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COLOQUIOS

CONFERENCIA

N.º 5 – CÓMO PREPARARSE PARA LA MUERTE, CÓMO AYUDAR A UN MORIBUNDO

Enseñanzas y conferencias

N.º 5 – CÓMO PREPARARSE PARA LA MUERTE, CÓMO AYUDAR A UN MORIBUNDO

Es un tema que nos concierne a todos, pero también uno de los de mayor carga emocional, porque la muerte es, o era, nuestro mayor miedo. Digo «era» porque algunos, en particular quienes han vivido una ECM (experiencia cercana a la muerte), ya no tienen ese miedo… Todos nuestros demás miedos nos remiten a este miedo a la muerte. Os invito, pues, relajándoos, a hacer 30 segundos no solo de silencio sino de sonrisa de Buda…, para traer más serenidad a vuestro rostro: relajáis los músculos de la cara…, los labios se aflojan, esbozáis una ligera sonrisa, estáis más tranquilos, lo que os permite tomar un poco de distancia respecto a vuestro cuerpo y a vuestras emociones sobre nuestro tema… La mayoría de nosotros estamos apegados a la vida: dejarla, desprenderse de ella es causa de sufrimiento, y tenemos miedo a lo desconocido; de ahí también la utilidad de este Coloquio.

En el marco de esta ponencia no hablaremos de las muertes súbitas y accidentales. Se prepara un nacimiento; del mismo modo debemos, en la medida de lo posible, preparar nuestra muerte, el final de esta vida terrestre, cuando la puerta se abra a otro mundo…

Hay 3 aspectos que considerar:

– tenemos miedo de sufrir con nuestra propia muerte, con lo que llamamos «la agonía»;

– tenemos miedo también de la partida de seres queridos, ya sean humanos o animales;

– y tenemos miedo de morir sin haber «logrado» nuestra vida.

Por eso, durante este coloquio nos preguntamos sobre el «buen vivir», y también debemos detenernos en el «buen morir». «Hay un arte de morir como hay un arte de vivir. Pero los hombres y las mujeres de nuestra época parecen haber olvidado ambos: la vida transcurre corriendo cada vez más deprisa y se llega ante la tumba sin haber tenido tiempo de vivir…».[1] Debemos prepararnos para dejar nuestro cuerpo físico y para ayudar a los demás: saber asistir a un moribundo es, para los aumistas, uno de los mayores servicios que podemos prestar al prójimo. Sin embargo, para ayudar mejor a los demás, es necesario aliviarse uno mismo del miedo a la muerte e integrar la actitud mental que favorece cierta serenidad: cuanto más se ha preparado uno mismo, más ha preparado también a quienes ama.

Trataremos, pues, 2 partes que están relacionadas:

1 – Cómo prepararse uno mismo para la muerte

2 – Cómo ayudar a un moribundo

I – CÓMO PREPARARSE UNO MISMO

Para relativizar, permitidme citar estos consejos de nuestro Maestro Espiritual, consejos de sentido común universales, pero que debemos recordar sin cesar:

«Tomar conciencia del carácter impermanente de las cosas. El hombre no se llevará al otro mundo su coche, su perro, su palacio, su casa, sus eventuales riquezas. El apego a lo perecedero, a los objetos, paraliza la evolución y genera sufrimiento…

– el hombre debe considerarse durante toda su vida como el administrador provisional de los bienes que la Providencia, el destino, le han concedido poseer…

– considerar la brevedad de una vida y su carácter frágil. Comparada con el ciclo de vida de las estrellas, una existencia humana es un parpadeo en el universo.

– liberarse del apego a los seres, a los objetos, a los placeres de los sentidos».[2]

Es un trabajo sobre uno mismo de toda una vida y estamos en camino; la vida puede considerarse una escuela de perfeccionamiento.

El Señor HAMSAH MANARAH nos recuerda algunos puntos para desarrollar más serenidad. Por ejemplo, cultivar la benevolencia. Según un texto budista: «El hombre que ha cultivado la benevolencia, que ha meditado sobre la benevolencia, duerme feliz, despierta feliz, vive feliz, muere feliz». Cultivar la benevolencia, la compasión, buscar la Unidad detrás de la diversidad aparente y repetir a menudo el sonido OM nos ayudarán cada día de nuestra vida. Muy concretamente, los aumistas hacen, como complemento de la oración del OM, un trabajo de autosugestión inspirado en la filosofía del Vedanta: se trata de salir del proceso de identificación con nuestro yo físico, con nuestra personalidad, y de identificarnos con el gran Yo en nosotros, reflejo de la Conciencia absoluta.

He aquí algunos extractos de la afirmación que podemos repetir (se basa, por una parte, en NETI NETI, «ni esto ni aquello», y por otra, a la inversa, en ETI ETI):

«No soy este cuerpo. Este cuerpo no es más que mi instrumento de trabajo… No soy estos pensamientos, no soy esta personalidad, no soy este pequeño yo. Soy el Gran YO, el Verdadero Yo, soy el YO Supremo en unidad con la conciencia Divina, que es Paz, Amor, Luz, Felicidad y Beatitud infinita…»[3]

La perseverancia es necesaria, pero esto no nos hace olvidar que nuestro cuerpo de carne es un cuerpo precioso. No se trata de rechazarlo: es una herramienta útil para nuestra evolución, que sirve de soporte a otros cuerpos más sutiles, y debemos mantenerlo con buena salud y buscar la longevidad.

Muy importantes son, pues, nuestras respiraciones y todo el trabajo de pranayama que hacemos para absorber la energía. Las respiraciones son una herramienta básica para volver a centrarnos en nuestro cuerpo y hacer, si es necesario, un trabajo sobre las emociones que nos será útil al final de la vida…

Así pues: tener la perspectiva justa del objetivo de la vida en esta tierra, es decir, expresar nuestra divinidad, barrer nuestras mediocridades y vencer, poco a poco, las enfermedades del alma como los celos, el egoísmo, la maledicencia, etc., y sobre todo vivir el instante presente en toda su densidad y su intensidad, libres del pasado y sin temor al futuro. Puede parecer exigente, pero cada uno avanza, por supuesto, a su ritmo. Estamos en esta tierra, en esta encarnación, para aprender a amar cada vez mejor, con desinterés. Sin embargo, quien dice aprendizaje dice caída posible: lo esencial es levantarse y continuar, aceptándonos allí donde estamos, sin culpabilizarnos pero sin bajar los brazos. Por el camino desarrollamos una fuerza que nos permite ayudar a los demás en el umbral de la muerte.

II – ¿CÓMO AYUDAR A UN MORIBUNDO?

Quisiera citaros estas palabras de Xavier Emmanuelli, fundador del Samusocial: «A veces tenemos miedo de un cuerpo que se deshace. Pero la dignidad de un ser no está ahí. Reside en la actitud moral de este hermano en humanidad. Compartiremos la misma suerte que él, tarde o temprano. Así que no tengamos miedo de permanecer a su lado, de tomarle la mano, de decirle las palabras que nos vengan».

Si tenéis que ayudar a un moribundo

Confiad en vosotros mismos: lo Divino en vosotros os ayudará y os dará la fuerza y el amor necesarios. Lo más importante: estar presentes y a la escucha.

En el libro L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, Su Santidad el Señor HAMSAH MANARAH nos guía: «Poca gente en la habitación… nada de voces altas… hacer alegre la habitación (flores, velas, imágenes correspondientes a la tradición religiosa). Evitar las manifestaciones de pena, permanecer tranquilos…». Son consejos que conviene tener presentes, pero cuanto más apegados y dependientes estamos del otro que se va, más intenso es el sufrimiento. Así pues, eventualmente un amigo, un pariente, un cuidador, un religioso, una persona capaz de permanecer serena puede tomar el relevo. El miedo, la ira, la tristeza, el desconcierto pueden invadirnos; problemas no resueltos pueden volver a la superficie. Ser sincero consigo mismo y con el otro, reconocer los propios sentimientos, aceptar nuestra sensibilidad de ser humano, aceptar que el sufrimiento nos atraviese es fundamental. Lo que nos lleva de nuevo al trabajo sobre las emociones y sobre la respiración.

Quien va a morir capta nuestro estado interior, nuestras palabras, nuestros pensamientos, aunque esté en coma. Por eso también es necesario que el allegado o los allegados suelten, para que el moribundo no quede retenido a causa de su entorno. Cuando se tiene la impresión de que el moribundo sufre mucho físicamente, incluso durante una agonía sin traumatismo, puede ayudar saber que sus movimientos convulsivos son reflejos puramente mecánicos e inconscientes.

No es demasiado tarde para expresar a quien va a morir nuestros sentimientos, para decir lo que quizá nunca nos atrevimos a decir, por ejemplo: «te quiero» o «te queremos». Es bueno ayudar a quien va a morir a perdonar a los demás, a pedir perdón para sí mismo, a perdonarse a sí mismo, y ayudarle a ver todo lo positivo de su vida para evitarle remordimientos. También podemos recordarle mentalmente que es importante que el alma deje el cuerpo saliendo por la coronilla…

Según Sarada Devi, una mística de la India: «El pensamiento dominante que ocupa nuestra mente justo antes de perder el conocimiento determina la orientación que toma el alma después de la muerte».

Así pues, para prepararse a una buena «transición», el hombre y la mujer deben abstenerse:

«De todo mal pensamiento que pueda predestinar su vida futura en el sentido del mal. De todo apego excesivo a un animal doméstico… De todo apego excesivo a la familia y, en general, a todo lo que se deja en la tierra».[4] «Nuestros pensamientos, nuestros sentimientos actúan sobre nosotros en el presente e influyen en nuestro devenir», dice el Señor HAMSAH MANARAH.

Por estas razones, tras esta toma de conciencia, es necesario poner en práctica lo antes posible en nuestra vida la observación de nuestros pensamientos y el control progresivo de la mente en el sentido de nuestras aspiraciones evolutivas… De lo contrario, corremos el riesgo de estar desarmados y ser el juguete de nuestros pensamientos y emociones en el momento de la partida (¡por supuesto, esto es fácil de decir!). En el momento del tránsito, cuando el alma deja el cuerpo, los asistentes deben tranquilizar, aportar una mirada positiva y elevar la tasa vibratoria del moribundo haciéndole recitar el sonido OM o cualquier otra oración de evolución, según su tradición religiosa. El OM también puede cantarse en voz baja. «Se impone la adaptación a las circunstancias; por ejemplo, en una sala de hospital no se puede hacer ni decir lo que se quiere. La asistencia mental pasa a primer plano. Es eficaz…»[5]

Su Santidad el Señor Hamsah Manarah ofrece en Yoga et Sagesse oraciones que Él compuso para ayudar a cada uno respetando su Tradición: «Prestarán grandes servicios, dice Él, pues a menudo los más advertidos, animados por las mejores intenciones, pierden sus recursos y no saben ser eficaces en esos momentos penosos».

Os citaré algunas frases de estas oraciones:

– Oración para un agonizante cristiano (página 144): «Deposito toda carga en Cristo, avanzo libre por el sendero de la partida…»

– Para un no practicante que desea ser asistido (página 145): «Me encomiendo a la asistencia de todas las fuerzas buenas, de todos los guías de los planos superiores enviados por vuestra infinita clemencia…»

– Complemento para un reencarnacionista convencido:

«Quiero mi liberación espiritual, renuncio de antemano a la felicidad celestial prolongada, a fin de volver a la tierra a retomar mis esfuerzos… Doy gracias a las Potencias Celestiales por la asistencia concedida…» «El hombre que en el momento del tránsito piensa en DIOS… llegará a DIOS…

Los últimos pensamientos de una vida humana determinarán el nivel de evolución al que llegaremos en la Columna de Luz. Cuanto más puros sean esos pensamientos, menos tendremos que sufrir en los subplanos de la Columna de Luz y mejor podremos prepararnos para una rápida y feliz reencarnación, a fin de proseguir el trabajo comenzado e inacabado.»[6] No abordaremos aquí el aspecto médico actual, los medicamentos «analgésicos» y sus efectos sobre la conciencia del moribundo. Sin embargo, cómo calmar la angustia es una cuestión fundamental.

También es posible ayudar a distancia a una persona a punto de morir. El Señor Hamsah Manarah nos da el modo de proceder en 6 puntos, en las páginas 283-284 del libro Le Yoga de l’Amour dans la force, que os invito a leer. Solo os citaré el punto 3, que también es muy importante decir cuando estamos junto a una persona moribunda: anunciarle la ayuda de entidades que van a asistirla y velar por ella.

Para ayudar a quien acaba de morir

Después del fallecimiento, hay una oración aumista (páginas 147-148 de Yoga et Sagesse) cuyo título es «Para quien acaba de morir», y que también nos hace bien a nosotros, los vivos. También podemos ayudar a distancia a una persona que acaba de morir siguiendo los distintos puntos indicados en Le Yoga de l’Amour dans la force bajo el título «Para ayudar a una persona que ha dejado su vehículo de carne». Es muy práctico y nos tranquiliza: ya no estamos desarmados, podemos actuar.

En el Aumismo hay un sacramento llamado de Transición (nombre dado a la muerte) que tiene por objeto ayudar al difunto «a comprender mejor lo que le sucede, tranquilizarlo en cuanto a su viaje y a la ascensión de su alma en la Columna de Luz, reino de la Evolución en el más allá».

EN CONCLUSIÓN

Al término de esta ponencia podemos hacer juntos, si lo deseáis, un ejercicio práctico.

Después de cerrar los ojos, os invito a pensar intensamente en un ser querido que ha partido al otro lado. Podéis visualizarlo tal como lo conocíais, tal como lo amabais, y rodearlo de luz blanca… Y ahora vamos a enviar todos juntos hacia esos seres queridos pensamientos de paz, de amor, de armonía, de mejor evolución espiritual. Y para que este pensamiento-oración sea más fuerte todavía, vamos a cantar juntos 3 veces el sonido OM:

OM OM OM

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[1] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 104.

[2] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 103.

[3] Le Yoga de la Divinisation, p. 99.

[4] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 107.

[5] Ibid.

[6] L’Aumisme, la Doctrine de l’Âge d’Or, p. 108.

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