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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 4 – LA NECESIDAD DE COMPARTIR PARA REEQUILIBRAR LA TIERRA

Enseñanzas y conferencias

LA NECESIDAD DE COMPARTIR PARA REEQUILIBRAR LA TIERRA

En este comienzo del siglo XXI, la Tierra vista desde el Cielo nos parece muy pequeña: «La Tierra pertenece a todos y no es propiedad de nadie».[1] A lo largo del siglo pasado, la conquista del Espacio, el desarrollo de las comunicaciones en todas sus formas, la rapidez de los medios de transporte, la migración de las poblaciones y muchos otros factores (ciencia, tecnología, etc.) han trastocado las relaciones entre los hombres, los pueblos y las naciones. Aquí se disfruta de un bienestar material satisfactorio; allí coexisten hambrunas, guerras, enfermedades endémicas o pandemias emergentes; en todas partes ruge la cólera de la madre naturaleza en forma de catástrofes naturales, tanto más cuanto que el hombre es muy a menudo el origen de contaminaciones de todo tipo a causa de su mal hacer, su mal obrar y su mal pensar.

En nuestras aldeas de África, donde los bomberos son rarísimos, cuando arde la choza de Birima, todos los aldeanos acuden corriendo, unos con un cubo o un trozo de calabaza, otros con una pala, para echar agua o barro sobre el fuego a fin de que el incendio no se propague por la aldea.

Compartiendo, inclinémonos a la cabecera del planeta Tierra enfermo para salvaguardar a la Humanidad entera.

En la primera parte de esta ponencia presentaremos algunos efectos de la mundialización planetaria que conducen a cierta forma de reparto y de solidaridad humana.

La segunda parte está dedicada a la Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH sobre el compartir. Hemos seleccionado los siguientes temas: compartir los conocimientos, compartir la oración, y la ciencia con conciencia para reequilibrar la Tierra.

Terminaremos esta ponencia con el proyecto del Templo Pirámide de la Unidad de los Rostros de DIOS.

I. ALGUNOS EFECTOS DE LA MUNDIALIZACIÓN

Un primer ejemplo: el 26 de diciembre de 2004, el tsunami provocó la muerte de 300.000 personas de 65 nacionalidades distintas. A esta catástrofe le siguió un impulso de generosidad planetaria y, durante todo el mes de enero de 2005, los medios de comunicación se hicieron eco de las acciones solidarias que se desarrollaban en toda la Tierra para ayudar a los supervivientes.

Un segundo ejemplo: el 5 de abril de 2005, los funerales planetarios del papa Juan Pablo II reunieron a muchísimos habitantes de la Tierra. En las distintas tradiciones religiosas se celebraron ceremonias para honrar la memoria de Juan Pablo II, ese papa tan querido que, por su sencillez y por su labor de perdón, había unido a hombres y mujeres de todas las religiones. Los medios de comunicación permitieron compartir a escala planetaria el recogimiento y las emociones.

Un tercer ejemplo: en octubre de 2006, el banquero bangladesí Muhammad Yunus obtuvo el Premio Nobel de la Paz por haber creado un sistema de microcrédito que permite existir a los más desfavorecidos: «hoy, 6,6 millones de personas, el 96% de ellas mujeres, son clientes de su entidad, que ha distribuido 5.700 millones de dólares en 30 años. Las mujeres encuentran sus propios medios de subsistencia sin depender de su padre o de su marido.»[2]

Hay también numerosas organizaciones no gubernamentales que trabajan a diario en todo el planeta en ámbitos muy diversos (medicina, educación, investigación, etc.) para construir un mundo mejor.

Vemos que, ante situaciones excepcionales y extraordinarias, los hombres y las mujeres de este planeta Tierra se movilizan y pueden unirse, crear herramientas para compartir y ayudarse mutuamente. Sin embargo, esos mismos habitantes de la Tierra también pueden provocar catástrofes.

La Tierra es una aldea: no podemos evitar la mundialización. Sin embargo, totalmente inmersa en la resolución de los problemas cotidianos, al parecer sin visión a largo plazo, nuestra sociedad planetaria parece haber perdido la conciencia de que los principios de espiritualidad, solidaridad, ecología, etc., son los fundamentos esenciales e ineludibles de una sociedad, que estos principios pertenecen a las leyes de la vida, a las leyes del Universo, y que a menudo representan el simple sentido común.

El hombre parece haber olvidado las Leyes que rigen el mundo, como la Ley de causa y efecto, más conocida como efecto bumerán y enseñada por CRISTO: «Quien siembra vientos recoge tempestades».

El MESÍAS vino a enseñar a los humanos que no habrá reequilibrio individual ni planetario sin la evolución de las conciencias. El MESÍAS recuerda que el mundo físico depende de nuestros pensamientos. Escribe:

«El mundo es mental ante todo,

Oh hombre de poca fe,

En lo que piensas te conviertes,

Los frutos de tus pensamientos cristalizan tu porvenir,

Día tras día construyes

Consciente e inconscientemente tu destino.»[3]

Abordamos ahora la segunda parte, sobre la Enseñanza del compartir según Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH.

II. LA ENSEÑANZA DEL COMPARTIR SEGÚN SU SANTIDAD EL SEÑOR HAMSAH MANARAH

La pregunta que se plantea es: ¿cómo unir a los humanos para que logren reequilibrarse y reequilibrar la Tierra?

Compartir es una de las soluciones. En esta parte trataremos la Enseñanza de Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH sobre el compartir y abordaremos los siguientes temas:

  • compartir los conocimientos;
  • compartir la oración;
  • la ciencia con conciencia para reequilibrar la Tierra.

II.1 Compartir los conocimientos

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH da la 5.ª Ley de la Edad de Oro:[4]

«Primer principio:

Compartirás tu saber, tus conocimientos y tus logros materiales y espirituales con tu prójimo.

Segundo principio:

Nunca serás como el avaro, sentado sobre su cofre del tesoro, dejando que el mundo muera de hambre o que las almas se suiciden de desesperación.

Tercer principio:

Pensarás en tu prójimo más que en ti mismo y le ayudarás a evolucionar, e incluso a superarte si puede.»

Volvamos al ejemplo del tsunami del 26 de diciembre de 2004. Japón, el país más afectado por los tsunamis (el 15% de los tsunamis), dispone de una red de vigilancia y ha educado a su población. Allí los tsunamis no causan muchas víctimas.

Compartir los conocimientos científicos entre los países técnicamente desarrollados y los países en vías de desarrollo habría permitido construir una red de vigilancia de los riesgos naturales, y muchas vidas humanas se habrían salvado el 26 de diciembre de 2004.

Quienes tenían el conocimiento técnico e intelectual no lo compartieron, y hizo falta una catástrofe planetaria para despertar un impulso de solidaridad.

Señalemos que, en el terreno del compartir los valores y el corazón, el Occidente materialista tiene mucho que aprender del Oriente místico, y mucho que aprender de los países llamados subdesarrollados.

El MESÍAS escribe:

«Se impone la conquista de una mentalidad de Edad de Oro.

Si cada uno solo ve su caso particular, la humanidad está lejos de recuperar su unidad; pero si todos nos encontramos reunidos en torno al caso colectivo de nuestro planeta, que se muere a fuego lento como consecuencia de los malos pensamientos y las malas acciones, entonces cada uno de nosotros encontrará en lo más profundo de sí mismo la fuerza moral para domar el mal interior, y no agravar más la carga colectiva de un Planeta acorralado.»[5]

Los cambios en el plano físico dependen del impulso espiritual que los origina; de ahí la importancia de compartir la oración, que abordaremos en la parte siguiente.

II.2 Compartir la oración

Muchos conflictos en la Tierra siguen siendo conflictos religiosos. Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH escribe:

«Padre», preguntó el hijo afligido, «¿existe DIOS?»

El anciano, al que los años habían encorvado, se levantó entonces y respondió solemnemente:

«Hijo mío, DIOS no es más que un principio, una Energía indivisible que los humanos, tus hermanos, se entretienen en fragmentar, en dividir, en disociar.»[6]

Para los aumistas, Dios es un principio presente en todas las criaturas, del mineral al humano pasando por el vegetal y el animal. Esta concepción de la creación no es exclusiva del Aumismo: otras tradiciones se refieren a esta organización de la creación en pirámide evolutiva.

El hombre tiene el deber de orar por la evolución de todos, incluidos los reinos de la Naturaleza: mineral, vegetal y animal.

«El MESÍAS reúne los opuestos.

Oremos juntos, sean cuales sean nuestras tradiciones, porque el MESÍAS está aquí para reunir, para fusionar, no para dividir.

Oremos por las piedras y por el despertar de su conciencia inanimada.

Oremos por los árboles, por los bosques, por el despertar de su conciencia colectiva.

Oremos por todos los animales, desde los insectos del camino hasta las inmensas ballenas del océano.

Oremos por el fuego, por el aire y el agua, así como por la tierra nutricia…»[7]

El Aumismo propone un enfoque unitista: Dios es único. Se encarna de Edad en Edad en distintos planetas, en distintas épocas y en distintos cuerpos para enseñar a los humanos. Su enseñanza se adapta a la humanidad.

Los aumistas consideran, pues, que CRISTO y el BUDA son distintas encarnaciones de DIOS en distintas épocas y lugares, pero que sus enseñanzas son complementarias. Para materializarlo, los aumistas construyeron en la Ciudad Santa de MANDAROM SHAMBHASALEM una Estatua de CRISTO frente a una estatua del BUDA.

La Hexámide simboliza esta Unidad entre las Religiones. Es uno de los símbolos mayores del AUMISMO. Todas las Religiones ocupan el mismo rango. En la cima de la Hexámide figura el símbolo OM en sánscrito.

OM es la oración más corta que conduce al despertar del propio DIOS interior.

OM es una oración Universal: la cantan 800 millones de hindúes, 600 millones de budistas, los jainas, los sijs y muchos otros.

Los cristianos, que son 1.500 millones, cantan AMEN, derivado de OM. Los musulmanes, que son 1.300 millones, cantan AMIN.

OM AMEN AMIN AUM es una oración que une a la mayoría de los humanos de la Tierra. Compartir la oración es esencial: si compartimos nuestras oraciones, construiremos juntos un mundo de Unidad.

Para los aumistas, acción y oración van de la mano.

Oran para actuar eficazmente en la materia.

Si compartimos las oraciones, podremos actuar juntos para reequilibrar la Tierra.

Abordaremos ahora el último punto de esta segunda parte, que se refiere a la ciencia con conciencia para reequilibrar la Tierra.

II.3 La ciencia con conciencia para reequilibrar la Tierra

«Del equilibrio entre lo racional y lo espiritual dependerá la felicidad o la desdicha del mundo.» (L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 174)

En este comienzo del siglo XXI, la humanidad ha tomado conciencia de los daños que la ciencia puede causar si se utiliza sin el control de la conciencia luz, de Dios presente en cada uno.

Por eso, los científicos aumistas deben ante todo trabajar en su propio perfeccionamiento y orar a menudo para participar en la ciencia del futuro, que deberá mejorar las condiciones de vida a corto, medio y largo plazo.

«La vida en un planeta como la Tierra es frágil; todo desequilibrio introducido por la ciencia, la contaminación, los accidentes y otras catástrofes no puede sino repercutir en el devenir del globo y, eventualmente, causar su destrucción.

El científico, consciente de esta fragilidad de la vida en la Tierra, no hará nada que pueda acentuar los desequilibrios existentes.»[8]

Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, en su obra L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, da un código moral que deben seguir los científicos y restablece el puente entre la ciencia y la religión.

«La Revelación de lo Divino prosigue a cada instante, y los descubrimientos científicos nos llevan al umbral del misterio, que la intuición tiene posibilidades de explorar si es guiada por fuerzas elevadas.

Desgraciadamente, el ámbito de la religión se ha separado del de la ciencia, y sin embargo esta no hace más que confirmar la existencia del Creador.»[9]

«El Aumismo debe espiritualizar la ciencia en un matrimonio de Amor y de Razón.

El próximo siglo será esencialmente científico; hay que dotar, pues, a la ciencia de una moral adecuada: de ello depende la supervivencia de nuestra humanidad.»[10]

La ciencia bien utilizada puede aliviar a los hombres de muchos males.

Podemos leer los beneficios que la Ciencia puede aportar si se utiliza con acierto. Solo citaremos algunos de los 15 puntos:

  • «poner fin a las hambrunas;
  • dar agua a quienes tienen sed en el desierto e irrigar cientos y cientos de hectáreas de desierto para que crezcan en ellas los cultivos necesarios para la supervivencia del Hombre;
  • engendrar una concienciación planetaria que lleve a los pueblos a comprenderse y casi los obligue a unirse para no destruirse más;
  • abrir el campo de visión del ser humano a las realidades del Cosmos y ayudar al hombre a resituarse en su justo lugar en la economía del Universo.»[11]

Abordaremos ahora la última parte de esta ponencia, relativa a un proyecto de los aumistas para unir a todos los humanos: el del Templo Pirámide de la Unidad de los Rostros de DIOS.

III. EL TEMPLO PIRÁMIDE: EL TIEMPO APREMIA

Numerosas personas y grupos trabajan para mejorar las condiciones de vida en la Tierra.

Se impone un cambio en profundidad, que solo llegará mediante el cambio de cada uno. No es fácil, pero la toma de conciencia existe, forzada por los acontecimientos. Desde el asunto de las vacas locas prestamos cada vez más atención a lo que comemos; con el aumento de las enfermedades alérgicas, al aire que respiramos; y con el desajuste climático, a la contaminación en general.

Estamos aquí en el marco de un coloquio sobre la Religión Aumista y presentaremos la propuesta de esta religión, que es desarrollar el sentimiento de unidad sobre la base de la oración del OM. Hacer cantar el OM en toda la tierra y construir el TEMPLO PIRÁMIDE: esta es la misión de los aumistas para contribuir al cambio planetario.

En la obra Une Loi pour détruire le Mal leemos:

«La tierra necesita este Templo Pirámide, que constituye su Polo espiritual, el punto de anclaje de DIOS en la materia, sucediéndose a Sí mismo a través del linaje de los HIEROKARANTINE. El Templo Pirámide es garantía de un porvenir mejor, de una Edad de Oro duradera, de una humanidad reconciliada que ha recuperado su Unidad con DIOS PADRE, Creador de Todas las Cosas.»[12]

Si logramos unir nuestras oraciones, sea cual sea el nombre de DIOS al que oramos y el Rostro de DIOS que veneramos, conseguiremos unirnos para actuar. El tiempo apremia.

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[1] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 443.

[2] Revista Point de Vue, 18-24 de octubre de 2006.

[3] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 48.

[4] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 316.

[5] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 441.

[6] Le Flambeau d’Unité, p. 59.

[7] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 357.

[8] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 175.

[9] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 206.

[10] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 183.

[11] Une Loi pour détruire le Mal, p. 204.

[12] Une Loi pour détruire le Mal, p. 297.

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