COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 2 – EL EQUILIBRIO CUERPO-ESPÍRITU
EL EQUILIBRIO CUERPO-ESPÍRITU
Durante mucho tiempo el cuerpo se consideró un obstáculo para la vida espiritual, ya que la carne se asociaba al pecado. Las mortificaciones y las violencias contra el propio cuerpo expresaban la aspiración a liberarse de las cadenas de la materia.
Hoy en día, a la inversa, asistimos a un verdadero culto de las apariencias, en el que el cuerpo está en el centro de las preocupaciones.
Pero toda oposición entre el cuerpo y el espíritu crea un desequilibrio que se traduce en trastornos físicos y psicológicos. El ser humano no puede vivir desgarrado.
El equilibrio requiere recuperar la unidad entre el cuerpo y el espíritu, y el desarrollo pleno del individuo en todas sus dimensiones.
Esta orientación la encontré personalmente en los libros de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, Fundador del Aumismo. Mis primeras lecturas, Naturopathie et Yoga y Le Yoga de la vie pratique, respondían a mi necesidad de elementos concretos, de claves prácticas para una felicidad duradera. Y deseo ante todo expresar mi gratitud a Su Santidad por Su ejemplo y Su Enseñanza.
La salud física y mental y la armonía duradera con uno mismo, con el otro y con el mundo descansan sobre tres pilares:
- la actitud mental;
- la alimentación;
- el ejercicio físico.
Estos tres pilares se consideran las tres técnicas mayores de la naturopatía (existen otras siete, llamadas técnicas menores).
De ello hablaré en esta ponencia, inspirándome principalmente en Naturopathie et Yoga y en Le Yoga de la vie pratique. Estos libros tratan estos tres puntos con un enfoque concreto que abarca los dos aspectos, cuerpo y espíritu, bien anclado en la vida cotidiana y aplicable con independencia de cualquier religión.
I. LA ACTITUD MENTAL
La actitud mental orienta todas las acciones humanas y multiplica el efecto positivo de la alimentación sana y de los ejercicios físicos, que contribuyen al equilibrio de la persona humana. La actitud mental debe presidir toda acción.
Conocerse bien
Nos conocemos muy poco, y este desconocimiento es la fuente de la mayoría de los males del hombre y de los malentendidos en la sociedad. Nos ocupamos de dominar el mundo exterior y olvidamos asentar un mejor dominio de nosotros mismos. «Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses.» Conocerse mejor es adaptar la propia vida a lo que uno es, en términos de régimen alimentario, elección de oficio, lugar de residencia, modo de vida, etc. Quien se conoce bien comprende mejor al otro y evita proyectar en los demás sus propios defectos. Quien se conoce bien acaba cumpliendo aquello para lo que está destinado.
El conocimiento de uno mismo supone una atención vigilante a todo lo que pone de manifiesto los conflictos interiores. Se trata de:
- observar las propias reacciones en todas las circunstancias y acostumbrarse a ser consciente de lo que se hace;
- seguir las fluctuaciones de los propios pensamientos para descubrir las cadenas de asociación de ideas que los rigen;
- observar los sueños, considerados el lenguaje del inconsciente percibido durante el sueño, y leer obras que ayuden a interpretarlos;
- tener el valor moral de reconocer los propios defectos y errores. Descubrir los defectos es un primer paso; el segundo consiste en cultivar las cualidades opuestas a ellos;
- hacer balance de las propias capacidades físicas, intelectuales y afectivas.
De nuestra vigilancia en el cultivo mental y psíquico depende nuestro equilibrio nervioso: nuestra tranquilidad serena, nuestro éxito, nuestro bienestar, nuestra felicidad. El hombre es un universo en miniatura. Así, trabajar sobre uno mismo para llegar a ser una conciencia luminosa es el medio más seguro de mejorar el mundo que nos rodea.
El hombre se convierte en lo que piensa
Adonde va el pensamiento va la energía de la acción. Hay que cultivar, pues, los pensamientos positivos. Un pensamiento positivo neutraliza un pensamiento negativo que se haya podido emitir, siempre que uno sea consciente de ello. Existe una creencia psicológicamente limitadora: identificarse con la propia personalidad, ese barniz más o menos tenaz, en lugar de identificarse con la conciencia divina o la conciencia universal, el «Yo Supremo», ese Reino de Dios en nosotros del que habla Jesús. Acostumbrarse a repetir «Soy el Yo supremo en unidad con la Conciencia Divina» nos ayuda a liberar en nosotros energías hasta entonces bloqueadas.
En Le Yoga de la vie pratique, el Señor HAMSAH MANARAH nos indica: «Practicar la autosugestión da acceso a las capas más profundas del ser, para regir mejor los propios actos haciendo del subconsciente un aliado más seguro de la voluntad deliberada.»[1] Entre otras cosas, nos propone asociar pensamiento positivo y respiración para dominar la emotividad: orientar nuestra mente en un sentido positivo, de amor, de perdón de las ofensas, de benevolencia y de alegría, es beneficioso para nuestro entorno y favorece la salud y la longevidad. Pero si la naturaleza de los pensamientos influye en nuestro cuerpo, una alimentación sana y unos ejercicios físicos adecuados favorecen a su vez nuestro equilibrio mental.
II. ALIMENTACIÓN Y DIETÉTICA
«La naturaleza de nuestros pensamientos», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «está influida por el alimento que tomamos en ese momento y, en general, por nuestro régimen alimentario.»[2] «El alimento influye en la salud, las pasiones, las disposiciones interiores y el comportamiento en general. (…) Por eso se invita a quienes practican el yoga a elegir un alimento sano según ciertas normas.»[3]
¿Por qué adoptan los aumistas un régimen vegetariano?
En primer lugar, desde un punto de vista fisiológico, la constitución del hombre no es la de un carnívoro como el león, por ejemplo, que posee un tubo digestivo mucho más corto que permite una digestión más rápida. El sistema digestivo del hombre favorece el desarrollo de diversas toxinas, lo que no ocurre en un carnívoro, cuya dentadura está además mucho mejor adaptada al consumo de carne. Por otra parte, salvo los omega 3 que aporta el pescado, son las grasas animales las que más obstruyen las arterias.
Después, desde un punto de vista económico y ecológico, la alimentación vegetariana podría cubrir las necesidades de la humanidad. Ahora bien, hacen falta 16 kg de proteínas vegetales para producir 1 kg de carne de vacuno: ¡más de la mitad de las proteínas mundiales anuales se destina a la producción animal! Comer una carne impregnada del enorme estrés del animal al que se mata, y al que con demasiada frecuencia se cría en condiciones deplorables, no es provechoso para el ser humano. Además, para los aumistas, el animal tiene una conciencia destinada a desarrollarse: el ser humano debe proteger a los animales, cuidarlos y orar por ellos.
Sin embargo, sea cual sea el régimen adoptado, es importante citar algunas reglas.
La sobriedad
Los higienistas de todas las épocas aconsejan llenar el estómago solo hasta las tres cuartas partes de su capacidad.
Más vale calidad que cantidad. Es importante elegir alimentos sanos y frescos, cultivados sin pesticidas nocivos, que aporten vitaminas y enzimas en buena cantidad. También es importante eliminar lo que puede perjudicar al organismo, en particular el abuso del alcohol y de los estimulantes. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH precisa: «Comer cualquier cosa, cuando se puede hacer de otro modo, equivale a despreciar el propio cuerpo. El hombre debe aprender a comprender el maravilloso mecanismo de su cuerpo y utilizar los medios eficaces para mantenerlo. Nunca debe olvidar que el alimento tiene una importancia primordial, pues no solo influye en el cuerpo de carne, sino que también tiene repercusiones en sus cuerpos sutiles.»[4]
Todos los excesos perjudican la salud. La justa medida es necesaria para el equilibrio.
En la Enseñanza aumista, la décima Ley de la Edad de Oro es la de la alimentación sana: no comer ni demasiado por glotonería ni demasiado poco por mortificación, y adaptar la alimentación a la propia fisiología y a las condiciones de vida, favorece el equilibrio físico y la longevidad.[5]
Alimentarse de forma sobria y equilibrada, no comer cualquier cosa ni de cualquier manera, desarrolla el dominio de uno mismo, indispensable para el equilibrio global de la personalidad. «Quien domina su vientre dominará su destino», se dice.
La higiene moral antes y durante la comida
La higiene moral y la actitud mental durante la preparación y en el momento de las comidas son fundamentales.
«El alimento puede transmitir energías de odio, de venganza, de muerte.» El Señor habla de «envenenamiento psíquico», y no en vano tantas tradiciones preconizan la bendición de las comidas.[6]
La preparación de la comida requiere, pues, una atmósfera tranquila y pensamientos de paz y de benevolencia por parte de quienes cocinan. En la mesa, la alegría, el recogimiento y la gratitud actúan como benéficos catalizadores de la digestión. Más vale abstenerse de comer bajo el efecto de una emoción desestabilizadora, como la ira, el miedo, el estrés o el disgusto, precisa Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH. La visualización de la luz blanca, con sus virtudes purificadoras, y las bendiciones elevan el nivel vibratorio del alimento. La bendición aumista que se hace antes de cada comida purifica el alimento, contribuye a la evolución de las plantas, y si es el caso de los animales, que se consumen, y expresa la solidaridad con todos los seres mediante deseos benéficos. He aquí un extracto:
«Que la bendición se extienda sobre todas las plantas, todos los animales, todos los humanos (…)
Bendigamos esta comida que vamos a tomar para sostener nuestros cuerpos y servir mejor. (…) Que todos los que tienen hambre y sed se vean saciados, que la abundancia y la prosperidad sean para todos…»
III. EL EJERCICIO FÍSICO
¡Cada uno de nosotros ha podido experimentar la influencia de las emociones en la forma física, y de la salud en el ánimo! Un trastorno emocional puede provocar palpitaciones, rubor o una alteración del tránsito intestinal; un trastorno hepático puede deprimir. Del mismo modo, el ejercicio físico actúa directamente sobre el estado mental. Una buena oxigenación del cerebro facilita el trabajo intelectual; una buena caminata o una carrera suave calman las emociones.
«Existen diferentes métodos para tonificar el cuerpo», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH. «Cada uno es libre de elegir los que prefiera.»[7]
La Ley de las correspondencias de Hermes Trismegisto, «Todo está en todo; lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para mayor gloria de la unidad», nos recuerda la imbricación que existe entre el cuerpo y el espíritu.
El Hatha Yoga
Las prácticas que buscan unir el cuerpo y el espíritu en la concentración son especialmente útiles para conquistar el equilibrio. Las artes marciales son una escuela de dominio del gesto y del pensamiento: la acción inmediata requiere una coordinación perfecta de la intención y de la acción. Este equilibrio impregna poco a poco la vida cotidiana. Detengámonos un instante en el Hatha Yoga, que ocupa también un lugar importante. El Hatha Yoga es el yoga más conocido en Occidente. Se basa en el dominio del cuerpo y de las energías vitales, por lo que puede practicarse sea cual sea la religión de origen.
El Hatha Yoga alimenta el cuerpo y el espíritu. Su trabajo descansa en los siguientes aspectos:
- las posturas, llamadas asanas;
- la respiración;
- la concentración;
- el cultivo de la distensión interior;
- la relajación.
Las posturas
Yoga significa unión; Ha es la luna, que puede asociarse a las actividades mentales, y Tha es el sol, que puede asociarse al esfuerzo físico. El Hatha Yoga permite unir ambos y alcanzar el equilibrio interior. El dominio interior se adquiere mediante el dominio de las posturas. Es un camino largo y progresivo que requiere los consejos de un maestro iluminado, pero desde el principio se puede sentir el bienestar del cuerpo y del espíritu unidos en la concentración.
El pranayama
Prana, en sánscrito, es el aliento vital. El prana puede definirse como la energía vital contenida en el aire, que impregna la creación entera. Es la respiración controlada, o pranayama, la que nos permite hacer circular en nosotros esta energía. El efecto físico y mental del pranayama se siente rápidamente: «El control de la respiración», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «permite el de las emociones, combate la timidez y el temor, y desarrolla la seguridad, la confianza y la alegría de vivir.»[8] Lo que es capital retener es que hay interacción entre el aliento y el espíritu: el Prana sufre la influencia del pensamiento. Este punto fundamental tiene, pues, grandes repercusiones en los ejercicios espirituales. Basta con querer situar la energía del prana bajo la influencia de la mente, visualizando esta energía en forma de luz que circula, para sentir sus felices efectos. Así se combina la práctica de la autosugestión con el control de la energía. Se puede decir, por tanto, que «el aliento es la montura del espíritu».
Se comprende que hay distintas etapas en la vía del Yoga y que no debe abordarse sin precaución, paciencia, humildad y perseverancia, y sobre todo sin la ayuda de un maestro espiritual o de un guía experimentado.
El Hatha Yoga aporta a todos un mejor equilibrio físico y mental. La concentración en la práctica de las posturas favorece progresivamente la toma de conciencia de la presencia divina en uno mismo. Y a quienes realizan los esfuerzos necesarios, el Hatha Yoga les facilita el acceso a estados de conciencia superiores en los que cuerpo y espíritu son uno. En todo caso, recordemos estas palabras de sabiduría de Swami Sivananda: «Una onza de práctica vale más que una tonelada de teorías.»
Para quienes lo deseen, he aquí una técnica en la que el pensamiento positivo se asocia a la respiración. Es un ejercicio sencillo y muy beneficioso que puede orientarse hacia la conquista de la salud, del éxito o de determinadas cualidades.
Sentaos con la espalda bien recta, las piernas sin cruzar y las manos apoyadas cómodamente sobre los muslos. Respiración suave, tranquila, lenta y pasiva.
Relajad las distintas partes del cuerpo subiendo desde los dedos de los pies hasta la cabeza. Deteneos en cada segmento: pies, piernas, rodillas, muslos, manos, brazos, hombros, abdomen, tórax, cuello y la cabeza entera.
Inspirad sin tensión, retened el aire unos segundos y luego espirad. Repetid el proceso tres veces.
Afirmación: «Estoy en Unidad con la Conciencia divina. Sé que estoy divinamente inspirado, iluminado, protegido y guiado.»
Considerad lo que esta energía radiante podría aportaros en este instante: la salud, la fuerza, la alegría, el valor, la prosperidad…
El ejercicio que sigue, tomado de Naturopathie et Yoga, consta de tres fases: inspiración, retención con los pulmones llenos y espiración.[9]
Durante la inspiración lenta y progresiva, absorberemos una luz blanca que cristaliza la cualidad o la necesidad elegida en ese momento.
Durante la retención, fijaremos esta energía en el cuerpo físico y más allá de sus límites.
Por último, durante la espiración, expulsaremos toda condición negativa para llegar a un estado de quietud y de felicidad.
El ejercicio propiamente dicho:
Afirmación al inspirar: «Absorbo el Prana, esta fuerza universal que me aporta energía, dinamismo, felicidad, salud y éxito.»
Durante la retención: «Fijo en mí esta energía que llena mis células e inunda mi cuerpo y mi espíritu.»
Espiración: «Expulso el aire con toda condición negativa y me instalo en la paz, la calma y la serenidad interior.»
Cuando os sintáis preparados, abrid lentamente los ojos para volver al mundo exterior.
Este tipo de ejercicio puede repetirse a voluntad durante el día, o al final de una sesión de Hatha Yoga, durante la relajación final, o entre postura y postura.
En conclusión, cultivar una actitud mental justa, adoptar un régimen alimentario sano y mantener nuestro cuerpo con ejercicios físicos adaptados a nuestras capacidades nos permite conservar nuestro equilibrio. Disponer un espacio y preservar el tiempo necesario para orar, meditar y recogerse a diario sin ser molestado ayuda a gestionar el estrés en el torbellino de la vida moderna. Por último, citaré a Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH:[10]
«Digo que la Paz en el mundo se prepara mediante la conquista
de la paz interior, de la serenidad, del amor universal.»
«Mi Mensaje es un mensaje de esperanza. Insisto en que
cada hombre sepa que su destino depende de la naturaleza
de los pensamientos que mantiene en el campo de su conciencia.»
«Siembra un pensamiento, cosecha un acto.
Siembra un acto, cosecha un hábito.
Siembra un hábito, cosecha un carácter.
Siembra un carácter, cosecha un destino.»
*******
[1] S.S. HAMSAH MANARAH, Le Yoga de la vie pratique, p. 157.
[2] S.S. HAMSAH MANARAH, Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 299.
[3] S.S. HAMSAH MANARAH, Naturopathie et Yoga, p. 78.
[4] S.S. HAMSAH MANARAH, La Doctrine de l’Aumisme, p. 426.
[5] Véase S.S. HAMSAH MANARAH, La Loi d’Évolution des Âmes, 1993, p. 328.
[6] S.S. HAMSAH MANARAH, L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 217.
[7] S.S. HAMSAH MANARAH, Naturopathie et Yoga, p. 16.
[8] S.S. HAMSAH MANARAH, Naturopathie et Yoga, p. 98.
[9] S.S. HAMSAH MANARAH, Naturopathie et Yoga, p. 74.
[10] S.S. HAMSAH MANARAH, La Doctrine de l’Aumisme, p. 601.

