación, en todas las tradiciones, ayudan a relativizar las reacciones personales.

– La identificación con lo Divino presente en uno mismo favorece la estabilidad. Podemos afirmar:

«Soy un centro de Fuerza, de Luz y de conciencia.

Estoy en unidad con la Conciencia divina,

Estoy divinamente protegido, inspirado, iluminado, guiado»[5].

Para motivarse, basta con tomar conciencia de los perjuicios de los pensamientos pesimistas y derrotistas.

Se alimentan de rumores y de comentarios mediáticos que alimentan las angustias y se difunden de boca en boca.

Centrados en lo peor, conducen al catastrofismo y al sentimiento de impotencia.

Eso no puede ayudar ni a uno mismo ni a los demás. Es evidente.

Lo que ayuda es el deseo, la esperanza y la voluntad de contribuir a una mejora.

Los pensamientos positivos no son «ilusos»: parten de la constatación lúcida de las dificultades y suscitan los esfuerzos para salir de ellas.

Toda acción educativa, todo trabajo humanitario, toda operación de rescate requiere este estado de ánimo. ¡Y hoy tenemos… que salvar nuestro planeta!

Un optimismo bien entendido es, pues, una sabiduría pragmática que lleva a «acoger los acontecimientos con la mejor esperanza» y a «sacar partido de las situaciones más desfavorables».

Ver la vida como una escuela nos ayuda a adoptar esta perspectiva.

Ante un obstáculo, podemos dejarnos abatir o movilizar nuestras fuerzas para superarlo.

Aunque sea difícil, considerar la existencia como una escuela permite mantenerse al timón y sacar las lecciones de la experiencia para avanzar contra viento y marea.

Así recuperamos el sentido de la vida, que es, dice el Señor HAMSAH MANARAH, «un acto de amor, un aprendizaje constante de la solidaridad, de la fraternidad y de la ayuda mutua»[6].

II – CULTIVAR PENSAMIENTOS DE AMOR

«Es porque el Amor está ausente de las relaciones humanas por lo que la humanidad persiste aún en las tinieblas de la guerra, de la intolerancia y del odio»[7].

Todas las religiones y Sabidurías animan a desarrollar el amor, que es central en los Evangelios y que el Buda presenta con una lógica implacable: «Si al odio se responde con odio, ¿cómo terminará el odio?».

¿Por dónde empezar para avanzar hacia más amor?

Romper con los juicios negativos

– Salir de la denigración

Es cierto que nadie es perfecto y que el discernimiento es necesario en las relaciones humanas. Y la crítica justa y fraterna siempre es útil.

Pero hay que perder la costumbre de la maledicencia, de la denigración y del juicio estereotipado, que fijan a los demás en defectos reales o supuestos. Eso alimenta la división y la exclusión.

Reconocer las cualidades de los demás los anima a desarrollarlas. Es un acto de solidaridad.

Es una manera de reconocer lo Divino en cada uno, más allá de los defectos de la personalidad que pueden echarnos para atrás.

– Salir de lo que podríamos llamar el «sectarismo psicoafectivo»

Cuando decimos «no es posible amar a todo el mundo», partimos el mundo en dos: los que nos caen bien y los que nos caen mal, a menudo por prejuicios.

Pero se pueden superar las reacciones epidérmicas mediante el respeto mutuo planteado como principio de cooperación.

Cuando el respeto va acompañado de comprensión, conduce a la benevolencia, la atención a la felicidad de los demás.

Cuando la comprensión se convierte en empatía, abre al deseo de aliviar el sufrimiento, a la compasión.

Libre de sectarismo, la solidaridad no tiene fronteras. Este camino conduce a un amor universal que culmina en el amor totalmente desinteresado e incondicional del que ya se habló a propósito de los Enviados divinos.

Por supuesto, no se cambia de la noche a la mañana. En cada uno hay, en diversos grados, una tendencia al altruismo y una tendencia al egoísmo. Generan pensamientos que contribuyen unas veces a armonizar la sociedad y otras a dividirla.

Por eso «la pacificación del mundo empieza por nuestra propia pacificación»[8]. Es una vigilancia que podemos poner al servicio de la humanidad:

Neutralizar nuestros pensamientos nocivos

– Para purificar la mente, podemos decirnos:

«No soy estos pensamientos, no soy estos sentimientos, no soy estas emociones de la mente. Borro todos los pensamientos impuros, todas las impregnaciones negativas y me instalo en la Edad de Oro interior, la paz, la calma y la serenidad»[9].

– Para anular los pensamientos agresivos: «Anulo el pensamiento de odio emitido contra tal persona y le envío un pensamiento de amor, de paz, de armonía y de unidad. Que su alma me perdone y se reconcilie con mi Dios interior»[10].

– Para cortar con el resentimiento, la importancia del perdón a uno mismo y a los demás se trató en una ponencia anterior. En todas las religiones, el perdón permite liberarse del fardo del odio y avanzar hacia la paz interior.

Propagar pensamientos de amor

Es «una participación directa en el servicio silencioso del mundo».

«Con nuestros pensamientos benéficos, insiste el Señor HAMSAH MANARAH, esforcémonos por generar una poderosa corriente de fraternidad, de amor verdadero, lo bastante fuerte para conjurar las violencias. Es la condición esencial de una armonía entre las naciones y de la creación de un clima psicológico que favorezca la evolución del mundo. Nadie es demasiado débil, ningún pensamiento se pierde»[11].

Enviemos pensamientos solidarios, buenos deseos y oraciones.

No olvidemos que la oración del OM, ofrecida a todos, «salva a las almas que desesperan».

Así, todos juntos, creyentes y ateos, podemos ser cada vez más numerosos para contrarrestar y transmutar los pensamientos destructores que engendran los actos destructores.

Además, este servicio desinteresado prestado a la humanidad repercute en nosotros mismos, porque «cuanto más se mejora el hombre, más aprende a amar profundamente; y cuanto más ama, más se mejora»[12].

A lo largo de este camino, el Señor nos anima: «Poco a poco, vuestro ejemplo se extenderá como una mancha de aceite y, a vuestro pequeño nivel personal, participaréis en la aniquilación del pulpo del odio en el seno de la sociedad»[13].

Cuando los adultos hacen el esfuerzo de pensar mejor, eso repercute en la educación de los niños. Es a través de ellos como se instaurará un cambio de mentalidad a largo plazo.

III – AYUDAR A LOS JÓVENES A PENSAR SEGÚN LOS VALORES DE LA EDAD DE ORO

De esta solidaridad intergeneracional depende el porvenir de la humanidad.

Los valores orientan los pensamientos y las acciones de cada uno. Es, pues, esencial «educar a los niños en el sentido de la tolerancia, del respeto de cada uno, del amor verdadero y de la ayuda mutua».

Queda por despertar en ellos… ¡el gusto por el esfuerzo de ponerlos en práctica!

Insistiremos en el ejemplo, la experiencia de la felicidad y una nueva concepción de la ciudadanía.

El ejemplo

Es por imitación como un niño empieza a aprender el respeto, la ayuda mutua, la justicia… o lo contrario. Todo adulto, sea o no padre o educador, sirve de modelo, incluso sin saberlo.

El niño necesita referencias y reglas; debe tomar conciencia de sus responsabilidades y conocer la satisfacción del deber cumplido.

Pero es el ejemplo de adultos atentos lo que hace atractivos los valores.

En el ámbito de la educación encontramos lo que Bergson llama la moral abierta: la llamada de un modelo (gran figura de una Religión, de una Sabiduría, etc.) que suscita una moral de la atracción, fuente de entusiasmo y de alegría.

La experiencia de la felicidad

Dar a los jóvenes la ocasión de experimentar la solidaridad en familia y fuera de ella los abre a la benevolencia, sin confundir, por supuesto, bondad con debilidad. Eso les ayuda a desarrollarse:

– ser útiles favorece su integración en el grupo.

– al desarrollar su sensibilidad y su empatía, piensan y actúan de forma más eficaz: aumenta su confianza en sí mismos.

– aprenden a dar y a recibir, porque quien da con toda humildad, sin buscar un interés personal, se enriquece en otros niveles gracias a quien recibe.

No hay relación de dominio.

Poco a poco, dar felicidad formará parte de su propia felicidad, que será independiente de los objetos exteriores.

Y transmitirán los valores que los hacen felices.

Una nueva noción de la ciudadanía

En esta aurora de la Edad de Oro, enseñar al niño a «pensar en universal» es imprescindible.

«Cada región es un dominio de la inmensa familia humana, la suya, dice el Señor HAMSAH MANARAH. Se detiene en lo que acerca a los hombres en lugar de dividirlos. Ama fielmente a su país y se esfuerza por ser un ciudadano concienzudo, deseoso de aumentar su valor moral, intelectual y espiritual y su eficiencia. Pero no olvida que es ciudadano del mundo y del universo»[14].

La aventura de su vida será más rica y apasionante.

Se sentirá más fácilmente solidario con todos los seres humanos, sean cuales sean sus diferencias, y también con los reinos de la Naturaleza.

Al ayudar a los jóvenes a convertirse, según el deseo del Señor, en «hombres y mujeres de corazón, llenos de compasión, que desean ayudarse a sí mismos para ayudar mejor a los demás»[15], los adultos contribuyen a instaurar de forma duradera el estado mental de Edad de Oro que la Tierra necesita con urgencia.

En conclusión

«El nivel de evolución de la humanidad depende de la evolución de cada ser»[16]. Por eso:

– elegir nuestros pensamientos,

– educar a los jóvenes en este sentido,

– animar a cada uno a pensar mejor,

son actos de solidaridad para lograr «salvar a la humanidad de las consecuencias de sus pensamientos nocivos». Porque, no lo olvidemos, todos los comportamientos humanos tienen su origen en pensamientos.

Además, pensar mejor es reencontrarse con «la alegría que debe nacer del acto de amar, dice el Señor HAMSAH MANARAH, del acto de servir, de ayudar, de socorrer, del acto de dar a luz y después de educar…»[17]

Para terminar, he aquí una afirmación tomada de Le Yoga de la vie pratique. Puede ayudarnos, sea cual sea la situación, incluso en la prueba, a mantener el rumbo de una actitud que, ayudando a los demás, nos ayuda a nosotros mismos:

«El Amor profundo crece en mí por el mundo y por el Universo.

Sé que, al abrirme al servicio de los demás, al servicio de la humanidad,

con todo mi corazón, sin esperar gratitud, abro la puerta a la plenitud de todo bien.

Progreso en el camino de la felicidad y de la serenidad»[18].

OM

V. Mandaja

Doctora en Ciencias de la Educación

*******

[1] https://www.lemonde.fr/climat/article/2021/09/14/climat-les-trois-quarts-des-jeunes-jugent-le-futur-effrayant

[2] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 302.

[3] Le Yoga de la vie pratique, p. 301.

[4] Véase Le Maître spirituel et le disciple, p. 285.

[5] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 234.

[6] Le Flambeau d’Unité, p. 154.

[7] La Révolution du Monde des Vivants et des Morts, p. 344.

[8] La Voix de Lumière, p. 472.

[9] La Révolution du Monde des Vivants et des Morts, p. 266.

[10] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 151.

[11] L’Unité des Visages de Dieu, p. 390.

[12] Le Yoga de la vie pratique, p. 238.

[13] Vers un Âge d’Or d’Unité, p. 185.

[14] Le Yoga de la vie pratique, p. 279.

[15] Naturopathie et Yoga, p. 246.

[16] La Voix de Lumière, p. 473.

[17] Le Flambeau d’Unité, p. 358.

[18] Le Yoga de la vie pratique, p. 242.

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