COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 1 – LA URGENCIA DE UN RETORNO AL EQUILIBRIO
LA URGENCIA DE UN RETORNO AL EQUILIBRIO
La humanidad se enfrenta actualmente a graves problemas que amenazan su porvenir y el del planeta.
Con creciente insistencia, científicos y ecologistas advierten a la humanidad y lanzan un grito de alarma sobre los desajustes y desequilibrios provocados por los seres humanos.
Se imponen con urgencia tomas de conciencia y cambios de comportamiento: los hombres y las mujeres de hoy deben considerarse ciudadanos del mundo que tienen a su cargo el porvenir de la humanidad.
- En la primera parte de esta ponencia haremos un breve repaso de los desequilibrios actuales.
- En la segunda parte presentaremos las soluciones que propone la religión aumista, y que se tratan en este coloquio, para favorecer el retorno al equilibrio.
I. LOS DESEQUILIBRIOS ACTUALES
La actividad humana mal controlada es causa de numerosos desequilibrios: todos los reinos de la naturaleza los sufren; nuestro planeta está enfermo; nuestro planeta necesita ayuda.
Nos limitaremos a recordar algunos ejemplos.
1) La contaminación del medio ambiente
La contaminación de los suelos
Saturados de productos químicos por una agricultura intensiva, los suelos pierden su vitalidad. Infiltrados en las cadenas alimentarias, diversos contaminantes agrícolas e industriales contaminan las plantas, los animales y los hombres.
Las abejas, indispensables para la polinización de los vegetales que alimentan a los humanos, mueren tras ingerir pesticidas.
La contaminación de las aguas
Por infiltración, los productos químicos agrícolas e industriales se extienden por los acuíferos; por escorrentía, se vierten en los ríos, los lagos y los océanos.
Los vertidos industriales de aguas residuales en los ríos, las desgasificaciones ilegales de hidrocarburos y catástrofes como el naufragio del Erika envenenan la fauna acuática y marina.
La contaminación atmosférica y los gases de efecto invernadero
En los últimos años, la calidad del aire se ha degradado fuertemente, provocando enfermedades respiratorias y alergias.
El aumento de los gases de efecto invernadero provoca un calentamiento de la atmósfera y la fusión de los hielos, que van desapareciendo progresivamente.
Hubert Reeves escribe en Mal de Terre: «La treintena de países desarrollados, que representan el 20% de la población mundial, producen y consumen el 80% de los productos químicos sintéticos, el 80% de la energía renovable y el 40% del agua dulce, y emiten diez veces más gases de efecto invernadero por habitante que los países del sur.»[1]
Este aumento del calor provoca una inestabilidad climática caracterizada por cambios bruscos de temperatura y un recrudecimiento de los tifones y ciclones que causan inundaciones. Las olas de calor resecan los cultivos y favorecen los incendios.
2) Los desequilibrios en el plano humano
Las guerras siguen matando, mutilando y traumatizando a niños y adultos. Se habló de ello en el 5.º coloquio del Aumismo, sobre la no violencia.
Una mala gestión de los recursos enriquece a unos, empobrece a otros y, al final, amenaza el planeta: la disminución de los bosques, del petróleo y del agua potable es preocupante. Al ritmo actual, con la sobreexplotación de los recursos marinos, la mayor parte de la vida de los océanos está desapareciendo.
El informe anual 2007 del Banco Mundial nos enseña que casi mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, es decir, una sexta parte de la población mundial. Esta cifra está sin duda en descenso, pero no deja de ser muy elevada. Más de 2.600 millones de personas viven con menos de 2,5 dólares al día.
«La miseria», escribe Hubert Reeves, «es el fermento de la desesperación y del odio y, finalmente, el caldo de cultivo del terrorismo internacional.»[2]
El desamparo de los individuos
Añadamos que, en los países llamados desarrollados, la carrera por los intereses materiales inmediatos hace desaparecer los valores y el sentido de la existencia. Ante las dificultades cotidianas, el sentimiento de soledad y de inseguridad, el estrés y la depresión conducen al consumo de tranquilizantes, alcohol y drogas.
La Dirección de Investigación, Estudios, Evaluación y Estadística francesa (DREES, n.º 488, mayo de 2006) indica que en 2003 se registraron 10.700 suicidios en Francia.
Esta enumeración dista mucho de ser exhaustiva. Nos hemos limitado a algunos ejemplos que muestran que los seres humanos son actualmente víctimas de desajustes que ellos mismos han provocado con el paso del tiempo.
Aunque algunos discutan la gravedad de la situación, no deja de ser cierto que la humanidad se enfrenta a graves problemas que la sitúan ante la urgencia de un retorno al equilibrio.
Cabe preguntarse cómo una religión como el Aumismo puede contribuir a restablecer el equilibrio. Es lo que vamos a abordar ahora.
II. EL AUMISMO Y EL RETORNO AL EQUILIBRIO
Como religión responsable y realista, el Aumismo no puede en ningún caso desentenderse del porvenir del planeta Tierra ni del de la humanidad.
Es ante todo mediante una educación libremente aceptada como una religión puede contribuir a ayudar a la humanidad: la Enseñanza que imparte la religión aumista tiene por objeto favorecer la toma de conciencia de las responsabilidades individuales y colectivas.
Como acabamos de ver, tanto en el plano individual como en el colectivo chocamos con situaciones críticas que no pueden continuar. Hemos llegado al punto en que las consecuencias de los extravíos humanos afectan a todo el mundo: cada uno se siente concernido en su vida cotidiana por el contenido de su plato y por el aire que respira. Pero de nada sirve hundirse en un catastrofismo pasivo.
Afortunadamente, las tomas de conciencia se aceleran. La situación interpela a cada vez más hombres y mujeres que se esfuerzan por buscar soluciones en distintos ámbitos. Son muchos los que comprenden la urgencia de un retorno al equilibrio y quieren contribuir a él. Individuos, asociaciones y Estados realizan esfuerzos importantes.
Pero para lograr una victoria duradera, para corregir los comportamientos que desequilibran el mundo y que provocan las guerras, la contaminación y la pobreza, hace falta un cambio profundo de las mentalidades: es preciso que los actos se ajusten a los pensamientos.
No se trata de decir que uno está en contra de las guerras y discutir sin cesar con sus allegados y con las personas que encuentra cada día.
Erradicar las guerras es actuar por la paz, pero también erradicar la violencia en uno mismo. Luchar contra las distintas formas de miseria es actuar materialmente y desarrollar en uno mismo el sentido de la justicia y el altruismo. Luchar contra la contaminación es actuar desarrollando el respeto por una naturaleza viva.
Es preciso que los propios pensamientos, palabras y acciones vayan en la misma dirección: la del retorno al equilibrio.
1) Cambiar de estado mental es una necesidad
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Fundador de la religión aumista, escribe: «Por nuestra parte, creemos que una religión rejuvenecida, iluminada por los descubrimientos de la ciencia y adaptada al mundo ayudará al equilibrio individual así como a la regeneración de la sociedad.»[3]
Su Enseñanza nos hace tomar conciencia de que podemos contribuir a detener el proceso destructor y pasar del desequilibrio al equilibrio.
Nos ayuda a salir del estado mental de la división y del odio, llamado Edad de Hierro, para recuperar la unidad y la solidaridad que caracterizan un estado mental de Edad de Oro.
«Demasiado a menudo», dice Su Santidad, «los hombres solo piensan en sus pequeños intereses mezquinos y miopes. Llegan a olvidar que pisan el suelo de un mismo planeta y que explotan las riquezas de una misma Tierra nutricia. (…) Esta mentalidad egoísta debe reformarse imperativamente si los pueblos de la Tierra quieren poder vivir un día en paz, en la Edad de Oro recobrada. (…) La Edad de Oro se conquista mediante un estado mental justo, un respeto innato por los demás, un amor sincero al prójimo y un sentido del interés general que trascienda todas las mezquindades.»[4]
Para ayudar a la humanidad a avanzar hacia la autonomía y a hacerse cargo de su porvenir y del del planeta, el Señor HAMSAH MANARAH propone 12 Leyes evolutivas y morales destinadas a preservar y garantizar el porvenir de la humanidad. Constituyen un Código de vida realista y práctico para progresar hacia una mejora individual y colectiva.
Las encontraréis en el libro La Loi d’Évolution des Âmes, capítulo XX.
Entre estas Leyes figuran las del Amor universal, la Unidad, el Conocimiento verdadero, el Compartir, el Perdón, la Autotransformación, etc.
La Ley de la Autotransformación, en particular, invita a cada uno:
- a «renunciar al egoísmo del cada uno a lo suyo»;
- a «cultivar el amor al prójimo»;
- a «renunciar al espejo del pasado», es decir, liberarse de todo rencor;
- a «cultivar el desapego interior y el dominio de uno mismo», necesarios para tomar las riendas del propio destino y elegir su orientación.
Esta transformación es posible porque lo Divino reside en cada uno de nosotros como principio de Unidad y Fuerza Creadora.
El retorno al estado mental de Edad de Oro es una urgencia.
Ya no tenemos tiempo de aplazar nuestros esfuerzos: hay que cambiar desde ahora de estado mental y de comportamiento. Debemos movilizarnos para hacernos cargo de nuestro equilibrio personal, que repercutirá en el equilibrio colectivo.
Esta responsabilidad incumbe a todos, sin distinción de raza, de clase ni de religión.
El Señor HAMSAH MANARAH dice a cada uno:
«Tenéis derecho a negar la existencia de Dios, pero tenéis el deber de transformaros y de mejoraros para la felicidad del mundo.»[5]
Por esta razón, Su Enseñanza se dirige a todos los humanos, sean creyentes o ateos.
La humanidad está formada por individuos que, con sus elecciones, orientan el destino del planeta. Del mismo modo que los individuos violentos propagan el odio y la intolerancia, los individuos capaces de respeto y de lucidez pueden servir al interés general.
Por eso el Aumismo insiste en el equilibrio personal, que permite actuar en el sentido del equilibrio planetario.
2) Estos son, pues, los puntos de la Enseñanza aumista que se abordarán en este coloquio
El equilibrio cuerpo-espíritu. Separar el cuerpo y el espíritu equivale a dividirse a uno mismo y conduce al desequilibrio. En efecto, el cuerpo y el espíritu están íntimamente unidos y se influyen mutuamente. En la vida de cada día hay que estar atento, pues, a lo que es fuente de equilibrio a la vez físico y mental.
El equilibrio entre vida profana y vida espiritual. En el torbellino de la vida moderna, tendemos a dejarnos acaparar por las preocupaciones materiales. Ahora bien, el desarrollo individual requiere el desarrollo de todas las dimensiones del ser humano: vivir plenamente la vida familiar y profesional sin sacrificar la dimensión espiritual aporta un equilibrio que repercute en el equilibrio social.
La necesidad del compartir planetario. En una época en que las disparidades que generan antagonismos y conflictos son flagrantes de un continente a otro, la humanidad se encuentra ante la necesidad de compartir los recursos, los conocimientos y las oraciones. La Ley del Compartir es una de las 12 Leyes evolutivas y morales de la Edad de Oro propuestas por Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH.
El papel de la oración como factor de equilibrio individual y planetario. Orar permite desarrollar lo Divino en uno mismo y favorecer la evolución del mundo. En el monasterio del Mandarom, los monjes ofrecen constantemente sus oraciones y sus acciones por la paz.
La vida después de la muerte, nueva perspectiva del retorno al equilibrio. Trabajar sobre uno mismo y obrar por el interés colectivo es un deber en la Tierra. Pero, para el Aumismo, este trabajo no se detiene: después de la muerte, las almas son situadas en condiciones favorables para acelerar el necesario cambio de mentalidad.
El Aumismo, religión del equilibrio. Al ayudar a la evolución de las conciencias y al explicar cómo pensar y actuar para adquirir un estado mental de Edad de Oro, el Aumismo contribuye a disminuir los sufrimientos y ayuda a cada uno a avanzar hacia más fraternidad y felicidad.
Para concluir, he aquí una Palabra de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH que nos muestra el camino:
«La Edad de Oro es el amor por todos y cada uno,
sean cuales sean la lengua, la raza, la religión o el origen étnico…
La Edad de Oro hay que expresarla cada día, en uno mismo y a su alrededor.»[6]
*******
[1] Hubert REEVES, Mal de Terre, París, Seuil, 2003, p. 200.
[2] Hubert REEVES, Mal de Terre, p. 200.
[3] S.S. HAMSAH MANARAH, Yoga et Sagesse, p. 200.
[4] S.S. HAMSAH MANARAH, La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 462.
[5] S.S. HAMSAH MANARAH, Yoga et Sagesse, p. 283.
[6] S.S. HAMSAH MANARAH, Une Loi pour détruire le Mal, p. 90.

