COLOQUIOS
CONFERENCIA
N.º 4 – VIVIR RESPETANDO LA NATURALEZA: ¡UNA URGENCIA!
VIVIR RESPETANDO LA NATURALEZA: ¡UNA URGENCIA!
No pasa un día en nuestro planeta sin que la protección de nuestro medio ambiente sea objeto de un artículo de prensa, de una disposición reglamentaria particular, de una acción espectacular o incluso de un coloquio de especialistas. La suerte del hombre está indudablemente ligada a la de la naturaleza: lo vemos a través de las consecuencias de diversas contaminaciones, de la contaminación de los alimentos y de los cataclismos, que por desgracia traen consigo sufrimiento, enfermedad y muerte. Insistiendo en la ósmosis entre el hombre y la naturaleza, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH advierte: «Si destruyes tu entorno de vida, te destruyes a ti mismo».[1] Escribe: «La ecología y la protección del medio ambiente forman parte integrante de la Mística aumista, pues el hombre ya no puede exprimir la naturaleza ni abusar de sus riquezas».[2] En el Aumismo, aprender a respetar todos los reinos de la naturaleza es fundamental y urgente.
Esta ponencia tratará, por tanto:
- I. El mundo de hoy ante las consecuencias del desprecio por el medio ambiente;
- II. La ósmosis entre el hombre y la naturaleza según la ecología aumista;
- III. Nuestro deber: respetar la naturaleza y ayudarla en su evolución.
I. EL MUNDO DE HOY ANTE LAS CONSECUENCIAS DEL DESPRECIO POR EL MEDIO AMBIENTE
a) Las consecuencias del desprecio por la naturaleza
En distintas religiones encontramos exhortaciones a respetar la creación de Dios y, por ello, los reinos de la naturaleza. La creencia de que lo Divino está presente en todo implica el respeto de los diferentes reinos de la naturaleza. Pero la secularización de nuestras sociedades contemporáneas lleva a los hombres a descuidar los preceptos religiosos y a contradecir el principio del respeto del medio ambiente. Además, en nuestras sociedades materialistas la rentabilidad a corto plazo prevalece sobre la previsión de las consecuencias. Esta elección es la causa de numerosos desequilibrios que perjudican la expresión de la vida.
No hay catastrofismo en los pocos ejemplos que siguen, sino solo una realidad indiscutible: el subsuelo se transforma en zona de almacenamiento de residuos, los suelos quedan esterilizados por los contaminantes atmosféricos o por los pesticidas que se vierten en ellos en la agricultura intensiva, los bosques son devastados, los animales sirven en los laboratorios o son abandonados al borde de las carreteras. Y, de forma más general, la actividad humana conduce a un calentamiento climático de consecuencias tan previsibles como desastrosas: subida del nivel del mar (que puede persistir décadas después de que deje de aumentar la temperatura), degradación global de los ecosistemas, etc. Parece, sin embargo, que la naturaleza reacciona, por ejemplo transformando perforaciones petrolíferas en volcanes de lodo (Sidoarjo, en la isla de Java, en 2006) o asolando cosechas con nubes de langostas en ciertas regiones de África (hambruna para millones de personas en Etiopía)…
b) Esta situación interpela a nuestros contemporáneos
El estado de nuestro planeta interpela a varias organizaciones nacionales e internacionales que trabajan a favor del respeto del medio ambiente y de la naturaleza. Por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas se preocupa por el estado del planeta y desarrolla un programa, el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), para proteger el medio ambiente, coincidiendo así con las preocupaciones expresadas por el Aumismo. «Tenemos la obligación apremiante», leemos en el informe de 2007, «de garantizar que las generaciones futuras puedan seguir viviendo en este planeta».
Otro ejemplo es la Carta del Medio Ambiente adoptada el 28 de febrero de 2005: incorporada a la Constitución francesa, sitúa desde entonces los principios de protección de nuestro medio ambiente al mismo nivel que los derechos del hombre y del ciudadano de 1789. Así, reconoce en particular en su primer artículo el derecho de toda persona a vivir en un medio ambiente equilibrado y respetuoso con la salud. Pero también impone deberes: su artículo 2 indica que «toda persona tiene el deber de participar en la preservación y la mejora del medio ambiente». En la sociedad civil y entre las ONG, recordemos que el Premio Nobel de la Paz 2007 se concedió a «ambientalistas» por sus esfuerzos para reunir y difundir conocimientos sobre el cambio climático provocado por el hombre y por haber sentado las bases de las medidas necesarias para luchar contra ese cambio.
«Es demasiado tarde para ser pesimista», dice Yann Arthus-Bertrand, ecologista y fotógrafo de La Tierra vista desde el cielo. «Rendirse es un lujo que ya no podemos permitirnos; ya no tenemos tiempo de limitarnos a hablar del estado del planeta y lamentarnos: hay que actuar desde ahora».
Esta resolución es la única posible para asegurar la supervivencia del planeta.
II. LA ÓSMOSIS ENTRE EL HOMBRE Y LA NATURALEZA SEGÚN LA ECOLOGÍA AUMISTA
Para actuar en profundidad, hay que cambiar de mentalidad y de comportamiento. Hay que salir de la ignorancia que ha engendrado el desprecio por el medio ambiente. El Señor HAMSAH MANARAH nos ayuda a tomar conciencia de la interdependencia que existe entre el hombre y la naturaleza.
a) El recorrido de la conciencia a través de los diferentes reinos
El Aumismo enseña que la conciencia evoluciona lentamente a través del reino mineral, el reino vegetal y el reino animal hasta el reino humano, en el seno de la Pirámide Evolutiva de los Reinos de la Naturaleza. Es la «cadena de la vida»[3], que genera una interacción y una solidaridad de hecho entre todos los seres vivos.
«Las almas humanas proceden de la Escala Evolutiva: antes de caminar sobre la Tierra, fueron piedras del camino que tomaron cuerpo de vegetal, luego se lanzaron sobre las alas del pájaro, para volver a correr a cuatro patas sobre la tierra y enderezarse lentamente hasta convertirse por fin en humanos».[4] El hombre es en cierto modo la «quimiosíntesis de todos los reinos de la naturaleza»[5], «el resumen de la naturaleza»[6]. La conciencia del hombre es la más evolucionada, en la cima de la Pirámide Evolutiva, en el umbral de la divinización. Los humanos tienen, por tanto, una gran responsabilidad: sirven de modelo a los reinos de la naturaleza.
La humanidad da buen ejemplo cuando avanza en el sentido de la evolución y del progreso. Da mal ejemplo cuando va en el sentido de la involución y de la caída.
La humanidad da mal ejemplo a los demás reinos cada vez que:
- provoca guerras y divisiones;
- movida por el afán de lucro, deja de respetar las leyes de la vida;
- convertida en materialista y demasiado volcada en la satisfacción creciente e inmediata de sus necesidades materiales artificiales, deja de respetar a Dios presente en cada ser humano y en todo lo que vive;
- deja de proteger a los demás reinos;
- deja de ayudar con sus oraciones a los minerales, los vegetales y los animales a progresar.
Estos comportamientos destructivos hacen reaccionar a la naturaleza que, imitando a los humanos, se deja arrastrar por la pendiente de la violencia y la venganza. Es la causa de muchas catástrofes naturales y cataclismos. Es, pues, urgente reparar el mal que el hombre ha hecho a su entorno en su único provecho y tratar a la naturaleza con el respeto que se le debe, para detener el engranaje de la venganza:
«Si el hombre se vuelve respetuoso con la naturaleza», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «esta se lo devolverá».[7]
b) La Ley de Evolución
La interdependencia entre el hombre y la naturaleza en la Pirámide Evolutiva de los Reinos de la Naturaleza va unida a la Ley de Evolución enseñada en el Aumismo.
«Lo Divino está en todas partes», dice Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH, «sin embargo, los grados de su manifestación varían de las cosas a los seres, pasando por los animales».[8] Por eso, «en la Edad de Oro (Edad de la paz y de la solidaridad), las mentalidades deben evolucionar hacia un gran respeto de la naturaleza y una gran comprensión de las leyes del universo».[9]
La Ley de Evolución es la Ley de la Vida, que implica que cada reino franquee el nivel superior de la Pirámide Evolutiva.
Cada hombre y cada mujer debe progresar hacia la divinización, que constituye la etapa superior de su evolución. Cuando el hombre se esfuerza por divinizarse, los animales, en su estela, buscan humanizarse, las plantas pasar al reino animal y los minerales alcanzar el reino vegetal. Se comprende, en este sentido, que Teilhard de Chardin designe al hombre como «no centro estático del Mundo, como se creyó durante mucho tiempo, sino eje y flecha de la Evolución…»[10]
Así, para respetar la Ley de Evolución en el seno de la Pirámide Evolutiva, tenemos el deber de ayudar al planeta, en todos sus componentes, a acceder a la Edad de Oro, que es el tema de la tercera parte.
III. NUESTRO DEBER: RESPETAR LA NATURALEZA Y AYUDARLA EN SU EVOLUCIÓN
Las acciones colectivas son necesarias para preservar el planeta. Pero cada uno de nosotros es también personalmente responsable del futuro del planeta y debe actuar en el plano material y espiritual. Mediante la oración y la acción, contribuimos a la evolución de los reinos y a la armonía entre todos los seres vivos.
a) Nos corresponde no dañar los diferentes reinos de la naturaleza
Los minerales tienen derecho al respeto
«Las piedras cantan, gritan o lloran según la actitud del hombre frente a ellas».[11]
Las piedras y los minerales, por sus numerosos usos y virtudes, pueden mejorar nuestra vida cotidiana. El simple hecho de no tirar residuos al suelo es una muestra de respeto. Importa no ensuciar la tierra, no llenarla de residuos o de materias tóxicas, de residuos radiactivos. La sobreexplotación de canteras de áridos en los ríos también debe proscribirse. En el caso de la extracción de minerales, el subsuelo queda devastado por técnicas destructivas y contaminantes para el medio ambiente, como el uso de mercurio en las minas de oro. ¿Y qué decir del uranio, que se extrae de la tierra poco radiactivo y se le devuelve en forma de residuos sumamente peligrosos durante milenios? Debe prevalecer, pues, el principio de economía: cuanto más marcados por la economía estén nuestros actos de la vida diaria, menos recursos necesitaremos para vivir.
Los vegetales tienen derecho al respeto
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH recuerda que sin los vegetales la vida no sería posible en la Tierra. Las plantas, tan útiles para el ser humano, tienen una sensibilidad científicamente reconocida: «debemos tratarlas como amigas, no como simples objetos de adorno o como conejillos de Indias. Su evolución, su desarrollo y la duración de su vida dependen de los tratamientos físicos y psíquicos a los que son sometidas. Nuestros cuidados afectuosos, nuestro amor les son necesarios».[12] Citemos el ejemplo de la Comisión Federal Suiza de Ética para la Biotecnología en el ámbito no humano, que publicó un comunicado de prensa el 14 de abril de 2008 sobre la cuestión del respeto de las plantas en nombre de su valor moral.
Enseñemos a diario a los niños a comportarse bien en la naturaleza, a tener cuidado, por ejemplo, de no recoger plantas inútilmente y de no arrancar sus raíces. El reino vegetal aporta al hombre tantos beneficios que debemos reconocerlo como tal y darle el lugar de honor que le corresponde en nuestra vida cotidiana. Consumir vegetales procedentes de la agricultura ecológica favorece la calidad alimentaria de los propios vegetales al tiempo que reduce la contaminación química de los suelos.
Los animales tienen derecho al respeto
Algunos piensan que los animales son incapaces de pensar o de reflexionar. «Y sin embargo», nos asegura el Señor, «si pudieran captar las reflexiones de esos seres inferiores, no dudarían ni un solo instante de que tienen ante sí a un ser vivo, dotado de inteligencia y que desea ardientemente evolucionar».[13]
Los perros de salvamento o los perros guía para ciegos muestran cuánto puede ayudar el animal al hombre en ciertas situaciones difíciles y cuánto merece respeto. A este respecto, recordemos que la Declaración Universal de los Derechos del Animal fue proclamada solemnemente en París el 15 de octubre de 1978, en la Casa de la Unesco, y que su artículo 2 subraya que «Toda vida animal tiene derecho al respeto». Es muy importante, en el plano individual y colectivo, desterrar la crueldad hacia los animales: el Aumismo aconseja, por ejemplo, una alimentación vegetariana. Esta protege al reino animal, pero también al reino vegetal y los recursos hídricos del planeta: conviene saber que para producir 1 kg de carne de vacuno se necesitan 15 toneladas de agua y más de 15 kg de soja. Además, evita al ser humano absorber con la carne la energía de sufrimiento, de odio y de venganza que sienten los animales antes de morir.
Distintas religiones limitan además el consumo de carne, lo someten a reglas o lo prohíben. Muchos budistas e hinduistas se abstienen, por ejemplo, de comerla; los jainas, que aplican de forma estricta el principio de no violencia hacia todo lo que vive, preconizan una alimentación estrictamente vegetariana. El Aumismo insiste en las consecuencias de los sufrimientos infligidos a los animales: maltratarlos, en el plano individual y colectivo, tiene graves consecuencias para la humanidad. A la luz de la Ley de Evolución, el reino animal debe evolucionar hacia el reino humano: si son maltratados, los animales guardarán el recuerdo doloroso de los sufrimientos infligidos y serán humanos llenos de deseo de venganza, de odio y de violencia.
«Las guerras entre los hombres», dice el Señor HAMSAH MANARAH, «comienzan con una guerra abierta entre el hombre dictador y el animal sacrificado».[14]
En cambio, si son amados y bien cuidados, si se humanizan aprendiendo a comunicarse con nosotros y a comportarse sin violencia, los animales se convertirán en humanos confiados, pacíficos y capaces de solidaridad. El respeto de todos los reinos, y del reino animal en particular, tiene pues una fuerte incidencia en el camino de nuestra humanidad hacia la paz social y planetaria. Es indispensable para la Edad de Oro.
b) Nos corresponde aportar nuestra contribución espiritual a la evolución de la naturaleza
El Aumismo no separa la acción de la oración. El respeto se expresa también en la «acción espiritual». «Solo el aglutinante de una espiritualidad y de una moral de Edad de Oro podrá recrear el equilibrio necesario y permitir la Reconciliación definitiva entre el hombre y la Pirámide Evolutiva».[15]
Orar por la naturaleza es un acto espiritual de la vida diaria, por ejemplo:
- Antes de las comidas, es importante bendecir los reinos que nos proporcionan el alimento. La oración es necesaria para favorecer la evolución de la naturaleza: «Cada uno de nosotros debe ser un redentor para los reinos de la naturaleza y compartir la esencia de nuestras oraciones de amor con los espíritus de los minerales, de los vegetales, de los animales y de los demás humanos».[16]
- Durante los paseos, el Señor HAMSAH MANARAH aconseja bendecir todos los reinos de la naturaleza «deseando que se vuelvan mejores y evolucionen hacia la Sabiduría y la perfección».[17] Para quienes no son creyentes, los pensamientos de amor hacen las veces de oraciones.
Orar repitiendo el Sonido OM, Verbo Creador, acelera la evolución de todos los seres vivos y favorece el acceso de los animales al reino humano. El Sonido OM representa «el arca de la alianza entre el hombre y la naturaleza»[18], el punto de equilibrio de toda la creación. Creyentes y no creyentes pueden unirse en torno a esta oración de Evolución que, más allá de las diferencias religiosas, hace remontar las almas hacia DIOS. Observemos que, como todos los reinos están ligados unos a otros, cuando los humanos contribuyen a la evolución de sus hermanos menores, favorecen también su propia evolución.
Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos ayuda, pues, a cambiar nuestras mentalidades y nuestros comportamientos para asegurar la supervivencia del planeta: nos propone «El Código de honor del hombre ante los Reinos de la Naturaleza», en quince puntos, en La Doctrine de l’Aumisme. En él se definen claramente nuestros deberes, y termina así: «El hombre debe comprender por fin que todos los reinos, humano, animal, vegetal y mineral, en el seno de la Tierra forman parte de un Todo, como una rama del Árbol de la vida, como una ola del océano, como una faceta del Diamante de la Creación».[19]
CONCLUSIÓN
El respeto y la benevolencia hacia la naturaleza son indispensables para la supervivencia del hombre.
En la undécima Ley de la Edad de Oro, llamada «del contrato natural»[20], el Señor HAMSAH MANARAH recuerda al ser humano su triple responsabilidad:
- el hombre ora por los beneficios que cada día le prodiga la Madre Naturaleza;
- se abstiene de desequilibrar la naturaleza, pues de lo contrario la tierra no dejará de temblar bajo sus pies;
- es el guía de los reinos llamados inferiores y les da ejemplo.
La aplicación de estos tres principios conduce indefectiblemente al respeto mutuo, a la Gran Reconciliación entre el hombre y la naturaleza, necesaria para el regreso de la paz a la Tierra.
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[1] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 278.
[2] La Doctrine de l’Aumisme, p. 198.
[3] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 456.
[4] Ibid., p. 273.
[5] Ibid., p. 456.
[6] Le Yoga de la Divinisation, p. 108.
[7] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 287.
[8] Yoga et Sagesse, p. 246.
[9] La Doctrine de l’Aumisme, p. 199.
[10] Pierre Teilhard de Chardin, El fenómeno humano (Le Phénomène humain).
[11] La Doctrine de l’Aumisme, p. 193.
[12] Ibid., p. 195.
[13] La Révolution du monde des vivants et des morts, p. 24.
[14] La Doctrine de l’Aumisme, p. 196.
[15] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 285.
[16] Vers un Âge d’Or d’unité, p. 259.
[17] Le Yoga de l’Amour dans la Force, p. 88.
[18] Vers un Âge d’Or d’unité, p. 258.
[19] La Doctrine de l’Aumisme, p. 207.
[20] La Loi d’Évolution des Âmes, p. 328.

